DEAD MAN’S WIRE. Estados Unidos, 2025. Un film de Gus Van Sant. 104 minutos
Después de 7 años de alejamiento, el cineasta Gus Van Sant retorna ofreciendo un intenso thriller basado en un hecho real que en su momento conmovió a la opinión pública.

Dacre Montgomery y Bill Skarsgard
Valiéndose del guión de Austin Colodney, el relato comienza en la mañana del 8 de febrero de 1977 cuando Tony Kiritsis (Bill Skarsgard), un hombre común de 44 años de edad portando una caja con un arma en su interior, penetra en el edificio Merchants Plaza de Indianápolis donde se halla la empresa Meridian Mortgage Property; su propósito es ubicar a su magnate fundador (Al Pacino) pero al no encontrarse en la ciudad por estar de vacaciones en Florida, es atendido por su hijo Richard Hall (Dacre Montgomery), presidente de la compañía. Al entrar en su despacho, Kiritsis desenfunda su fusil quien con un dispositivo especial coloca el cañón del arma en la nuca de la víctima a la vez que conecta un cable desde el gatillo hasta su propio cuello.
La razón de ese secuestro se debe a que Kiritsis, un aspirante empresario de menor condición social, se vio frustrado al no poder pagar el préstamo hipotecario de la compañía por maniobras financieras de la empresa que querían boicotear un proyecto económico basado en una propiedad que había adquirido y que aumentó de valor. Tomándolo como rehén, Tony comunica su acción a la policía y solicita que la compañía públicamente reconozca sus sucias maniobras, le pida disculpas y le pague una importante indemnización. A todo ello, el secuestrador se las ingenia para transportar a Hall hasta su departamento donde lo mantiene como prisionero por 63 horas.
Durante ese largo lapso, el secuestro adquiere amplia notoriedad donde no solamente está alertada la policía, el FBI, la procuraduría fiscal sino también periodistas televisivos que incluye a la activa reportera Linda Page (Myha’la). Especial gravitación adquiere Fred Temple (Colman Domingo), el disc jockey de una emisora radial quien simpatizando con la prédica de Kiritsis difunde los mensajes grabados que le envía telefónicamente para que el público conozca los motivos del secuestro.
Sin entrar en detalles ulteriores sobre lo que acontece después de la liberación del secuestrado y la suerte corrida por Kiritsis, lo cierto es que Van Sant logra desplegar un drama criminal que por su remarcable tensión se asemeja en parte al recordado thriller Dog Day Afternoon (1975) de Sidney Lumet.
A la fluida puesta escénica del realizador que mantiene permanentemente el interés del espectador, los valores del film se realzan por su sólido reparto. Así Skarsgard descuella como el estoico Tony convencido que lo que ha hecho es justo permitiéndole recobrar su dignidad. por su parte, Montgomery transmite en su personaje la variedad de emociones suscitadas como consecuencia de ver peligrar su vida como rehén. Similares elogios merece Domingo así como la breve intervención del celebrado Pacino exteriorizando la deshumanización de un padre no dispuesto a ceder a las exigencias del raptor de su hijo. Sumamente interesante resulta el haber incluido en los créditos finales escenas de archivo enfocando a los reales protagonistas del relato.
Dicho lo que precede, he aquí un film altamente entretenido proveniente de uno de los directores independientes más importantes de Estados Unidos. Jorge Gutman