L’ÉTRANGER. Francia, 2025. Un film de François Ozon. 122 minutos
La valiosa filmografía del realizador François Ozon se ve enriquecida con L’Étranger, una nueva versión de la célebre obra homónima de Albert Camus publicada en 1942. Si bien Luchino Visconti ofreció su visión de dicha novela en 1967 con la interpretación protagónica de Marcello Mastroianni, Ozon no imita al gran director italiano, sino que a través de su óptica sigue fielmente la filosofía del absurdo reflejada en el trabajo del Premio Nóbel de Literatura.

Benjamin Voisin
El guión de Ozon escrito con la colaboración de Philippe Piazzo ambienta la acción en Argelia en 1938 presentando a Meursault (Benjamin Voisin), un franco argelino trabajando de oficinista que al comienzo del relato inesperadamente recibe un telegrama informándole la muerte de su madre. Trasladándose de inmediato a la residencia de ancianos en donde ella vivía para asistir al velorio y posteriormente a su entierro, no refleja el mínimo sentimiento de pena o dolor, excepto que sencillamente se encuentra allí por ser su hijo. A su regreso y estando en la playa es contactado por Marie (Rebecca Mader), una amiga con quien entabla un vínculo sentimental aunque siempre demostrando una actitud apática. A su vez el contacto mantenido con Raymond (Pierre Lottin), un vecino manipulador y de violenta actitud hacia su amante argelina Djamila (Hajar Bouzaouit), motivará que a través de una serie de incidentes, Meursault se sienta impulsado a asesinar a un árabe sin razón alguna
Con una sobria filmación en blanco y negro, Ozon brinda un concienzudo retrato de la vida de este antihéroe, un ser incapaz de expresar emoción. Eso se ratifica cuando al ser arrestado y sometido a juicio demuestra al jurado que lo juzga una completa indiferencia sin que intente ofrecer defensa alguna al reconocer el crimen cometido. Con una ausencia de afecto e imbuido de frialdad él se siente ajeno a sí mismo, siendo a la vez un alejado de quienes le rodean y un extraño en el mundo en que vive; es así que cuando es condenado a la pena capital, recibe la sentencia con completa naturalidad sin llegar a inmutarse.
La remarcable dirección de Ozon se ve realzada por la excelente interpretación de Voisin quien admirablemente expresa la inexpresividad de su personaje que excepcionalmente alcanza a reaccionar cuando con furia rechaza al capellán de la prisión (Swann Artaud) en víspera de su ejecución. A todas luces Voisin se sumerge en la psicología del enigmático personaje cuyo nihilismo le motiva a creer que en un mundo sin propósito alguno la única concreta realidad constituye la muerte.
La sola libertad adoptada por el director con respecto al libro de Camus, es que el autor no hace referencia al colonialismo francés en Argelia, aspecto que el film lo aborda aunque de manera soslayada como algunos escritos en ciertas paredes sobre una Argelia independiente. De todos modos resulta de interés la buena recreación de época de la ciudad gracias al impecable diseño de producción de Katia Wyszkop.
En conclusión, con su vigésimo cuarto largometraje Ozon ratifica su condición de ser uno de los más importantes realizadores del séptimo arte. Jorge Gutman