NINO. Francia, 2025. Un film de Pauline Loquès. 96 minutos
Siempre resulta agradable descubrir a una talentosa novel realizadora. Es el caso de Pauline Loquès quien con Nino ofrece un afectuoso relato dotado de apreciable autenticidad.

Théodore Pellerin
El guión de la directora compartido con Maud Ameline centra su atención en un joven próximo a cumplir 29 años que inesperadamente se enfrenta a un hecho perturbador. El es Nino (Théodore Pellerin), un parisino quien en la mañana de un viernes en el hospital al que asiste para obtener unos estudios que le fueron realizados recibe la desagradable noticia que padece un cáncer de garganta provocado por el virus del papiloma; creyendo al principio que el diagnóstico es erróneo, tras su confirmación Nino debe comenzar el siguiente lunes un tratamiento de quimioterapia y radiación cuyo efecto secundario es el de anular la productividad de su semen; para evitar este inconveniente a fin de que en el futuro le pueda ser necesario, se le aconseja acumular una cantidad suficiente de su esperma y entregarlo al hospital para su congelación, antes de comenzar su tratamiento.
Con reminiscencias del notable film Cleo de 5 a 7 (1962) de Agnes Varda en donde la protagonista con gran incertidumbre aguarda un resultado que podría cambiar su vida, Loquès minuciosamente relata la trayectoria de Nino deambulando por París durante ese fin de semana, donde ciertamente confundido no llega a ser capaz de compartir la noticia con familiares y amigos. Un encuentro tiene lugar con su entrañable madre viuda (Jeanne Balibar) quien conversando con ella acerca de su infancia quiere imponerse más de su fallecido padre. Encuentros adicionales incluyen a una antigua novia (Camille Rutherford), una compañera de universidad (Salomé Dewaels), las amistades que se hallan en la fiesta de cumpleaños sorpresa que le organizó su gran amigo Sofian (William Lebghail), quien es el único que conoce su situación, así como la relación circunstancial establecida con un hombre (Mathieu Amaric) que se halla en un refugio para gente sin hogar.
En el marco de una filmación fluida, la realizadora contó con la valiosa interpretación de Théodore Pellerín liderando el elenco. El notable actor canadiense que ya ha dado muestras de ser uno de los más destacados de su generación, magistralmente registra las diversas emociones que va experimentando su personaje captando la realidad que le rodea y tratando de asumir finalmente una actitud positiva, en la víspera de un tratamiento que posiblemente le permitirá salvar su vida.
En conclusión, la cineasta ha logrado una película humanista y hondamente sensible permitiendo que el espectador empatice con el devenir del personaje protagónico.
Jorge Gutman