Tres Días en Las Vegas: Iti­ne­ra­rio Ideal

UN ATRAC­TI­VO PASEO

Cró­ni­ca de José Ridoutt Polar

Cono­ci­da como la Ciu­dad del Peca­do, Las Vegas es uno de los des­ti­nos turís­ti­cos más popu­la­res de Esta­dos Uni­dos: una ciu­dad don­de todo es exce­so, luces, espec­tácu­lo y ener­gía inago­ta­ble. Entre casi­nos icó­ni­cos, atrac­cio­nes impo­si­bles y pla­nes para todos los gus­tos, las opcio­nes para dis­fru­tar esta locu­ra urba­na son prác­ti­ca­men­te infinitas.

(Foto: Sil­via Vale­ra Cárdenas)

En esta ruta por Las Vegas en 3 días, este iti­ne­ra­rio per­mi­te expe­ri­men­tar la ciu­dad en su face­ta más icó­ni­ca y sor­pren­den­te, sin extenuar.

Día 1

Maña­na: París, al esti­lo Las Vegas

Siem­pre se debe empe­zar en el Strip; es icó­ni­co por algo. Un lugar pre­di­lec­to para desa­yu­nar es Mon Ami Gabi, en Paris Las Vegas. Sen­ta­do en la terra­za, con un café en la mano, vien­do cómo el Strip des­pier­ta, nun­ca pasa de moda. La Skinny Crê­pe du Jour cam­bia a dia­rio y es todo menos “del­ga­da”, en el mejor sen­ti­do de la palabra.

Des­pués del desa­yuno, subir al mira­dor de la Torre Eif­fel. Esta répli­ca a media esca­la, cons­trui­da según los pla­nos ori­gi­na­les, ofre­ce vis­tas que brin­dan una pers­pec­ti­va ins­tan­tá­nea de lo sal­va­je que es Las Vegas. Un momen­to per­fec­to para fotos y para admi­rar la ciu­dad des­de las alturas.

Tar­de: Magia del Bellagio

Des­de París, es fácil lle­gar cami­nan­do al Bella­gio, uno de los resorts favo­ri­tos del Strip. Las fuen­tes son un espec­tácu­lo imper­di­ble; para quien nun­ca la ha vis­to habrá de depa­rar­le una autén­ti­ca deli­cia visual.

Den­tro del Bella­gio, es muy reco­men­da­ble visi­tar el Con­ser­va­to­rio y Jar­dín Botá­ni­co. Las expo­si­cio­nes cam­bian según la tem­po­ra­da. Para mejor apre­cia­ción lo más acon­se­ja­ble es ubi­car­se cer­ca del cen­tro y mirar hacia arri­ba: don­de el techo es tan impre­sio­nan­te como las flores.

Si toda­vía que­da ener­gía, tome la pasa­re­la ele­va­da has­ta Cae­sars Pala­ce para pasear por las tien­das Forum y admi­rar la répli­ca de la Fon­ta­na de Trevi.

Noche: Cena, copas y baile

Al caer la noche, se reco­mien­da diri­gir­se a The Cos­mo­po­li­tan, uno de los mejo­res luga­res de Las Vegas para comer, beber y pasear.

Para cenar, Super­fri­co nun­ca falla: el ambien­te es tea­tral, la comi­da diver­ti­da, y la moz­za­re­lla esti­ra­da fren­te a ti es par­te del espectáculo.

Si se bus­ca algo más infor­mal y rápi­do, Secret Piz­za es un clá­si­co: escon­di­da, caó­ti­ca y siem­pre satis­fac­to­ria a medianoche.

(Foto: Sil­via Vale­ra Cárdenas)

Día 2

Maña­na: Cen­tro y la Mafia

Hoy deja­mos el Strip y nos aden­tra­mos en el down­town, la cuna ori­gi­nal de Las Vegas. Comien­zar el día en el Main Street Casino, don­de el casino y el buf­fet se com­bi­nan en un solo lugar. Su buf­fet ofre­ce des­de clá­si­cos esta­dou­ni­den­ses has­ta opcio­nes inter­na­cio­na­les, en un ambien­te rela­ja­do y autén­ti­ca­men­te vega­sen­se. Es la mane­ra per­fec­ta de car­gar ener­gía antes de explo­rar Fre­mont Street y el cen­tro de la ciudad.

Des­de allí, cami­nar has­ta The Mob Museum, uno de los museos favo­ri­tos de Las Vegas. Ubi­ca­do en el his­tó­ri­co edi­fi­cio del anti­guo Pala­cio de Jus­ti­cia, el museo ofre­ce una mira­da fas­ci­nan­te al víncu­lo entre el cri­men orga­ni­za­do y el desa­rro­llo de la ciu­dad, com­bi­nan­do his­to­ria, obje­tos ori­gi­na­les y expo­si­cio­nes inter­ac­ti­vas que hacen que el pasa­do cobre vida.

Tar­de: Arte y neón

La siguien­te para­da es Con­tai­ner Park, un espa­cio al aire libre cons­trui­do con con­te­ne­do­res de car­ga. Pecu­liar, crea­ti­vo y lleno de deta­lles, es un lugar ideal para pasear y dis­fru­tar del ambien­te del downtown.

Des­pués, diri­gir­se al Neon Museum, una visi­ta obli­ga­to­ria para quie­nes quie­ren des­cu­brir la his­to­ria y la esen­cia visual de Las Vegas. Ubi­ca­do al nor­te del Strip, este museo al aire libre res­guar­da una impre­sio­nan­te colec­ción de letre­ros de neón ori­gi­na­les que algu­na vez ilu­mi­na­ron hote­les, casi­nos y nego­cios icó­ni­cos de la ciudad.

Cono­ci­do como Neon Bone­yard, el reco­rri­do per­mi­te cami­nar entre pie­zas autén­ti­cas de la cul­tu­ra pop esta­dou­ni­den­se, don­de cada letre­ro cuen­ta una his­to­ria y refle­ja la evo­lu­ción de la ciu­dad a lo lar­go de las déca­das. Al caer la noche, algu­nos letre­ros vuel­ven a encen­der­se, crean­do una atmós­fe­ra nos­tál­gi­ca y foto­gé­ni­ca que trans­por­ta al visi­tan­te a la épo­ca dora­da de Las Vegas. Más que un museo, es un home­na­je al dise­ño, el espec­tácu­lo y la iden­ti­dad úni­ca de la ciudad.

Noche: Fre­mont Energy

Al ano­che­cer, la calle Fre­mont se trans­for­ma. El espec­tácu­lo de luces LED es sal­va­je, la ener­gía es con­ta­gio­sa y para quien se atre­va, la tiro­le­sa Slotzi­lla ofre­ce una vis­ta pano­rá­mi­ca del caos des­de las alturas.

La cena en Barry’s Down­town Pri­me, den­tro de Cir­ca: el chu­le­tón tomahawk es espec­ta­cu­lar, indul­gen­te y abso­lu­ta­men­te Las Vegas. Para cerrar la noche, tomar una copa en Legacy Club, dis­fru­tan­do de las vis­tas de la ciu­dad, o reser­var en The Laundry Room, un peque­ño bar clan­des­tino don­de el bar­man crea un cóc­tel per­so­na­li­za­do solo para usted. Una for­ma per­fec­ta de ter­mi­nar un día lleno de his­to­ria, arte y neón.

(Foto: Sil­via Vale­ra Cárdenas)

Día 3
Maña­na: Desa­yuno en Denny’s.

Para comen­zar el día con ener­gía, Denny’s en el Strip de Las Vegas es una opción clá­si­ca y cómo­da. Este res­tau­ran­te, cono­ci­do por su ambien­te fami­liar y ser­vi­cio las 24 horas, ofre­ce un menú varia­do que inclu­ye des­de desa­yu­nos abun­dan­tes has­ta clá­si­cos ame­ri­ca­nos como pan­ca­kes, hue­vos, bacon y hamburguesas.

Su ubi­ca­ción en pleno Strip per­mi­te dis­fru­tar del bulli­cio de la ciu­dad mien­tras se sabo­rea un desa­yuno gene­ro­so y recon­for­tan­te, ideal antes de empren­der un día lleno de explo­ra­ción y aven­tu­ras por Las Vegas. Ade­más, su acce­si­bi­li­dad y hora­rio exten­di­do lo con­vier­ten en un pun­to de encuen­tro per­fec­to para via­je­ros que bus­can ini­ciar la jor­na­da con sabor y comodidad.

Tar­de: Ome­ga Mart:

Nos aven­tu­ra­mos en una de las expe­rien­cias más úni­cas e inno­va­do­ras de la ciu­dad: Ome­ga Mart. Ubi­ca­do den­tro del com­ple­jo AREA15, a solo minu­tos del Strip, este espa­cio invi­ta a cam­biar por com­ple­to la pers­pec­ti­va del visitante.

Ome­ga Mart es una expe­rien­cia artís­ti­ca inter­ac­ti­va crea­da por el colec­ti­vo Meow Wolf, don­de el arte, la tec­no­lo­gía y la narra­ti­va se fusio­nan en un reco­rri­do inmer­si­vo. A lo lar­go de la visi­ta, el públi­co se mara­vi­lla con obras de artis­tas loca­les e inter­na­cio­na­les mien­tras se aden­tra en mun­dos surrea­lis­tas lle­nos de sor­pre­sas. Por­ta­les secre­tos, pai­sa­jes ines­pe­ra­dos y una his­to­ria que se des­plie­ga paso a paso con­vier­ten esta visi­ta en un via­je sen­so­rial hacia lo desconocido.

Noche: Cena en Hou­se of Blues y show en el Man­da­lay Bay Theatre

Cerra­mos el día con ener­gía en el Hou­se of Blues, den­tro del icó­ni­co Man­da­lay Bay Resort & Casino. Este espa­cio cele­bra la músi­ca, el arte y la cul­tu­ra del sur de Esta­dos Uni­dos, con con­cier­tos de rock, blues, soul y más. Su res­tau­ran­te ofre­ce pla­tos típi­cos sure­ños, como cos­ti­llas y jam­ba­la­ya, idea­les para dis­fru­tar antes del espectáculo.

Lue­go, nos tras­la­da­mos al Man­da­lay Bay Thea­tre para el espec­ta­cu­lar show Michael Jack­son ONE del Cir­que du Soleil. Este show es un ver­da­de­ro des­fi­le de emo­cio­nes y momen­tos impac­tan­tes: una elec­tri­zan­te fusión de acro­ba­cias, dan­za y efec­tos visua­les que trans­por­ta al públi­co al uni­ver­so musi­cal de Michael Jack­son. Impul­sa­do por sus gran­des éxi­tos, inter­pre­ta­dos como nun­ca antes en un entorno de soni­do envol­ven­te de van­guar­dia, ONE sumer­ge al espec­ta­dor en un mun­do majes­tuo­so, jugue­tón, mági­co y conmovedor.

Des­de el pri­mer ins­tan­te, uno se encuen­tra rodea­do de acro­ba­cias impre­sio­nan­tes, coreo­gra­fías elec­tri­zan­tes y visua­les que com­bi­nan lo ínti­mo con lo épi­co. El mon­ta­je reco­rre los gran­des éxi­tos del Rey del Pop con un dise­ño de soni­do envol­ven­te, voces en vivo e inter­pre­ta­cio­nes de gui­ta­rra, crean­do una expe­rien­cia simi­lar a un con­cier­to que resue­na mucho des­pués de la últi­ma nota.

Lo que real­men­te dis­tin­gue a esta pro­duc­ción es su elen­co de 75 artis­tas, que trans­mi­ten majes­tuo­si­dad, ale­gría y magia a tra­vés de auda­ces haza­ñas aéreas y movi­mien­tos expre­si­vos, hacien­do de cada esce­na un home­na­je visual y emo­cio­nal a la músi­ca de Michael.

Tan­to si uno es faná­ti­co de Michael Jack­son o bien para quie­nes sim­ple­men­te sim­ple­men­te dis­fru­tan de espec­tácu­los inol­vi­da­bles en vivo, Michael Jack­son ONE es una expe­rien­cia imper­di­ble: un home­na­je majes­tuo­so y con­mo­ve­dor al lega­do del Rey del Pop.

Este artícu­lo se pudo rea­li­zar gra­cias al apo­yo de:

Media Pro­fi­le (Alys­sa Wea­ver), Michael Duf­field (Meow­Wolf), Yaneth y Clau­dia (Cir­que du Soleil), The Mob Museum y Neon Museum (Las Vegas)