MY FATHER’S SHADOW. Gran Bretaña-Nigeria, 2025. Un film escrito y dirigido por Akinola Davies. 94 minutos
No es frecuente presenciar filmes provenientes de Nigeria, por lo tanto resulta más que bienvenido esta dramática película del novel realizador Akinola Davies que ha sido cálidamente recibido en ocasión de su estreno mundial en Cannes y posteriormente en el festival de Toronto. Mediante un relato semi biográfico el director ajustadamente entremezcla el aspecto político con su propia vivencia.

Sope Dirisu, Chibuike Marvellous Egbo y Godwin Egbo
La lograda escritura del guión del realizador compartido con su hermano Wale Davis ubica la acción en 1993, durante una sola jornada que acontece en la víspera de la primera elección democrática de Nigeria donde el pueblo después de varios años de dictadura militar y de incontrolable violencia aguarda esperanzado el triunfo del candidato presidencial MKO Abiola. En ese marco ambiental Folarin (Sope Dirisu) después de cierto tiempo de haber estado alejado de su familia regresa a la remota aldea donde viven sus hijos Remi (Chibuike Marvellous Egbo) de 11años y Akin (Godwin Egbo) tres años menor. Tras disculparse ante ellos por su larga ausencia Folarin decide llevar a los niños a la ciudad de Lagos que ellos desconocen, en tanto que la madre se encuentra trabajando fuera del hogar.
Después de una accidentada travesía en autobús, al llegar a destino el padre los lleva al lugar donde trabaja para tratar de recobrar de su supervisor seis meses de salario impago. En otros aspectos, durante ese largo día transitando por la ciudad, los chicos llegan a conocer a los amigos de su progenitor; posteriormente se dirigen a una playa, a ello le sigue un paseo en un parque de diversiones, para continuar en lugares de buena comida y una visita a un bar donde Folarin rememora haber conocido a la mujer que llegaría ser su esposa.
El director efectúa una impecable narración al enfocar cómo los niños van descubriendo un mundo totalmente desconocido al propio tiempo que va emergiendo un sólido lazo con el padre que hasta entonces había permanecido ausente de sus vidas. La amable atmósfera creada a través del placer compartido entre el progenitor y sus hijos se ve perturbada cuando la población dispuesta a festejar el resultado de las elecciones ve ese sueño trunco dado que el dictador militar Ibrahim Babangida anula el sufragio realizado; la gran desilusión de los habitantes genera la erupción de violentos disturbios y en consecuencia Folarin no puede determinar cómo podrá retornar sus hijos a la aldea y reencontrar a su madre.
Queda como resultado una conmovedora ópera prima de apreciable composición visual en la que Akinola Davies refleja el sentimiento paternal de un hombre que alejado del hogar por razones de trabajo, a la postre consigue granjearse el cariño de sus hijos, dejando la impresión de que realizará todo lo que esté a su alcance para que ellos puedan acceder a un futuro más promisorio. A la inmejorable y contenida actuación de Dirisu se une la autenticidad brindada por los dos chicos, que son igualmente hermanos en la vida real. Jorge Gutman