La Tor­ta del Presidente

THE PRESIDENT’S CAKE. Irak-Esta­dos Uni­dos-Qatar, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Hasan Hadi. 105 minutos

Así como en 1995 Jafar Panahi obtu­vo la Cáma­ra de Oro en el Fes­ti­val de Can­nes, eso vuel­ve a ocu­rrir con el film escri­to y diri­gi­do por el novel rea­li­za­dor Hasan Hadi quien en 2025 obtu­vo ese pres­ti­gio­so pre­mio como pri­me­ra obra pre­sen­ta­da en la Quin­ce­na de Cineas­tas. Esa es una coin­ci­den­cia en la medi­da que ambos direc­to­res, uno en Irán y el otro Ira­quí, refle­jan tro­zos de vida a tra­vés de la ino­cen­cia de cria­tu­ras que obser­van lo que suce­de en su entorno.

Baneen Ahmad Nayyef

El aus­pi­cio­so debut de Hadi ubi­ca la acción en el Irak de 1990 don­de el cruel y auto­ri­ta­rio dic­ta­dor Sad­dam Hus­sein gobier­na el país con mano fir­me. Su tira­nía moti­va que el país sea ais­la­do inter­na­cio­nal­men­te y es así que debi­do a las san­cio­nes eco­nó­mi­cas reci­bi­das la pobla­ción atra­vie­sa por serios pro­ble­mas. Es en ese peno­so esce­na­rio don­de se sale al encuen­tro de Lamia (Baneen Ahmad Nay­yef) de 9 años vivien­do en una rús­ti­ca aldea pan­ta­no­sa del sur de Irak con su abue­la Bibi (Waheed Tha­bet Khrei­bat) y el gallo Hin­di que la niña tie­ne como mascota.

Una de las impo­si­cio­nes del dés­po­ta pre­si­den­te es que el pue­blo fes­te­je su inmi­nen­te cum­plea­ños y es así que eso no exclu­ye a los niños. Por tal razón en la escue­la a la que acu­de Lamia se rea­li­za un sor­teo por el cual, infe­liz­men­te ella es ele­gi­da para pre­pa­rar una tor­ta des­ti­na­da a Hus­sein. Asi­mis­mo su buen com­pa­ñe­ro Saeed (Sajad Moha­mad Qasem) debe apor­tar fru­tas frescas.

Es así que Bibi y su nie­ta, ayu­da­dos por un ama­ble car­te­ro (Rahim AlHaj. logran lle­gar a la más cer­ca­na ciu­dad en pro­cu­ra de ingre­dien­tes, inclu­yen­do azú­car, hari­na y hue­vos. Al lle­gar a des­tino la nena des­cu­bre que su frá­gil y enfer­ma abue­la tie­ne como pro­pó­si­to poner­la a dis­po­si­ción de nue­vos padres en la medi­da que ella debe inter­nar­se en un hos­pi­tal, en con­se­cuen­cia Lamia deci­de esca­par y jun­to con Saeed tra­ta­rán de obte­ner los ele­men­tos nece­sa­rios para cum­plir con la obli­ga­ción que les ha sido impues­ta por el cole­gio a fin de satis­fa­cer al dic­ta­dor. Entre­tan­to la afli­gi­da abue­la se esfuer­za en per­sua­dir a la poli­cía para ubi­car a la chica.

El núcleo de esta tra­gi­co­me­dia se nutre de los encuen­tros de ambos ami­gos siem­pre acom­pa­ña­dos por la mas­co­ta de Lamia con algu­nos per­so­na­jes benig­nos que con­tras­tan con otros más crue­les median­te con­tra­tiem­pos que gene­ran una ten­sión natu­ral. Esa inter­ac­ción es exce­len­te­men­te refle­ja­da por Hadi ayu­da­do por la valio­sa cola­bo­ra­ción foto­grá­fi­ca de Tudor Vla­di­mir Pan­du­ru cap­tan­do la vida de sus habi­tan­tes en una socie­dad que­bra­da, a tra­vés de las calles, mer­ca­dos, hos­pi­ta­les y mezquitas.

El gran méri­to del rea­li­za­dor es que sin caer en el mise­ra­bi­lis­mo, per­mi­te que su ópe­ra pri­ma esté impreg­na­da de una entra­ña­ble ter­nu­ra. Fil­ma­do ínte­gra­men­te en Irak, el film se ha vis­to favo­re­ci­do por un repar­to inte­gra­do casi por com­ple­to por artis­tas no pro­fe­sio­na­les y en tal sen­ti­do es de admi­rar la natu­ra­li­dad con que la peque­ña Nay­yef así como el niño Qasem se pose­sio­nan de sus res­pec­ti­vos roles olvi­dan­do que están actuando.

Esen­cial­men­te, esta dra­má­ti­ca fábu­la moral de dos esco­la­res vivien­do bajo un régi­men auto­ri­ta­rio ple­na­men­te con­mue­ve a la vez que per­mi­te des­cu­brir en Hadi a un remar­ca­ble cineas­ta. Jor­ge Gutman