THE SWEDISH CONNECTION. Suecia, 2026. Un film escrito y dirigido por Thérèse Ahlbeck y Marcus Olsson. 102 minutos. Disponible en Netflix
La labor desplegada por un funcionario sueco durante el aciago período de la Segunda Guerra Mundial es lo que consideran Thérèse Ahlbeck y Marcus Olsson en The Swedish Connection.

Una escena del film
El relato empieza en Estocolmo en julio de 1942 cuando en el Ministerio de Relaciones Exteriores suena una alarma que anuncia la invasión alemana en Suecia. Inmediatamente queda claro que se trata de un falso anuncio ya que Suecia a diferencia de otros países europeos ha sido exceptuado de la ocupación nazi al haber aceptado todas las peticiones de Hitler. Pero esa neutralidad implica dejar que las tropas alemanas pasen por el país como asimismo abstenerse en la difusión de noticias vinculadas con las horrendas actividades realizadas por el nazismo.
En el departamento legal de la Cancillería el director Gösta Engzell (Henrik Dorsin) junto con su equipo se encarga de procesar visas y tramitar todo lo que concierne con las solicitudes de inmigración, donde queda claro que las peticionadas por judíos quedan archivadas sin ser consideradas.
Al llegar noticias acerca del genocidio de Alemania, las mismas quedan desechadas alegando que se trata de “rumores”. Sin embargo la situación se altera cuando se llega a saber que en Noruega han sido arrestados 100 judíos y uno de ellos es un ciudadano sueco. Con la llegada al departamento de la colega alemana Rut Vogl (Sissela Benn) quien muestra compasión por la situación atravesada por los judíos, Engzell adquiere plena conciencia de que la masacre nazi no puede ser ignorada; es así que ha llegado el momento de tomar cartas en el asunto al tener en cuenta que ahora ya no se trata de rumores infundados sino de una triste realidad.
Consecuentemente Engzell y su equipo, tratando de no interferir con las autoridades del país, comienzan a realizar un loable trabajo administrativo mediante la emisión de pasaportes provisionales engañando así a las autoridades de Alemania, a fin de proteger las vidas de judíos de Noruega y Dinamarca que se encuentran en peligro.
En esta historia basada en hechos reales, Ahlbeck y Olsson resaltan el legado humanitario de Gösta al haber logrado gracias a su trabajo que se salvaran más de 100.000 judíos, emulando de este modo a Oskar Schindler por la acción emprendida durante el Holocausto. Según se lee en los créditos finales Engzell nunca habló en público sobre la labor desempeñada en su valiente acción de rescate: después del conflicto bélico siguió trabajando en diplomacia y falleció a los 100 años en 1997 como un desconocido héroe de guerra.
Este drama histórico que está sólidamente realizado y actuado, deja como corolario un vivificante mensaje aleccionador demostrando que los héroes no necesariamente emergen en los campos de batalla
En esencia, he aquí un muy buen film que merece ser apreciado. Jorge Gutman