Un Des­co­no­ci­do Gran Arquitecto

L’INCONNUE DE LA GRAN­DE ARCHE. Fran­cia-Dina­mar­ca, 2025. Un film de Stépha­ne Demoustier.104 minutos

Quien haya visi­ta­do París y pasea­do por el barrio de La Défen­se, el dis­tri­to finan­cie­ro más impor­tan­te de Euro­pa, segu­ra­men­te habrá apre­cia­do la majes­tuo­si­dad de su gran arco. Pre­ci­sa­men­te, la géne­sis de su cons­truc­ción y las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por su autor es lo que el cineas­ta Stépha­ne Demous­tier con­si­de­ra en L’Inconnue de la Gran­de Arche quien es tam­bién el res­pon­sa­ble del guión com­par­ti­do con Lau­ren­ce Cossé.

Claes Bang

La his­to­ria real que ha sido adap­ta­da del libro de Cos­sé La Gran­de Arche publi­ca­do en 2016 trans­por­ta al espec­ta­dor hacia comien­zos de 1983 cuan­do el enton­ces pre­si­den­te Fra­nçois Mit­te­rrand (Michel Fau) deci­dió embe­lle­cer la lumi­no­sa ciu­dad con una impor­tan­te obra arqui­tec­tó­ni­ca que lle­ga­ría a ser el famo­so Gran Arco de la Défen­se. Por lo tan­to se pro­ce­de a un lla­ma­do a con­cur­so en don­de uno de los pos­tu­lan­tes es el res­pe­ta­ble docen­te y arqui­tec­to danés de media­na edad Johan Otto von Sprec­kel­sen (Claes Bang), cuyo ante­ce­den­te en la mate­ria es el de haber cons­trui­do su casa y algu­nas igle­sias en su tie­rra natal; es así que a tra­vés de su pre­sen­ta­ción en la que ilus­tra una con­cep­ción inno­va­do­ra, este des­co­no­ci­do pro­fe­sio­nal en Fran­cia resul­ta el gana­dor de la competición.

A medi­da que va rea­li­zan­do el dise­ño de la obra Sprec­kel­sen al prin­ci­pio cuen­ta con el apo­yo de Mit­te­rrand como así tam­bién del talen­to­so arqui­tec­to local Paul Andreu (Swann Arlaud) y del téc­ni­co Jean-Louis Subilon (Xavier Dolan) que es el con­se­je­ro del pre­si­den­te. Vol­can­do su pasión per­fec­cio­nis­ta en esa tarea, su con­cep­ción de lo que él deno­mi­na El Cubo (otra deno­mi­na­ción del Gran arco) es sin embar­go obje­to de cier­tos obs­tácu­los; eso es debi­do a la inevi­ta­ble buro­cra­cia vigen­te, como asi­mis­mo a cier­tos intere­ses que entran en jue­go y tien­den a alte­rar el pro­ce­so crea­ti­vo del autor. Sin­tien­do deso­la­ción por lo que acon­te­ce el arqui­tec­to obtie­ne el incon­di­cio­nal sopor­te de su mujer Liv (un per­so­na­je fic­cio­nal ani­ma­do por Sid­se Babett Knudsen).

Los deta­lles de la cons­truc­ción así como el fer­vien­te deseo del arqui­tec­to de que su con­cep­ción no sea obje­to de cam­bio alguno, alcan­za un nivel de con­si­de­ra­ble ten­sión a par­tir del momen­to en que él comien­za a per­der el con­trol de su faraó­ni­ca obra.

Remar­ca­ble­men­te narra­do con inusi­ta­do rea­lis­mo por Demous­tier, el film ade­más se ve favo­re­ci­do por el inob­je­ta­ble desem­pe­ño de su elen­co así como por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de David Cham­bi­lle y el logra­do dise­ño de pro­duc­ción de Cathe­ri­ne Cosme.

Como coro­la­rio de este even­to his­tó­ri­co, la iro­nía del des­tino hace que el exce­len­te arqui­tec­to fallez­ca en mar­zo de 1987 sin haber vis­to la con­clu­sión de su obra. El tra­ba­jo fue com­ple­ta­do por el arqui­tec­to Paul Andreu sien­do Mit­te­rand quien cele­bran­do el bicen­te­na­rio de la Revou­ción de Fran­cia inau­gu­ró el Arco de La Défen­se el 14 de julio de 1989. Jor­ge Gutman