Lenta Mar­cha hacia la Muerte

LA MORT DE LOUIS XIV. Fran­cia, 2016. Un film de Albert Serra

El direc­tor cata­lán Albert Serra ha logrado su mejor film hasta la fecha abor­dando la ago­nía de los últi­mos días de vida de Luis XIV, el sobe­rano más lon­gevo de Europa quien creyó que gober­naba a Fran­cia por man­dato divino acu­ñando la famosa frase de “El Estado Soy Yo”.

El relato en base a un guión del rea­li­za­dor y Thie­rry Lou­nas comienza en 1715 en momen­tos en que el monarca está obli­gado a per­ma­ne­cer en la cama de una de las habi­ta­cio­nes del Pala­cio de Ver­sa­lles. Eso es debido a los inten­sos dolo­res oca­sio­na­dos por la gan­grena que corroe su pierna izquierda y que len­ta­mente lo va apro­xi­mando a la tumba.

Jean-Pierre Leaud

Jean-Pierre Leaud

En este penoso pro­ceso un con­junto de médi­cos trata de ayu­darlo aun­que la cien­cia nada puede hacer al res­pecto, lo que hace pre­su­mir que el final es inmi­nente. Frente a ese pano­rama, encon­trán­dose en estado agó­nico el rey está pre­pa­rado para tran­si­tar el último paso de su existencia.

A tra­vés de casi dos horas de metraje, Serra recu­rriendo a un nota­ble este­ti­cismo aca­dé­mico ofrece un relato mini­ma­lista de sor­pren­dente auten­ti­ci­dad. Rehu­sando a com­pro­miso alguno, su narra­ción es lenta sin que exista acción alguna que per­mita apar­tarse de lo que anti­cipa el título del film. La cámara per­ma­nece en todo momento en el dor­mi­to­rio del monarca y uti­li­zando pla­nos fijos el direc­tor va movién­dola con len­ti­tud para enfo­car el ros­tro del enfermo con todos los míni­mos deta­lles que impli­can verlo sufrir, vién­dolo comer, bal­bu­cear, gemir y sen­tir como se va extin­guiendo su vida. Al pro­pio tiempo, va enfo­cando cada uno de los ges­tos, mira­das y mur­mu­llos de la fauna humana que lo rodea inte­grada por sus médi­cos, cor­te­sa­nos, con­fe­sor y demás súb­di­tos de la corte que van entrando y saliendo de la habi­ta­ción mor­tuo­ria. En tal sen­tido, la foto­gra­fía de Jonat­han Ric­que­bourg logra un efecto visual admi­ra­ble dando la ilu­sión de que los per­so­na­jes del relato pare­ciera que fue­sen extraí­dos de remar­ca­bles tra­ba­jos pic­tó­ri­cos. Simi­la­res elo­gios merece el exce­lente diseño de pro­duc­ción de Sebas­tian Vogler.

Tra­ba­jando por pri­mera vez con acto­res pro­fe­sio­na­les, Serra ha logrado reunir un elenco de gran nivel enca­be­zado por la excep­cio­nal carac­te­ri­za­ción que Jean-Pierre Leaud, ata­viado con una peluca apro­piada, logra del ago­ni­zante monarca; su tra­bajo es real­mente memorable.

Fun­da­men­tal­mente Serra recu­rriendo a un rigu­roso este­ti­cismo aca­dé­mico ofrece un film medi­ta­tivo sobre la inexo­ra­bi­li­dad de la muerte, con­tem­plando cómo la figura de quien fuera el impo­nente y abso­lu­tista Rey Sol queda redu­cida a su mínima expre­sión al lle­gar al umbral de su viaje final..

Dadas las carac­te­rís­ti­cas que asume este film aus­tero de pocos diá­lo­gos, el mismo lle­gará a encan­tar a una audien­cia selec­tiva que busca un cine alter­na­tivo al de los clá­si­cos blo­ck­bus­ters ame­ri­ca­nos. Jorge Gut­man