Fan­ta­sia 2017

Comen­ta­rio de Jorge Gutman

El Fes­ti­val Inter­na­cio­nal de fil­mes FAN­TA­SIA que comenzó su vigé­sima pri­mera edi­ción el pasado 13 de julio y fina­li­zará el 2 de agosto en Mon­treal pre­senta para la oca­sión una selec­ción de más de 150 lar­go­me­tra­jes y 300 cor­to­me­tra­jes. He aquí algu­nos de los títu­los que EL POPU­LAR ha tenido oca­sión de juzgar.

Un buen docu­men­tal es lo que pro­pone Ars­had Khan en ABU (Canadá). En un relato sen­ci­llo y humano el direc­tor y guio­nista del film pasa revista a su vida comen­zada en Pakis­tán donde nació y fun­da­men­tal­mente enfa­tiza su pro­ble­má­tica rela­ción man­te­nida con algu­nos miem­bros de su fami­lia con espe­cial refe­ren­cia a su padre.

Kahn relata las cir­cuns­tan­cias que moti­va­ron el tras­lado de su fami­lia a Canadá en 1991 y cómo estos inmi­gran­tes tra­tan de asi­mi­larse al nuevo medio; en tal sen­tido para Kahn la adap­ta­ción no ha sido fácil al año­rar su tie­rra natal así como lo que siente al com­pro­bar que el color de su piel en parte lo dis­cri­mina del medio social. El rea­li­za­dor ade­más enfa­tiza las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por su cri­sis de iden­ti­dad y cómo el pro­ceso de madu­rez que expe­ri­menta lo impulsa a asu­mir su homo­se­xua­li­dad. En otros aspec­tos se refiere al modo en que los acon­te­ci­mien­tos del 11 de sep­tiem­bre de 2001 lle­ga­ron a influir en el seno de su fami­lia. En la última parte del relato, Khan comenta su tras­lado a Mon­treal, comen­zando a estu­diar cine y es allí donde final­mente encuen­tra el sitio ideal para el desa­rro­llo de sus acti­vi­da­des como cineasta y su rea­li­za­ción personal.

A tra­vés de secuen­cias fil­ma­das en dife­ren­tes momen­tos de su vida, entre­vis­tas man­te­ni­das con algu­nos de sus fami­lia­res –su madre y su her­mana mayor y los pro­pios comen­ta­rios del realizador-, queda refle­jado el com­por­ta­miento cul­tu­ral y tra­di­cio­nal­mente reli­gioso de sus padres que difiere por com­pleto con lo que él sus­tenta, así cómo su orien­ta­ción sexual difi­cul­to­sa­mente acep­tada por ellos motivó a que él se sepa­rara de su fami­lia. Con todo, frente a la inmi­nente muerte de su padre ocu­rrida en 2011 se apre­cia que en última ins­tan­cia se pro­duce una emo­tiva recon­ci­lia­ción donde su pro­ge­ni­tor le mani­fiesta que siem­pre lo ha que­rido. En esca­sos 80 minu­tos, es mucho lo que llega a cap­tarse de este honesto y sen­si­ble documental.

Algu­nas de las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por los inmi­gran­tes ile­ga­les que resi­den en los Esta­dos Uni­dos son muy bien ilus­tra­das en MOST BEAU­TI­FUL ISLAND (Esta­dos Uni­dos), un cau­ti­vante thri­ller diri­gido, escrito e inter­pre­tado por Ana Asen­sio. Ella anima a Luciana, una joven espa­ñola que, como muchos otros indo­cu­men­ta­dos, llega a la ciu­dad de Nueva York pro­cu­rando con­cre­tar el mítico sueño ame­ri­cano. Ubi­cando la acción durante una única jor­nada se apre­cia las difi­cul­ta­des que ella atra­viesa para estar al día en el pago de arriendo del humilde depar­ta­mento en el que habita; eso es debido a que los magros ingre­sos que per­cibe dis­fra­zada de pollito para la pro­mo­ción de un sitio de comida no le ayu­dan a resol­ver su situa­ción finan­ciera. Una espe­ranza de mejo­rar su con­di­ción se vis­lum­bra cuando una com­pa­ñera le pro­pone un tra­bajo cir­cuns­tan­cial que le depa­rará una buena suma de dinero. Acep­tada la oferta, ella ignora por com­pleto la pesa­di­lla que pronto vivirá al verse obli­gada a expo­ner su vida en un juego maca­bro que tiene lugar en una excén­trica fiesta a fin de satis­fa­cer el sadismo de un grupo inte­grado por ricos y des­pia­da­dos neo­yor­ki­nos que allí se encuen­tran. Con una esme­rada puesta escé­nica y meticu­losi­dad vol­cada en la des­crip­ción del relato, la direc­tora ha sabido crear un psi­co­drama intri­gante y opre­sivo capaz de man­te­ner la per­ma­nente aten­ción del espec­ta­dor. Este drama, que obliga a refle­xio­nar una vez más sobre la temá­tica de la inmi­gra­ción ile­gal, cons­ti­tuye una buena carta de pre­sen­ta­ción de Asen­sio que mere­ci­da­mente le ha valido para obte­ner el Pre­mio del Jurado y el del Mejor Lar­go­me­traje Narra­tivo en el fes­ti­val SXSW de este año.

Ana Asensio en MOST BEAUTIFUL ISLAND

Ana Asen­sio en MOST BEAU­TI­FUL ISLAND

Si bien la vete­rana rea­li­za­dora Agnieszka Holland es una de las más repre­sen­ta­ti­vas del buen cine polaco, SPOOR (Polonia-Alemania-República Checa-Suecia), su último tra­bajo rea­li­zado con la cola­bo­ra­ción de Kasia Ada­mik, no alcanza a cobrar aliento a pesar de sus bue­nas intenciones.

Agnieszka Mandat en SPOOR

Agnieszka Man­dat en SPOOR

El relato que está basado en la novela de Der Gesang der Fle­der­mäuse de Olga Tokar­czuk trans­cu­rre en una región mon­ta­ñosa ubi­cada en la fron­tera de Polo­nia con la Repú­blica Checa. Allí habita Janina Dus­zejko (Agnieszka Man­dat), una anciana inge­niera jubi­lada que ade­más de ense­ñar en la escuela local es una acé­rrima defen­sora de los ani­ma­les de la región. El con­flicto del film se pro­duce cuando sus dos ama­dos perros des­a­pa­re­cen y todo parece indi­car que los caza­do­res del lugar son los res­pon­sa­bles, lo que deja a Janina alta­mente trau­ma­ti­zada. La trama adquiere el carác­ter de un thri­ller cuando mis­te­rio­sa­mente se pro­duce el ase­si­nato de uno de los caza­do­res y bien pronto los crí­me­nes se van suce­diendo donde en cada caso queda regis­trada las hue­llas de dife­ren­tes ani­ma­les. Aun­que en pri­mera ins­tan­cia, hay cierta intriga que haría supo­ner que se pro­duce una ven­ganza de los ani­ma­les hacia sus ver­du­gos, lo cierto es que esta his­to­ria narrada de manera errá­tica va per­diendo inte­rés a medida que se desa­rro­lla. Aun­que esta come­dia negra tiene como pro­pó­sito mos­trar la con­ducta de una mujer atí­pica y mar­gi­nada deci­dida a enfren­tar un sis­tema auto­ri­ta­rio y patriar­cal, Holland no logra impri­mir la vita­li­dad nece­sa­ria que per­mita cap­tar la empa­tía del espectador.

Con­fir­mando que Fan­ta­sía dedica un buen espa­cio al género de la come­dia, el público tiene opor­tu­ni­dad de dis­fru­tar la con­ti­nua­ción de un risueño retrato fami­liar pre­sen­tado el año pasado con What a Won­der­ful Family. En WHAT A WON­DER­FUL FAMILY! 2 (Japón), se sale al encuen­tro de sus mis­mos per­so­na­jes donde el matri­mo­nio inte­grado por Shuzo Hirata (Isao Has­hi­zume) y su esposa Tomiko (Kazuko Yos­hi­yuki) ha sabido superar los con­flic­tos de antaño cuando ella estaba a punto de sepa­rarse debido a las acti­tu­des egoís­tas de su esposo.

En esta oca­sión, que se desa­rro­lla pocos años des­pués, todo se presta para que la pareja viva en per­fecta armo­nía salvo que existe un fac­tor capaz de alte­rarla; eso se debe a que habiendo per­dido parte del reflejo nece­sa­rio para con­du­cir a causa de su edad, el anciano Shuzo ha oca­sio­nado cier­tas ras­pa­du­ras a su coche; pre­viendo que cause futu­ros acci­den­tes que incluso pudiera hacer peli­grar la vida de ter­ce­ros, su esposa no logra disua­dirlo para que renun­cie a seguir con­du­ciendo. Es así que Kono­suke (Masahiko Nis­hi­mura), el mayor de sus hijos adul­tos, trata de per­sua­dir a su obs­ti­nado padre para que entre­gue las lla­ves del vehículo y renun­cie a su licen­cia. Si bien este inci­dente cons­ti­tuye el pri­mero de los con­flic­tos que plan­tea el relato, la situa­ción se agrava cuando Tomiko decide via­jar de vaca­cio­nes sin su esposo y él invita a su casa a un anti­guo com­pa­ñero de escuela (Nenji Koba­yashi) a quien ha reen­con­trado des­pués de muchos años; ese hecho genera una serie de inci­den­tes que aun­que realís­ti­ca­mente dra­má­ti­cos, el tono de farsa empleado por el rea­li­za­dor Yoji Yamada impide que el relato adquiera dimen­sio­nes sombrías.

Como en el film ori­gi­nal, el direc­tor trata afec­ti­va­mente a sus per­so­na­jes ilus­trando con satis­fac­to­rio humor las dife­ren­tes alter­na­ti­vas que se tra­du­cen en el seno de una fami­lia japo­nesa a tra­vés de tres gene­ra­cio­nes; el resul­tado es una gra­ciosa come­dia que sin ser excep­cio­nal reúne los ingre­dien­tes nece­sa­rios para que el público se entre­tenga sanamente.

Den­tro del cine de Amé­rica Latina, uno de los títu­los de la mues­tra es EL MUERTO CUENTA SU HIS­TO­RIA (Argen­tina) del rea­li­za­dor Fabián Forte en base a un guión que escri­bió junto a Nico­lás Bri­tos. El film es una fan­ta­sía con ingre­dien­tes de horror que lamen­ta­ble­mente resulta fallida. Comen­zando como una come­dia, el relato pre­senta a Angel (Diego Gen­tile), un publi­cista don­jua­nesco y detes­ta­ble por su natu­ra­leza machista. Un buen día tro­pieza en forma ines­pe­rada con un con­junto de vam­pi­re­sas cel­tas que plan­tea ins­tau­rar un matriar­cado en la tie­rra; como con­se­cuen­cia de ese encuen­tro resulta escla­vi­zado por ellas con­vir­tién­dose en un zombi, o sea un muerto en vida. Si acaso la inten­ción del film es mos­trar cómo los misó­gi­nos resul­tan cas­ti­ga­dos, el relato narrado con tra­zos grue­sos y sin autén­tica gra­cia fra­casa en su intento de gene­rar un film de terror que sus­cite interés.

Diego Gentile en EL MUERTO CUENTA SU HISTORIA

Diego Gen­tile en EL MUERTO CUENTA SU HISTORIA

Otro film lati­noa­me­ri­cano es O ANI­MAL COR­DIAL (Bra­sil) de la direc­tora y guio­nista Gabriela Ama­ral Almeida. Con posi­ti­vos ante­ce­den­tes en el cine de horror en el campo del cor­to­me­traje, en su pri­mer lar­go­me­traje la direc­tora con­firma su pre­di­lec­ción por el género al narrar una his­to­ria sem­brada de espanto. La acción que trans­cu­rre en un sofis­ti­cado res­tau­rante bra­si­leño cuenta entre sus per­so­na­jes al dueño del esta­ble­ci­miento, una joven asis­tente, algu­nos emplea­dos ocu­pa­dos en la cocina y tres comen­sa­les de los cua­les, uno de ellos es un poli­cía reti­rado y los otros inte­gran una pareja cele­brando un espe­cial acon­te­ci­miento. El clima se enra­rece con la lle­gada de un par de delin­cuen­tes en un asalto a mano armada; pron­ta­mente todos que­dan atra­pa­dos en el esta­ble­ci­miento y de ahí en más los per­so­na­jes pri­sio­ne­ros en el lugar se con­vier­ten en furio­sos y des­pia­da­dos ani­ma­les tra­tando de sobre­vi­vir la exas­pe­rante pesa­di­lla. Almeida con­si­gue crear un tene­broso clima que va in cres­cendo a medida que el relato trans­cu­rre hasta lle­gar a un angus­tiante e impre­de­ci­ble desen­lace. En esen­cia, éste es un buen film de horror que con­for­mará las expec­ta­ti­vas de los aman­tes del género.

La cri­sis matri­mo­nial es el tema que la direc­tora y guio­nista Marianna Palka enfoca en BITCH (Esta­dos Uni­dos), un film que si bien no es des­de­ña­ble no logra resul­tar del todo con­vin­cente para redon­dear su pre­misa absurda. Adop­tando uno de los dos pape­les pro­ta­gó­ni­cos la rea­li­za­dora anima a Jill, madre de cua­tro hijos meno­res y casada con Bill (Jason Rit­ter), un hom­bre que la des­con­si­dera por com­pleto. Viviendo en una situa­ción de opre­siva rutina ella mani­fiesta ten­den­cias sui­ci­das sin que su marido machista adquiera con­cien­cia de su estado. Es así que un buen día decide ocul­tarse en el sótano de su casa adop­tando el com­por­ta­miento de un perro tanto en sus movi­mien­tos cani­nos como expre­sando con ladri­dos su frus­tra­ción cuando es des­cu­bierta por sus hijos que la hallan des­nuda y ensu­ciada de excre­men­tos. Esta situa­ción des­es­ta­bi­liza por com­pleto la vida fami­liar donde el des­con­cer­tado Bill no logra mane­jar la situa­ción en lo que con­cierne a com­pa­ti­bi­li­zar las obli­ga­cio­nes de su tra­bajo como eje­cu­tivo de una impor­tante empresa con la res­pon­sa­bi­li­dad de man­te­ner el fun­cio­na­miento de su hogar en lo que con­cierne a la ali­men­ta­ción de sus hijos y su envío a la escuela; a todo ello, el clima humano se exas­pera en la medida que su esposa canina sigue enclaus­trada en el sótano. Curio­sa­mente cuando los médi­cos con­si­de­ran que Jill debe ser inter­nada en una clí­nica men­tal, Bill se niega a hacerlo como tam­poco acepta la suges­tión de su cuñada (Jaime King) de reti­rarla de su casa y hacerse cargo de ella.

Marianna Palka en BITCH

Marianna Palka en BITCH

Des­afor­tu­na­da­mente, el guión no encuen­tra la expli­ca­ción lógica para jus­ti­fi­car que esta desolada mujer per­ma­nezca refu­giada sin ali­men­ta­ción alguna y en un estado de degra­da­ción física durante un pro­lon­gado período.

Aun­que se anti­cipa que este surrea­lista drama psi­co­ló­gico está basado en un docu­men­tado caso de estu­dio, tal como aquí está pre­sen­tado no logra total­mente con­ven­cer como una metá­fora de las con­se­cuen­cias que el machismo puede aca­rrear en una rela­ción con­yu­gal. A pesar de las obser­va­cio­nes for­mu­la­das, cabe apre­ciar la bri­llante carac­te­ri­za­ción que Palka obtiene de su per­so­naje como así tam­bién la de Rit­ter como el per­tur­bado marido frente a la ines­pe­rada situa­ción que debe afrontar.

Los her­ma­nos Ben y Jos­hua Saf­die que hace 3 años cau­sa­ron grata impre­sión con Hea­ven knows what vuel­ven a ubi­carse detrás de la cámara ofre­ciendo con GOOD TIME (Esta­dos Uni­dos) un ani­mado thri­ller que en gene­ral fue bien reci­bido en oca­sión de su estreno mun­dial en el último fes­ti­val de Can­nes. Con un guión que les per­te­nece, ade­más de estar bien actuado y cali­brado con pre­ci­sión, el film reúne los requi­si­tos pre­ci­sos para satis­fa­cer al gran público donde una de sus atrac­cio­nes se debe a la pre­sen­cia del popu­lar actor Robert Pat­tin­son, quien aquí apa­rece, total­mente irre­co­no­ci­ble; él da vida a Con­nie, un ladron­zuelo de Queens que mani­fiesta un pro­fundo sen­ti­miento fra­ter­nal hacia su her­mano menor Nick (Benny Saf­die) afec­tado de cierta ines­ta­bi­li­dad men­tal. Para tra­tar de ayu­darlo lo induce a que par­ti­cipe en un asalto ban­ca­rio; si bien el ope­ra­tivo resulta exi­toso, poco tiempo des­pués sur­gen algu­nas com­pli­ca­cio­nes donde la poli­cía arresta a Nick. A fin de per­mi­tir que éste pueda que­dar libre bajo fianza, y dado que el dinero robado no alcanza para pagarla, Con­nie mani­pula a su amiga (Jen­ni­fer Jason Leigh) para que lo ayude a com­ple­tar el monto reque­rido; a par­tir de allí nue­vos obs­tácu­los sur­gi­rán para dar lugar a situa­cio­nes de vio­lenta acción donde entre ellas no están ausen­tes las nue­vas ten­ta­ti­vas de robo y el con­tacto con el mundo mar­gi­nal del bajo fondo. Para dis­fru­tar este film debe­rán dejarse de lado algu­nas situa­cio­nes deci­di­da­mente implau­si­bles; pero el pro­pó­sito de los Saf­die no es pre­ci­sa­mente ofre­cer un relato de verismo psi­co­ló­gico sino más bien un thri­ller pasa­tista de buena tex­tura, per­ma­nente acción con un clima de ten­sión bien logrado y algu­nas esce­nas exce­len­te­mente cap­ta­das como las del asalto ban­ca­rio inicial.

Por su temá­tica, rea­li­za­ción, inter­pre­ta­ción y dra­ma­tismo A TAXI DRI­VER (Corea del Sur) de Jang Hoon es un exce­lente film que basado en hechos reales trans­mite al espec­ta­dor una visión rea­lista de lo acon­te­cido durante la época en que trans­cu­rre la acción. El relato basado en el guión de Eorn Yu-na comienza en Seúl en 1980 intro­du­ciendo a Man-seob (Song Kang-ho), un ani­mado y humilde viudo que vela por su pequeña hija y es taxista; sin embargo las mani­fes­ta­cio­nes estu­dian­ti­les y demos­tra­cio­nes de pro­testa de la pobla­ción que tie­nen lugar en las calles como con­se­cuen­cia de la dic­ta­dura implan­tada por el régi­men mili­tar que detenta el poder, impi­den que pueda efec­tuar su tra­bajo en forma normal.

Song Kang-ho en A TAXI DRIVER

Song Kang-ho en A TAXI DRIVER

Acu­ciado por las deu­das que man­tiene, su situa­ción parece mejo­rar cuando se las inge­nia para trans­por­tar a Peter (Tho­mas Krets­ch­mann), un perio­dista ale­mán que ha lle­gado a Corea del Sur para cap­tar con su cámara los difí­ci­les momen­tos por los que atra­viesa la nación. A cam­bio de una impor­tante suma de dinero, Man debe con­du­cirlo hasta la ciu­dad de Gwangju, que sitiada por el ejér­cito cons­ti­tuye el epi­cen­tro del levan­ta­miento popu­lar que tiene lugar con­tra la dic­ta­dura reinante que ha esta­ble­cido la ley mar­cial. Lo que comienza como una agra­da­ble come­dia cos­tum­brista cede lugar a acon­te­ci­mien­tos dra­má­ti­cos cuando el con­duc­tor y su pasa­jero deben superar los incon­ve­nien­tes inter­pues­tos por el con­trol mili­tar para poder lle­gar a des­tino. Cuando final­mente arri­ban a la ciu­dad, el drama se con­vierte en tra­ge­dia por­que res­pon­diendo al movi­miento popu­lar desatado, el gobierno apela a una vio­len­cia homi­cida que afecta gra­ve­mente a la pobla­ción; en con­se­cuen­cia, las vidas del taxista y del repor­tero están expues­tas a un alto riesgo.

Fun­da­men­tal­mente, el relato es un apa­sio­nante recuento de lo acon­te­cido en los acia­gos días vivi­dos en Gwan­giu entre el 18 y 27 de mayo de 1980 donde en medio del terri­ble caos se esta­blece una gran soli­da­ri­dad entre los dos hom­bres ade­más de refle­jar cómo la ges­tión del taxista con­tri­buyó para que el perio­dista pudiera fil­mar las horri­bles imá­ge­nes; una vez que el repor­tero regresó a Ale­ma­nia las mis­mas fue­ron difun­di­das al mundo y pene­tra­das clan­des­ti­na­mente a Corea del Sur. Este apa­sio­nante film que con­cluye en diciem­bre de 2003 con una escena muy emo­tiva cons­ti­tuye un buen tes­ti­mo­nio para pre­ser­var la memo­ria colec­tiva de un pue­blo a fin de que la vio­len­cia de regí­me­nes dic­ta­to­ria­les no vuelva a repe­tirse. Cabe acla­rar que Jür­gen Hinz­pe­ter ha sido el ver­da­dero nom­bre del perio­dista ger­mano falle­cido en enero de 2016 en tanto que Kim Sa-Bok es el del valiente taxista coreano.

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