DUELLES / MOTHERS’ INSTINCT. Bélgica-Francia, 2018. Un film de Olivier Masset-Depasse
En principio Duelles reúne todos los elementos necesarios para configurar un remarcable thriller psicológico, sin embargo lo implausible de su resolución termina malográndolo.

Jules Lefebvre y Veerle Baetens
La historia transcurre en un barrio residencial de Bruselas en los principios de la década del 60 donde conviven dos familias, cuyas residencias se encuentran anexas. En una de las mismas habita el matrimonio conformado por Simón (Mehdi Nebbou), su esposa Alice (Veerle Baetens) y su hijito Theo (Jules Lefebvre) de 8 años; en la otra residencia habitan Damien (Arieh Worthalter), su señora Céline (Anne Coesens) y el niño Maxime (Luan Adam).
Una buena relación existe entre ambas familias donde Alice y Céline son íntimas amigas. Algo parecido sucede entre los chicos quienes por la misma edad y acudiendo al mismo colegio son inseparables durante los ratos libres. La primera escena en que Alice le prepara una fiesta sorpresa a Céline con motivo de su cumpleaños, evidencia el cariño entrañable entre ambas mujeres.
El relato adquiere un clima dramático cuando una mañana en forma casual Alice observa a Maxime inclinado en el primer piso del balcón de su habitación, no pudiendo impedir que el chico se caiga y muera. Como es de esperar esta tragedia abate por completo a sus angustiados padres al propio tiempo que origina un distanciamiento de Céline hacia su amiga al hacerle ver que ella podía haber evitado el mortal accidente, aunque queda completamente claro que nadie ha sido responsable del lamentable suceso. A pesar de todo Alice se cuestiona si acaso pudiera haber hecho algo para frenar la caída de Maxime Un mes después del accidente mortal Celine pide excusas a su amiga por haberla culpado injustificadamente y todo hace suponer que esa amistad prosigue a pesar de que Céline y su marido no puedan recuperarse del dolor.
A partir de ese momento el guión del realizador escrito con Giordano Gederlini va creando un clima de suspenso generado por situaciones nutridas de completa ambigüedad. Eso acontece cuando el instinto maternal de Alice comienza a sospechar del comportamiento de Celine al creer que tiene intenciones de dañar a Theo; esa duda está muy bien planteada en la medida que el espectador encuentra razones para justificar esa sospecha como al mismo tiempo asumir que de ningún modo Celine es mal intencionada, sobre todo al demostrar afecto hacia el niño. Cuando otros incidentes ‑que podrían ser o no casuales. van sucediéndose, una exasperada Alice está convencida de que su amiga realmente quiere perjudicar ‑ya sea por envida o por celos- a su hijo. De este modo se crea el suspenso al persistir la inseguridad sobre la malicia o inocencia de Céline.
Desafortunadamente este psicodrama basado en la sospecha se descarrila por completo en su último tramo en la medida que los guionistas adoptaron un disparatado desenlace que pareciera pertenecer a un vulgar film de horror que nada tiene que ver con lo que se vino relatando hasta ese momento. En consecuencia, su conclusión resulta altamente frustrante al echar por la borda la trama construida anteriormente. Jorge Gutman