SORRY WE MISSED YOU. Gran Bretaña-Francia-Bélgica, 2019. Un film de Ken Loach
Después de haber obtenido su segunda Palma de Oro en 2016 con I, Daniel Blacke, el veterano realizador Ken Loach, siempre acompañado de su excelente guionista Paul Laverty, describe en Sorry We Missed You una conmovedora historia.

Kris Hitchen
Apelando a una narración realista, el realizador ilustra las injusticias experimentadas por gente común y sencilla que no tiene escapatoria frente al estado de situación en que se encuentra para poder sobrevivir. Esa situación se ejemplifica a través de una familia proletaria que vive en Newcastle e integrada por Rick (Kris Hitchen), su esposa Abby (Debbie Honeywood) y sus dos hijos Seb (Rhys Stone) de 15 años y Liza Jane (Katie Proctor) de 11.
Habiendo perdido su trabajo en la construcción y viviendo día a día con lo que se puede, Rick aspira a lograr un nivel de vida superior que le permita tener una casa propia para dejar el dilapidado lugar habitacional donde reside con su familia y ofrecer a sus hijos un futuro mejor; por su parte su abnegada mujer prosigue la noble tarea de servidora social ofreciendo magnánimamente ayuda a discapacitados y ancianos.
Debido a una franquicia que Rick obtiene para el despacho de mercadería a domicilio él logra que su mujer venda su pequeño vehículo para que a cambio pueda adquirir una camioneta para poder transportar los repartos; es así que cree haber concretado su autonomía mediante un trabajo donde él es su propio empleador. Sin embargo, la independencia que deseaba alcanzar resulta ficticia en la medida que está despiadadamente sometido por la compañía concesionaria a tener que cumplir con el despacho de los paquetes en un espacio de tiempo extremadamente reducido. A pesar de que Abby trata de templar los ánimos frente a la deshumanización y humillación que su marido experimenta diariamente, cada vez resulta más difícil mantener la concordia familiar frente a la situación imperante; el hecho tiende a agravarse debido al comportamiento de Seb que faltando a la escuela para dedicarse a realizar grafitis efectúa pequeños robos a fin de disponer del dinero que le permita comprar la pintura necesaria.
Si bien el cuadro descripto es evidentemente sombrío, Loach trata de atenuarlo con algunas notas de humor; en todo caso a pesar de su negrura el film no es fatalista dado que deja la puerta abierta demostrando cómo la sólida unión del lazo familiar adquiere sustancial gravitación para alentar esperanzas.
Como en todos los trabajos del realizador, resulta fácil de empatizar con el sentimiento de sus personajes porque los mismos están perfectamente caracterizados por un elenco remarcable; así es admirable la naturalidad de Hitchen quien habiéndose desempeñado anteriormente como plomero demuestra que nunca es tarde para ser actor si se reúne condiciones naturales como las que él posee; Honeywood conmueve en el rol que interpreta, Stone es genuinamente auténtico como él díscolo hijo rebelde y finalmente es encomiable la intervención de Proctor como la pre-adolescente Liza Jane que se esfuerza por mantener la armonía de su familia.
En esencia, Loach prosigue su tarea de remarcable visionario social brindando un vibrante retrato de la clase humilde que batalla para seguir adelante; al hacerlo provee un film de gran humanidad y compasión por lo que resulta imposible no conmoverse con el mismo. Jorge Gutman