UNE SIRĖNE À PARIS. Francia, 2020. Un film de Mathias Malzieu. 102 minutos
Cuando en 1837 Hans Christian Andersen concibió La Sirenita no imaginó que su cuento infantil habría de influir a otros escritores y artistas para transmitir su propia visión. Ese es el caso del cantante músico, escritor y realizador Mathias Malzieu que adaptó para el cine su novela de 1919 Una Sirène à Paris. Sin entrar a considerar los valores intrínsecos de su libro, esta fantasía cinematográfica dista de conservar el hálito poético que cabría de esperar; es posible que eso se deba en gran parte a que el guión del realizador escrito con Stéphane Landowski no ha podido transmitir el toque mágico que supone la relación de un humano con un personaje subacuático cuyo cuerpo es mitad mujer y mitad pez.

Nicolas Duvauchelle y Marilyn Lima
En la versión de Malzieu el protagonista es Gaspard (Nicolas Duvauchelle), un joven músico y cantante bohemio completamente descorazonado en las lides amorosas y ya resignado a no encontrar el verdadero amor que aliente su vida. Una noche al salir del club nocturno parisino que pertenece a su padre (Tehéky Karyo) y en donde trabaja como crooner, caminando a lo largo del Sena se encuentra que la crecida del río ha arrojado en el muelle a una bella sirena herida llamada Lula (Marilyn Lima). Todo indica que ella desconfía de los hombres y con su canto hace explotar el corazón del individuo que se le acerca, aunque Gaspard parece gozar de inmunidad. Precipitadamente él la lleva a un hospital pero por razones burocráticas Lula no puede ser atendida lo que motiva a que entonces la traslade a su hogar dispuesto a brindarle el cuidado necesario hasta su recuperación.
A pesar de no querer enamorarse nuevamente, Gaspard cae bajo el hechizo de su invitada a la vez que ella lentamente confía en su anfitrión, lo que origina de inmediato un romance platónico. Si bien la intención de Malzieu manifestada en las notas de prensa era la de plasmar una historia romántica impregnada de comicidad y ternura, tal como está planteada esta fábula está muy lejos de haber sido alcanzada. A pesar de tratarse de una fantasía, resiste total credibilidad el suponer que en el transcurso de una noche y el día subsiguiente surja un apasionado vínculo sentimental agravado por la circunstancia de que no existe una sustancial química ente ambos personajes a fin de que el romance adquiera un realismo mágico capaz de conmover.
Como una historia secundaria, sin duda prescindible, se observa a Milena (Romane Bohringer), una viuda que quiere vengarse de la sirena por haber producido la muerte de Victor (Alexis Michalik), su esposo médico, cuando éste estuvo cerca de Lula en la clínica hospitalaria.
La objeción mayor del film reside en su poco imaginativo guión donde la historia narrada es completamente secundaria. Esa falencia es en parte compensada por el estilismo visual favorecido en gran parte por la bella fotografía de Virginie Saint Martin; además cabe distinguir la agradable música de la banda Dionysos de la cual el realizador ha sido uno de los fundadores a la vez que cantante.
En los papeles protagónicos tanto Duvauchelle como Lima se desempeñan correctamente sin llegar a deslumbrar; en cambio en uno de los roles secundarios se destaca la españolísima Rossy de Palma ‑una de las preferidas actrices de Almodóvar- caracterizando con inigualable gracia a la entrometida vecina de Gaspard. Jorge Gutman