THE DISCIPLE. India, 2020. Un film escrito y dirigido por Chaitanya Tamhane. 127 minutos
Después de Court (2014), su aplaudido primer largometraje exponiendo los vericuetos burocráticos del sistema judicial de la India, el realizador Chaitanya Tamhane retorna con The Disciple, que el año pasado obtuvo el premio de mejor guión en el Festival de Venecia.

Aditya Modak
La acción comienza en Mumbai en 2006 donde Sharad (Aditya Modak), un joven de 24 años aspira dominar la compleja música tradicional indostaní que impera en el subcontinente indio. Su pasión por la misma proviene desde temprana edad cuando su fallecido padre (Kiran Yadnyopavit), sin haber logrado ser un músico profesional, le había transmitido la belleza y sentimiento de sus cantadas melodías; su progenitor llegó a apreciarla cuando en 1972 asistió a las clases de la legendaria vocalista Maai (Smitra Bhave).
El aprendizaje formal de Sharad comienza al ser aceptado como discípulo de Guruji (Arun Dravid), un maduro músico y cantante gurú, donde en las clases impartidas también participa un reducido grupo de alumnos. La relación entre el mentor y su alumno configura uno de los aspectos salientes del relato, donde además de recibir las enseñanzas y severas críticas de su exigente maestro, Sharad como si fuera un miembro de su familia se ocupa de su bienestar personal.
Aprovechando las cintas grabadas por su padre de las lecciones recibidas de Maia, Sharad las escucha asiduamente tratando de asimilar sus consejos y ponerlos en práctica. Dejando de lado otros aspectos importantes de su vida personal, de manera obsesiva vuelca todos sus esfuerzos tratando de lograr el perfeccionamiento necesario en la vocalización de esta música. Su primera decepción se produce en ocasión de participar en un concurso de talentos sin tener éxito. Dieciséis años después, a pesar de sus denodados sacrificios realizados no ha logrado la excelencia artística anhelada, en tanto que como profesor de música a tiempo parcial prosigue atendiendo al viejo Guruji que se encuentra en delicado estado de salud.
Es muy posible que el laborioso trabajo de Tamhane ponga a prueba la paciencia del espectador no familiarizado con este género musical que combinando los sonidos de los instrumentos de cuerda y percusión con el canto puede llegar a irritar. Con todo, lo que más trasciende de su relato es el estudio de personalidad que efectúa del protagonista muy bien caracterizado por Modak, un artista musical en la vida real aunque sin experiencia anterior como actor. Él transmite con gran sensibilidad la crisis existencial del estoico músico al no haber conseguido el perfecto dominio de esta música; con todo, defiende a ultranza la tradición musical sin ceder al fácil camino impuesto por las leyes del mercado promocionando la música popular de la India a través de la televisión y de las películas de Bollywood.
El realizador pulsa con muy buen criterio esta obra poco convencional pero decididamente efectiva al ilustrar el singular universo de una cultura sonora prácticamente desconocida en Occidente. Como resultado, Tamhane sale airoso del desafío al haber logrado un honesto e impecable relato sobre un tópico raramente explorado por la cinematografía de su país. Jorge Gutman