Un Repu­dia­ble Epi­so­dio Histórico

BONES OF CROWS. Cana­dá, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Marie Clements

La direc­to­ra autóc­to­na Marie Cle­ments revi­ve el tris­te epi­so­dio de las escue­las resi­den­cia­les cana­dien­ses exis­ten­tes des­de prin­ci­pios del siglo 19 has­ta casi todo el siguien­te siglo, con­fi­gu­ran­do una negrí­si­ma pági­na de la his­to­ria de Cana­dá. Para ello y basa­do en reales even­tos rela­ta­dos por su su pro­pia fami­lia, Cle­ments crea el per­so­na­je de Ali­ne Spears, una matriar­ca de la comu­ni­dad indí­ge­na cree, que ha sido una de las muchas per­so­nas que fue­ron for­za­das a resi­dir en dichos establecimientos.

El rela­to estruc­tu­ra­do de mane­ra no lineal pre­sen­ta a la niña Ali­ne (Sum­mer Tes­ta­wich) naci­da en Mani­to­ba en 1920 quien com­par­te gra­ta­men­te con su fami­lia autóc­to­na los pri­me­ros años de su infan­cia. A los 9 años de edad, ella y sus her­ma­nos son remo­vi­dos de su hogar por la igle­sia cató­li­ca y las auto­ri­da­des loca­les para ser con­du­ci­dos a una escue­la resi­den­cial mane­ja­da por el cle­ro; el obje­ti­vo per­se­gui­do es eli­mi­nar en ellos la cul­tu­ra inhe­ren­te para ser some­ti­dos a la cul­tu­ra “tra­di­cio­nal”.

Gra­ce Dove

Es cier­ta­men­te duro con­tem­plar las imá­ge­nes en don­de Ali­ne jun­to a los res­tan­tes niños enfren­tan la cruel­dad, el racis­mo, el abu­so sexual y físi­co de sus edu­ca­do­res, como asi­mis­mo la ham­bru­na y malnu­tri­ción que pro­du­jo la muer­te de varios de los estudiantes.

Con el trans­cur­so del tiem­po se con­tem­pla a la ado­les­cen­te Ali­ne (Gra­ce Dove) vol­ca­da a su voca­ción de pia­nis­ta y que sien­do asis­ti­da por el joven cura Tho­mas Miller (Jonathan Whi­te­sell), él se apro­ve­cha de ella vio­lán­do­la impunemente.

Habien­do sobre­vi­vi­do esa nefas­ta eta­pa de su exis­ten­cia, duran­te la Segun­da Gue­rra Ali­ne es enlis­ta­da por la real fuer­za aérea cana­dien­se a fin de que con su idio­ma cree la ins­ti­tu­ción pue­da per­mi­tir enviar men­sa­jes codi­fi­ca­dos. Es allí don­de cono­ce a su futu­ro mari­do Adam Wha­llach (Phi­llip Lewits­ki) con quien for­ma­rá una fami­lia. Intere­san­te es obser­var cómo los sol­da­dos autóc­to­nos tuvie­ron que resig­nar su ori­gen indí­ge­na a fin de par­ti­ci­par en la con­tien­da béli­ca y sin que al fina­li­zar el con­flic­to pudie­ran gozar de los bene­fi­cios que les corres­pon­dían como veteranos.

Con­si­de­ra­ble par­te del metra­je refle­ja cómo la cruel expe­rien­cia de los pen­sio­na­dos sigue aco­san­do la memo­ria de Ali­ne, como así tam­bién el post sín­dro­me de su atri­bu­la­do mari­do como con­se­cuen­cia de su par­ti­ci­pa­ción en la gue­rra. El momen­to más con­mo­ve­dor del rela­to se pro­du­ce en 2009 cuan­do la comu­ni­dad cree asis­te a una audien­cia con­ce­di­da por el Vati­cano en don­de se halla la ancia­na Ali­ne (Car­la Rae) acom­pa­ña­da por su hija (Cara Gee); en esa reu­nión Ali­ne con­fron­ta con una seve­ra mira­da a uno de los acom­pa­ñan­tes del Pon­tí­fi­ce; él es el arzo­bis­po Tho­mas Miller (Patrick Garrow), quien la vio­ló en el pasado. .

El film es extre­ma­da­men­te den­so y por lo tan­to difi­cul­ta absor­ber por com­ple­to el valio­so sus­ten­to expues­to por la rea­li­za­do­ra, como en el tra­ta­mien­to de la rela­ción que Ali­ne man­tie­ne con Per­se­ve­ran­ce (Alys­sa Wana­pâhk), su her­ma­na menor; asi­mis­mo los per­ma­nen­tes flash­backs impi­den en cier­tos casos ubi­car­se en el tiem­po e iden­ti­fi­car a los nume­ro­sos per­so­na­jes.. Con todo, estas obser­va­cio­nes no obs­ta­cu­li­zan el incues­tio­na­ble men­sa­je del film per­mi­tien­do que el espec­ta­dor adquie­ra con­cien­ti­za­ción de los crí­me­nes come­ti­dos al pue­blo indí­ge­na por espa­cio de casi dos cen­tu­rias en el que alre­de­dor de 150 mil niños fue­ron sus­traí­dos de sus padres. Por otra par­te, des­de una ópti­ca más opti­mis­ta, Cle­ments refle­ja la deter­mi­na­ción, resi­lien­cia y cora­je de una comu­ni­dad que a pesar de la infa­mia, humi­lla­ción y des­po­tis­mo reci­bi­dos ha logra­do que su nati­va cul­tu­ra sobre­vi­va y que sus des­cen­dien­tes avi­zo­ren un aus­pi­cio­so porvenir.

Final­men­te resul­ta con­mo­ve­dor que a tra­vés de mate­rial de archi­vo en los cré­di­tos fina­les apa­rez­can los tes­ti­mo­nios de algu­nos de los reales sobrevivientes.

En esen­cia, Cle­ments ha logra­do un enco­mia­ble e ins­truc­ti­vo film valo­ri­za­do por un sóli­do elen­co enca­be­za­do por Gra­ce Dove y autóc­to­nos intér­pre­tes inclu­yen­do a Graham Gree­ne, Bran­don Oakes, Glen Gould, Miche­lle Thrush, Lor­ne Car­di­nal y Gail Mau­ri­ce; entre los vete­ra­nos acto­res cana­dien­ses correc­ta­men­te se desem­pe­ñan Rémy Girard y Kari­ne Vanas­se en bre­ves roles. Jor­ge Gutman