Un Vir­tuo­so Cuarteto

LES MUSI­CIENS. Fran­cia, 2024. Un film de Gré­gory Mag­ne. 102 minutos

Con gran sen­si­bi­li­dad el rea­li­za­dor Gré­gory Mag­ne ofre­ce con su ter­cer lar­go­me­tra­je Les Musi­ciens, una fina come­dia dra­má­ti­ca que home­na­jea a la músi­ca. No obs­tan­te que el cine haya dado pro­ba­das mues­tras sobre el tema, el cineas­ta logra dis­tin­guir­lo a tra­vés de cier­tos aspec­tos didác­ti­cos que des­pier­tan interés.

Valé­rie Don­ze­lli y Fré­dé­ric Pierrot

En su comien­zo pue­de obser­var­se cómo un lutier (Fra­nçois Etton) cons­ta­ta la vero­si­mi­li­tud de un ins­tru­men­to músi­cal, auten­ti­can­do que se tra­ta de un legí­ti­mo Stra­di­va­rius. Eso vie­ne al caso por­que de inme­dia­to la acción gira en torno a Astrid Carl­son (Valé­rie Don­ze­lli) quien jun­to a su her­mano Arthur (Nico­las Bri­det) desea cum­plir con la volun­tad de su difun­to padre y empre­sa­rio millo­na­rio adic­to a la músi­ca. Su deseo es que sus here­de­ros a tra­vés de la fun­da­ción cons­ti­tui­da orga­ni­cen un úni­co con­cier­to basa­do en un cuar­te­to musi­cal para difun­dir la obra del com­po­si­tor con­tem­po­rá­neo Char­lie Beau­mont (Fré­dé­ric Pie­rrot). Para ello es pre­ci­so que los inte­gran­tes del con­jun­to se val­gan de cua­tro ins­tru­men­tos Stra­di­va­rius del siglo 18 y en don­de uno de los mis­mos fue uti­li­za­do por el céle­bre vio­li­nis­ta y com­po­si­tor ita­liano Nic­co­lo Paganini.

Cum­plien­do la volun­tad pater­nal la deter­mi­na­da y empren­de­do­ra Astrid se encar­ga de selec­cio­nar a los ins­tru­men­tis­tas que resul­tan ser el talen­to­so Geor­ges Mas­sa­ro (Mathieu Spi­no­si) en el pri­mer vio­lín, Peter Nico­les­cu (Daniel Gar­litsky) como segun­do vio­lín, la vio­lon­che­lis­ta Lise Car­valho (Maria Via­lle) y Apo­lli­ne Des­sar­tre (Emma Ravier), que en cali­dad de vio­lis­ta es la más joven del con­jun­to. Para Astrid lo más impor­tan­te es tra­tar de con­ven­cer al com­po­si­tor Beau­mont para que coor­di­ne el con­cier­to y si bien él es en prin­ci­pio renuen­te a hacer­lo final­men­te ter­mi­na acep­tán­do­lo, tenien­do en cuen­ta todos los deta­lles inclu­yen­do la acús­ti­ca de la sala para que el con­cier­to resul­te exitoso.

Es bien sabi­do que para que un cuar­te­to de cáma­ra pue­da elo­cuen­te­men­te trans­mi­tir la par­ti­tu­ra musi­cal es vital que exis­ta una com­ple­ta armo­nía en los roles que cum­ple cada ins­tru­men­to. Para lograr ese pro­pó­si­to se requie­re que los cua­tro músi­cos con­tri­bu­yan a aunar sus esfuer­zos y man­te­ner un buen enten­di­mien­to entre ellos. Es así que el guión del cineas­ta y Haroun des­cri­be lo que acon­te­ce cuan­do en los ensa­yos que tie­nen lugar se mani­fies­ta la dis­cre­pan­cia exis­ten­te entre los cua­tro ins­tru­men­tis­tas; así Geor­ges no disi­mu­lan­do su ego­la­tría mani­fies­ta su des­dén a la joven vio­lis­ta Apo­lli­ne; no menos agra­vian­te resul­tan las que­re­llas entre Peter y Lise. En con­se­cuen­cia a medi­da que se acer­ca la fecha del con­cier­to el com­po­si­tor Beau­mont tra­ta de que la san­gre no lle­gue al río, logran­do final­men­te que estos vir­tuo­sos músi­cos dejen de lado sus dife­ren­cias y con­flic­tos, unién­do­se huma­na­men­te para el impor­tan­te evento.

Hay varios fac­to­res que se aúnan para que Les Musi­ciens resal­te. Uno de ellos es la remar­ca­ble des­crip­ción de los per­so­na­jes del cuar­te­to que están carac­te­ri­za­dos por ver­da­de­ros músi­cos, logran­do la com­ple­ta auten­ti­ci­dad de lo que se está exhi­bien­do; a ello se agre­ga la elo­cuen­te actua­ción de Don­ze­lli y la soli­dez de Pie­rrot como el ave­za­do com­po­si­tor. No menos impor­tan­te es la habi­li­dad de Mag­ne para trans­mi­tir las vici­si­tu­des que pue­den sus­ci­tar­se den­tro de un gru­po musi­cal per­mi­tien­do que el espec­ta­dor se invo­lu­cre en una sin­gu­lar inmer­si­va expe­rien­cia. Final­men­te cabe des­ta­car la músi­ca ori­gi­nal com­pues­ta por Gré­goi­re Hetzel y para el pla­cer del meló­mano como para quie­nes no lo son resul­ta más que agra­da­ble escu­char los extrac­tos musi­ca­les de obras de emble­má­ti­cos com­po­si­to­res, inclu­yen­do entre otros a Bach, Mozart, Dvo­rak, Strauss, Men­dels­sohn, Mas­se­net y Fau­ré. Jor­ge Gutman

Un Cora­zón más Humano

CORA­ZÓN DELA­TOR. Argen­ti­na, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Mar­cos Car­ne­va­le. 89 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Con una fil­mo­gra­fía de 18 pelí­cu­las explo­ran­do en algu­nas de las mis­mas las expe­rien­cias huma­nas en con­di­cio­nes adver­sas, Mar­cos Car­ne­va­le con­si­de­ra en Cora­zón Dela­tor, un dra­ma sen­ti­men­tal a tra­vés del con­tras­te exis­ten­te entre dos dife­ren­tes esti­los de vida.

Julie­ta Díaz y Ben­ja­mín Vicuña

Uno de los esce­na­rios de esta his­to­ria trans­cu­rre en El Pro­gre­so, un fic­ti­cio barrio de Bue­nos Aires, don­de su gen­te de baja con­di­ción social atra­vie­sa un serio pro­ble­ma; la zona está suje­ta a inmi­nen­te demo­li­ción obli­gan­do a los veci­nos a tener que bus­car nue­vos luga­res don­de habi­tar; eso es debi­do a un sun­tuo­so pro­yec­to inmo­bi­lia­rio de una empre­sa cons­truc­to­ra, res­pal­da­do por el muni­ci­pio local, ten­dien­te a revi­ta­li­zar el lugar. Allí viven el humil­de matri­mo­nio inte­gra­do por el alba­ñil Pedro (Facun­do Espi­no­sa), su espo­sa Vale­ria (Julie­ta Díaz) y su peque­ño hiji­to, quie­nes tra­tan de con­ven­cer a sus veci­nos de opo­ner resis­ten­cia y evi­tar el desalojo.

Simul­tá­nea­men­te el guión pre­sen­ta a Juan Manuel (Ben­ja­mín Vicu­ña), el adi­ne­ra­do due­ño de la empre­sa y patro­ci­na­dor del pro­yec­to cita­do quien con sus 44 años de edad ha veni­do pade­cien­do de serios pro­ble­mas car­día­cos; dado que su con­di­ción se agra­va requie­re un urgen­te tras­plan­te de corazón.

Los aza­res del des­tino hacen que Pedro sufra un acci­den­te mor­tal y Vale­ria está dis­pues­ta a ofre­cer en dona­ción los órga­nos de su mari­do, inclu­yen­do el cora­zón. Es así que el bene­fi­cia­rio del mis­mo es nada menos que Juan Manuel; al estar intere­sa­do en saber quién ha sido su donan­te deci­de visi­tar El Pro­gre­so. A par­tir de allí este acau­da­la­do indi­vi­duo, enfras­ca­do en sus nego­cios y ensi­mis­ma­do en sí mis­mo, expe­ri­men­ta un cam­bio total de per­so­na­li­dad, con­vir­tién­do­se en un ser gene­ro­so, soli­da­rio y en gene­ral más humano; así de mane­ra anó­ni­ma y ocul­tan­do su alta posi­ción eco­nó­mi­ca, deci­de inte­grar­se por com­ple­to a esa comu­ni­dad y cola­bo­rar en la cons­truc­ción de una sali­ta de ancia­nos. Natu­ral­men­te ese doble accio­nar y el cam­bio de acti­tud en su pro­pia empre­sa gene­ra el estu­por de su her­ma­na (Glo­ria Carrá) que tra­ba­ja en la mis­ma y de su socio comer­cial (Peto Menahem). A todo ello a tra­vés de las visi­tas dia­rias va entre­te­jién­do­se len­ta­men­te un víncu­lo román­ti­co de Juan Manuel con Valeria.

Si bien es loa­ble el pro­pó­si­to de Car­ne­va­le en lo que tra­ta de trans­mi­tir, el pro­ble­ma de su rela­to es la livian­dad de la narra­ción en don­de sin mayor suti­le­za y en base a fór­mu­las repe­ti­das, la pelí­cu­la se ase­me­ja a un corrien­te tele­film. Des­pro­vis­ta de mayo­res sor­pre­sas y con un final pre­vi­si­ble la pelí­cu­la inten­ta impac­tar en las emo­cio­nes de la audien­cia pero for­zan­do la sen­ti­men­ta­li­dad de su tra­ma que a la pos­tre des­ti­la un sabor añe­jo. El ende­ble tra­ta­mien­to del tema no des­ca­li­fi­ca la actua­ción de un com­pe­ten­te elen­co en don­de cla­ra­men­te se des­ta­ca la com­pli­ci­dad exis­ten­te entre Vicu­ña y Díaz, así como en pape­les secun­da­rios se lucen Carrá, Menahem y en espe­cial Julia Cal­vo ani­man­do a la afa­ble emplea­da domés­ti­ca de Juan Manuel. Jor­ge Gutman

Una Alo­ca­da Comedia

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

CLUE.  Tex­to: Sandy Rus­tin, basa­do en el guión de Jonathan Lynn – Direc­ción Escé­ni­ca: Lisa Rubin – Direc­ción Ajun­ta: Zach Coun­sil — Elen­co: Tama­ra Brown, Davi­de Chaz­ze­se, Matthew Gag­non, Kyle Gatehou­se, Alain Gou­lem, Mar­cel Jea­nin, Ale­xan­dra Petra­chuk, Cara Rebec­ca, Feli­cia Shul­man y Nico­le Wil­son – Músi­ca Ori­gi­nal: Michael Holland – Esce­no­gra­fía: Brian Dud­kie­wicz – Ves­tua­rio: Loui­se Bou­rret – Ilui­mi­na­ción: Sono­yo Nishi­ka­wa – Dise­ño Sono­ro: Troy Slo­cum — Dura­ción: 90 minu­tos sin entre­ac­to – Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 29 de junio de 2025 en la sala prin­ci­pal del Segal Cen­tre

Hay un refrán que expre­sa “Mejor reir que llo­rar” y es eso lo que pre­ci­sa­men­te ofre­ce el Segal Cen­tre en esta últi­ma pro­duc­ción de la exi­to­sa tem­po­ra­da actual. La diná­mi­ca direc­to­ra artís­ti­ca y eje­cu­ti­va Lisa Rubin deci­dió recu­rrir a la ver­sión tea­tral del exi­to­so film Clue rea­li­za­do en 1985. Res­pe­tan­do la magia y soca­rro­ne­ría de la ver­sión ori­gi­nal, gra­cias al tex­to de Sandy Rus­tin en base al guión con­ce­bi­do por Jonathan Lynn lo que se apre­cia es una alo­ca­da come­dia capaz de entre­te­ner duran­te su hora y media de duración.

Tama­ra Brown (Foto: Eme­lia Hellman)

Es nece­sa­rio con­ve­nir que la his­to­ria rela­ta­da es en este caso lo que menos impor­ta sino más bien los ele­men­tos sub­ya­cen­tes a la mis­ma que gene­ran un dis­pa­ra­te humano con cier­tas carac­te­rís­ti­cas cir­cen­ses capa­ces de sacu­dir ale­gre­men­te a la platea.

La pie­za ambien­ta­da a media­dos de los años 50 comien­za cuan­do un enig­má­ti­co mayor­do­mo de una ais­la­da y muy ele­gan­te man­sión seño­rial reci­be a seis invi­ta­dos quie­nes nin­guno de ellos está vin­cu­la­do con los otros. En tan­to, aguar­dan­do la comi­da cada uno de ellos va des­ple­gan­do su par­ti­cu­lar per­so­na­li­dad. El con­flic­to dra­má­ti­co, si así se le pue­de deno­mi­nar, se pro­du­ce des­pués de la cena cuan­do uno de los pre­sen­tes es ase­si­na­do. De allí en más resul­ta impor­tan­te dilu­ci­dar quien ha sido el autor del cri­men antes que la poli­cía se haga car­go del mismo.

Davi­de Chiaz­ze­se. (Foto: Eme­lia Hellman)

Si en prin­ci­pio vie­ne a la memo­ria algu­nas de las exce­len­tes obras de mis­te­rio de la emble­má­ti­ca Agatha Chris­tie, en este caso el enig­ma ocu­pa un segun­do lugar por­que son las dis­pa­ra­ta­das situa­cio­nes pro­du­ci­das que adquie­ren relie­ve; es así que se obser­va el com­por­ta­mien­to cari­ca­tu­res­co de sus per­so­na­jes gri­tan­do, bai­lan­do, sal­tan­do y movién­do­se ato­lon­dra­da­men­te a medi­da que nue­vos crí­me­nes van apa­re­cien­do. Obvia­men­te que nadie con­si­de­ra­rá que lo que se exhi­be res­pon­de míni­ma­men­te a situa­cio­nes vero­sí­mi­les dado el carác­ter far­ses­co de esta historia.

Feli­cia Shul­man. (Foto: Eme­lia Hellman )

Tenien­do en cuen­ta lo que pre­ce­de el vigor de la pie­za resi­de en su elen­co y en tal sen­ti­do el resul­ta­do es nada menos que bri­llan­te. El dina­mis­mo y ener­gía des­ple­ga­do por los 10 come­dian­tes del repar­to es real­men­te admi­ra­ble con algu­nos de sus inte­gran­tes carac­te­ri­zan­do varios per­so­na­jes. Entre los mis­mos y por la asig­na­ción de roles des­lum­bran Tama­ra Brown como la ave­za­da y ver­bo­rrea Mrs. Pea­cock, Matthew Gag­non como el intran­qui­lo y sos­pe­cho­so Mr. Green, Mar­cel Jean­nin embe­bi­do en el astu­to Coro­nel Mus­tard, Alain Coulem ani­man­do al engreí­do Pro­fe­sor Plum, Feli­cia Shul­man como la seduc­to­ra Ms. Scar­let, Ale­xan­dra Petra­chuk como la des­en­vuel­ta muca­ma Yvet­te y en espe­cial el tour de for­ce rea­li­za­do por Davi­de Chiaz­ze­se en su tri­ple rol del valet Mr. Buddy, moto­ris­ta y jefe de policía.

La irre­pro­cha­ble pues­ta escé­ni­ca de Lisa Rubin cons­ti­tu­ye un total acier­to para que la acción adquie­ra brío y dina­mis­mo; a ello debe agre­gar­se la inge­nio­sa esce­no­gra­fía de Brian Dud­kie­wicz per­mi­tien­do que la audien­cia pue­da apre­ciar los dife­ren­tes ambien­tes de la man­sión, así como el colo­ri­do y varia­do ves­tua­rio dise­ña­do por Loui­se Bourret.

En suma, he aquí una obra que a pesar de su inge­nuo tras­fon­do es capaz de brin­dar un dis­fru­ta­ble esparcimiento.

Legen­da­ria His­to­ria de Amor

BRO­KE­BACK MOUN­TAIN 

Cele­bran­do el vigé­si­mo ani­ver­sa­rio de su estreno, Cine­plex repon­drá en su ciclo de Clas­sic Films, la exce­len­te pelí­cu­la Bro­ke­back Moun­tain del galar­do­na­do rea­li­za­dor Ang Lee.

Heath Led­ger y Jake Gyllenhaal)

Resul­ta admi­ra­ble que el direc­tor tai­wa­nés vivien­do en los Esta­dos Uni­dos refor­mu­la­ra magis­tral­men­te los códi­gos impe­ran­tes en las pelí­cu­las de cow­boys; tal es el caso de Ang Lee quien en este subli­me film narra una his­to­ria de amor sin­gu­lar entre dos vaque­ros den­tro del mar­co de un idí­li­co y majes­tuo­so pai­sa­je rodea­do por las mon­ta­ñas que dan títu­lo al film.

El wes­tern es un géne­ro muy par­ti­cu­lar don­de se hace difí­cil des­pren­der­se de la tra­di­cio­nal ima­gen mas­cu­li­na del cow­boy. De allí que es pre­ci­so reu­nir un talen­to y una duc­ti­li­dad muy espe­cial para que una his­to­ria román­ti­ca homo­se­xual se aco­mo­de en ese con­tex­to y pue­da evi­tar cual­quier atis­bo de gro­se­ría, cha­ba­ca­ne­ría, mal gus­to inve­ro­si­mi­li­tud y sobre todo de cur­si­le­ría; Ang Lee lo ha con­se­gui­do cabal­men­te en un film que podrá ser apre­cia­do por una audien­cia adul­ta que ame el buen cine y acu­da a ver­lo libre de pre­jui­cios o preconceptos.

Miche­lle Williams

El rela­to basa­do en un bre­ve cuen­to de Anne Proulx escri­to en 1997 y adap­ta­do para la pan­ta­lla por Larry McMurtry y Dia­na Ossa­na comien­za en 1963 y se extien­de por un perío­do de 20 años. En Sig­nal, Wyo­ming, dos jóve­nes vaque­ros, Ennis Del Mar (Heath Led­ger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), lle­gan a cono­cer­se cuan­do son con­tra­ta­dos por el ran­che­ro del lugar (Randy Quaid) para vigi­lar un reba­ño de ove­jas que pas­tan en Bro­ke­back Moun­tain. Los dos son de poco hablar, aun­que Jack al ser algo más locuaz que Ennis ayu­da a ven­cer sus inhi­bi­cio­nes sur­gien­do así un diá­lo­go entre los mismos.

En una fría noche y cuan­do Ennis está tiri­tan­do de frío, Jack lo invi­ta a dor­mi­tar en su car­pa, sur­gien­do allí lo ines­pe­ra­do cuan­do sus cuer­pos se jun­tan y se pro­du­ce una des­car­ga sexual no planeada.

Den­tro de un esti­lo de máxi­ma sobrie­dad, Lee logra que esa rela­ción amo­ro­sa se con­vier­ta en una autén­ti­ca his­to­ria pasio­nal total­men­te creí­ble gra­cias a las gran­des inter­pre­ta­cio­nes que ha logra­do de sus dos pro­ta­go­nis­tas. Led­ger, en espe­cial, bri­lla en el rol de una per­so­na vul­ne­ra­ble por haber per­di­do a sus padres en la infan­cia y que cria­do por sus her­ma­nos no logró nada impor­tan­te en su vida por la limi­ta­ción de sus medios; su intros­pec­ción, difi­cul­tad expre­si­va al hablar y la impo­si­bi­li­dad de no saber mane­jar sus ambi­va­len­tes sen­ti­mien­tos, están exce­len­te­men­te mani­fes­ta­dos sobre todo en un rol don­de jue­gan mucho más las expre­sio­nes físi­cas que las pala­bras, como por ejem­plo en la inol­vi­da­ble esce­na con que cie­rra el film. Por su par­te Gyllenhaal trans­mi­te muy bien el ímpe­tu y deseo de Jack de aban­do­nar a su fami­lia para vivir con Ennis aun­que éste últi­mo, más con­te­ni­do y prag­má­ti­co, le hará notar la impo­si­bi­li­dad de su propuesta.

Los per­so­na­jes feme­ni­nos ‑que gene­ral­men­te no tie­nen mayor tras­cen­den­cia en las pelí­cu­las de vaque­ros- adquie­ren aquí sig­ni­fi­can­te gra­vi­ta­ción, espe­cial­men­te en el caso de Miche­lle Williams quien como Alma logra expre­sar su dolor inte­rior al haber des­cu­bier­to el lazo que une a su mari­do con Jack sin que aquél lo sepa, deci­dien­do man­te­ner un silen­cio abso­lu­to para no soca­var la dig­ni­dad familiar.

Los esce­na­rios natu­ra­les cons­ti­tu­yen un ele­men­to fun­da­men­tal en la his­to­ria del film. El bello para­je mon­ta­ño­so que brin­da el mar­co román­ti­co de la his­to­ria es real­men­te sobre­co­ge­dor y la exce­len­te foto­gra­fía de Rodri­go Prie­to lo cap­ta en toda su majes­tuo­si­dad. En otros rubros, la músi­ca ori­gi­nal del com­po­si­tor Gus­ta­vo San­tao­la­lla cum­ple su come­ti­do den­tro del con­tex­to del relato.

En resu­men, esta tris­te e inusual his­to­ria román­ti­ca cap­ta la aten­ción del que lo ve por la enor­me vida inte­rior de sus per­so­na­jes y por­que los sen­ti­mien­tos de amor, pér­di­da, dolor y frus­tra­ción son uni­ver­sa­les e intrín­se­cos a la natu­ra­le­za humana.

El film será repues­to en las salas de Cine­plex el 21, 22 y 23 de junio de 2025.

Para Siem­pre Feliz

SUPER HAPPY FORE­VER. Japón-Fran­cia, 2024. Un film de Kohei Iga­rashi. 94 minutos

Como alter­na­ti­va a las super­pro­duc­cio­nes de Holly­wood que revis­te la car­te­le­ra de los cines duran­te la eta­pa esti­val, el ciné­fi­lo tie­ne como opción apre­ciar Super Happy Fore­ver, el cuar­to film del madu­ro rea­li­za­dor japo­nés Kohei Iga­rashi. De natu­ra­le­za con­tem­pla­ti­va y nutri­do de nota­ble melan­co­lía, el direc­tor abor­da el tema de la feli­ci­dad sobre qué es lo que per­mi­te que la mis­ma se aden­tre en el espí­ri­tu humano.

Hiro­ki Sano y Nai­ru Yamamoto

La his­to­ria basa­da en el guión del cineas­ta escri­to con­jun­ta­men­te con Koi­chi Kubo­de­ra ubi­ca la acción en la zona cos­te­ra de la ciu­dad de Izu ubi­ca­da al oes­te de Tokio y su narra­ti­va trans­cu­rre entre dos perío­dos tem­po­ra­les que al estar muy bien cohe­sio­na­dos per­mi­te seguir su tra­ma sin mayor dificultad.

El comien­zo se desa­rro­lla en 2023 cuan­do Sano (Hiro­ki Sano) retor­na a la ciu­dad cos­te­ra don­de pro­fun­da­men­te ena­mo­ra­do de su mujer Nagi (Nai­ru Yama­mo­to), lamen­ta su recien­te ines­pe­ra­da muer­te. Esti­mu­la­do por su gran ami­go Miya­ta (Yoshi­no­ri Miya­ta) se encuen­tra ocu­pan­do la mis­ma habi­ta­ción del hotel en que su espo­sa esta­ba hos­pe­da­da en 2018. Tra­tan­do de encon­trar un solaz a la pena de Sano, Miya­ta que tie­ne como pro­pó­si­to rea­li­zar un semi­na­rio sobre la feli­ci­dad, tra­ta de apo­yar­lo a fin de reac­ti­var­le su decaí­do esta­do anímico.

La acción se retro­trae a 2018 don­de en el hotel cita­do se encuen­tra la inde­pen­dien­te fotó­gra­fa pro­fe­sio­nal Nagi quien lle­ga a cono­cer a los dos ami­gos que están pasan­do igual­men­te unos días de vaca­cio­nes. Pron­ta­men­te se esta­ble­ce una atrac­ción entre ella y Sano y de allí que él encuen­tra en ella al gran amor de su vida. Es así que acu­dien­do a su memo­ria y tra­tan­do de reco­lec­tar los pre­cio­sos momen­tos vivi­dos con su mujer, se apre­cia cómo flo­re­ció el roman­ce, los lar­gos paseos rea­li­za­dos en la pla­ya y en el cen­tro de la ciu­dad, que con­tri­bu­ye­ron a que él fue­se un hom­bre feliz. En la medi­da que el rela­to entron­ca el pre­sen­te con el pasa­do, que­da abier­ta la pre­gun­ta si esa cone­xión a tra­vés de los her­mo­sos recuer­dos pue­dan per­mi­tir­le supe­rar su sole­dad y vol­ver a expe­ri­men­tar la sen­sa­ción de feli­ci­dad de los últi­mos 5 años.

Uno de los fac­to­res vita­les del film resi­de en las ten­sio­nes no refle­ja­das pero que están muy bien expues­tas por las imá­ge­nes, don­de el rea­li­za­dor logra de este modo gene­rar el impac­to emo­cio­nal en el espec­ta­dor. A ello se agre­ga la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Wata­ru Takahashi cap­tan­do la fuer­za sur­gi­da de las aguas mari­nas con sus esplen­do­ro­sos colo­res, que muy bien se aso­cia con la atrac­ti­va músi­ca de Dai­go Saku­ra­gi hacién­do­nos escu­char la her­mo­sa can­ción “Beyond the Sea”.

La inter­pre­ta­ción del trío pro­ta­gó­ni­co es inob­je­ta­ble y a ello se agre­ga la par­ti­ci­pa­ción de Hoang Nhu Quynh en el rol de An, la inmi­gran­te cama­re­ra viet­na­mi­ta de la pie­za ocu­pa­da por Nagi, quien lle­gó a Japón vis­lum­bran­do un mejor por­ve­nir del ofre­ci­do en su tie­rra natal..

En esen­cia, he aquí un film sutil y ele­gan­te­men­te rea­li­za­do que en su sen­ci­lla apa­rien­cia está impreg­na­do de un apre­cia­ble con­te­ni­do poé­ti­co y que sin ape­lar a gran­di­lo­cuen­cia algu­na es capaz de gra­ti­fi­car a una selec­ti­va audien­cia. Jor­ge Gutman