BAU: ARTIST AT WAR. Estados Unidos, 2025. Un film de Sean McNamara. 130 minutos
Si bien el cine consideró en varias oportunidades la tragedia del Holocausto, el director Sean McNamara vuelve a tratar este tema en el marco de un relato que considera la inimaginable historia auténtica del célebre artista judío Joseph Bau, nacido en Polonia y radicado en Israel.

Emile Hirsch y Inbar Lavi
El film comienza en 1971 cuando un joven abogado (Josh Zuckerman) viaja a Israel para convencer a Joseph Bau (Emile Hirsch), para testificar en el proceso judicial a que es sometido Franz Gruen (Yan Tual), quien fue un oficial del campo de concentración y su implacable enemigo. Reluctante en un principio, Joseph finalmente accede a que el abogado efectúe una grabación relatando los horrores de su pasado como prisionero judío durante la Segunda Guerra.
Mediante flash back la acción se retrotrae a 1943, donde Joseph se halla en un gueto en la ciudad polaca de Cracovia, tratando de sobreponerse ante las circunstancias negativas que allí atraviesa. Al poco tiempo él y su familia son trasladados al campo de concentración de Plaszow situado en los suburbios de Cracovia, donde por sus habilidades artísticas trabaja para el comandante Goeth (Josh Blacker). Es allí donde conoce a Rebecca (Inbar Lavi), una valerosa antigua enfermera que se desempeña como manicurista del comandante; después de un cálido romance oculto vivido con ella, tiene lugar una boda secreta realizada con la presencia de los otros prisioneros del lugar, acontecimiento que Steven Spielberg refleja en Schindler’s List (1993).
A través del guión escrito por Ron Bass, Deborah Smerecnik y Sonia Kifferstein, McNamara mantiene un bajo perfil, evitando en parte de mostrar en pantalla la crueldad a la que los prisioneros han sido sujetos, donde entre ellos figura Abraham Bau (Eugene Lipinski), el padre de Joseph, quien es fusilado por el sanguinario y sadista sargento Gruen. La situación se vuelve más ominosa cundo el régimen decide enviar a los prisioneros al campo mortal de Auschwitz donde sólo quedan unos pocos que trabajan en la fábrica de municiones de Oscar Schindler (Edward Foy). Es allí en donde el altruismo de Bau queda evidenciado recurriendo a su habilidad de poder falsificar pasaportes para aquéllos que aún se encuentran libres de ser ejecutados.
McNamara ha desplegado una fluida narración en donde sin apelar a golpes bajos consigue emocionar legítimamente al espectador, demostrando cómo a pesar de circunstancias extremadamente difíciles de superar, encuentra en ciertos casos que el espíritu de nobleza y humanidad destilada por Joseph Grau pudiera sobrellevar una tarea similar a la de Schindler en la liberación de judíos destinados al exterminio, con la abnegada colaboradora que ha sido su amante esposa Rebecca. Entre los momentos más conmovedoras del film se encuentra el de los esponsales del artista y Rebecca, así como la celebración de algunos prisioneros religiosos realizando las plegarias y rituales del Shabat, en la iniciación del sábado judío..
El indiscutible valor del film que adquiere en cierta medida la naturaleza de un documental se debe en gran medida al notable criterio del cineasta en haber seleccionado un elenco donde sus personajes no pareciera que están caracterizados por actores sino por sus verdaderos protagonistas. Es así que la labor protagónica de Hirsch es prodigiosa en la medida que sensiblemente transmite las diferentes emociones de su devastadora experiencia pero al mismo tiempo logrando elevar su espíritu al haber conocido el amor en la mujer de su vida; Lavi encarnando a Rebecca aunque en un papel secundario sale airosa en su remarcable actuación, así como los restantes actores del encomiable reparto
Entre los factores técnicos que realzan al film cabe elogiar la magnífica fotografía de Shawn Selfert donde cada marco filmado adquiere relevancia, así como igualmente destacable es la banda sonora de John Coda que sin recargar acompasa sobriamente tanto los momentos íntimos del relato así como los de terror. No menos importante es el diseño de producción por la estupenda recreación lograda en el campo de concentración de Plaszow, así como la factoría de Schindler.
En suma, he aquí una película ampliamente lograda y tal como lo señala su sinopsis “es un testamento al poder de resiliencia, el triunfo del espíritu humano y los lazos inquebrantable que ni siquiera la guerra pudo destruir”. Decididamente recommendable. Jorge Gutman