El Hijo de Shakespeare

HAM­NET. Gran Bre­ta­ña, 2025. Un film de Chloe Zhao. 125 minutos

Con­fir­man­do a tra­vés de su fil­mo­gra­fía que es una de las más remar­ca­bles rea­li­za­do­ras del cine con­tem­po­rá­neo, Chloe Zhao tras haber des­lum­bra­do con Nomad­land que en 2021 obtu­vo el Oscar al mejor film, aho­ra logra supe­rar­se con Ham­net.

La direc­to­ra se basó en la nove­la homó­ni­ma de Mag­gie O’Farrell publi­ca­da en 2020, en don­de jun­to con su auto­ra la han adap­ta­do en un exce­len­te guión cen­tra­do en una tra­ge­dia que gene­ra la géne­sis de una de las obras más cele­bra­das de Shakespere.

Jes­sie Buc­kley y Paul Mescal

La acción trans­cu­rre en Ingla­te­rra hacia fina­les del siglo 16 don­de en su pri­me­ra par­te se asis­te al roman­ce de William Sha­kes­pea­re (Paul Mes­cal) con su cón­yu­ge Agnes Hatha­way (Jes­sie Buc­kley), vivien­do en la zona rural de Strat­ford-Upon Avon. Ade­más del gran amor que los une, la dicha de la pare­ja se com­ple­men­ta con la pre­sen­cia de sus hijos, la mayor Susa­na (Bodhi Rae Breath­nach) y los melli­zos Judith (Oli­via Lynes) y Ham­net (Jaco­bi Jupe). La vida domés­ti­ca trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te den­tro un feliz mar­co fami­liar en don­de William sue­le ausen­tar­se a menu­do del hogar para diri­gir­se a Lon­dres por razo­nes de tra­ba­jo, en tan­to que su espo­sa se ocu­pa de la crian­za de sus hijos.

De mane­ra ines­pe­ra­da la mal­di­ción gol­pea al feliz hogar cuan­do Ham­net a los 11 años mue­re afec­ta­do por la pes­te bubó­ni­ca. Como es sabi­do, nada resul­ta más dra­má­ti­co para los padres que la muer­te de un hijo y en tal sen­ti­do, eso que­da evi­den­cia­do en William y Agnes cuyo sobre­co­ge­dor dolor lle­ga a per­tur­bar la rela­ción matri­mo­nial en cuan­to ella cul­pa a su espo­so por haber esta­do ausen­te del hogar cuan­do la tra­ge­dia acon­te­ció. Es enton­ces que ese fatal per­can­ce moti­va a William a vol­car por ente­ro su pasión de escri­tor en don­de esbo­za los cimien­tos que con­du­ci­rá a la crea­ción de su magis­tral pie­za Ham­let.

Así se arri­ba a la par­te final del rela­to, sin duda la más con­mo­ve­do­ra, en don­de tie­ne lugar la pri­me­ra repre­sen­ta­ción de la obra en el lon­di­nen­se Glo­be Thea­ter. Allí Sha­kes­pea­re detrás del esce­na­rio obser­va al actor que carac­te­ri­za al prín­ci­pe de Dina­mar­ca (Noah Jupe), en tan­to que Agnes asis­tien­do como espec­ta­do­ra con­tem­pla con lágri­mas en su ros­tro cómo su mari­do con quien se había dis­tan­cia­do por cier­to tiem­po revi­ve en esa pie­za a su malo­gra­do hijo. Ahí se com­pren­de por­qué al comen­zar el film se lee en los cré­di­tos que Ham­net y Ham­let son nom­bres intercambiables.

En el plano acto­ral Paul Mes­cal rea­li­za una impe­ca­ble carac­te­ri­za­ción del inmor­tal poe­ta, trans­mi­tien­do de mane­ra con­te­ni­da su car­go de cul­pa por no haber esta­do al lado de su hijo en su momen­to final, pero que con­si­gue cana­li­zar su dolor a tra­vés de su magis­tral crea­ción. Men­ción espe­cial mere­ce el pro­ta­go­nis­mo excep­cio­nal de Jes­sie Buc­kley; sumer­gién­do­se en cuer­po y alma en Agnes, la actriz expre­sa en su per­so­na­je a la vívi­da joven del comien­zo, pasan­do pos­te­rior­men­te a la de aman­te espo­sa para fina­men­te lograr con sus pala­bras, silen­cios y ges­tos trans­mi­tir la inten­si­dad emo­cio­nal de una madre que no alcan­za a encon­trar con­sue­lo fren­te a su irre­pa­ra­ble pér­di­da; asi­mis­mo su actua­ción adquie­re una logra­da quí­mi­ca con la de Mes­cal. En roles de apo­yo se dis­tin­guen Jaco­bi Jupe en la cáli­da rela­ción que su per­so­na­je man­tie­ne con su padre, Emily Watson com­po­nien­do a Mary Sha­kes­pea­re, la madre de William, y Joe Alwyn como Bartho­lo­mew, el her­mano de Agnes.

En los rubros téc­ni­cos la foto­gra­fía de Lukasz Zalz enri­que­ce al film con un lumi­no­so esti­lo visual así como la músi­ca de Max Rich­ter se aso­cia armo­nio­sa­men­te con las dife­ren­tes situa­cio­nes que emer­gen del rela­to y espe­cial­men­te en la mara­vi­llo­sa esce­na final.

Esté­ti­ca­men­te magis­tral, la pelí­cu­la cons­ti­tu­ye una bue­na lec­ción para nove­les direc­to­res de lo que sig­ni­fi­ca una impe­ca­ble pues­ta escé­ni­ca como la que ha logra­do Zhao. Con gran sen­si­bi­li­dad la rea­li­za­do­ra infun­de remar­ca­ble inten­si­dad a esta his­to­ria que pro­fun­da­men­te cau­ti­va al espec­ta­dor. En suma, Ham­net, ade­más de tri­bu­tar al genio de Sha­kes­pea­re, por su sobre­sa­lien­te nivel de cali­dad es uno de los más remar­ca­bles fil­mes del año en cur­so. Jor­ge Gutman

Ele­gía­co Drama

TRAIN DREAMS. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Clint Bentley. 102 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Un ele­gía­co a la vez que melan­có­li­co dra­ma enfo­can­do la vida de un indi­vi­duo a lo lar­go de varias déca­das es lo que se apre­cia en Train Dreams el segun­do lar­go­me­tra­je del rea­li­za­dor Clint Bentley adop­tan­do como refe­ren­cia la nove­la homó­ni­ma de Denis John­son publi­ca­da en 2012.

Feli­city Jones y Joel Edgerton

La pelí­cu­la guio­ni­za­da por Bentley y Greg Kwe­dar comien­za a prin­ci­pios del siglo XX. El pro­ta­go­nis­ta es Robert Grai­nier (Joel Edger­ton), un indi­vi­duo que ha sido huér­fano de padres y sin gran edu­ca­ción for­mal que tra­ba­ja como leña­dor y ferro­via­rio en la cons­truc­ción de las vías de tren en el Oes­te ame­ri­cano; su exis­ten­cia iti­ne­ran­te cobra impul­so cuan­do cono­ce a Gladys (Feli­city Jones), una bella mujer con quien ini­cia una rela­ción román­ti­ca que con­du­ce pron­ta­men­te a man­te­ner un dicho­so víncu­lo con­yu­gal que se inten­si­fi­ca con el naci­mien­to de la hiji­ta Katie. Su acti­vi­dad labo­ral moti­va a que él ten­ga que dejar a su fami­lia por varias sema­nas para ganar el sus­ten­to nece­sa­rio a fin de man­te­ner su hogar; a tra­vés de los reen­cuen­tros tem­po­ra­les que se suce­den que­da paten­te la feli­ci­dad de la pare­ja y la gran satis­fac­ción de Robert de ver a Katie a medi­da que va cre­cien­do. En tan­to la tarea que va desa­rro­llan­do talan­do árbo­les le per­mi­te estar reu­ni­do con un gru­po de tra­ba­ja­do­res con­fra­ter­ni­zan­do espe­cial­men­te con Arn Pee­ples (William H. Macy) quien es un exper­to en explo­si­vos y que pron­ta­men­te es víc­ti­ma de un acci­den­te labo­ral; asi­mis­mo, el rela­to no exi­me de refle­jar la vio­len­cia gene­ra­da hacia tra­ba­ja­do­res chi­nos como mani­fes­ta­ción del vigen­te racismo.

El esce­na­rio pano­rá­mi­co de la inmen­sa zona bos­co­sa que cons­ti­tu­ye un fac­tor omni­pre­sen­te del rela­to es viva­men­te cap­ta­do por la exce­len­te foto­gra­fía de Adolpho Velo­so, en don­de ese pai­sa­je esta­ble­ce un víncu­lo emo­cio­nal con las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por Robert.

La pelí­cu­la narra­da en gran par­te por Will Pat­ton ilus­tra cómo va con­for­man­do el deve­nir de Robert a medi­da que trans­cu­rren los años y en tal sen­ti­do Edger­ton en el mejor tra­ba­jo de su carre­ra has­ta el pre­sen­te ofre­ce una bri­llan­te carac­te­ri­za­ción trans­mi­tien­do la tris­te­za, dolor y due­lo de su per­so­na­je tras haber expe­ri­men­ta­do una enor­me tra­ge­dia. Como la abne­ga­da y apa­sio­na­da espo­sa de Robert, la actua­ción de Jones es de gran con­vic­ción a la vez que man­tie­ne una nota­ble com­pli­ci­dad con Edger­ton. En un papel secun­da­rio es loa­ble la par­ti­ci­pa­ción de Clai­re Thom­pson como la vívi­da guar­da­bos­ques de la zona que com­par­te con Robert la pena así como la sole­dad por la pér­di­da de su esposo.

El film de natu­ra­le­za con­tem­pla­ti­va y con­te­ni­do espi­ri­tual está impreg­na­do de con­si­de­ra­ble poe­sía a tra­vés de la impe­ca­ble rea­li­za­ción de Bentley quien ha logra­do trans­mi­tir acer­ta­da­men­te lo pro­pues­to en la nove­la de John­son, per­mi­tien­do que el espec­ta­dor selec­ti­vo resul­te gra­ti­fi­ca­do con su visión. Jor­ge Gutman

Emo­ti­vo Encuen­tro Fraternal

MEA­DOW­LARKS. Cana­dá, 2025. Un film de Tasha Hub­bard. 90 minutos

Basa­do en su pro­pio docu­men­tal Birth of a Family (2017) Tasha Hub­bard ofre­ce en Mea­dow­larks un rela­to sobre las con­se­cuen­cias de la reda­da cana­dien­se de los 60 (Six­ties Scoop); esa des­afor­tu­na­da acción del gobierno de Cana­dá con­du­jo a que entre 1960 y 1990 niños y niñas indí­ge­nas fue­ran sus­traí­dos de sus hoga­res para ser entre­ga­dos en adop­ta­ción a fami­lias de raza blan­ca, gene­ral­men­te den­tro del país, aun­que en menor medi­da en Esta­dos Uni­dos y Europa.

Ambien­ta­do en la actua­li­dad, el guión de la rea­li­za­do­ra y Emil Sher, pre­sen­ta a Anthony (Michael Gre­ye­yes) y sus her­ma­nas, Coonie (Car­men Moo­re), Marian­ne (Alex Rice) y Gwen (Miche­lle Thrush), quie­nes se hallan reu­ni­dos por pri­me­ra vez des­pués de haber sido sepa­ra­dos en su infan­cia de sus padres per­te­ne­cien­tes a la comu­ni­dad Cree.

El encuen­tro orga­ni­za­do por Coonie per­mi­te que duran­te un lap­so de cin­co días el gru­po per­ma­nez­ca en una cabi­na ubi­ca­da en las mon­ta­ñas de Banff a fin de com­par­tir sus expe­rien­cias de vida; con­se­cuen­te­men­te, des­pués de los abra­zos e inter­cam­bios de rega­los, van emer­gien­do los rela­tos de sus inte­gran­tes. Así se sabe que hoy día Anthony está por ser abue­lo y su deseo es explo­rar sus raí­ces indí­ge­nas. Sien­do la de mayor edad, Gween como madre mono­pa­ren­tal ha expe­ri­men­ta­do un pasa­do trau­má­ti­co en base a abu­sos sufri­dos; eso con­tras­ta con la expe­rien­cia de Marian­ne quien se ha ajus­ta­do muy bien vivien­do en Bél­gi­ca y que si cier­ta­men­te el encuen­tro con los suyos revis­te impor­tan­cia, igual­men­te es su pro­pó­si­to el tra­tar de iden­ti­fi­car­se con su ori­gen autóctono.

Ade­más de pasear por la ciu­dad y tran­si­tar por los her­mo­sos para­jes bos­co­sos, estos her­ma­nos viven una emo­ti­va expe­rien­cia en oca­sión de ser invi­ta­dos por un matri­mo­nio de ancia­nos inte­gra­do por Alma (The­da New­breast) y Simon (Rus­sell Bad­ger) a las tra­di­cio­nes indí­ge­nas median­te la prác­ti­ca de cier­tos ritua­les a los que los visi­tan­tes se acoplan.

Esta reu­nión fra­ter­nal per­mi­te que al final de la esta­día los her­ma­nos sien­tan la emo­ción de haber com­par­ti­do como miem­bros de una fami­lia bio­ló­gi­ca que has­ta el pre­sen­te no habían experimentado.

El cine con­si­de­ró en varias oca­sio­nes la resi­lien­cia de la colec­ti­vi­dad indí­ge­na cana­dien­se al haber sido obje­to de una deplo­ra­ble colo­ni­za­ción; de todos modos, esta his­to­ria fic­cio­nal es bien­ve­ni­da por su sobria rea­li­za­ción a la vez que la cul­tu­ra indí­ge­na adquie­re un autén­ti­co rea­lis­mo por la satis­fac­to­ria actua­ción del elen­co que al ser sus inte­gran­tes de ori­gen autóc­tono trans­mi­ten nota­ble auten­ti­ci­dad en sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. A todo ello la estu­pen­da foto­gra­fía de James Klep­ko per­mi­te dis­fru­tar de la belle­za pano­rá­mi­ca de Banff. Jor­ge Gutman

Una Obra de David Ireland

THE FIFTH STEP

En una nue­va pro­duc­ción de Natio­nal Thea­tre Live se verá la obra The Fifth Step que fue fil­ma­da en una de las repre­sen­ta­cio­nes rea­li­za­das este año en el Soho Pla­ceThea­tre de Londres.

Mar­tin Free­man y Jack Lon­don. (Foto: Johan Person)

La obra que per­te­ne­ce al dra­ma­tur­go, guio­nis­ta y actor David Ire­land y que ha sido acla­ma­da por la crí­ti­ca inclu­ye dos per­so­na­jes pro­ta­gó­ni­cos. El actor Jack Lon­don inter­pre­ta a Luka, un nue­vo inte­gran­te de Alcohó­li­cos Anó­ni­mos en tan­to que Mar­tin Free­man carac­te­ri­za a James, un ex adic­to que des­pués de haber segui­do un pro­gra­ma de 12 pasos de esta agru­pa­ción, des­de hace tiem­po se man­tie­ne sobrio y está dis­pues­to a ayu­dar a Luka en el pro­ce­so de recu­pe­ra­ción. El víncu­lo man­te­ni­do entre ambos indi­vi­duos, inclu­ye con­fe­sio­nes per­so­na­les en tan­to que emer­ge una frá­gil amis­tad como con­se­cuen­cia de esas expe­rien­cias com­par­ti­das. Sin embar­go al lle­gar al quin­to paso del men­cio­na­do pro­gra­ma comien­zan a emer­ger algu­nas ver­da­des que ame­na­zan dete­rio­rar la mutua con­fian­za has­ta enton­ces mantenida.

El direc­tor Finn den Her­tog, un renom­bra­do artis­ta aso­cia­do al Natio­nal Thea­tre de Esco­cia, impri­me un diná­mi­co rit­mo a esta pie­za pro­vo­ca­ti­va nutri­da de mor­da­ces diá­lo­gos y real­za­da por la exce­len­te carac­te­ri­za­ción de Lon­don y Free­man, trans­mi­tien­do la gran inten­si­dad que emer­ge de sus res­pec­ti­vos personajes.

The Fifth Step será exhi­bi­da en las salas del cir­cui­to Cine­plex des­de el 27 de noviem­bre has­ta el 1 de diciem­bre de 2025.

Las Varia­cio­nes del Amor

TROIS AMIES. Fran­cia, 2024. Un film de Emma­nuel Mou­ret. 118 minutos

El cono­ci­do rea­li­za­dor que ya con­si­de­ró los víncu­los sen­ti­men­ta­les en varios tra­ba­jos de su fil­mo­gra­fía lo tra­ta nue­va­men­te en Trois Amies ana­li­zan­do las dis­tin­tas face­tas que pue­de reves­tir el amor de una pareja.

India Hair, Sara Fores­tier y Cami­lle Cottin

Ambien­ta­da en la ciu­dad de Lyon la his­to­ria pre­sen­ta a un trío de ami­gas. Joan (India Hair), que se desem­pe­ña como pro­fe­so­ra de una escue­la de ense­ñan­za media, des­pués de varios años de matri­mo­nio con Vic­tor (Vin­cent Macaig­ne) con quien tie­ne una peque­ña hija, sien­te que ya no está ena­mo­ra­da de él y no se atre­ve a con­fe­sar­lo. Cuan­do se lo mani­fies­ta a su cole­ga y ami­ga Ali­ce (Cami­lle Cot­tin), ella le seña­la que tam­po­co ama a su mari­do Eric (Gre­goi­re Ludig) pero a los efec­tos de man­te­ner la rela­ción con­yu­gal fin­ge que­rer­lo. Lle­ga­do el momen­to en que Joan le mani­fies­ta a su espo­so de que­rer disol­ver el víncu­lo con­yu­gal y man­te­ner una amis­tad, él que­da des­con­cer­ta­do ya que la sigue aman­do e inten­ta en vano rete­ner­la. La ter­ce­ra ami­ga es Rebec­ca (Sara Fores­tier), quien es sol­te­ra y es la aman­te de Eric sin que Ali­ce esté al corrien­te de su infi­de­li­dad. Para com­pli­car un poco más la situa­ción, entra en el esce­na­rio Tho­mas (Damien Bon­nard), un recién lle­ga­do a Lyon que está intere­sa­do por Joan aun­que sin ser corres­pon­di­do por ella.

Lo que pro­si­gue se mani­fies­ta a tra­vés de varias vuel­tas de giro en don­de los per­so­na­jes evo­lu­cio­nan de mane­ra impre­vi­si­ble otor­gan­do la dosis de intri­ga por saber cómo será resuel­to el intrín­gu­lis pro­pues­to en el inge­nio­so guión de Mou­ret y Car­men Leroi.

Así como lo había refle­ja­do en Les cho­ses qu’on dit, les cho­ses qu’on fait (2020) y Chro­ni­que d’u­ne liai­son pas­sa­gè­re (2022) el cineas­ta con­si­gue trans­mi­tir genui­nos sen­ti­mien­tos como asi­mis­mo refle­xio­nes sobre lo que es y en qué resi­de la esen­cia del ver­da­de­ro amor; ¿debe pre­va­le­cer el apa­sio­na­mien­to como fac­tor capi­tal en la rela­ción amo­ro­sa, o bien la exis­ten­cia de un cáli­do afec­to amis­to­so pue­de reem­pla­zar al fue­go acallado?

Dejan­do abier­ta la res­pues­ta, lo con­cre­to es que median­te una ópti­ca feme­ni­na Mou­ret ha logra­do una atrac­ti­va his­to­ria que a tra­vés de las dis­tin­tas natu­ra­le­zas que el amor pue­de asu­mir, per­mi­te que la audien­cia empa­ti­ce con sus per­so­na­jes; eso en gran par­te es debi­do a la exce­len­te narra­ción del rea­li­za­dor y a su buen elen­co en don­de se des­ta­ca la mag­ní­fi­ca quí­mi­ca exis­ten­te entre el trío protagónico.

Dicho lo que ante­ce­de que­da como balan­ce una come­dia agri­dul­ce y sin estri­den­cia algu­na que si bien sim­ple en apa­rien­cia con­si­gue com­bi­nar la livian­dad de los afec­tos trans­mi­tien­do legí­ti­ma emo­ción. En suma, todo ello con­cu­rre a que Trois Amies sea amplia­men­te dis­fru­ta­ble. Jor­ge Gutman