Un Icó­ni­co Periodista

COVER-UP. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un docu­men­tal diri­gi­do por Lau­ra Poi­tras y Mark Obenhaus. 117 minutos

La inapro­pia­da con­duc­ta de Esta­dos Uni­dos a lo lar­go de las últi­mas seis déca­das está expues­ta en Cover-Up, un vibran­te docu­men­tal rea­li­za­do por Lau­ra Poi­tras y Mark Obenhaus.

Sey­mour Hersh

Poi­tras, tras haber obte­ni­do el pre­mio máxi­mo en el Fes­ti­val de Vene­cia de 2022 con All The Beauty and the Bloodshed, y Obenhaus ‑un impor­tan­te pro­duc­tor, direc­tor y escri­tor de docu­men­ta­les para la tele­vi­sión- se han reu­ni­do para ofre­cer un exhaus­ti­vo retra­to del icó­ni­co perio­dis­ta de inves­ti­ga­ción y escri­tor Sey­mour Hersh.

Si bien el octo­ge­na­rio gana­dor del pre­mio Pullitzer de 1970 se ha mos­tra­do reti­cen­te a ser entre­vis­ta­do por no con­fiar a quie­nes desean rea­li­zar­le repor­ta­jes, final­men­te Poi­tras des­pués de dos déca­das de tra­tar de hacer­lo lo ha con­ven­ci­do para efec­tuar este docu­men­tal resal­tan­do su remar­ca­ble carre­ra profesional.

Dado lo que pre­ce­de, el docu­men­tal comien­za con el tes­ti­mo­nio de Hersh acer­ca de la gue­rra de Viet­nam en 1968 con la masa­cre de My Lai en don­de apro­xi­ma­da­men­te 500 aldea­nos fue­ron bru­tal­men­te ase­si­na­dos por las fuer­zas mili­ta­res de Esta­dos Uni­dos. Asi­mis­mo rele­van­te ha sido su invo­lu­cra­mien­to en el caso Water­ga­te expo­nien­do la ope­ra­ción de espio­na­je de la CIA hacia el par­ti­do demó­cra­ta duran­te la pre­si­den­cia de Nixon quien en una comu­ni­ca­ción tele­fó­ni­ca con el Secre­ta­rio de Esta­do Kis­sin­ger se refi­rió a Hersh como “hijo de puta”. No menos impac­tan­te ha sido la denun­cia del emble­má­ti­co perio­dis­ta en 2004 acer­ca de las tor­tu­ras infli­gi­das por los mili­ta­res ame­ri­ca­nos a los dete­ni­dos en la pri­sión ira­quí de Abu Ghraib, así como sus infor­mes acer­ca del cues­tio­na­ble mane­jo polí­ti­co de Esta­dos Uni­dos en Siria y Gaza.

Aun­que Hersh no es renuen­te a refe­rir­se acer­ca de su vida per­so­nal, bre­ve­men­te hace refe­ren­cia a sus padres judíos quie­nes pro­ce­den­tes de Litua­nia y Polo­nia han emi­gra­do a Chica­go en la déca­da del 20, esta­ble­cien­do una lavan­de­ría; en tal sen­ti­do lejos esta­ba la idea del hijo en here­dar esa acti­vi­dad, en la medi­da que des­de niño demos­tró su pasión por la lec­tu­ra devo­ran­do los libros. Asi­mis­mo, lige­ra­men­te men­cio­na el apo­yo de su espo­sa Eiza­beth Sarah Klein.

La entre­vis­ta per­so­nal rea­li­za­da se com­ple­men­ta con la res­tau­ra­ción de mate­rial de archi­vo de Hersh así como con los apun­tes regis­tra­dos en sus cua­der­nos; esa valio­sa infor­ma­ción ha sido mag­ní­fi­ca­men­te edi­ta­da por Poi­tras, Peter Bow­man y Amy Foo­te, per­mi­tien­do que el docu­men­tal adquie­ra una muy bue­na expo­si­ción narrativa.

No obs­tan­te que los epi­so­dios rese­ña­dos ya han sido cono­ci­dos por los dife­ren­tes medios de difu­sión, lo cier­to es que el docu­men­tal adquie­re rele­van­cia al refle­jar cómo Hersh ha dedi­ca­do gran par­te de su vida denun­cian­do la cruel vio­len­cia ejer­ci­da por los gobier­nos de su país tra­tan­do de que fue­se encu­bier­ta; en tal sen­ti­do este remar­ca­ble docu­men­tal cons­ti­tu­ye un mere­ci­do home­na­je hacia un ejem­plar ciu­da­dano que aden­tra­do de sus fir­mes valo­res mora­les deci­dió a tra­vés de su pro­fe­sión reve­lar sin tapu­jos la ver­dad de lo que real­men­te acon­te­ce. Jor­ge Gutman

Un Actor en Crisis

JAY KELLY. Esta­dos Uni­dos-Gran Bre­ta­ña-Ita­lia, 2025. Un film de Noah Baum­bach. 132 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Aun­que Noah Baum­bach es un pres­ti­gio­so rea­li­za­dor que alber­ga exi­to­sos títu­los en su fil­mo­gra­fía, su recien­te tra­ba­jo Jay Kelly no alcan­za a impactar.

Geor­ge Clooney

La his­to­ria guio­ni­za­da por el cineas­ta y Emily Mor­ti­mer se cen­tra en Jay Kelly (Geor­ge Cloo­ney), un sexa­ge­na­rio actor de cine que goza de gran popu­la­ri­dad. Al pun­to de con­cluir su recien­te film cuen­ta con el apo­yo de su gran ami­go y repre­sen­tan­te Ron Suke­nick (Adam Sand­ler) y de su publi­cis­ta Liz (Lau­ra Dern). No estan­do segu­ro si le con­ven­drá seguir fil­man­do debi­do a una cri­sis exis­ten­cial que lo envuel­ve, sien­te la nece­si­dad de entrar en con­tac­to con su ado­les­cen­te hija Daisy (Gra­ce Edwards) antes de comen­zar sus estu­dios uni­ver­si­ta­rios; como ella deci­dió via­jar con sus ami­gas a París para asis­tir a un fes­ti­val de jazz, Jay deci­de hacer lo pro­pio acom­pa­ña­do de Ron y Liz. Asi­mis­mo él apro­ve­cha­rá para que des­de allí via­jer a Tos­ca­na por­que don­de será obje­to de un home­na­je que le harán por su exi­to­sa carre­ra pro­fe­sio­nal de actor.

Sin entrar en ulte­rio­res deta­lles, el pro­pó­si­to del rea­li­za­dor es el de resal­tar el alto pre­cio que pue­de impli­car el goce de la cele­bri­dad. Ese es el caso de Jay que habien­do esta­do per­ma­nen­te­men­te inmer­so en su actua­ción no alcan­za a dis­tin­guir su vida per­so­nal de la de los per­so­na­jes que le ha corres­pon­di­do ani­mar; recién comien­za a des­en­vol­ver­se como un ser común cuan­do en su via­je a Euro­pa entra en direc­to con­tac­to con la gen­te que lo admira.

El pro­ble­ma del film es que se tor­na monó­tono en gran par­te del mis­mo, ade­más de intro­du­cir situa­cio­nes que el cine ha tra­ta­do en varias opor­tu­ni­da­des, como los por­me­no­res que asis­ten en el roda­je de un film. A su favor, el buen elen­co miti­ga dichas obje­cio­nes. En el rol pro­ta­gó­ni­co Cloo­ney quien en su vida per­so­nal es lo opues­to al per­so­na­je que inter­pre­ta, trans­mi­te acer­ta­da­men­te la pos­tu­ra de un indi­vi­duo que inmer­so en su pro­fe­sión y satis­fa­cien­do los reque­ri­mien­tos de la indus­tria del cine de Holly­wood, ha des­cui­da­do su res­pon­sa­bi­li­dad pater­nal lo que ha moti­va­do la indi­fe­ren­cia de Daisy hacia él como asi­mis­mo el dis­tan­cia­mien­to de Jes­si­ca (Riley Keough), su hija mayor. Con todo, la inter­pre­ta­ción que más sobre­sa­le es la de Sand­ler que remar­ca­ble­men­te com­po­ne el sen­ti­mien­to de un hom­bre que habien­do dedi­ca­do inten­sa­men­te su tra­ba­jo aten­dien­do a Kelly, lo ha hecho a expen­sas de haber deja­do en un segun­do plano sus pro­pias nece­si­da­des. así como la debi­da aten­ción a su espo­sa Lois (Gre­ta Gerwig).

Aun­que la pelí­cu­la está bien rea­li­za­da esta es una obra menor del cineas­ta en la medi­da que su des­igual tra­ma impi­de gene­rar per­ma­nen­te aten­ción. En suma, sin cali­fi­car­lo de medio­cre, el film no satis­fa­ce las expec­ta­ti­vas que se aguar­dan de un tra­ba­jo pro­ve­nien­te de Baum­bach. Jor­ge Gutman

Los Ava­ta­res de la Tauromaquia

TAR­DES DE SOLE­DAD. Espa­ña-Fran­cia-Por­tu­gal, 2024. Un film escri­to y diri­gi­do por Albert Serra. 125 minu­tos. Dis­po­ni­ble en la pla­ta­for­ma MUBI . 

Con­si­de­ra­do como uno de los más renom­bra­dos y hete­ro­do­xos cineas­tas de Espa­ña, el cata­lán Albert Serra dis­po­ne una fil­mo­gra­fía impor­tan­te, inclu­yen­do entre otros títu­los La Mort de Louis XIV (2016), Liber­té (2919) y Paci­fic­tion (2022); con todo esta es la pri­me­ra vez que enca­ra un docu­men­tal como el que se comen­ta por el que ha obte­ni­do la Con­cha de Oro en el fes­ti­val de San Sebas­tián de 2024.

El tema con­si­de­ra­do es el de la tau­ro­ma­quia, común­men­te cono­ci­do como “Corri­da de Toros”, una tra­di­ción espa­ño­la que cuen­ta con innu­me­ra­bles adep­tos como tam­bién con ardien­tes detrac­to­res. Lo cier­to es que según una ley pro­mul­ga­da en noviem­bre de 2013 este depor­te es con­si­de­ra­do patri­mo­nio cul­tu­ral y digno de pro­tec­ción en todo el terri­to­rio español.

Lo per­ti­nen­te del film es que Serra, sin duda algu­na con­gra­cia­do con la tau­ro­ma­quia, ofre­ce cine­ma­to­grá­fi­ca­men­te un film deci­di­da­men­te crea­ti­vo con una pues­ta escé­ni­ca des­lum­bran­te que some­te al espec­ta­dor a un espec­tácu­lo vis­ce­ral y per­tur­ba­dor a la vez.

Andrés Roca Rey

Para lograr su come­ti­do el direc­tor con­tó a su favor con Andrés Roca Rey, un tore­ro peruano nacio­na­li­za­do espa­ñol de 27 años que es con­si­de­ra­do un super­as­tro en el mar­co de este san­grien­to depor­te. Sin que exis­ta comen­ta­rio alguno ni tam­po­co entre­vis­tas a su pro­ta­go­nis­ta, el docu­men­tal en casi su tota­li­dad lo enfo­ca en el rue­do fren­te a su presa.

Serra ubi­ca­do detrás de la cáma­ra y con la valio­sa cola­bo­ra­ción del direc­tor de foto­gra­fía Artur Tort Pujol, median­te un remar­ca­ble encua­dre con pri­me­ros pla­nos per­mi­te que el públi­co que con­tem­pla el film ten­ga la sen­sa­ción de hallar­se den­tro del cam­po de com­ba­te, adqui­rien­do de este modo la inmer­si­va viven­cia de lo que allí acontece.

Al comen­zar la lidia resul­ta fas­ci­nan­te obser­var a Roca Rey enfren­tan­do a la bes­tia con una mira­da desa­fian­te mien­tras rea­li­za cier­tos movi­mien­tos de pasos que podrían asi­mi­lar­se a los de un per­fec­to bai­la­rín. A con­ti­nua­ción se apre­cia la vio­len­cia emplea­da duran­te el due­lo cuan­do la espa­da de Roca Rey pro­du­ce la esto­ca­da en el ani­mal pro­vo­can­do su caí­da con un baño de san­gre que sale de sus entra­ñas para lue­go vol­ver a intro­du­cir el arma has­ta ani­qui­lar­lo por com­ple­to. Cla­ro está que en algu­nos de los encuen­tros con otros ani­ma­les, Roca Rey resul­ta cor­nea­do gene­rán­do­le par­cia­les heri­das sangrientas.

En los pocos momen­tos en que el docu­men­tal se apar­ta del rodeo se obser­va al tore­ro via­jan­do en su coche pri­va­do en com­pa­ñía de los inte­gran­tes de su cua­dri­lla que lo ensal­zan con des­me­su­ra­dos elo­gios. Asi­mis­mo el docu­men­tal ilus­tra los ritua­les refe­ren­tes a la ves­ti­men­ta del barro­co y colo­ri­do tra­je que lo viste.

En esen­cia, median­te este docu­men­to Serra des­nu­da por com­ple­to los ava­ta­res de la tau­ro­ma­quia fil­man­do con majes­tuo­sa pre­ci­sión las exten­di­das secuen­cias de lucha, sin que por ello impli­que que él sea par­ti­da­rio de la cruel­dad infli­gi­da a los toros. Si algu­na obser­va­ción mere­ce este docu­men­tal es que nada se sabe de la vida per­so­nal del tore­ro aun­que eso no des­me­re­ce su cali­dad. Jor­ge Gutman