VIE PRIVÉE / A PRIVATE LIFE. Francia, 2025. Un film de Rebecca Zlotowski.103 minutos
La talentosa actriz americana Jodie Foster ‑premiada con dos Oscar- impresiona favorablemente en su primera incursión en el cine francés protagonizando Vie Privée. Dirigido por Rebecca Zlotowski el relato de misterio propuesto sufre del alambicado guión de Anne Berest y Gaelle Mace que impide que el film pueda ser seriamente considerado.

Jodie Foster y Daniel Auteuil
El promisorio inicio de la trama proporciona cierta intriga de misterio en donde la psiquiatra y psicoanalista americana Lilian Steiner (Jodie Foster) residente en París se impone que Paula Cohen-Solal (Virginie Efira) una de sus pacientes judías que ha estado ausente en las últimas tres sesiones, se ha suicidado. Cuando Liliana se apersona al velorio de la difunta, su marido Simon (Mathieu Amaric), rechaza con brusquedad su presencia porque está convencido que Paula puso fin a su vida con las pastillas que ella le había prescripto. Sin embargo hay ciertos indicios por los que Lilian supone que su paciente no se suicidó sino que la han asesinado. ¿Acaso podría ser Simon con el propósito de obtener una importante herencia de su mujer proveniente de su tía, o quizás su propia hija Valérie (Luàna Bajrani), o bien algún otro familiar?
La duda de Lilian motiva que de terapeuta se convierta en una detective investigadora junto con la colaboración de su oftalmólogo ex esposo Gabriel Haddad (Daniel Auteuil). Esa búsqueda de lo que realmente aconteció con Paula se acrecienta cuando Lilian comprueba que de su despacho ha sido sustraído un casete que ella grabó en la entrevista que mantuvo con Paula en la última sesión.
Aunque en principio uno podría imaginar que el relato se asemeja en parte al notable film que Hitchcock realizó en Shadow of a Doubt (1943), la situación urdida por el guión no permite que exista tal comparación a través de la incorporación de absurdas situaciones surrealistas que desvirtúa la propuesta inicial; eso acontece cuando Lilian acude a lo de Jessica Grange (Sophie Guillemin), una hipnotizadora que le hace ver que ella mantuvo un vínculo con Paula en una previa encarnación en donde ambas integraban una orquesta sinfónica, además de ciertas alusiones al nazismo durante la segunda guerra mundial. A todo ello, en una subtrama que nada agrega a la problemática central, el relato alude al dificultoso vínculo de Lilian con su distanciado hijo Julien (Vincent Lacoste).
Si bien la dirección de la realizadora se distingue por su sobriedad, la película no logra crear un legítimo suspenso capaz de suscitar emoción al carecer de un rumbo fijo. Con todo, los elementos favorables residen en la irreprochable actuación que Foster transmite como la clínicamente fría y reputada profesional, además de un elenco integrado por prestigiosos artistas del cine francés, con especial referencia a la ilnterpretación de Auteuil cuyo personaje bien descripto mantiene una buena complicidad con el de Foster.
Para quienes estén dispuestos a prescindir de la credibilidad de esta historia inconclusa, el film les procurará un aceptable entretenimiento, aunque para quien escribe estas líneas le resulte fallido por carecer de un coherente suspenso. Jorge Gutman