Emo­ti­vo Documental

EL CAN­TO DE LAS MANOS

En su cua­dra­gé­si­ma cuar­ta edi­ción a rea­li­zar­se entre el 12 y 22 de mar­zo y en línea des­de el 20 has­ta el 29 de mar­zo  FIFA (Fes­ti­val Inter­na­tio­nal du film sur l’Art (FIFA) nue­va­men­te vuel­ca sus esfuer­zos en la pro­mo­ción y difu­sión de la crea­ción artís­ti­ca en sus diver­sas mani­fes­ta­cio­nes, a tra­vés de más de 200 filmes.

Uno de los mayo­res even­tos que ten­drá lugar este año lo cons­ti­tu­ye la pre­sen­ta­ción del docu­men­tal  El Can­to de las Manos -copro­duc­ción de Espa­ña, Esta­dos Uni­dos y Vene­zue­la- de la debu­tan­te direc­to­ra madri­le­ña María Val­ver­de.  El film abor­da la dimen­sión huma­na y artís­ti­ca del Coro Manos Blan­ca inte­gra­do por un con­jun­to de músi­cos sor­dos vene­zo­la­nos; en tal sen­ti­do, el docu­men­tal se cen­tra en la vida de Jen­ni­fer Gon­zá­lez, Gabriel Liná­rez y José Gabriel Abar­ca, tres músi­cos cara­que­ños de defi­cien­cia audi­ti­va que deben supe­rar los obs­tácu­los a fin de inter­pre­tar la ópe­ra Fide­lio de Beetho­ven, eje­cu­ta­da median­te la len­gua de sig­nos bajo la direc­ción del emi­nen­te direc­tor vene­zo­lano Gus­ta­vo Duda­mel.

Es así que el film resal­ta cómo el poder de la músi­ca ele­va el espí­ri­tu humano y que en este caso cons­ti­tu­ye una mila­gro­sa tera­pia capaz de moti­var y gra­ti­fi­car a los inte­gran­tes de esta agru­pa­ción coral.

Lo impor­tan­te de este acon­te­ci­mien­to artís­ti­co es que des­pués de la pro­yec­ción del docu­men­tal que se rea­li­za­rá el 15 de mar­zo (20h) en el Audi­to­rio Henry F. Hall (Alum­ni) de la Uni­ver­si­dad Con­cor­dia ten­drá lugar una mesa redon­da en la que par­ti­ci­pa­rán María Val­ver­de, Gus­ta­vo Duda­mel quien a par­tir de sep­tiem­bre de este año será el direc­tor titu­lar de la Orques­ta Filar­mó­ni­ca de New York, como asi­mis­mo inter­ven­drá Rafael Paya­re, el direc­tor artís­ti­co y musi­cal de la Orques­ta Sin­fó­ni­ca de Montreal.

Para infor­ma­ción adi­cio­nal sobre este even­to pre­sio­ne aquí

Cine­ma­nia 2025 (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de 3 pelí­cu­las exhi­bi­das en el fes­ti­val Cine­ma­nia que con­clu­ye el 16 de noviem­bre. (festivalcinemania.com)

On vous croit (Bél­gi­ca)

Un vibran­te dra­ma es expues­to en esta ópe­ra pri­ma escri­ta y diri­gi­da por la direc­to­ra fran­ce­sa Char­lot­te Devi­llers y el rea­li­za­dor bel­ga Arnaud Dufeys.

Aun­que el tema ya ha sido con­si­de­ra­do por el cine en varias oca­sio­nes es su tras­cen­den­cia lo que intere­sa, sobre todo cuan­do es narra­do con remar­ca­ble pre­ci­sión en escue­tos 78 minu­tos que man­tie­nen per­ma­nen­te­men­te la com­ple­ta aten­ción del espectador.

El film gira en torno de una pare­ja divor­cia­da que dispu­ta la cus­to­dia de los hijos. En un bre­ve comien­zo se ve a Ali­ce (Miriam Akhed­diou) una madre acom­pa­ña­da de su hija ado­les­cen­te Lila (Adè­le Pinc­kaers) y su hijo Etien­ne (Ulys­se Gof­fin) de 11 años diri­gién­do­se al juz­ga­do don­de ten­drá lugar una audien­cia judi­cial, no obs­tan­te que el niño un tan­to vio­len­to rehú­sa asis­tir por­que no quie­re ver a su padre. A todo ello, la deman­da judi­cial se ha ori­gi­na­do por­que el padre Gos­sens (Lau­rent Cape­llu­to) quie­re tener con­tac­to con los chi­cos des­pués de dos años en que se ha pro­du­ci­do el divorcio.

La ten­sión len­ta­men­te comien­za en la ante­sa­la de la audien­cia don­de la madre y los hijos se encuen­tran sen­ta­dos sepa­ra­da­men­te del lugar don­de tam­bién se encuen­tra Gos­sens con el mis­mo pro­pó­si­to; allí el niño huye pre­ci­pi­ta­da­men­te al baño para no ver a su pro­ge­ni­tor. Una vez comen­za­da la sesión pre­si­di­da por la jue­za (Nata­li Broods) con la asis­ten­cia de un espe­cia­li­za­do ase­sor y la pre­sen­cia de los abo­ga­dos res­pec­ti­vos de la pare­ja se escu­chan los ale­ga­tos de Ali­ce que acu­sa a su ex cón­yu­ge de haber sido obje­to de vio­len­cia con­yu­gal y por ello no desea que entre en con­tac­to con sus hijos; ese hecho se rati­fi­ca en los tes­ti­mo­nios de Lila y Etien­ne expre­san­do su deseo de no man­te­ner víncu­lo alguno con su padre. Con­tra­po­nien­do a lo mani­fes­ta­do por Ali­ce y sus hijos, se lo ve a Gos­sens con la apa­rien­cia de un hom­bre cen­tra­do y razo­na­ble que ade­más de negar las acu­sa­cio­nes sos­tie­ne que su ex espo­sa ha influi­do en sus vás­ta­gos para ofre­cer­les la visión de que él es una per­so­na inde­sea­ble. Sin entrar en deta­lles adi­cio­na­les sobre la pro­se­cu­ción de la audien­cia, lo con­cre­to es que la jue­za al dic­tar su vere­dic­to debe con­si­de­rar qué es lo que resul­ta más con­ve­nien­te para el bien­es­tar de Lila y su hermano..

La exce­len­te direc­ción del dúo Devi­llers y Duleys, la estu­pen­da actua­ción de su elen­co y el guión mag­ní­fi­ca­men­te con­ce­bi­do brin­da la sen­sa­ción de que en lugar de un rela­to de fic­ción se asis­te a un docu­men­tal debi­do a la reali­dad que lo nutre, don­de el espec­ta­dor es uno más pre­sen­cian­do este intri­gan­te y cau­ti­van­te dra­ma judi­cial. En esen­cia, este es uno de los mejo­res fil­mes pre­sen­ta­dos en Cine­ma­nia

Clas­se Moyen­ne (Fran­cia-Bél­gi­ca)

A tra­vés de una mira­da deci­di­da­men­te nada com­pla­cien­te el rea­li­za­dor Antony Cor­dier ofre­ce una come­dia negra que adop­tan­do un tono satí­ri­co con­si­de­ra las esca­ra­mu­zas sus­ci­ta­das entre dos fami­lias per­te­ne­cien­tes a dife­ren­tes cla­ses sociales.

El guión escri­to por el rea­li­za­dor y com­par­ti­do con Jean-Alain Laban y Ste­ven Mitz ubi­ca la acción en una villa cam­pes­tre situa­da al sur de Fran­cia. En su sun­tuo­sa casa trans­cu­rren las vaca­cio­nes anua­les de Phi­lip­pe Trous­se­lard (Lau­rent Lafit­te), un reco­no­ci­do abo­ga­do de exce­len­te posi­ción eco­nó­mi­ca, su espo­sa Lau­ren­ce (Elo­die Bou­chez), una actriz estan­ca­da en su carre­ra y su hija Garan­ce (Noée Abi­ta) que en esta opor­tu­ni­dad ha invi­ta­do a su novio Meh­di (Sami Outal­ba­li); él es, un joven recien­te­men­te gra­dua­do en leyes y pro­ve­nien­te de una fami­lia arge­li­na. En lo que pare­ce asi­mi­lar­se a un rin­cón para­di­sía­co en su comien­zo todo trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te aun­que algu­nas acti­tu­des de Phi­lip­pe hacia su futu­ro yerno al cual con­si­de­ra su rival, tien­den a humillarlo.

Duran­te el año la casa es cui­da­da por Tony Azi­zi (Ram­zi Bedia) y su espo­sa Nadi­ne (Lau­re Calamy), rea­li­zan­do tareas de lim­pie­za y otras acti­vi­da­des que requie­ren man­te­ni­mien­to, así como tam­bién habi­ta su hija adul­ta Mary­lou (Mahia Zrou­ki). El nudo dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do a con­se­cuen­cia de cier­tos inci­den­tes en don­de Tony es obje­to de des­con­si­de­ra­ción por par­te de su patrón, él reac­cio­na incre­pán­do­lo furio­sa­men­te y es así que aun­que pos­te­rior­men­te se arre­pien­te, pidien­do las dis­cul­pas por lo acon­te­ci­do, Tony y Nadi­ne son des­pe­di­dos; en con­se­cuen­cia los Azi­zi exi­gen una suma impor­tan­te de dine­ro des­pués de haber tra­ba­ja­do por 7 años a lo que Phi­lip­pe se nie­ga rotun­da­men­te. Eso con­tri­bu­ye a que la ten­sión aumen­te rápi­da­men­te gene­ran­do una dra­má­ti­ca vio­len­cia cuan­do Tony ame­na­za denun­ciar a sus patro­nes por haber tra­ba­ja­do en con­di­cio­nes ile­ga­les; es enton­ces cuan­do Meh­di pro­ve­nien­te de una cla­se humil­de se ofre­ce actuar como media­dor tra­tan­do de demos­trar su habi­li­dad profesional.

Median­te una afi­na­da cró­ni­ca social y sin entrar a juz­gar la mora­li­dad de sus per­so­na­jes, Cor­dier ilus­tra cla­ra­men­te el enfren­ta­mien­to entre la cla­se de la alta bur­gue­sía a la que per­te­ne­ce los Trous­se­land tra­tan­do con cruel­dad y ale­vo­sía a los Azi­zi per­te­ne­cien­tes a un nivel socio- eco­nó­mi­co infe­rior. Cri­ti­can­do al mate­ria­lis­mo y al racis­mo laten­te pre­va­le­cien­te, el film favo­re­ci­do por su cali­fi­ca­do elen­co des­ti­la una sen­sa­ción agria y pesi­mis­ta deno­tan­do cómo en cier­tos casos las rela­cio­nes huma­nas pue­den alcan­zar un dra­má­ti­co nivel de dete­rio­ro gene­ra­do por la des­co­mu­nal agre­si­vi­dad físi­ca y emocional.

Deux Pia­nos (Fran­cia)

El rea­li­za­dor Arnaud Des­ple­chin deja a un lado expe­rien­cias per­so­na­les que carac­te­ri­zan algu­nos títu­los de su fil­mo­gra­fía para rela­tar en Deux Pia­nos un melo­dra­ma que sin ser excep­cio­nal des­pier­ta interés.

El comien­zo del rela­to con­ce­bi­do por el rea­li­za­dor con Kamen Vel­kovsky, ofre­ce cier­ta intri­ga obser­van­do a un joven matri­mo­nio inte­gra­do por Pie­rre (Jeremy Lewin) y Clau­de (Nadia Teresz­kie­wicz) don­de él le rela­ta una anéc­do­ta judía sobre una pare­ja sepa­ra­da que logra reunirse.

De inme­dia­to la tra­ma se cen­tra en Mathias (Fra­nçois Civil), un dota­do pia­nis­ta de apro­xi­ma­da­men­te 30 años que regre­sa a su ciu­dad natal de Lyon tras haber vivi­do 8 años en Tokio desem­pe­ñán­do­se como docen­te musi­cal. Su retorno se debe al haber sido con­vo­ca­do por su men­to­ra, la vete­ra­na y aplau­di­da pia­nis­ta Ele­na (Char­lot­te Ram­pling); quien apre­cian­do el vir­tuo­sis­mo musi­cal de Mathias, desea que jun­tos ofrez­can un con­cier­to a dos pia­nos; para ella será el últi­mo por­que ha deci­di­do efec­tuar su reti­ro de la acti­vi­dad artís­ti­ca. Des­pués del cáli­do encuen­tro, comien­zan los ensa­yos en don­de Ele­na con­si­de­ra que algo extra­ño acon­te­ce con Mathias en la medi­da que no vuel­ca la vita­li­dad nece­sa­ria que emer­ge de la par­ti­tu­ra. Es así que a pri­me­ra vis­ta, su com­por­ta­mien­to pare­ce­ría dela­tar que algo serio lo está atormentando.

El rela­to adquie­re cier­ta ten­sión dra­má­ti­ca cuan­do dos fac­to­res alte­ran la exis­ten­cia de Mathias. Uno de ellos se pro­du­ce cuan­do en un par­que obser­va a un niño (Valen­tin Picard) que le lla­ma la aten­ción al notar que se pare­ce exac­ta­men­te a cuan­do él tenía su mis­ma edad. Otro aspec­to que lo lle­ga a per­tur­bar has­ta pro­du­cir su des­ma­yo es cuan­do cir­cuns­tan­cial­men­te ve a Clau­de; es así que se evi­den­cia que en el pasa­do entre ambos exis­tió un apa­sio­na­do víncu­lo sen­ti­men­tal y que que­dó trun­co cuan­do él par­tió a Japón.

No obs­tan­te que podría apli­car­se el refrán de que “don­de hubo fue­go ceni­zas que­dan” la per­sis­ten­cia del amor de anta­ño pro­du­ce un efec­to curio­sa­men­te trau­má­ti­co en la vida de Mathias en don­de su acti­tud auto­des­truc­ti­va reper­cu­te des­fa­vo­ra­ble­men­te en su empren­di­mien­to musi­cal; en tal sen­ti­do, su afa­ble agen­te (Hip­poly­te Girar­dot) que cree en su talen­to tra­ta de ayu­dar­lo, así como cuen­ta con el cari­ño de su entra­ña­ble madre (Anne Kessler).

Sin entrar a deta­llar la pro­se­cu­ción de esta his­to­ria, Des­ple­chin se vale de un guión que no alcan­za a expli­car cla­ra­men­te el exi­lio volun­ta­rio de su pro­ta­go­nis­ta, cuál fue el ver­da­de­ro víncu­lo exis­ten­te entre él y Pie­rre que fue­ra con­si­de­ra­do su ami­go, como tam­po­co que­da cla­ro el com­por­ta­mien­to ambi­guo de Claude.

A su favor, el film se sos­tie­ne por la remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de Des­ple­chin y por haber reu­ni­do un remarc­da­ble elen­co. En ese aspec­to, Civil se des­ta­ca ade­más de actor por su loa­ble par­ti­ci­pa­ción en el piano, resul­ta meri­to­rio el com­pe­ten­te desem­pe­ño de Teresz­kie­wicz, así como en roles de apo­yo son con­vin­cen­tes las actua­cio­nes de Girar­dot, Kess­ler y Alba Gaia Bellu­gi como la her­ma­na menor de Pie­rre. Men­ción espe­cial mere­ce la subli­me pre­sen­cia de Ram­pling quien carac­te­ri­zan­do estu­pen­da­men­te su per­so­na­je, cons­ti­tu­ye el prin­ci­pal moti­vo de atrac­ción en la pri­me­ra par­te de esta historia.

Téc­ni­ca­men­te, resal­ta la músi­ca de Gré­goi­re Hetzet y tenien­do en cuen­ta la gra­vi­ta­ción que adquie­re en el film, resul­ta agra­da­ble la eje­cu­ción­de frag­men­tos de renom­bra­dos com­po­si­to­res tales como Bach, Cho­pin y Schu­bert, entre otros.

Con cier­tos des­ni­ve­les narra­ti­vos, la pelí­cu­la es una obra menor en la fil­mo­gra­fía de Des­ple­chin pero que de todos modos su visión resul­ta atractiva.

Cine­ma­nia 2025 (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Comen­ta­rio de 3 pelí­cu­las pro­gra­ma­das en Cine­ma­nia (festivalcinemania.com)

Meteors (Fran­cia)

Con el favo­ra­ble ante­ce­den­te de haber impre­sio­na­do con su ópe­ra pri­ma Petit Pay­san (2017) pre­mia­da con un César, en esta opor­tu­ni­dad el direc­tor Hubert Cha­ruel con­tó con la cola­bo­ra­ción del rea­li­za­dor Clau­de Le Pape ofre­cien­do una bue­na pelí­cu­la ambien­ta­da en el pue­blo rural de Hau­te Mar­nee ubi­ca­do al nores­te de Francia.

La his­to­ria guio­ni­za­da por ambos cineas­tas pre­sen­ta a Tony (Salif Cis­sé), Mika (Paul Kir­cher) y Daniel (Idir Azou­gli), tres ami­gos de lar­ga data, de los cua­les Tony es el úni­co que ha logra­do inde­pen­di­zar­se en su acti­vi­dad labo­ral crean­do una com­pa­ñía de cons­truc­ción. Es asi que a lo lar­go del rela­to fun­da­men­tal­men­te se asis­te al víncu­lo enta­bla­do entre los otros dos mucha­chos de los cua­les Mika se gana la vida con un tra­ba­jo de poca mon­ta y un sala­rio pre­ca­rio en un nego­cio de ham­bur­gue­sas en tan­to que Daniel, inma­du­ro e incon­tro­la­ble, estan­do des­em­plea­do se dedi­ca a con­su­mir alcohol y a cier­tas acti­vi­da­des delic­ti­vas. De todos modos ambos ami­gos que man­tie­nen una inusual code­pen­den­cia sue­ñan con dejar el medio en que viven y via­jar a la Isla Reunion para ins­ta­lar una perre­ra y vivir despreocupadamente.

La situa­ción se alte­ra cuan­do los dos cama­ra­das des­pués de haber­se apro­pia­do de un gato que ha sido gana­dor de un con­cur­so con el pro­pó­si­to de ven­der­lo, pro­du­cen un cho­que con el auto y al com­pro­bar que estu­vie­ron alcoho­li­za­dos, son some­ti­dos a jui­cio. Ante la posi­bi­li­dad de pasar algún tiem­po en pri­sión que­dan libe­ra­dos con­di­cio­nal­men­te con la obli­ga­ción de pro­cu­rar­se un tra­ba­jo esta­ble y lle­var un decen­te tren de vida. Con todo, los hechos se com­pli­can cuan­do Daniel debi­do a su adic­ción alcohó­li­ca pade­ce de cirro­sis de híga­do y su diag­nós­ti­co de vida no es favo­ra­ble a menos que se some­ta a un tra­ta­mien­to de reha­bi­li­ta­ción, lo que él rehú­sa hacer. Asi­mis­mo, el empleo de una ocu­pa­ción esta­ble que le ofre­ce Tony, resul­ta con­tra­pro­du­cen­te dado que el tra­ba­jo trans­cu­rre en un esta­ble­ci­mien­to de resi­duos nuclea­res es alta­men­te noci­vo para la salud.

La sus­tan­cial vita­li­dad del film se mani­fies­ta en la abso­lu­ta natu­ra­li­dad que el trío pro­ta­gó­ni­co vuel­ca en sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes en don­de se refle­ja el sóli­do víncu­lo fra­terno de Mika hacia Daniel tra­tan­do de ayu­dar­lo para impe­dir que su vida cobre un fatal desenlace.

Evi­tan­do caer en un melo­so melo­dra­ma, los rea­li­za­do­res obtie­nen una sen­si­ble y emo­ti­va his­to­ria exal­tan­do el ines­ti­ma­ble sen­ti­mien­to que adquie­re la amis­tad fren­te a situa­cio­nes difí­ci­les de superar.

Nino (Fran­cia)

He aquí una de las agra­da­bles sor­pre­sas que nos depa­ra Cine­ma­nia con el entra­ña­ble rela­to que la novel rea­li­za­do­ra Pau­li­ne Loquès trans­mi­te con apre­cia­ble autenticidad.

En un guión que le per­te­ne­ce Loquès cen­tra su aten­ción en un joven pró­xi­mo a cum­plir 29 años que ines­pe­ra­da­men­te se enfren­ta a un hecho per­tur­ba­dor. El es Nino (Théo­do­re Pelle­rin), un pari­sino quien en la maña­na de un vier­nes en el hos­pi­tal al que asis­te para obte­ner unos estu­dios que le fue­ron rea­li­za­dos reci­be la des­agra­da­ble noti­cia que pade­ce un cán­cer de gar­gan­ta pro­vo­ca­do por el virus del papi­lo­ma; cre­yen­do al prin­ci­pio que el diag­nós­ti­co es erró­neo, tras su con­fir­ma­ción Nino debe comen­zar el siguien­te lunes un tra­ta­mien­to de qui­mio­te­ra­pia y radia­ción cuyo efec­to secun­da­rio es el de anu­lar la pro­duc­ti­vi­dad de su semen; para evi­tar este incon­ve­nien­te a fin de que en el futu­ro le pue­da ser nece­sa­rio, se le acon­se­ja acu­mu­lar una can­ti­dad sufi­cien­te de su esper­ma y entre­gar­lo al hos­pi­tal para su con­ge­la­ción, antes de comen­zar su tratamiento.

Con remi­nis­cen­cias del nota­ble film Cleo de 5 a 7 (1962) de Agnes Var­da en don­de la pro­ta­go­nis­ta con gran incer­ti­dum­bre aguar­da un resul­ta­do que podría cam­biar su vida, Loquès minu­cio­sa­men­te rela­ta la tra­yec­to­ria de Nino deam­bu­lan­do por París duran­te ese fin de sema­na, en el que cier­ta­men­te con­fun­di­do no lle­ga a ser capaz de com­par­tir la noti­cia con fami­lia­res y ami­gos. Un encuen­tro tie­ne lugar con su entra­ña­ble madre viu­da (Jean­ne Bali­bar) quien con­ver­san­do con ella acer­ca de su infan­cia quie­re impo­ner­se más de su falle­ci­do padre. Encuen­tros adi­cio­na­les inclu­yen a una anti­gua novia (Cami­lle Ruther­ford), una com­pa­ñe­ra de uni­ver­si­dad (Salo­mé Dewaels), las amis­ta­des que se hallan en la fies­ta de cum­plea­ños sor­pre­sa que le orga­ni­zó su gran ami­go Sofian (William Lebghail), quien es el úni­co que cono­ce su situa­ción, así como la rela­ción cir­cuns­tan­cial esta­ble­ci­da con un hom­bre (Mathieu Ama­ric) que se halla en un refu­gio para gen­te sin hogar.

En el mar­co de una fil­ma­ción flui­da, la rea­li­za­do­ra con­tó con la valio­sa inter­pre­ta­ción de Théo­do­re Pelle­rín lide­ran­do el elen­co. El nota­ble actor cana­dien­se que ya ha dado mues­tras de ser uno de los más des­ta­ca­dos de su gene­ra­ción, magis­tral­men­te regis­tra las diver­sas emo­cio­nes que va expe­ri­men­tan­do su per­so­na­je cap­tan­do la reali­dad que le rodea y tra­tan­do de asu­mir final­men­te una acti­tud posi­ti­va, en la vís­pe­ra de un tra­ta­mien­to que posi­ble­men­te le per­mi­ti­rá sal­var su vida.

En con­clu­sión, la cineas­ta ha logra­do una pelí­cu­la huma­nis­ta y hon­da­men­te sen­si­ble per­mi­tien­do que el espec­ta­dor empa­ti­ce con el deve­nir del per­so­na­je protagónico.

Jeu­nes Mères (Fran­cia)

Una vez más los her­ma­nos Jean-Pie­rre y Luc Dar­den­ne brin­dan un film de hon­do con­te­ni­do social. Su aten­ción se cen­tra en jóve­nes madres sol­te­ras que per­ma­ne­cen en un alber­gue mater­nal ubi­ca­do en las cer­ca­nías de Liè­ge, brin­dán­do­les apo­yo y los recur­sos nece­sa­rios para rein­ser­tar­se a la sociedad.

En un muy bien des­crip­to guión de los vete­ra­nos cineas­tas se asis­te a la situa­ción que atra­vie­san cin­co chi­cas ado­les­cen­tes enfren­tan­do la mater­ni­dad. Jes­si­ca (Babet­te Ver­beek) está muy pró­xi­ma a dar a luz, pero antes quie­re saber de su pro­ge­ni­to­ra bio­ló­gi­ca (India Nair) por­que ella fue dada en adop­ción al nacer, una situa­ción que jamás repe­ti­rá con su pro­pia bebi­ta asu­mien­do la res­pon­sa­bi­li­dad que le cabe como futu­ra madre.

Dife­ren­te es el caso de Per­la (Lucie Larue­lle), recien­te madre de Noe, trtan­do de con­ven­cer a Robin (Gun­ter Duret), el padre de la cria­tu­ra, de cons­ti­tuir una fami­lia aun­que él no acep­ta la idea. Otra de las jóve­nes madres es la ex adic­ta Julie (Elsa Hou­ben) que aguar­da retor­nar a la vida nor­mal jun­to con su pare­ja Dylan (Jef Jacobs quien la apo­ya y desea casar­se con ella. Aria­ne (Janai­na Halloy) es una madre que quie­re ceder en adop­ción a su bebé a fin de que pue­da vis­lum­brar un futu­ro más pro­mi­so­rio, no obs­tan­te la acti­tud nega­ti­va de su alcohó­li­ca madre (Chris­te­lle Cor­nil). Final­men­te se halla Nai­ma (Samia Hil­mi) quien está pre­pa­ra­da a dejar la ins­ti­tu­ción con su cria­tu­ra y rein­cor­po­rar­se a la socie­dad habien­do con­se­gui­do un empleo capaz de sol­ven­tar las necesidades.

Los her­ma­nos Dar­den­ne ya han demos­tra­do en su nota­ble fil­mo­gra­fía, la narra­ción de his­to­rias huma­nas que lle­gan legí­ti­ma­men­te a emo­cio­nar como nue­va­men­te lo rati­fi­can con esta nota­ble y hones­ta cró­ni­ca. Al pro­pio tiem­po es de apre­ciar el acier­to en haber con­vo­ca­do un plan­tel de sóli­dos intér­pre­tes, quie­nes trans­mi­ten abso­lu­ta vera­ci­dad en sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. En esen­cia, el film deja tras­lu­cir un opti­mis­mo que se refle­ja en la últi­ma esce­na coro­na­da musi­cal­men­te con la céle­bre Mar­cha Tur­ca de Mozart.

Acos­tum­bra­dos a ser pre­mia­dos en Can­nes don­de se han pre­sen­ta­do la mayo­ría de sus pelí­cu­las, este año los her­ma­nos Dar­den­ne fue­ron dis­tin­gui­dos con el pre­mio al mejor guión, don­de Jeu­nes Mères par­ti­ci­pó en la sec­ción com­pe­ti­ti­va del pres­ti­gio­so festival.

Fes­ti­val de Films Francófonos

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

CINE­MA­NIA 2025

El Fes­ti­val de Films Cine­ma­nía crea­do en 1995 con el pro­pó­si­to de des­ta­car la impor­tan­cia de la cine­ma­to­gra­fía fran­có­fo­na, ini­cia­rá su tri­gé­si­ma pri­me­ra edi­ción en Mon­treal des­de el 4 al 16 de noviembre.

En esta edi­ción se han pro­gra­ma­do 175 obras de cor­to y lar­go­me­tra­je pro­ve­nien­tes de los más des­ta­ca­dos fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les como asi­mis­mo habrá nume­ro­sos fil­mes que serán pre­sen­ta­dos en carác­ter de pri­mi­cia inter­na­cio­nal, nor­te­ame­ri­ca­na y canadiense.

El film de aper­tu­ra del 4 de noviem­bre es On Sera Heu­reux, una pro­duc­ción cana­dien­se de Léa Pool que cuen­ta con un elen­co pro­ta­go­ni­za­do por Meh­di Mes­kar, Ale­xan­dre Landry y Céli­ne Bon­nier. Con un guión de Michel Marc Bou­chard, la pelí­cu­la gira en torno de un joven marro­quí exi­lia­do en Que­bec que tra­ta de sal­var a un refu­gia­do ira­ní ame­na­za­do de ser depor­ta­do a su país don­de una cer­te­ra muer­te le aguarda.

La mues­tra será clau­su­ra­da con la pro­yec­ción de Les Enfants Vont Bien, film de Fran­cia escri­to y rea­li­za­do por Nathan Ambro­sio­ni con las actua­cio­nes cen­tra­les de Cami­lle Cot­tin, Juliet­te Arma­net y Monia Cho­kri, que esta­rán pre­sen­tes para su exhibición.

El fes­ti­val con­si­de­ra varios pro­gra­mas com­pe­ti­ti­vos cuyo pro­pó­si­to es el de des­ta­car los nue­vos talen­tos del cine fran­có­fono. La com­pe­ti­ción “Films de Que­bec” inclu­ye 10 lar­go­me­tra­jes, “Visa­ges de la Fran­copho­nie está integ­tra­da con 12 lar­go­me­tra­jes, “Docu­men­ta­les con 11 títu­los fran­có­fo­nos y “Cor­to­me­tra­jes” con 28 cor­tos de los cua­les 12 son pro­du­ci­dos en Quebec.

Siguien­do la tra­di­ción anual de con­si­de­rar la pro­duc­ción cine­ma­to­grá­fi­ca de un país de la fran­co­fo­nía, este año es Marrue­cos el país de honor pre­sen­tan­do una selec­ción de atrac­ti­vos cor­tos y largometrajes.

La lis­ta com­ple­ta de la pro­gra­ma­ción con todas las sec­cio­nes com­pren­di­das, las salas de cine de exhi­bi­ción, los hora­rios per­ti­nen­tes, las nume­ro­sas acti­vi­da­des alu­si­vas al fes­ti­val, así como los artis­tas invi­ta­dos pue­de obte­ner­se en el sitio festivalcinemania.com

A con­ti­nua­ción se comen­tan dos fil­mes que se verán en el Festival.

Calle Mála­ga (Marrue­cos-Fran­cia-Espa­ña-Ale­ma­nia-Bél­gi­ca)

Des­pués de su mag­ní­fi­co penúl­ti­mo opus The Blue Caf­tan (2022), la direc­to­ra marro­quí Mar­yam Tou­za­ni retor­na en Calle Mála­ga, su pri­me­ra pelí­cu­la en len­gua his­pa­na que resul­ta alta­men­te satisfactoria.

Calle Mála­ga

Cola­bo­ran­do nue­va­men­te con su mari­do Nabil Ayouch, la his­to­ria rela­ta­da está imbui­da de gran melan­co­lía a la vez que cobran nota­ble auten­ti­ci­dad las vici­si­tu­des que atra­vie­sa el per­so­na­je protagónico.

La gran actriz espa­ño­la Car­men Mau­ra, ani­ma a la sep­tua­ge­na­ria viu­da María Ánge­les vivien­do en su depar­ta­men­to de la calle Mála­ga, ubi­ca­do en el dis­tri­to his­pano de Tán­ger. Como mujer inde­pen­dien­te y valién­do­se por sí mis­ma con su ale­gría de vida ella se sien­te ple­na­men­te a gus­to en ese lugar don­de ha pasa­do la mayor par­te de su exis­ten­cia, des­de que sus padres espa­ño­les se exi­lia­ron duran­te el franquismo.

Su dia­ria ruti­na se ve alte­ra­da cuan­do reci­be con ale­gría la visi­ta de su hija Cla­ra (Mar­ta Etu­ra), resi­dien­do en Madrid que recien­te­men­te se divor­ció. Sin embar­go la dicha de ver­la es de cor­to alcan­ce cuan­do Cla­ra le comu­ni­ca su deci­sión de ven­der la casa don­de ella resi­de, dado que su sala­rio como enfer­me­ra no le es sufi­cien­te para para supe­rar las difi­cul­ta­des finan­cie­ras que está afron­tan­do. Es así que le pro­po­ne mudar­se a Madrid y vivir con ella. Deci­di­da­men­te María Ánge­les se opo­ne a tal medi­da y no pue­de evi­tar la tre­men­da frus­tra­ción que le cau­sa la deci­sión adop­ta­da por su hija que deten­ta el títu­lo de pro­pie­dad, sim­ple­men­te por­que su mari­do antes de morir la había pues­to a su nom­bre por razo­nes de pre­cau­ción. En últi­ma ins­tan­cia lo que esta mujer sí acep­ta es el de vivir en una resi­den­cia para gen­te mayor y por lo tan­to ve con gran pena cómo su hija ven­de sus mue­bles en un nego­cio de anti­güe­da­des a car­go de Abs­lam (Ahmed Bou­la­ne), un hom­bre de edad mayor. Con todo, la dili­gen­te y astu­ta mujer des­pués de pasar un par de días en el nue­vo domi­ci­lio don­de no está dis­pues­ta a ser man­da­da por sus super­vi­so­res; tenien­do en cuen­ta que Cla­ra ya regre­só a Espa­ña, aban­do­na el lugar y vuel­ve a su domi­ci­lio en tan­to que su depar­ta­men­to aún no está ven­di­do, a la vez que recu­pe­ra sus per­te­nen­cias acu­dien­do a lo de Abslam.

La ten­sa rela­ción de María Ánge­les con Cla­ra, el víncu­lo román­ti­co oto­ñal que emer­ge entre ella con Abs­lam y las con­fi­den­cias que rea­li­za con su ami­ga mon­ja Jose­fa (María Alfon­sa Ros­so), cons­ti­tu­yen el eje sobre el que se nutre esta huma­na his­to­ria que aun­que pre­de­ci­ble, es cier­ta­men­te con­mo­ve­do­ra y muy bien narra­da por Tou­za­ni sin acu­dir a gol­pes bajos.

Mau­ra trans­mi­te mara­vi­llo­sa­men­te la resi­lien­cia de una mujer com­ple­ta­men­te iden­ti­fi­ca­da con su que­ri­da Calle Mála­ga y la comu­ni­dad his­pa­na que allí habi­ta; su lumi­no­sa pre­sen­cia y la cali­dez que otor­ga a su per­so­na­je hace de que la vete­ra­na actriz cons­ti­tu­ya la razón prin­ci­pal de con­tem­plar esta ínti­ma come­dia dra­má­ti­ca que resal­ta la impor­tan­cia de tener en cuen­ta la opi­nión y deseos de la gen­te de la ter­ce­ra edad. Con una apre­cia­ble foto­gra­fía de Vir­gi­nie Sur­daj, cap­tan­do acer­ta­da­men­te los luga­res en que trans­cu­rre la acción con espe­cial refe­ren­cia al depar­ta­men­to de María Ánge­les, así como la músi­ca del her­mo­so bole­ro “Toda una Vida” del cubano Osval­do Farrés, el espec­ta­dor que­da agra­de­ci­do de haber con­tem­pla­do esta nota­ble come­dia dramática.

L’Inconnue de la Grand Arche (Fran­cia-Dina­mar­ca)

Quien haya visi­ta­do París y pasea­do por el dis­tri­to de La Défen­se segu­ra­men­te que habrá apre­cia­do la majes­tuo­si­dad de su gran arco. Pre­ci­sa­men­te, la géne­sis de su cons­truc­ción y las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por su autor es lo que se vis­lum­bra en este esti­ma­ble film del cineas­ta Stépha­ne Demous­tier quien es tam­bién el res­pon­sa­ble del guión com­par­ti­do con Lau­ren­ce Cossé.

L’ Incon­nue de la Grand Arche

La his­to­ria real que ha sido adap­ta­da del libro de Cos­se The Great Arch trans­por­ta al espec­ta­dor hacia comien­zos de 1983 cuan­do el enton­ces pre­si­den­te Fra­nçois Mit­te­rrand (Michel Fau) deci­dió embe­lle­cer la lumi­no­sa ciu­dad con una impor­tan­te obra arqui­tec­tó­ni­ca, el Arco de la Défen­se. Es así que en el lla­ma­do a con­cur­so se pre­sen­ta el docen­te y arqui­tec­to danés de media­na edad Johan Otto von Sprec­kel­sen (Claes Bang), cuyo ante­ce­den­te es el de haber cons­trui­do su casa y algu­nas igle­sias en su tie­rra natal; es así que a tra­vés de su pre­sen­ta­ción en la que ilus­tra una con­cep­ción inno­va­do­ra, resul­ta el gana­dor de la competición.

A medi­da que va dise­ñan­do el tra­ba­jo al prin­ci­pio cuen­ta con el apo­yo de Mite­rrand como así tam­bién del talen­to­so arqui­tec­to local Paul Andreu (Swann Arlaud) y del téc­ni­co Jean-Louis Subilon (Xavier Dolan). Vol­can­do su pasión en esa tarea, su con­cep­ción de lo que él deno­mi­na El Cubo (otra deno­mi­na­ción del Gran arco) es obje­to de cier­tos obs­tácu­los; eso es debi­do a la la inevi­ta­ble buro­cra­cia, como asi­mis­mo a cier­tos intere­ses que entran en jue­go ten­dien­tes a alte­rar el pro­ce­so crea­ti­vo del autor quien sin­tien­do deso­la­ción obtie­ne el incon­di­cio­nal sopor­te de su mujer (Sid­se Babett Knudsen).

Los deta­lles de la cons­truc­ción así como el fer­vien­te deseo del arqui­tec­to de que el dise­ño de pro­duc­ción no sea obje­to de cam­bio alguno, per­mi­te que esta his­to­ria mag­ní­fi­ca­men­te rela­ta­da por Demous­tier cobre un nivel de ten­sión capaz de con­cen­trar por com­ple­to la aten­ción del espec­ta­dor, a par­tir del momen­to en que Von Sprec­kel­sen comien­za a per­der el con­trol de su obra.

Como coro­la­rio de este even­to his­tó­ri­co, la iro­nía del des­tino hace que el exce­len­te arqui­tec­to fallez­ca en mar­zo de 1987 sin haber vis­to su cubo con­clui­do. El tra­ba­jo fue com­ple­ta­do por el arqui­tec­to fran­cés Paul Andreu sien­do Mit­te­rand quien inau­gu­ró el Arco de La Défen­se el 14 de julio de 1989, cele­bran­do el bicen­te­na­rio de la Revo­lu­ción de Francia.

FNC 2025 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de 4 pelí­cu­las de Amé­ri­ca Lati­na pre­sen­ta­das en el Fes­ti­val du Nou­veau Cinema.

El Dia­blo Fuma (Méxi­co)

Habien­do sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor ópe­ra pri­ma en la nue­va sec­ción Pers­pec­ti­vas de la Ber­li­na­le, la pelí­cu­la del rea­li­za­dor Ernes­to Mar­tí­nez Bucio se dis­tin­gue fun­da­men­tal­men­te por sus valo­res visua­les agra­cia­dos en gran medi­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Odei Zabaleta.

El Dia­blo Fuma

Con una narra­ti­va difu­sa, el guión del rea­li­za­dor escri­to con Karen Pla­ta, ubi­ca la acción en 1990 en un lugar no espe­ci­fi­ca­do de Ciu­dad de Méxi­co, en opor­tu­ni­dad en que tie­ne lugar por segun­da vez la visi­ta del pon­tí­fi­ce Juan Pablo II. El rela­to enfo­ca las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por cin­co her­ma­nos cuya edad varía entre 7 y 12 años, inte­gra­dos por Vanes­sa (Lau­ra Uri­be Rojas), Víc­tor (Dono­van Said), Elsa (Maria­pau Bra­vo Avi­na), Mari­sol (Regi­na Ale­jan­dra) y Tomas (Rafael Nie­to Mar­tí­nez). Su padre Emi­liano (Ber­nar­do Gam­boa), cuya pre­ci­sa acti­vi­dad se des­co­no­ce, ha par­ti­do en pro­cu­ra de ubi­car a su espo­sa des­apa­re­ci­da dejan­do a los chi­cos a car­go de su frá­gil abue­la (Car­men Ramos) que sufre de esqui­zo­fre­nia y les hace creer que el dia­blo está ron­dan­do por la casa. Es así que son los her­ma­nos mayo­res (Vanes­sa y Víc­tor), quie­nes asu­men la res­pon­sa­bi­li­dad hoga­re­ña aun­que no pue­den evi­tar el des­or­den que allí impera.

Des­pués de una pro­lon­ga­da pri­me­ra mitad, el rela­to adquie­re vue­lo cuan­do los her­ma­nos, prác­ti­ca­men­te olvi­da­dos y deja­dos de la mano de Dios, lla­man la aten­ción de la poli­cía luga­re­ña y del ser­vi­cio de asis­ten­cia social de que algo extra­ño está acon­te­cien­do. Cuan­do lle­gan a la casa para inte­rro­gar­los, las res­pues­tas de los chi­cos no lle­gan a ser con­vin­cen­tes, sobre todo cuan­do que­rien­do saber sobre sus padres, ellos le res­pon­den que se encuen­tran en un via­je de vaca­cio­nes en Can­cún. No resul­ta difí­cil pre­ver el des­tino de esta extra­ña uni­dad familiar.

En varias opor­tu­ni­da­des y con resul­ta­dos mucho más exi­to­sos, el cine ha con­si­de­ra­do el pro­ble­ma de la infan­cia olvi­da­da, pero en este caso y a pesar de las bue­nas inten­cio­nes del cineas­ta el resul­ta­do obte­ni­do es des­igual debi­do a su difu­sa narra­ti­va y a la caren­cia de un pre­ci­so enfo­que; es así que por una par­te, El Dia­blo Huye asu­me el carác­ter de come­dia dra­má­ti­ca rea­lis­ta y a su veces incu­rre en el terreno de la fan­ta­sía a tra­vés de esce­nas frag­men­ta­rias sobre­na­tu­ra­les no muy bien cohe­sio­na­das que impi­den sus­ci­tar emo­ción. Más allá de los des­ni­ve­les apun­ta­dos, cabe reco­no­cer el cui­da­do del novel direc­tor en su mane­jo de cáma­ras y el logro obte­ni­do en cada uno de los foto­gra­mas. Asi­mis­mo es elo­gia­ble la nota­ble carac­te­ri­za­ción de los jóve­nes intér­pre­tes que sin pre­via expe­rien­cia acto­ral con­vin­cen­te­men­te trans­mi­ten el sen­ti­mien­to de con­fu­sión emo­cio­nal expe­ri­men­ta­do por la ausen­cia paternal.

Como nota al mar­gen, el títu­lo del film se ve acom­pa­ña­do por la alar­ga­da fra­se “y guar­da las cabe­zas de los ceri­llos que­ma­dos en la mis­ma caja” que ha sido extraí­da de una poe­sía de la guio­nis­ta Pla­ta, sugi­rien­do el tono fan­tás­ti­co del relato.

Un Poe­ta (Colom­bia-Ale­ma­nia-Sue­cia)

En su segun­do film, el rea­li­za­dor colom­biano Simón Mesa Soto, tras haber impre­sio­na­do con la Pal­ma de Oro en Can­nes con su cor­to­me­tra­je Lei­di (2014) y su ini­cial lar­go­me­tra­je Ampa­ro (2022), rati­fi­ca amplia­men­te su ido­nei­dad con esta remar­ca­ble come­dia que nave­ga entre lo trá­gi­co y lo hilarante.

Un Poe­ta

La his­to­ria escri­ta por el cineas­ta se desa­rro­lla en Mede­llín pre­sen­tan­do a Oscar Res­tre­po (Ubei­mar Ríos), un indi­vi­duo de media­na edad que como poe­ta en 1990 logró un gran éxi­to lite­ra­rio. Pero las glo­rias del pasa­do han que­da­do atrás y hoy día es el típi­co repre­sen­tan­te del indi­vi­duo per­de­dor. Sin una ocu­pa­ción esta­ble, sien­do un frus­tra­do borra­cho a la vez que soña­dor impe­ni­ten­te vive sus penu­rias con su enfer­ma madre Tere­si­ta (Mar­ga­ri­ta Soto) y ade­más humi­llan­te­men­te pide pres­ta­do dine­ro a su hija ado­les­cen­te (Alis­son Correa) para con­su­mir bebi­da y aun­que ella lo menos­pre­cia en últi­ma ins­tan­cia se com­pa­de­ce de su situa­ción. En el terreno de su pre­di­lec­ción ido­la­tra al emi­nen­te poe­ta colom­biano José Asun­ción Sil­va que se sui­ci­dó a los 30 años en tan­to que dese­cha a Gabriel Gar­cía Már­quez. Tra­tan­do de vol­ver a triun­far su buen ami­go Efraín (Gui­ller­mo Car­do­na) le hace notar que pre­via­men­te con­ci­ba un poe­ma que lle­gue repercutir.

Su vida cobra nue­vo alien­to cuan­do al ser­le ofre­ci­do un pues­to como docen­te en una escue­la, lle­ga a asom­brar­se con los dibu­jos y mag­ní­fi­cos poe­mas que se encuen­tran en el cua­derno de Yur­lady (Rebe­ca Andra­de), una de las alum­nas asis­ten­tes de 15 años, estan­do así con­ven­ci­do que podría lle­gar a ser una gran poe­ti­sa y por lo tan­to está dis­pues­to a ayu­dar­la. De allí en más, él se con­vier­te en su men­tor y lle­ga­da la oca­sión Yur­lady demues­tra su talen­to en un fes­ti­val de poe­sía leyen­do un poe­ma acer­ca de su color de piel more­na; sin embar­go a ella solo le intere­sa la poe­sía como un medio de obte­ner bene­fi­cios pecu­nia­rios, un cri­te­rio que en tal sen­ti­do Oscar dis­cre­pa con su pun­to de vista.

Sin entrar en deta­lles adi­cio­na­les, el film es alta­men­te meri­to­rio por varias razo­nes. En pri­mer lugar por la sobrie­dad emplea­da por Mesa Soto en su sen­si­ble narra­ción, agra­cia­do por la inge­nio­si­dad ema­na­da de su esme­ra­do guión. Cla­ro está que resul­ta memo­ra­ble la inter­pre­ta­ción brin­da­da por Ríos quien no sien­do un actor pro­fe­sio­nal sino un pres­ti­gio­so filó­so­fo colom­biano en la vida real, con abso­lu­ta per­fec­ción ani­ma al misán­tro­po pro­ta­go­nis­ta en pro­cu­ra de su reden­ción a tra­vés de la ins­pi­ra­ción brin­da­da por Yur­lady; en tal sen­ti­do mere­ce ala­bar la auten­ti­ci­dad que Andra­de refle­ja en su rol y su nota­ble com­pli­ci­dad con el de Ríos.

Cier­ta­men­te este rele­van­te film cede paso a la refle­xión acer­ca de lo que acon­te­ce en mate­ria cul­tu­ral, con espe­cial refe­ren­cia a la poe­sía, don­de pare­cie­ra que en los fes­ti­va­les, con­fe­ren­cias y/o encuen­tros rea­li­za­dos por sus orga­ni­za­do­res, ellos están más intere­sa­dos en el dine­ro y pres­ti­gio que les pue­da brin­dar, dejan­do en un segun­do plano el inte­lec­tual pro­ce­so creativo.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Fla­men­co. (Chi­le-Fran­cia-Ale­ma­nia-Espa­ña-Bél­gi­ca)

Siem­pre es gra­ti­fi­can­te salu­dar la pre­sen­ta­ción de un nue­vo rea­li­za­dor lati­no­ame­ri­cano, como es el caso del chi­leno Die­go Cés­pe­des y más aún cuan­do su pelí­cu­la obtu­vo en Can­nes el pre­mio al mejor film en la sec­ción ofi­cial Un Cer­tain Regard. De allí que resul­ta más que bien­ve­ni­do que el FNC con­si­de­ró su inclu­sión en la pro­gra­ma­ción del pano­ra­ma internacional.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Flamenco

Con admi­ra­ble auda­cia el novel direc­tor y guio­nis­ta abor­da un intré­pi­do tema refle­jan­do el mun­do de quie­nes están orien­ta­dos sexual­men­te hacia el mis­mo géne­ro. Su his­to­ria está ambien­ta­da en el nor­te del desier­to de Chi­le en los pri­me­ros años de la déca­da del 80 giran­do en torno a una fami­lia queer. En dicho con­tex­to trans­cu­rre la vida de Lidia (Tama­ra Cor­tés), una niña de 11 años rodea­da de Mamá Boa (Pau­la Dina­mar­ca) que tie­ne a su car­go un caba­ret musi­cal, y de Fla­men­co (Matías Cata­lán) que actúa en el local y que es una suer­te de madre sus­ti­tu­ta de la pequeña.

A tra­vés de una narra­ción no exen­ta de un poé­ti­co liris­mo, Lidia aten­ta­men­te obser­va cómo los mine­ros del lugar asis­ten al local para con­tem­plar los bai­les y can­cio­nes de los tra­ves­tis y muy espe­cial­men­te de la encan­ta­do­ra Fla­men­co cuya suges­ti­va mira­da es cau­sa de atrac­ción al mis­mo tiem­po que des­pier­ta un pro­fun­do sen­ti­mien­to pre­jui­cio­so de los parro­quia­nos. En tal sen­ti­do Cés­pe­des refle­ja acer­ta­da­men­te la épo­ca impe­ran­te don­de quie­nes asu­men un dife­ren­te com­por­ta­mien­to sexual son fuer­te­men­te dis­cri­mi­na­dos y mar­gi­na­dos de la socie­dad. Ese fac­tor y el agra­van­te de que comien­za a sur­gir el Sida inten­si­fi­ca la ten­sión de un pue­blo teme­ro­so de lo que la homo­se­xua­li­dad pue­de gene­rar. Es así que la ino­cen­te Lidia se pre­gun­ta si es posi­ble que un genuino amor pue­de oca­sio­nar la muerte.

Con inusi­ta­da madu­rez el direc­tor impri­me en su mayor par­te un rit­mo diná­mi­co den­tro de un cli­ma atmos­fé­ri­co que adquie­re el carác­ter de un moderno wes­tern; si bien el film pue­de a veces resul­tar un poco con­fu­so, dicho repa­ro de mane­ra algu­na miti­ga sus autén­ti­cos valo­res mer­ced a la ori­gi­na­li­dad del rela­to que refle­ja una hones­ta crí­ti­ca a la dis­cri­mi­na­ción sexual, como asi­mis­mo agra­cia­do con un elen­co de enco­mia­ble nivel artístico.

O Últi­mo Azul (Bra­sil-Méxi­co-Chi­le-Paí­ses Bajos)

Aun­que copro­du­ci­da por 4 paí­ses, este bello film de Gabriel Mas­ca­ro es esen­cial­men­te bra­si­le­ño. A tra­vés de una fábu­la sen­ci­lla, con­ci­sa pero deci­di­da­men­te efec­ti­va, el espec­ta­dor se encuen­tra invo­lu­cra­do en una deli­cio­sa aven­tu­ra acuática.

0 Últi­mo Azul

El ori­gi­nal guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Tibé­rio Azul está ambien­ta­do en un Bra­sil dis­tó­pi­co. El tono futu­ris­ta de mane­ra algu­na impli­ca que la his­to­ria carez­ca de visos realís­ti­cos, abor­dan­do el tema de la dis­cri­mi­na­ción por par­te de quie­nes lle­gan al cre­púscu­lo de la vida.

La pro­ta­go­nis­ta es Tere­za (Deni­se Wein­berg), una madre sol­te­ra de 77 años de nota­ble vita­li­dad físi­ca tra­ba­jan­do en una plan­ta pro­ce­sa­do­ra de car­ne en una peque­ña zona del Ama­zo­nas. Acon­te­ce que un decre­to guber­na­men­tal ha deci­di­do dis­mi­nuír la edad del reti­ro obli­ga­to­rio de los 80 a los 75 años, para que la joven gene­ra­ción pue­da reem­pla­zar a quie­nes han lle­ga­do a la mayo­ría de edad; es así que no obs­tan­te que aún le habría que­da­do 3 años más de estar ocu­pa­da, su situa­ción cam­bia rotun­da­men­te al tener que dejar su empleo; a ello se agre­ga que estas per­so­nas son envia­das a una suer­te de Colo­nia que obra como resi­den­cia de ancia­nos de don­de has­ta el pre­sen­te poco se sabe de la mis­ma por­que nadie ha retor­na­do y por el momen­to es su hija Joa­na (Cla­ris­sa Pinhei­ro) quien debe­rá cuidarla.

El núcleo del rela­to se pre­sen­ta cuan­do esta deci­di­da dama desea cum­plir sus deseos de efec­tuar un via­je aéreo y al que­rer adqui­rir un pasa­je se impo­ne que debe con­tar con la auto­ri­za­ción de su hija quien rehú­sa a hacer­lo. En con­se­cuen­cia, ella no se ame­dren­ta y es así que con­si­gue con­tac­tar a Cadu Rodri­go San­to­ro), un navie­ro flu­vial para que la tras­la­de ile­gal­men­te en su embar­ca­ción a tra­vés del Ama­zo­nas has­ta la loca­li­dad de Ita­coa­tia­ra, don­de pare­ce­ría indi­car que allí podría adqui­rir el ansia­do pasa­je aéreo sin pro­ble­ma alguno. A tra­vés de un via­je acci­den­ta­do en don­de el peri­plo se des­vía de su ruta ori­gi­nal, Cadu le trans­mi­te cier­tos pode­res mági­cos, como asi­mis­mo ella lle­ga a cono­cer a Rober­ta (Miriam Soca­rrás), una ani­ma­da mujer de su mis­ma edad que le ofre­ce una visión dife­ren­te de la vida.

El impe­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción de Day­se Barre­to y la estu­pen­da foto­gra­fía de Gui­ller­mo Gar­za con­tri­bu­yen a valo­ri­zar esta impe­ca­ble come­dia futu­rís­ti­ca de Mas­ca­ro, nutri­da de un inme­jo­ra­ble elen­co enca­be­za­do por Wein­berg. La actriz mara­vi­llo­sa­men­te trans­mi­te la deter­mi­na­ción de una mujer que no está dis­pues­ta a que la des­po­jen de su auto­no­mía, a la vez que con gran fide­li­dad arti­cu­la su trans­for­ma­ción espi­ri­tual; su actua­ción no des­me­ri­ta la muy con­vin­cen­te par­ti­ci­pa­ción de San­to­ro, como asi­mis­mo la de Soca­rrás cuyo cáli­do y expre­si­vo per­so­na­je gene­ra una quí­mi­ca con­mo­ve­do­ra con el asu­mi­do por Weinberg.

Lo que real­men­te tras­cien­de de este film es el dejo opti­mis­ta que tras­lu­ce al ilus­trar la resi­lien­cia huma­na que demues­tra la no exis­ten­cia de edad lími­te para su des­agre­ga­ción social. Por sus inne­ga­bles méri­tos los miem­bros del jura­do del fes­ti­val de Ber­lín pre­mia­ron con el Oso de Pla­ta a esta bri­llan­te película.

. .