Las Con­se­cuen­cias De Una Mentira

AMS­TER­DAM. Canadá, 2013. Un film de Ste­fan Miljevic.

Louis Champagne, Gabriel Sabourin y  Robin Aubert en AMSTERDAM

Louis Cham­pagne, Gabriel Sabou­rin y Robin Aubert 

Cual­quier relato que parta de una pre­misa ya sea sólida o bien ende­ble debe guar­dar con­sis­ten­cia en su desa­rro­llo para que resulte creí­ble. Eso es pre­ci­sa­mente lo que no ocu­rre en la ópera prima Ams­ter­dam de Ste­fan Mil­je­vic. Tra­tando de des­cri­bir las aven­tu­ras de 3 ínti­mos ami­gos durante el trans­curso de un fin de semana, la his­to­ria asume el carác­ter de una come­dia liviana para pos­te­rior­mente con­ver­tirse en drama para desem­bo­car en un melo­drama nada convincente. 

Viviendo en una zona rural de la pro­vin­cia de Que­bec, Jeff (Gabriel Sabou­rin), Marc (Louis Cham­pagne) y Sam (Robin Aubert), deci­den dejar sus res­pec­ti­vas fami­lias por un fin de semana para ir a pes­car. Pronto se sabrá que en reali­dad lo que han hecho es abor­dar un avión para lle­var­los a Ámster­dam. ¿Por qué no han dicho la ver­dad a los suyos? Se pre­sume que el pro­pó­sito es sen­tirse sin ata­dura alguna para un poco de juerga con­sis­tente en apro­ve­char lo que la ciu­dad visi­tada les puede ofre­cer en mate­ria de cor­te­sa­nas expues­tas en la zona roja de la ciu­dad, aspi­rar un poco de marihuana, beber sin con­trol y por supuesto tam­bién dis­fru­tar de la belleza del lugar. Teniendo en cuenta que un vuelo desde Mon­treal hacia la capi­tal de Holanda no insume más que 7 horas, es fac­ti­ble de admi­tir que un par de días puede ser sufi­ciente para satis­fa­cer los pro­pó­si­tos que ani­man a los viajeros. 

Lo que hasta aquí cae­ría típi­ca­mente den­tro de una come­dia cos­tum­brista donde se rati­fica la amis­tad de toda una vida, pron­ta­mente la his­to­ria adopta un carril dife­rente cuando Sam decide pos­ter­gar su regreso a Que­bec. A par­tir de allí el relato adopta la men­tira como excusa cuando Jeff y Marc retor­nan al hogar expli­cando a sus fami­lia­res y sobre todo a Made­leine (Suzanne Clé­ment), la muy preo­cu­pada señora de Sam, que su marido se per­dió en el bos­que. De allí en más, el temor a no reve­lar la ver­dad genera toda una batahola por parte de las auto­ri­da­des de la zona y del vecin­da­rio, preo­cu­pa­dos en dar con el para­dero del amigo des­a­pa­re­cido. Cabe seña­lar que una sim­ple veri­fi­ca­ción aero­por­tua­ria habría detec­tado el viaje a Europa rea­li­zado por el trío. 

Lo que acon­tece pos­te­rior­mente, deriva en una his­to­ria que pare­ciera per­te­ne­cer a otro film; así, por arte de magia salen a relu­cir la exis­ten­cia de grie­tas matri­mo­nia­les en dos de los tres ami­gos y cuando se revela que Made­leine está emba­ra­zada todo lo que evi­den­ciaba el film en su comienzo ter­mina siendo des­men­tido por una reali­dad donde el adul­te­rio, la des­leal­tad y el egoísmo de algu­nos de los per­so­na­jes mues­tran que el ver­da­dero sen­ti­miento de amis­tad que unía a los 3 com­pin­ches era más apa­rente que real. 

El film se pres­taba para un exa­men de la psi­quis mas­cu­lina y las razo­nes que pue­den moti­var sepa­ra­cio­nes tran­si­to­rias del núcleo fami­liar. Pero la falta de cre­di­bi­li­dad refor­zada por un desen­lace de unión fami­liar cele­brando la fes­ti­vi­dad navi­deña, es a todas luces incon­se­cuente y frustrante. 

Con­clu­sión: Un melo­drama poco rea­lista que impide crear un sen­ti­miento de con­mi­se­ra­ción o sim­pa­tía hacia los per­so­na­jes aquí expues­tosJorge Gut­man

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THANKS FOR SHA­RING. Esta­dos Uni­dos, 2012. Un film de Stuart Blumberg 

Mark Ruffalo y Gwyneth Paltrow en THANKS FOR SHARING

Mark Ruf­falo y Gwy­neth Paltrow 

Últi­ma­mente el cine ha con­si­de­rado la adic­ción sexual bajo dife­ren­tes ángu­los. Así por ejem­plo, Steve McQueen lo ha con­si­de­rado bajo una óptica som­bría en Shame (2011) y por su parte Joseph Gordon-Levitt lo abordó en su reciente film Don Jon desde una visión más jocosa y en tono de come­dia román­tica. Por su parte en Thanks for Sha­ring, fil­mada entre las dos pelí­cu­las men­cio­na­das, el novel direc­tor Stuart Blum­berg trata de ilus­trar esta rara enfer­me­dad de des­me­su­rada insa­cia­bi­li­dad sexual, bajo la óptica de una come­dia dra­má­tica enfo­cando a varios indi­vi­duos que deben lidiar con el problema. 

La nove­dad de este film, es que el relato escrito por Blum­berg con la cola­bo­ra­ción de Matt Wins­ton ofrece la opor­tu­ni­dad de cono­cer agru­pa­cio­nes que tra­tan de ayu­dar a los afec­ta­dos de esta com­pul­sión del mismo modo como si se tra­tara de Alcohó­li­cos Anó­ni­mos para quie­nes pade­cen del vicio del alcohol o bien de otras orga­ni­za­cio­nes que abor­dan los pro­ble­mas de dro­ga­dic­ción. En el caso que nos ocupa, la aten­ción se cen­tra en Adam (Mark Ruf­falo), Mike (Tim Rob­bins) y Neil (Josh Gad) quie­nes viviendo en Nueva York fre­cuen­tan las reunio­nes de un grupo de apoyo a fin de expo­ner y com­par­tir sus pro­ble­mas e inquie­tu­des con los res­tan­tes par­ti­ci­pan­tes, para agra­de­cer­les al final la aten­ción dis­pen­sada (de allí el título del film). 

Adam, un con­sul­tor en medio ambiente, se ha man­te­nido sobrio por un período de cinco años tra­tando de apar­tar su vista de todos los car­te­les, afi­ches y otros medios de publi­ci­dad donde las imá­ge­nes de pro­vo­ca­ti­vas y seduc­to­ras muje­res cons­ti­tu­yen una per­ma­nente ten­ta­ción para caer en la adic­ción. Mike, casado y con fami­lia, ha logrado que la com­pul­sión no lo domi­nara durante los últi­mos 10 años y la asis­ten­cia a las reunio­nes gru­pa­les cons­ti­tuye un ali­ciente que le brinda la fuerza nece­sa­ria para com­ba­tir la adic­ción sexual. Por su parte Neil, un joven doc­tor, no puede evi­tar la adic­ción que le aqueja y es así que por una con­ducta impro­pia pierde su tra­bajo en el hos­pi­tal donde ejer­cía su profesión. 

Ade­más del tema cen­tral, la trama resalta la situa­ción en que se encuen­tra Adam cuando cree estar en con­di­cio­nes de reanu­dar una vida sen­ti­men­tal al cono­cer a Phoebe (Gwy­neth Pal­trow); él no se atreve a con­fe­sarle su pro­blema por­que Phoebe ha atra­ve­sado una des­afor­tu­nada expe­rien­cia amo­rosa al haber estado vin­cu­lada con un alcohó­lico y obvia­mente ahora quiere estar ale­jada de cual­quier pro­blema simi­lar o pare­cido. Otro aspecto con­flic­tivo en el relato es la rela­ción tensa que Mike man­tiene con su hijo ado­les­cente (Patrick Fugit) lidiando con el abuso de sus­tan­cias tóxi­cas, en tanto que la amis­tad que el indis­ci­pli­nado Neil ini­cia con Dede (Ale­cia Moore), una mujer que única­mente estuvo vin­cu­lada con hom­bres a tra­vés del sexo, no llega a tener mayor trascendencia. 

El rea­li­za­dor intenta tra­tar con máxima serie­dad el tema seña­lado a tra­vés de la des­crip­ción de la vida ruti­na­ria de los per­so­na­jes expues­tos; si bien en gran parte ese esfuerzo resulta satis­fac­to­rio, uno habría deseado un ahon­da­miento mayor en el plan­teo de algu­nas situa­cio­nes. Por ejem­plo, no hay nada que aclare en que con­sis­tió la sobrie­dad de Adam y Mike; ¿es qué cada uno tuvo que abs­te­nerse sexual­mente? En gene­ral se sabe que para un alcohó­lico o un dro­ga­dicto el éxito de un tra­ta­miento con­siste en que el afec­tado no vuelva a beber ni a con­su­mir por com­pleto nin­gún tipo de droga; sin embargo es difí­cil de ima­gi­nar en qué con­siste la cura­ción de quie­nes pade­cen de un tras­torno sexual de natu­ra­leza com­pul­siva u obse­siva, aspecto que el relato no llega a aclarar. 

Con­clu­sión: Las obser­va­cio­nes apun­ta­das no impi­den que el carác­ter liviano del film se vea con agrado; las bue­nas inter­pre­ta­cio­nes de su homo­gé­neo elenco más la buena quí­mica creada entre Ruf­falo y Pal­trow con­tri­bu­yen para que el balance final arroje un saldo posi­tivo.  Jorge Gut­man

Wiki­Leaks, El Quinto Poder

THE FIFTH ESTATE. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film de Bill Condon 

 Daniel Brühl y Benedict Cumberbatch en THE FIFTH ESTATE

Daniel Brühl y Bene­dict Cumberbatch 

Con mucha expec­ta­tiva se aguardó el estreno de The Fifth Estate que aborda el tema de Wiki­Leaks y de su con­tro­ver­tido fun­da­dor Julian Assange, que como es bien sabido se encuen­tra asi­lado en la emba­jada de Ecua­dor de Lon­dres. Con todo, la dra­ma­ti­za­ción sobre el ascenso, auge y la caída de Assange recibe en este film un tra­ta­miento mode­rado. Aun­que ele­gan­te­mente rea­li­zado y con exce­len­tes dise­ños de pro­duc­ción que repro­du­cen acer­ta­da­mente los ambien­tes en que trans­cu­rre la acción así como deta­lles adi­cio­na­les de la era digi­tal en que se está viviendo, esta pro­duc­ción peca por estar dema­siado sobre­car­gada de infor­ma­ción y curio­sa­mente, la misma no alcanza a pro­fun­di­zar sino mera­mente a echar una mirada un tanto super­fi­cial sobre el pro­blema ético plan­teado en lo que con­cierne a la trans­pa­ren­cia que mere­cen los actos de gobierno. 

Bene­dict Cum­ber­batch anima a Assange donde en la pri­mera escena del film que tiene lugar en 2010 man­tiene una con­fe­ren­cia de prensa vin­cu­lada con el escán­dalo Cable­gate sobre las fil­tra­cio­nes de docu­men­tos con­fi­den­cia­les de los Esta­dos Uni­dos a tra­vés de Wiki­Leaks; eso tuvo amplia reper­cu­sión en tres dia­rios inter­na­cio­na­les de gran impor­tan­cia como el New York Times (Esta­dos Uni­dos), el Guar­dian (Gran Bre­taña) y Der Spie­gel (Ale­ma­nia) al publi­car dece­nas de artícu­los sobre las incur­sio­nes del ejér­cito ame­ri­cano en la gue­rra de Afga­nis­tán. A pesar de haber sido en diciem­bre de 2006 cuando se pro­duce el lan­za­miento de Wiki­Leaks, la acción se retro­trae a 2007 cuando Assange se vin­cula con Daniel Domscheit-Berg (Daniel Brühl), un experto ale­mán en mate­ria tec­no­ló­gica quien pronto se con­ver­tirá en su inme­diato y estre­cho cola­bo­ra­dor. Al poco tiempo se incor­po­ran a la orga­ni­za­ción mon­tada Mar­cus (Moritz Bleib­treu), un bri­llante hacker amigo de Daniel, y Bir­gitta Jons­dot­tir (Carice van Hou­ten), una acti­vista islandesa. 

Con un guión de Josh Sin­ger basado en dos libros, donde uno de ellos ha sido escrito por Domscheit-Berg, el direc­tor trata de obte­ner el mejor par­tido del mismo pero des­afor­tu­na­da­mente su tra­bajo no alcanza a con­se­guir impacto dra­má­tico por varia­das razo­nes. Aun­que el film ilus­tre en líneas gene­ra­les el afie­brado uni­verso en que tie­nen lugar las ope­ra­cio­nes de Inter­net y la par­ti­ci­pa­ción de un buen número de volun­ta­rios, no se tiene idea pre­cisa de cómo se obtu­vie­ron las infor­ma­cio­nes fil­tra­das y su ubi­ca­ción a tra­vés de la red, aun­que en prin­ci­pio se mues­tra que algu­nos docu­men­tos diplo­má­ti­cos fue­ron expues­tos por Brad­ley Man­ning (David The­wlis), un ana­lista de inte­li­gen­cia del ejér­cito ame­ri­cano. Otro aspecto vital, como la desin­te­gra­ción de la amis­tad de Julian y Daniel por dife­ren­cias de cri­te­rio, no alcanza a impac­tar por­que se pro­duce pre­ci­pi­ta­da­mente. No menos impor­tante es que las per­so­na­li­da­des de sus dos prin­ci­pa­les per­so­na­jes no están bien desa­rro­lla­das; así, Assange apa­rece como un indi­vi­duo enig­má­tico tanto al prin­ci­pio como al final del relato sin que se lle­gue a cap­tar el mag­ne­tismo de su per­sona, en tanto que el guión tam­poco alcanza a brin­dar una satis­fac­to­ria des­crip­ción de Domscheit-Berg, dando como resul­tado la impo­si­bi­li­dad de que el público pueda empa­ti­zar con los mis­mos. Final­mente, no agrega mucho la par­ti­ci­pa­ción de dos figu­ras del Depar­ta­mento de Estado ame­ri­cano (Laura Lin­ney y Stan­ley Tucci) en la incó­moda situa­ción de tra­tar de ate­nuar el impacto pro­du­cido por WikiLeaks. 

A pesar de las limi­ta­cio­nes impues­tas por el guión tanto Cum­ber­batch como Brühl se desen­vuel­ven efi­cien­te­mente en el desem­peño de sus per­so­na­jes así como lo hacen los inte­gran­tes del elenco que los secunda. 

Con­clu­sión: Si desde una visión psicológico-social, el film está lejos de con­for­mar un relato de enver­ga­dura como lo que David Fin­cher lograra con The Social Net­work (2010), con todo genera inte­rés plan­teando los aspec­tos mora­les de un sitio vir­tual que publica en forma anó­nima docu­men­tos estra­té­gi­cos que ponen de mani­fiesto el com­por­ta­miento dis­cu­ti­ble de gobier­nos e ins­ti­tu­cio­nes cor­po­ra­ti­vasJorge Gut­man

Una Tierna y Pro­funda His­to­ria de Amor

LA VIEADÈLE. Fran­cia, 2013. Un film de Abde­lla­tif Kechiche

Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux en BLUE IS THE WARMEST COLOR

Adèle Exar­cho­pou­los y Léa Sey­doux en BLUE IS THE WAR­MEST COLOR

Para plas­mar en imá­ge­nes lo que se ha pro­puesto, el rea­li­za­dor contó con dos extra­or­di­na­rias actua­cio­nes donde el público habrá de aplau­dir el tra­bajo de Adèle Exar­cho­pou­los y Léa Sey­doux some­tién­dose en cuerpo y alma, psi­co­ló­gica y emo­cio­nal­mente en la piel de sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. El román­tico drama, basado en el cómic de Julie Maroh “Azul es un Color Caliente” y adap­tado por el rea­li­za­dor y Ghalya Lacroix, pre­senta a Adèle (Exar­cho­pou­los), una joven de 17 años de edad que vive en Lille –al norte de Fran­cia– y que mani­fiesta una mani­fiesta incli­na­ción hacia la lite­ra­tura; así, al prin­ci­pio se la ve en una sala de cla­ses de un cole­gio de ense­ñanza media junto con sus com­pa­ñe­ros estu­diando una novela de Pie­rre de Mari­vaux (“La Vie de Marianne”). En un comienzo ella se embarca en un romance de corto vuelo con Tho­mas (Jéré­mie Laheurte), su cor­te­jante, pero muy pronto queda claro que sus emo­cio­nes están diri­gi­das hacia per­so­nas de su mismo sexo; eso habrá de cris­ta­li­zarse a par­tir del momento en que conoce a Emma (Sey­doux), una mujer un poco mayor que ella y que tiene como carac­te­rís­tica dis­tin­tiva su pelo teñido de azul. De allí en más comienza entre ambas un amor desen­fre­nado, sin tapu­jos ni barre­ras, donde las emo­cio­nes del espí­ritu se entre­mez­clan con el con­tacto físico de sus cuer­pos logrando una com­pleta fusión subli­mando la comu­ni­ca­ción humana. 

Dejando aparte las auda­ces esce­nas de amor explí­cito, que evi­den­te­mente pue­den ori­gi­nar con­tro­ver­sias por­que una de ellas se pro­longa durante 8 minu­tos, el film ilus­tra mag­ní­fi­ca­mente aspec­tos que dife­ren­cian a cada uno de sus per­so­na­jes. Inte­lec­tual­mente con­si­de­rado, se apre­cia que Emma –de mar­cada afi­ni­dad con las artes plás­ti­cas– está ubi­cada en un nivel cul­tu­ral supe­rior al de su amante; algo pare­cido se puede apre­ciar a nivel eco­nó­mico y social; así, cuando Adèle, de ori­gen más humilde y de padres con­ser­va­do­res que igno­ran su orien­ta­ción sexual que ella trata de guar­dar celo­sa­mente, visita la casa de los padres de Emma per­te­ne­cien­tes a una clase socio-económica más ele­vada, se sor­prende al com­pro­bar que son lo sufi­cien­te­mente libe­ra­les al acep­tarla abier­ta­mente como la pareja de su hija. 

A tra­vés de las 3 horas de dura­ción, el film va expo­niendo cómo con el paso de los años la rela­ción va madu­rando y pos­te­rior­mente desin­te­grán­dose al apa­re­cer varias grie­tas en el camino que tor­nan impo­si­ble la mutua convivencia. 

Teniendo en con­si­de­ra­ción que la pelí­cula lleva como sub­tí­tulo “Capí­tu­los 1 y 2” en la ver­sión ori­gi­nal fran­cesa, no sería utó­pico pen­sar que en algu­nos años más, al direc­tor se le ocu­rra con­tar qué pasó con las vidas de Adèle y Emma. De todos modos, haya o no nue­vos capí­tu­los para esta inol­vi­da­ble his­to­ria de amor, queda como resul­tado una extra­or­di­na­ria pelí­cula que cala pro­fundo hasta la médula de los sen­ti­mien­tos huma­nos a tra­vés de un relato feroz­mente tierno y hon­da­mente conmovedor. 

Con­clu­sión: Habiendo mere­cido la Palma de Oro en el último fes­ti­val de Can­nes, es alta­mente meri­to­rio que aun­que sus dos actri­ces no hayan sido recom­pen­sa­das, sin embargo han sido reco­no­ci­das por Ste­ven Spiel­berg quien como pre­si­dente del jurado señaló que el pre­mio a esta mara­vi­llosa his­to­ria de amor se debe al trío inte­grado por Exar­cho­pou­los y Sey­doux, delante de la cámara, y a Kechi­che detrás de la mismaJorge Gut­man

Asalto En Altamar

. CAP­TAIN PHI­LLIPSEsta­dos Uni­dos, 2013. Un film de Paul Greengrass 

1.Tom Hanks en CAPTAIN PHILLIPS

Tom Hanks en CAP­TAIN PHILLIPS

Con el rea­lismo pro­pio del género docu­men­tal que Paul Green­grass acos­tum­bra brin­dar en sus fil­mes de fic­ción, aquí ofrece otra pelí­cula basada en una his­to­ria real como lo hiciera con Uni­ted 93 (2006) refle­jando el secues­tro de uno de los avio­nes en la tra­ge­dia del 11 de sep­tiem­bre. En Cap­tain Phi­llips, aun­que el desen­lace afor­tu­na­da­mente resulte dife­rente, tam­bién se trata de un secues­tro –en este caso de una nave– que tuvo lugar en aguas afri­ca­nas pero de nin­gún modo existe en el acto cri­mi­nal come­tido una manio­bra terro­rista de inten­ción polí­tica, reli­giosa o étnica.

Gren­grass intro­duce un pró­logo que tiene lugar en Ver­mont en marzo de 2009, donde se observa al Capi­tán Richard Phi­llips (Tom Hanks) cam­biando ama­ble­mente impre­sio­nes hoga­re­ñas con su esposa (Cat­he­rine Kee­ner) mien­tras ella lo tras­lada al aero­puerto para abor­dar un vuelo con des­tino al sur de Omán. Allí se hace cargo del Maersk Ala­bama, un barco de carga de los Esta­dos Uni­dos que tiene como pri­mer des­tino lle­gar a Soma­lia y pos­te­rior­mente pro­se­guir hasta Kenia, a fin de trans­por­tar ali­men­ta­ción pro­ve­niente de un pro­grama de coope­ra­ción de las Nacio­nes Unidas. 

Simul­tá­nea­mente en Soma­lia, se ve a un grupo de hom­bres reclu­tando a jóve­nes indi­vi­duos para par­ti­ci­par en ope­ra­cio­nes de pira­te­ría; cla­ra­mente se per­cibe que lo que anima a esta gente es encon­trar medios a cual­quier pre­cio para salir de la mise­ria que la ago­bia; en todo caso, Green­grass no insiste sobre este punto. 

Cuando el abor­daje se pro­duce con el grupo de cua­tro pira­tas soma­líes asal­tando al buque mer­cante, comienza la gran gue­rra de ner­vios y ten­sio­nes entre la tri­pu­la­ción tomada como rehén y los delin­cuen­tes que domi­nan la situa­ción. Den­tro de los roles opues­tos que les cabe desem­pe­ñar, queda claro que Phi­llips y Muse (Barkhad Abdi), el líder de los pira­tas, están lejos de lle­gar a un acuerdo: así los soma­líes de nin­gún modo acep­tan la suma de 30 mil dóla­res que el capi­tán les ofrece frente a los millo­nes de dóla­res que los pira­tas deman­dan. La situa­ción se torna aún más dra­má­tica cuando Muse se las inge­nia para apo­de­rarse del capi­tán ubi­cán­dolo en un pequeño bote donde el secues­trado atra­ve­sará la angus­tia del con­fi­na­miento frente a la inmen­si­dad de las aguas oceá­ni­cas que lo rodean. 

Tomando como refe­ren­cia el guión de Billy Ray que a su vez se basó en el libro escrito por el pro­pio Phi­llips A Captain’s Duty: Somaly Pira­tes, Navy SEALS, and Dan­ge­rous Days at Sea, Green­grass apro­ve­cha su con­te­nido para trans­mi­tir toda la furia, his­te­ria y el pan­de­mó­nium gene­rado por cri­mi­na­les dis­pues­tos a morir sino logran el obje­tivo per­se­guido, en esas esce­nas, que abar­can la mayor parte del relato, donde la vida y la muerte pare­cen con­fun­dirse per­ma­nen­te­mente, el film cobra impor­tante aliento. A pesar de que se sabe el resul­tado final dado que ha sido noti­cia que alcanzó pública noto­rie­dad, un tenso sus­penso anima el desa­rro­llo de esta his­to­ria que alcanza a dife­ren­ciarse de tan­tas otras por­que no es la vio­len­cia de las ame­tra­lla­do­ras o dis­pa­ros la que cobra un papel deci­sivo, sino el estu­dio de per­so­na­li­da­des total­mente dife­ren­tes; en tan sen­tido, la exce­lente inter­pre­ta­ción de Hanks ya no llega a sor­pren­der a esta altura de su excep­cio­nal carrera, pero en cam­bio sí causa grata impre­sión la carac­te­ri­za­ción de Abdi otor­gando nota­ble rea­lismo a su personaje. 

Si hay una obje­ción para esta his­to­ria real es que llega con pocos meses de dife­ren­cia de A Hija­cking, un exce­lente drama que se refiere tam­bién a la inva­sión de pira­tas soma­líes a un buque danés, aun­que desde un ángulo dife­rente. En todo caso, eso no dis­mi­nuye los valo­res intrín­se­cos del film de Greengrass. 

Con­clu­sión: Un docu­drama intenso y absor­bente que encuen­tra en Tom Hanks a su intér­prete ideal. 
Jorge Gutman