Los Días Felices

OH LES BEAUX JOURS Autor: Samuel Beckett — Direc­ción: Marc Paquien – Elenco: Cat­he­rine Frot, Eric Frey — Esce­no­gra­fía: Gérard Didier — Ves­tua­rio: Claire Ris­te­rucci – Ilu­mi­na­ción: Domi­ni­que Bru­guière – Maqui­llaje: Cécile Krets­ch­mar. Dura­ción: 1h25 (sin entre­acto). Repre­sen­ta­cio­nes: En el Théâ­tre du Nou­veau Monde (www.tnm.qc.ca) desde el 21 hasta el 26 de febrero de 2015

Cró­nica de Jorge Gutman

Del genial dra­ma­turgo Samuel Beckett llega a Mon­treal una nueva ver­sión de su obra van­guar­dista Los Días Feli­ces escrita en inglés en 1961 y tra­du­cida por su autor al fran­cés al año siguiente. A tra­vés de la visión del direc­tor Marc Paquien y con la inter­pre­ta­ción de la pres­ti­giosa actriz fran­cesa Cat­he­rine Frot se puede apre­ciar una pieza tea­tral inquie­tante, poé­tica, emo­tiva y dra­má­tica que cons­ti­tuye una pará­bola de la con­di­ción humana.

Foto de Pascal Victor-ArtcomArt

Foto de Pas­cal Victor-ArtcomArt

Con gran ter­nura y com­pa­sión Beckett creó el sin­gu­lar per­so­naje de Win­nie. Ella es una señora bur­guesa de mediana edad que al prin­ci­pio se encuen­tra hun­dida hasta la cin­tura den­tro de un inmo­vi­li­zado mon­tículo de arena ubi­cado en un abra­sa­dor desierto. Su situa­ción física no parece cau­sarle mayor moles­tia cuando al des­per­tarse su ros­tro expresa un opti­mismo y ale­gría de vivir frente a un nuevo y her­moso día, al pro­pio tiempo que va rea­li­zando las acti­vi­da­des habi­tua­les de lavarse los dien­tes, limarse las uñas, pin­tar sus labios, pei­narse, entre otros menes­te­res. Mien­tras lo hace, comienza a trans­mi­tir sus pen­sa­mien­tos expre­sa­dos ver­bal­mente a tra­vés de monó­lo­gos donde pasa revista a su vida; de la misma se refleja una exis­ten­cia no muy exci­tante a la que ella apren­dió a resig­narse y adap­tarse al medio que le ha tocado vivir, agra­de­ciendo a Dios por las gran­des ben­di­cio­nes reci­bi­das. A su lado y oyendo sus soli­lo­quios se encuen­tra su marido Willie (Eric Frey), un hom­bre abú­lico, inerte y torpe que se des­plaza entre el sueño y la lec­tura de un perió­dico; habiendo sido el amor de su vida es lo único que le queda afec­ti­va­mente. A pro­pó­sito de este per­so­naje, queda la duda sobre si Willie real­mente sigue exis­tiendo o si es un recuerdo de su esposa ima­gi­nando que man­tiene un diá­logo con él.

Las pala­bras de Win­nie no pue­den dete­ner el inexo­ra­ble pasaje del tiempo donde pos­te­rior­mente la arena cubre su cuerpo hasta el cue­llo. En esa situa­ción, y cuando la pér­dida de la memo­ria y de la con­cien­cia con el extra­vío con­si­guiente parece afec­tarla, trata afie­bra­da­mente de demos­trar que a pesar de todo es capaz de rea­li­zar lo que debe hacerse y estar pre­pa­rada frente al fan­tasma de la muerte que la está ace­chando; eso no impide a que como una opti­mista a ultranza que es se com­plazca en tara­rear la melo­día cen­tral de “La Viuda Ale­gre” para cele­brar de este modo la her­mo­sura de sus días feli­ces y reafir­mar de este modo la dicha de vivir.

Quien se encuen­tra fami­lia­ri­zado con el gran dra­ma­turgo irlan­dés sabe muy bien de que en sus pie­zas tea­tra­les el texto no lo dice todo. Así como acon­tece en Espe­rando a Godot o en Fin de Par­tida, la riqueza de esta obra no surge exclu­si­va­mente de lo que la pro­ta­go­nista expresa en su monó­logo sino tam­bién juega un rol impor­tante la ento­na­ción de las pala­bras y la infle­xión de la voz, los ges­tos facia­les inclu­yendo la mirada, así como la manera en que los momen­tos de silen­cio van siendo dosificados.

A fin de que los aspec­tos men­cio­na­dos pue­dan con­tri­buir a crear la ten­sión y emo­ción nece­sa­ria que atrape al espec­ta­dor se requiere la pre­sen­cia de una actriz talen­tosa que sea capaz de desa­fiar lo que el mate­rial de Beckett le está ofre­ciendo. En tal sen­tido cabe seña­lar que Cat­he­rine Froth sale bien parada de este gran desa­fío acto­ral; ade­más de ajus­tarse físi­ca­mente al espa­cio limi­tado y a la inmo­vi­li­dad a la que está some­tida, per­mite expre­sar con medio cuerpo y final­mente con su cabeza única­mente, las obse­sio­nes, nimie­da­des y los esfuer­zos rea­li­za­dos por su per­so­naje para tra­tar de sobre­vi­vir en un mundo absurdo e injusto, logrando de este modo una muy buena com­po­si­ción de Winnie.

Con­clu­sión: Una obra pro­funda, poé­tica y sim­bó­lica de un autor anti­con­for­mista que el público de Mon­treal tiene oca­sión de apre­ciar a tra­vés de la lograda com­po­si­ción de Cat­he­rine Frot. Un impor­tante acon­te­ci­miento cul­tu­ral del TNM.

La Agenda de la OSM para Marzo

Monika Jalili

Monika Jalili

Cinco atrac­ti­vos pro­gra­mas es lo que ofrece la Orquesta Sin­fó­nica de Mon­treal durante el mes de Marzo. El pri­mero de los mis­mos deno­mi­nado “El Oriente Ima­gi­na­rio: de Magreb a Per­sia” ofrece obras de com­po­si­to­res ins­pi­ra­das en temas orien­ta­les. El con­cierto que ten­drá lugar el 4 de Marzo (20h) y vol­verá a repe­tirse el 8 de Marzo (14h30) bajo la direc­ción de Kent Nagano incluye La Péri de Dukas, Crea­ción de obras para soprano y orquesta basa­das en can­tos árabe anda­lu­ces, sefar­di­tas y per­sas de Kiya Tabas­sian e inter­pre­ta­das por la soprano iraní Monika Jalili, Danza de los Siete Velos de la ópera Salomé de Richard Strauss, Baca­nal de la ópera San­són y Dalila de Saint-Saëns así como el Con­cierto N° 5 para Piano del mismo com­po­si­tor actuando como solista el pia­nista Jean Phi­lippe Collard.y la soprano Monika Jalili.

Philip Glass

Phi­lip Glass

El segundo pro­grama del mes es el que ten­drá lugar el 7 de marzo (21h) en donde la OSM diri­gida por Kent Nagano reci­birá al pia­nista y com­po­si­tor ame­ri­cano Phi­lip Glass con dos de sus obras. Una de ellas es Mad Rush para piano solo que él habrá de inter­pre­tar y la segunda com­po­si­ción es el Con­cierto Fan­ta­sía para dos Tim­ba­les y Orquesta con la par­ti­ci­pa­ción de los tim­ba­lis­tas Andrei Malas­henko y Hugues Trem­blay. El pro­grama se com­pleta con La Péri de Dukas, Vers où l’oiseau migrera para Soprano y Orquesta de Kiya Tabas­sian con la par­ti­ci­pa­ción de la soprano Fra­nçoise Atlan y una can­ción orques­tada por Jams­hiel Sha­rifi can­tada por Monika Jalili

Los días 11 y 12 de marzo (20h), el maes­tro Nagano reci­birá al joven y vir­tuoso pia­nista Lang Lang quien inter­pre­tará el Con­cierto para Piano N° 24 de Mozart. Cele­brando el quin­qua­gé­simo aniver­sa­rio de Varese, la Orquesta inter­pre­tará Amé­ri­ques que es con­si­de­rada como una obra monu­men­tal del com­po­si­tor. El pro­grama se com­pleta con la Sin­fo­nía N° 30 de Haydn y la Sin­fo­nía N°1 (Clá­sica) de Prokofiev.

En cola­bo­ra­ción con la orga­ni­za­ción musi­cal Pro Musica, el con­cer­tista Lang Lang retorna el vier­nes 13 (20h) para ofre­cer un reci­tal inte­grado por el Con­cierto Ita­liano en Fa mayor, BWV 971 de Bach, Las esta­cio­nes, op. 37 de Tchai­kovsky y 4 Scher­zos de Cho­pin,  N° 1 (op. 20), N° 2 (op. 31), N° 3 (op. 39) y N°4 (op. 54).

La eje­cu­ción por pri­mera vez en Amé­rica del Norte de la ópera L’Aiglon: Hijo de Napo­léon de Jac­ques Ibert y Art­hur Hon­ne­ger en con­cierto cons­ti­tuye el gran evento de la tem­po­rada 2014 – 2015 de la OSM. Esta ópera está basada en la pieza L’Aiglon de Edmond Ros­tand escrita en 1900 y des­cribe la his­to­ria de un impe­rio y una con­quista como tam­bién del sueño no rea­li­zado por el hijo de Napo­león quien trata en vano de recon­quis­tar el trono dejado por la abdi­ca­ción de su padre. Es en 1937 cuando Ibert y Honeg­ger, ins­pi­ra­dos en dicha trama la con­vier­ten en drama musi­cal. De allí la gran expec­ta­tiva de des­cu­brir una obra de escasa ejecución.

Marianne Fiset

Marianne Fiset

Este acon­te­ci­miento se rea­li­zará el 17, 19 y 21 de marzo (20h) bajo la direc­ción de Nagano y con­tará con un reparto de can­tan­tes líri­cos de pri­mer nivel inte­grado por los barí­to­nos Étienne Dupuis, Marc Barrard, Phi­lippe Sly y Tiler Dun­can, las sopra­nos Anne-Catherine Gillet, Marianne Fiset y Kimy McLa­ren, el tenor Pas­cal Char­bon­neau y la mezzo soprano Michèle Losier. El Coro de la OSM que acom­pa­ñara a la orquesta está diri­gido por Andrew Megill y la direc­ción escé­nica es res­pon­sa­bi­li­dad de Daniel Rous­sel. Como hecho saliente cabe agre­gar que en la velada de la pre­miere, a la entrada de la Mai­son Symp­ho­ni­que, la audien­cia reci­birá una cálida bien­ve­nida por parte de veinte acto­res recreando la guar­dia impe­rial de Napoléon.

El 26 de marzo la Orquesta ofre­cerá un con­cierto mati­nal (10h30) donde la orquesta será diri­gida por el direc­tor espa­ñol Juanjo Mena en un pro­grama inte­grado por el Concierto-Rapsodia para Vio­lon­chelo y Orquesta de Aram Khat­cha­tu­rian eje­cu­tado por Brian Man­ker, prin­ci­pal vio­lon­che­lista de la orquesta, y la her­mosa Sin­fo­nía N° 5 de Tchai­kovsky que está cer­ca­na­mente vin­cu­lada con el poema sin­fó­nico Ham­let.

El maes­tro Mena vol­verá al podio ese mismo día (20h), para eje­cu­tar nue­va­mente la Sin­fo­nía N° 5 de Tchai­kovsky así como el Con­cierto para Piano N° 1 en Mi menor de Cho­pin con la par­ti­ci­pa­ción de Niko­lai Luganski como solista. Este pia­nista es con­si­de­rado por la crí­tica inter­na­cio­nal como un vir­tuoso de pri­mer plano dotado de una téc­nica excep­cio­nal y de un deli­cado estilo de eje­cu­ción. El mismo pro­grama será repe­tido el 28 de marzo (20h).

Todos los con­cier­tos de la OSM son efec­tua­dos en la Mai­son Symp­ho­ni­que de Mon­treal. Para obte­ner infor­ma­ción adi­cio­nal, el sitio a visi­tar es www.osm.ca

Un Elec­tri­zante Film en Video

Cró­nica de Jorge Gut­man

WHI­PLASH. Esta­dos Uni­dos, 2013. Direc­ción de Damien Cha­ze­lle. Dis­tri­bu­ción: Sony Pic­tu­res Home Enter­tain­ment (2015)

Una de las mejo­res pelí­cu­las exhi­bi­das el año pasado ha sido lan­zada en video para verla y/o vol­ver a juz­garla en el con­fort del hogar. He aquí el comen­ta­rio crí­tico efec­tuado en oca­sión de su estreno.

Si hubiera que men­cio­nar un film de 2014 que impacte de manera rotunda y vis­ce­ral, sin duda sería Whi­plash. Aun­que el cine ha con­si­de­rado más de una vez las dife­ren­tes mani­fes­ta­cio­nes que pue­den adop­tar los víncu­los que se esta­ble­cen entre pro­fe­so­res y alum­nos, pocas veces esa rela­ción alcanzó el nivel de extrema cru­deza que se apre­cia en este film que mere­ció en el fes­ti­val de Sun­dance el Gran Pre­mio del Jurado y el del público.

Miles Teller y J.K. Simmons

Miles Teller y J.K. Simmons

El prin­ci­pal mérito de este exce­lente drama es la nota­ble carac­te­ri­za­ción de carac­te­res lograda por el talen­toso rea­li­za­dor Damien Cha­ze­lle en la ela­bo­ra­ción del guión. En esen­cia, el film expone el encuen­tro de dos per­so­na­li­da­des cuya rela­ción se desa­rro­lla en un nivel de intensa ten­sión. La acción que se desa­rro­lla en la ciu­dad de Nueva York pre­senta a Andrew (Miles Teller), un mucha­cho de apro­xi­ma­da­mente 20 años apa­sio­nado de la bate­ría que estu­dia en un con­ser­va­to­rio de música muy com­pe­ti­tivo. Sus espe­cia­les dotes son apre­cia­das por Terence Flet­cher (J.K. Simons), quien es uno de los más impor­tan­tes pro­fe­so­res de jazz de la aca­de­mia; por esa razón es inme­dia­ta­mente invi­tado a que par­ti­cipe en un pres­ti­gioso con­junto musi­cal del esta­ble­ci­miento. A par­tir de ese momento surge un vínculo sado­ma­so­quista entre el pro­fe­sor y su alumno, en la medida que Flet­cher uti­liza su ins­tin­tiva natu­ra­leza bru­tal para exi­gir de sus estu­dian­tes y fun­da­men­tal­mente de Andrew esfuer­zos sobre­hu­ma­nos para que él pueda tocar a la perfección.

Si en prin­ci­pio uno podría com­pren­der la volun­tad del maes­tro de obte­ner los máxi­mos valo­res poten­cia­les del alumno al que ins­truye, en el caso pre­sen­tado por Cha­ze­lle el edu­ca­dor se com­porta con un exa­cer­bado sadismo que prác­ti­ca­mente des­truye el equi­li­brio emo­cio­nal de Andrew. No sería exa­ge­rado seña­lar que la forma des­car­nada y humi­llante con que lo trata podría ase­me­jarse a la fero­ci­dad que los terri­bles guar­dia­nes del régi­men nazi lo hacían con los pri­sio­ne­ros de los cam­pos de con­cen­tra­ción o bien a las prue­bas de resis­ten­cia a las que los sol­da­dos son some­ti­dos en el ejér­cito por sus superiores.

La intensa vio­len­cia emo­cio­nal con­te­nida en el relato logra trans­mi­tirse de un modo tan rea­lista que uno se olvida que está asis­tiendo a una his­to­ria de fic­ción para en cam­bio supo­nerla com­ple­ta­mente ver­da­dera; pre­ci­sa­mente, el grado de rea­lismo de lo que se pre­sen­cia llega a un extremo tal en donde esa vir­tud puede lle­gar a inco­mo­dar al obser­va­dor por la extre­mada dureza que se pre­senta en la bata­lla psi­co­ló­gica enta­blada entre sus dos per­so­na­jes centrales.

Aun­que el libreto des­criba mag­ní­fi­ca­mente a Andrew y Flet­cher, tal esfuerzo habría que­dado miti­gado de no haber con­tado con dos acto­res que se entre­gan en cuerpo y alma a dichos per­so­na­jes. Resulta impo­si­ble dejar de admi­rar el esfuerzo físico que rea­liza Andrew, a tra­vés de Miles Teller, con las esco­bi­llas emplea­das para gol­pear los pla­ti­llos a fin de lograr el justo tono reque­rido por la música eje­cu­tada; al pro­pio tiempo uno no puede dejar de sen­tirse ape­nado por la sin­ce­ri­dad de un joven que con sudor, dolor y lágri­mas sufre los emba­tes inflin­gi­dos por su abu­sivo ins­truc­tor pero que al pro­pio tiempo no puede aban­do­narlo por­que su entrega por la música y el jazz supera lo indes­crip­ti­ble; más aún, su grado de dedi­ca­ción es tan grande que hasta renun­cia a la posi­bi­li­dad de pro­se­guir una rela­ción sen­ti­men­tal con una buena chica (Melissa Benoist) por­que podría sig­ni­fi­carle un obs­táculo a su carrera. A J.K.Simmons por su parte le corres­ponde dar vida a un ingrato per­so­naje quien con un sadismo impla­ca­ble busca la exce­len­cia de su alumno recu­rriendo a méto­dos huma­na­mente deni­gran­tes para lograr su pro­pó­sito; en tal sen­tido este actor logra una admi­ra­ble carac­te­ri­za­ción de su rol.

Final­mente, el gran elo­gio va para Cha­ze­lle quien ade­más de rela­tar mag­ní­fi­ca­mente una triste his­to­ria gra­ti­fica al espec­ta­dor con la exce­len­cia de la música de jazz que en su número final alcanza una dimen­sión incon­men­su­ra­ble como pocas veces se ha visto en cine”.

Cabe seña­lar que ade­más de haber obte­nido el Gran Pre­mio del Jurado en el Fes­ti­val de Sun­dance del año pasado, en la cere­mo­nia de los Oscar de 2015 este exce­lente film ha sido mere­ce­dor de tres dis­tin­cio­nes, a saber: el pre­mio a J.K. Sim­mons como mejor actor de reparto, a Tom Cross por el mejor mon­taje y el Oscar a la mejor com­bi­na­ción de sonido.

Como mate­rial adi­cio­nal, el video incluye comen­ta­rios del guio­nista y direc­tor Damien Cha­ze­lle así como de J.K. Sim­mons. El DVD es pre­sen­tado en su ver­sión ori­gi­nal inglesa con sub­tí­tu­los opta­ti­vos en espa­ñol, fran­cés e inglés.

¿Quién le Teme al Lobo Feroz?

Cró­nica de Jorge Gutman

QUI A PEUR DE VIR­GI­NIA WOOLF? – Autor: Edward Albee – Tra­duc­ción: Michel Trem­blay — Direc­ción: Serge Denon­court – Elenco: Maude Gué­rin, Nor­mand D’Amour, Fra­nçois Dufour, Kim Des­pa­tis — Deco­ra­dos: Gui­llaume Lord — Ves­tua­rio: Fra­nçois Bar­beau – Ilu­mi­na­ción: Étienne Bou­cher – Con­cep­ción Sonora: Nico­las Bas­que. Dura­ción: 2h 40m (inclu­yendo un entre­acto de 20 minu­tos). Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 28 de marzo de 2015 en el Théâ­tre Duceppe (www.duceppe.com)

Maude Guérin y Normand D´Amour (Foto de la Cia. Duceppe)

Maude Gué­rin y Nor­mand D´Amour (Foto de la Cia. Duceppe)

Pocas veces la expo­si­ción de una cri­sis con­yu­gal ha tenido la reso­nan­cia uni­ver­sal como la que el dra­ma­turgo Edward Albee logró en esta obra escrita en 1962 que ahora repone la com­pa­ñía Duceppe. Si bien hace medio siglo ¿Quién le teme a Vir­gi­nia Woolf? pudo haber resul­tado deci­di­da­mente inno­va­dora en su esté­tica así como por la pro­li­fe­ra­ción de sus fero­ces diá­lo­gos, hoy día la pieza no resulta tan pro­vo­ca­dora pero eso no impide que su con­te­nido y valor intrín­seco per­ma­nez­can vigen­tes; eso jus­ti­fica que sea con­si­de­rada como uno de los gran­des clá­si­cos del tea­tro con­tem­po­rá­neo y que se siga repre­sen­tán­dola con cierta frecuencia.

Para quie­nes no hayan aún visto la pieza tea­tral ni el exce­lente film de Mike Nichols de 1966 con inol­vi­da­bles inter­pre­ta­cio­nes de Eli­za­beth Tay­lor y Richard Bur­ton, se puede anti­ci­par que el autor ubica a los per­so­na­jes en el salón de estar de un matri­mo­nio maduro inte­grado por George, un pro­fe­sor del depar­ta­mento de his­to­ria de una uni­ver­si­dad ame­ri­cana y Martha, su esposa que es a la vez hija del rec­tor; des­pués de una fiesta de pro­fe­so­res uni­ver­si­ta­rios deci­den pro­lon­gar la velada invi­tando a Nick, un joven pro­fe­sor del depar­ta­mento de bio­lo­gía de la misma uni­ver­si­dad y su esposa Honey.

Maude Guérin y Normand D´Amour (Foto de la Cia. Duceppe)

Maude Gué­rin y Nor­mand D´Amour (Foto de la Cia. Duceppe)

De la pre­misa expuesta el espec­ta­dor se encuen­tra sacu­dido por una des­car­nada car­ni­ce­ría psi­co­ló­gica que acon­tece en el esce­na­rio donde Albee no tiene com­pa­sión alguna para des­nu­dar la com­pleja natu­ra­leza de sus per­so­na­jes en toda su dimen­sión humana.

Como esta pieza se presta a dife­ren­tes lec­tu­ras, mucho depende de la visión de quien tiene a su cargo la puesta en escena para trans­mi­tirla. En tal sen­tido, el exce­lente direc­tor Serge Denon­court ha res­pe­tado el texto en su inte­gri­dad pero dotán­dolo de un con­te­nido sexual más explí­cito que en otras ver­sio­nes cono­ci­das aun­que siem­pre den­tro de un nivel decoroso.

Tanto Maude Gué­rin como Nor­man D’Amour han sabido trans­mi­tir la vio­len­cia des­car­nada de los sen­ti­mien­tos que anidan en Martha y George mediante una bata­lla cam­pal expre­sada por diá­lo­gos lace­ran­tes en que la humi­lla­ción del uno hacia el otro per­vive per­ma­nen­te­mente. Los acto­res refle­jan inten­sa­mente el dete­rioro de una pareja que ha con­vi­vido a tra­vés de los años mediante una qui­mera fan­ta­siosa en pugna per­ma­nente con la reali­dad cir­cun­dante. Gué­rin se pose­siona en cuerpo y alma de la mujer domi­na­dora que no tiene repa­ros en des­truir emo­cio­nal­mente a su marido así como D’Amour da en el justo tono como el com­pla­ciente, con­tem­pla­tivo y a veces paté­tico George que en última ins­tan­cia sabrá uti­li­zar la ven­ganza como su última carta de ata­que frente a la humi­lla­ción y aulli­dos furio­sos de su esposa. Pero si hay un momento de la pieza en que esa actua­ción estu­penda queda gra­bada en el público es cuando hacia el final, des­pués de haber exor­ci­zado sus demo­nios inter­nos, Martha y George per­ma­ne­cen por pri­mera vez uni­dos a tra­vés de un lazo de ter­nura hon­da­mente con­mo­ve­dor. En lo que con­cierne a Fra­nçois Dufour y Kim Des­pa­tis como la pareja invi­tada que no resulta ilesa de los exa­brup­tos de sus anfi­trio­nes, el pri­mero se desem­peña muy bien mien­tras que Des­pa­tis en el rol menos tras­cen­dente de la pieza des­en­tona al brin­dar a su per­so­naje un aspecto cómico bor­deando lo caricaturesco.

Con­clu­sión: Denon­court ha logrado una buena ver­sión de la obra de Albee que sigue reso­nando como un lamento impia­doso que retrata con valen­tía, cruel­dad y des­caro las frus­tra­cio­nes, sue­ños, mez­quin­da­des e hipo­cre­sías de sus per­so­na­jes así como la sole­dad y vacío que pro­duce la inco­mu­ni­ca­ción humana.

Un Buen Relato Depor­tivo y Social

MCFAR­LAND. Esta­dos Uni­dos, 2015. Un film de Niki Caro

Esta sen­si­ble pelí­cula de la rea­li­za­dora Niki Caro puede que sea obje­tada por ser sen­ti­men­tal, por tran­si­tar nue­va­mente en la pasión por el deporte y demos­trar de qué manera el triunfo del espí­ritu puede ope­rar mila­gros. Sin embargo, en su defensa puede arguirse que el film está basado en una his­to­ria real ocu­rrida no hace mucho tiempo atrás y que ade­más se des­taca por su manera pro­funda en des­cri­bir la exis­ten­cia coti­diana de una comu­ni­dad latina que rea­liza gran­des esfuer­zos para vivir dignamente.

Carlos Pratts y Kevin Kostner

Car­los Pratts y Kevin Kostner

La acción se ubica en 1987 y sigue los pasos del entre­na­dor de fút­bol ame­ri­cano Jim White (Kevin Kost­ner) quien por razo­nes dis­ci­pli­na­rias en la escuela donde tra­ba­jaba se ve obli­gado a des­pla­zarse con su señora Cheryl (Maria Bello) y sus dos hijas Julie (Mor­gan Say­lor) y Jamie (Elsie Fis­her) a McFar­land, una pequeña y empo­bre­cida región agrí­cola ubi­cada en el Valle Cen­tral de Cali­for­nia que está poblada mayo­ri­ta­ria­mente por habi­tan­tes lati­nos de ori­gen mexi­cano. El con­traste no puede ser mayor para un típico ciu­da­dano ame­ri­cano que habiendo gozado del con­fort de la clase media, tanto él como los suyos se sien­ten des­ubi­ca­dos frente a gente de baja con­di­ción social y en donde el espa­ñol, que él no domina, es la len­gua pre­do­mi­nante de esa pobla­ción. Afor­tu­na­da­mente logra con­se­guir un tra­bajo simi­lar al que tenía en una escuela de ense­ñanza media donde al poco tiempo observa la habi­li­dad de correr que tie­nen sus jóve­nes alum­nos. A pesar de no tener expe­rien­cia alguna en el cross-country, eso lo esti­mula para pre­pa­rar a estos estu­dian­tes en ese deporte para for­mar un equipo que pueda com­pe­tir exi­to­sa­mente en oca­sión de cam­peo­na­tos futu­ros. Si bien el direc­tor de la escuela (Valente Rodrí­guez) en prin­ci­pio no es muy favo­ra­ble a esa idea, lo cierto es que la pro­po­si­ción es acep­tada y final­mente se logra una for­ma­ción inte­grada con 7 dota­dos corre­do­res, inclu­yendo a Tho­mas (Car­los Pratts), el más rápido del grupo y que en prin­ci­pio se mues­tra dis­tante con Jim.

Aun­que lo que sobre­viene resulta fácil de pre­de­cir, la direc­tora se ha basado en hechos reales donde los per­so­na­jes con­ser­van los mis­mos nom­bres que sus prin­ci­pa­les pro­ta­go­nis­tas. En forma nada for­zada se con­tem­pla la trans­for­ma­ción de Jim y su fami­lia quie­nes sin­tién­dose al prin­ci­pio como sapos de otro pozo, lle­gan a superar las dife­ren­cias cul­tu­ra­les exis­ten­tes entre ellos y la gente que los rodea. Así, en varias esce­nas queda refle­jada la sor­presa de los ame­ri­ca­nos al des­cu­brir el calor humano ema­nado de humil­des tra­ba­ja­do­res que brin­dán­do­les genuino afecto les invi­tan a com­par­tir una comida e incluso ofre­cién­do­les parte de la misma para que la lle­ven a su hogar.

Des­cri­biendo la reali­dad social impe­rante, el relato expone cla­ra­mente las con­di­cio­nes en que la comu­ni­dad cam­pe­sina debe luchar ardua­mente en la explo­ta­ción agrí­cola donde para tal fin los hijos, desde la tem­prana ado­les­cen­cia, cons­ti­tu­yen una valiosa ayuda fami­liar; así se apre­cia cómo estos jóve­nes depor­tis­tas deben levan­tarse a altas horas de la madru­gada para tra­ba­jar la tie­rra antes de comen­zar la jor­nada esco­lar donde la misma cul­mi­nará con el entre­na­miento que Jim les imparte. Toda esa ilus­tra­ción es lo que brinda al relato una gran inten­si­dad donde en cierta forma pare­ce­ría que se está con­tem­plando un docu­men­tal antes que un film de ficción.

A pesar de que la his­to­ria des­cripta puede pres­tarse para la fácil mani­pu­la­ción del espec­ta­dor, la rea­li­za­dora evita endul­zarla para que la emo­ción que genera resulte com­ple­ta­mente natural.

Todas las inter­pre­ta­cio­nes se carac­te­ri­zan por su soli­dez pero si hubiese que hacer nom­bres entre los jóve­nes se dis­tin­guen Pratts y Ramiro Rodrí­guez. De todos modos, es nece­sa­rio des­ta­car la sobria y humana carac­te­ri­za­ción que Kost­ner logra de su per­so­naje brin­dando, posi­ble­mente, el mejor papel de su carrera como actor.

Impe­ca­ble es tam­bién la direc­ción de Niki Caro que ade­más de un film depor­tivo ha logrado un docu­mento social donde queda demos­trado el impor­tante papel desem­pe­ñado por los inmi­gran­tes en su con­tri­bu­ción al desa­rro­llo de la eco­no­mía estadounidense.

Con­clu­sión: Un film que siendo pre­vi­si­ble satis­face ple­na­mente como drama depor­tivo y docu­mento social.
Jorge Gut­man