Prosiguiendo con el ciclo de Classic Films y en ocasión del septuagésimo aniversario Cineplex repondrá otra de las magistrales películas del inolvidable realizador Alfred Hitchcock. Se trata de Dial M for Murder, filmada en 1954 en 3D y basada en la obra teatral homónima del dramaturgo británico Frederick Knott estrenada en 1952. La pieza fue representada con gran éxito internacionalmente, como así también lo fue su traslado a la pantalla.
Grace Kelly y Ray Milland
En una breve sinopsis puede adelantarse que la trama gira en torno de Tony Wendice (Ray Milland), un tenista profesional retirado que está casado con la adinerada Margot (Grace Kelly). Al saber que su mujer le es infiel con Mark Halliday (Robert Cummings), un escritor de novelas policiales, Wendice planea asesinarla para heredar su fortuna. Con el fin de lograr su propósito, el engañado marido recurre de los servicios de Charles Swanson (Anthony Dawson), un antiguo compañero de universidad, para que en su ausencia, mediante un ingenioso ardid la asesine. Como es de suponer nada resulta como estaba planeado.
Anthony Dawson y Grace Kelly
Con su acostumbrada maestría Hitchcock narra este drama generando un impactante suspenso gracias a su puesta escénica y por haber transmitido la riqueza del excelente guión del autor teatral y Charles Dorat. Teniendo en consideración que su desarrollo se efectúa prácticamente en casi un solo escenario, el director mediante un acertado empleo de su cámara en el disponible espacio imprime un ritmo fluido evitando que su narración resulte en teatro filmado.
Como es habitual, el inolvidable maestro ha convocado un competente elenco donde se destacan Ray Milland como el manipulador y confabulador del crimen, así como Grace Kelly efectúa un esmerado trabajo en su primera colaboración con Hitchcock.
En esencia, ésta es una de las grandes películas que admite su visión más de una vez y por lo tanto es bienvenida su reposición que se efectuará a partir del 15 de noviembre de 2024 en las salas de Cineplex
BIRD. Gran Bretaña, Un film escrito y dirigido por Andrea Arnold. 119 minutos
La versátil directora británica Andrea Arnold después de su logrado trabajo en American Honey (2016) retorna con Bird, abordando la historia de una chica en los umbrales de la adolescencia proveniente de una familia fracturada.
Nykiya Adams
La acción transcurre en Gravesend, un barrio de Kent ubicado al sudeste de Londres, donde Bailey (Nykiya Adams), una chica de 12 años, habita con su padre Bug (Barry Koeghan) y su hermanastro Hunter (Jason Edward Buda).
El medio en el que Bailey se desenvuelve dista de ser estimulante. Su padre si bien la quiere, no sabe cómo educarla; él es un hombre inmaduro completamente tatuado con animales y con una mentalidad semejante a la de un adolescente, no tiene empleo fijo y próximo a casarse con su reciente novia Kayleigh (Frankie Box).
Bailey comparte su tiempo con Hunter y sus dos pequeñas hermanastras que viven con su madre Peyton (Jasmine Jobson) quien está unida a un abusivo y violento hombre (James Nelson-Joyce). Asimismo, ella encuentra cierto solaz observando en la cama de su habitación los videos filmados con su celular poblados de imágenes primordialmente de pájaros, caballos y de gente que sale a su encuentro.
El mundo de desesperanza y frustración parece atenuarse cuando en una carretera conoce a Bird (Franz Rogowski), un extraño y misterioso individuo vestido con faldas, con quien entabla un vínculo especial. Queda la duda de saber si este personaje es real o bien forma parte de la imaginación de Bailey para salir de su encierro mental.
No es la primera vez que Arnold considera a adolescentes producto de familias disfuncionales y en esta oportunidad vuelve a realizarlo con sutileza valiéndose de legítimos recursos y evitando caer en un forzado sentimentalismo. Si bien el propósito de otorgarle a su relato un sentido poético entremezclando la realidad con algunas escenas de fantasía no está del todo logrado, eso no menoscaba la calidad del film.
Lo más relevante de Bird reside en su calificado elenco. Adams es todo un hallazgo en su excelente debut profesional; ella transmite acabadamente la vulnerabilidad que experimenta su personaje en su proceso de crecimiento hacia una etapa más avanzada de su vida,reflejando su primera menstruación y su crisis de identidad genérica. Similares elogios merece la humanidad desplegada por Koeghan como asimismo la convincente actuación de Rogowski como el real o imaginario excéntrico personaje imitando a un pájaro.
En esencia, Arnold logra un crudo drama realista que además de su competente nivel actoral se valoriza por la apreciable fotografía de Robbie Rya captando el panorama de Kent. Jorge Gutman
JUROR #2. Estados Unidos, 2024. Un film de Clint Eastwood. 114 minutos
Con sus 94 años a cuesta, la edad no se hace sentir en el veterano realizador Clint Eastwood según lo que se aprecia en Juror #2, un remarcable drama judicial imbuido de connotación moral.
Más de una vez el cine ha considerado los errores producidos bajo el mecanismo de un sistema judicial. Lo cierto es que resulta difícil precisar hasta dónde un jurado puede actuar de la manera más objetiva posible sin que influya la opinión basada en otros factores. Sin duda, esta situación la plantea con gran rigurosidad el realizador quien basado en el magnífico guión de Jonathan Abrahms, relata una historia de ficción aunque decididamente realista.
Nicholas Hoult
El relato está ambientado en el estado de Georgia, se centra en Justin Kemp (Nicholas Hoult), un honesto hombre casado cuya mujer Ally (Zoey Deutch) está en avanzado estado de gravidez. Él ha sido elegido como uno de los miembros de un jurado integrado por 11 personas que deben dictamina sobre la inocencia o culpabilidad de James Sythe (Gabriel Basso); se trata de ‚un violento hombre a quien se le acusa de haber asesinado a su enamorada Kendall Carter (Francesca Eastwood), después de una riña acaecida en un bar local en el transcurso de una noche lluviosa.
Es importante remarcar que a fin de resaltar la objetividad del jurado cada uno de los integrantes jura no haber tenido relación alguna con el inculpado ni con la víctima.
En el estrado judicial tanto la agresiva abogada fiscal Faith Killebrew (Toni Collette) como la defensa asumida por el abogado Eric Resnik (Chris Messina) exponen sus contrapuestos puntos de vista. Al prestar atención ar los alegatos que se van exponiendo en el juicio, Justin es presa de un estado emocional frente a un gran dilema moral que debe enfrentar. Es así que cuando llega el momento en que el jurado comienza el proceso de deliberación a él le atañe una gran responsabilidad al tener que emitir su voto.
Sería inapropiado revelar las alternativas que se plantean de las discusiones del jurado como asimismo el veredicto al que llegarán sus integrantes. Con todo lo que más trasciende en el film es comprobar cómo la ciega justicia puede ser manipulada desvirtuando la verdad, cuando entran a jugar el sentimiento de culpa como lo que apremia a Justin al tratar de preservar a su familia.
Eastwood nuevamente ratifica su talento de excepcional narrador exponiendo los conflictos morales y éticos que derivan de esta historia, muy bien transmitidos por la encomiable interpretación de Nicholas Hoult. En esencia, el realizador ofrece un conmovedor thriller nutrido de un pujante suspenso que se mantiene hasta el minuto final; en tal sentido la última escena permite que el invisible espectador se constituya como un miembro adicional del jurado emitiendo su opinión. En suma es deseable que el presente no sea el último trabajo del eminente realizador. Jorge Gutman
WHODO I BELONGTO. Túnez-Francia-Canadá, 2024. Un film escrito y dirigido por Meryam Joobeur. 118 minutos
Después de haber realizado varios apreciables cortometrajes, la tunecina-canadiense Meryam Joobeur debuta en el largo metraje con un perturbador drama familiar en Who do I Belong to.
Salha Nasraoui
Basado en su premiado corto metraje Brotherhood (2018) aunque con una perspectiva diferente, Joobeur ambienta la acción en una aldea al norte de Túnez donde vive el matrimonio de agricultores integrado por Brahim (Mohamed Hassine Grayaa) y Aïcha (Salha Nasraoui), con sus dos hijos adultos Mehdi (Malek Mechergui), Amine (Chaker Mechergui) y el menor Adam (Rayen Mechergui) de 8 años.
La rutinaria vida de la familia se altera cuando Mehdi y Amine dejan el hogar para unirse al grupo terrorista Isis en Siria. Eso no es algo inusual dado que después de la revolución de Túnez de 2011, se estima que aproximadamente 5000 hombres del país se han integrado a organizaciones extremistas.
La partida de sus hijos causa inmensa preocupación en la abnegada Aïcha en tanto que su marido la culpa por la educación que les brindó. Entretanto la mujer trata de ocultar a Adam de la huida de sus hermanos haciéndole saber que emigraron a Italia. Después de varios meses sin tener noticias de ellos, inesperadamente Mehdi regresa a la granja con Reem (Dea Liane), una enigmática joven que se encuentra grávida y porta un niqab que le cubre el rostro; en tanto que Amine sigue ausente presumiendo que posiblemente haya muerto en la guerra.
La extraña personalidad de Reem que motiva a que Aïcha tenga que aceptarla en el núcleo familiar así como Mehdi acarreando un síndrome post traumático y ocultándose para que los vecinos de la aldea no sepan de su retorno, va creando un clima de latente violencia sin que la misma se vislumbre en imágenes. Gradualmente el relato se impregna de elementos surrealistas y simbolismos que resaltan los efectos subyacentes de la guerra.
Con una meticulosa puesta en escena, la cámara de la realizadora asistida por la esmerada fotografía de Vincent Gonneville va captando en primeros planos los rostros de sus principales personajes expresando las diferentes emociones que les embarga, como asimismo refleja el ambiente claustrofóbico en que se desarrolla gran parte del relato; eso se complementa con las tomas captadas de los bellos paisajes de la zona campestre cercanos al mar.
Dentro de un elenco en el que la actuación natural de sus integrantes adquiere plena autenticidad, resalta la presencia de Nasraoui quien convincentemente transmite el dolor y sufrimiento de una madre entrañable que se desvive por sus hijos y que se vuelve vulnerable por la incertidumbre que acecha a su familia.
Queda como resultado un impactante drama que aunque no alcance el nivel de perfección, es de todos modos meritorio; en el mismo se revela la madurez de la novel realizadora resaltando las consecuencias colaterales de una familia por la sangrienta violencia desatada por el extremista grupo radical Estado Islámico. Es importante consignar que según lo manifestado por la directora lo que se aprecia en el film es un reflejo del radicalismo imperante en Túnez y que impera en otras regiones del mundo. Jorge Gutman
A continuación se ofrece un breve comentario de tres películas que se presentan en Cinemania, festival que se desarrolla en Montreal hasta el 17 de noviembre.
Vingt Dieux (Francia)
Louise Courvoisier causa muy buena impresión en su ópera prima describiendo las vicisitudes de un adolescente que se encuentra con el enorme dilema acerca de cómo encarar su vida frente a un inesperado suceso.
El guión de la novel cineasta compartido con Theo Abadie presenta a Totone (Clément Faveau) un muchacho de 18 años que habita en la región rural de Jura, ubicada al sudeste de Francia. A dicha edad, su vida transcurre despreocupadamente saliendo con sus amigos de infancia Jean-Yves (Mathis Bernard) y Francis (Dimitri Baudry), soliendo concurrir a fiestas, disfrutar de tragos alcohólicos y tratar de abordar algunas chicas con quienes intimar. Él vive con Claire (Luna Garret), su hermanita de 7 años, y su padre quien es dueño de una pequeña manufactura de quesos. Inesperadamente su risueña existencia se descompagina cuando su progenitor muere accidentalmente y en consecuencia queda a la deriva, sin recursos pecuniarios y sabiendo que tiene la responsabilidad de cuidar de Claire.
Es así que para proveerse de un ingreso se encuentra obligado a vender las instalaciones agrícolas de su padre; con todo hay una oportunidad que se presenta cuando en la zona se organiza un concurso con un premio de 30.000 euros para quien elabore el mejor queso regional. En consecuencia, con la colaboración de sus amigos y el apoyo moral de Claire, Totone comienza a preparar dicho producto pero para ello deberá proveerse de leche de buena calidad que precisamente la produce la joven granjera Marie-Lise (Maiwene Barthelemy), con quien mantiene un vínculo romántico.
La joven directora que creció en una granja de Jura, logra un buen retrato de la vida rural a la vez que permite conocer detalles no muy conocidos sobre la elaboración de buenos quesos. En todo caso, lo más trascendente del relato es el proceso de maduración experimentado por Totone frente a las vicisitudes atravesadas.
Sin mayor pretensión, Courvoisier obtiene una sencilla comedia dramática que aunque predecible está convincentemente realizada, genuinamente actuada por intérpretes no profesionales y nutrida de un especial encanto que permite la fácil identificación con sus juveniles personajes.
Les Barbares (Francia)
La excelente actriz y remarcable directora Julie Delpy, vuelve a deleitar con una comedia escrita, dirigida y protagonizada por ella abordando las vicisitudes atravesadas por una familia de refugiados.
El film transcurre en Paimpont, un pequeño pueblo rural enclavado en la región de la Bretaña francesa. Organizado por Joëlle (Delpy) la progresista maestra de la región, se aguarda la llegada de un contingente de refugiados procedentes de Ucrania. Sin embargo debido a que otras comunidades cercanas ya han recibido a ucranianos, el alcalde del pueblo (Jean-Charles Clichet) comunica que los refugiados son sirios, a quienes se les dará la bienvenida. Se trata de la familia Fayad que escapó de la cruel guerra que por largos años azota a Siria. En consecuencia la apacible y tranquila vida de los aldeanos de Paimpont se ve alterada frente a esta sorpresa, provocando la negativa reacción de algunos fervientes racistas.
La recién llegada familia está integrada por el arquitecto Marwan (Ziad Bakri), su diseñadora gráfica esposa Louna (Dalia Naous), su hermana doctora Alma (Rita Hayek), su padre Hassan (Helou Fares) y los dos niños Dina (Ninar) y Wael (Adam) del matrimonio. Todos ellos vuelcan sus esfuerzos por integrarse al nuevo medio, aprendiendo el idioma, aceptando trabajos de baja remuneración y tratando de ser pacientes con los intolerantes del pueblo, entre ellos Hervé (Laurent Lafitte) que es el plomero del pueblo deseoso de evitar que los sirios permanezcan indefinidamente; la misma idea predomina en Philippe, el alcohólico marido (Mathieu Demy) de Julie (Sandrine Kiberlain), la gran amiga de Joëlle, quien sospecha de quienquiera pueda ser árabe o musulmán; simultáneamente hay quienes adoptan una actitud contemporizadora demostrando en última instancia un sentimiento solidario, como es el caso del granjero Yves (Albert Dellpy).
Dicho lo que precede, la directora logra una comedia nutrida de situaciones risueñas combinada con la seriedad del tema subyacente, efectuando una velada crítica de los prejuicios, racismo y xenofobia imperantes en la imaginaria población descripta pero que constituye un espejo de lo que acontece en Francia con refugiados musulmanes. Con un intachable elenco, sagaz guión nutrido de efectivos diálogos y una impecable puesta escénica, el cinéfilo disfruta de un muy buen film,
La Femme Cachée (Canadá)
Después de haber realizado Montréal La Blanche (2016), el dramaturgo Bachir Bensaddek retorna con un remarcable drama psicológico escrito por él junto con la gionista María Camila Arias.
La mujer oculta, aludiendo al título del film, es Halima (Nailia Harzoune) quien nacida en Francia de padres argelinos ha dejado a su familia varios años atrás para residir en Quebec. Las primeras imágenes muestran a una familia bien constituida con Halima felizmente casada con el quebequense Sylvain (Antoine Bertrand) y padres de la pequeña Léa (Athéna Henry). Cabe mencionar que Halima ocultó a su esposo, la existencia de sus familiares, haciéndole creer que creció viviendo en diferentes hogares de acogida.
Cuando Halima queda embarazada de un varón, es inmensa la alegría del noble marido y de la adorable Lea; sin embargo a partir de entonces ella comienza a estar perturbada por terribles pesadillas que la afectan tanto de noche como de día. Al ser observada por Silvain, ella le confiesa la existencia de sus familiares y al propio tiempo le manifiesta que le urge viajar a Francia para visitarlos, aunque su real intención es saldar cuentas pendientes del pasado; debido a su avanzada gestación, Sylvain la acompaña junto con Léa.
Al llegar a la casa de su infancia en Montpellier ‑sur de Francia‑, Halima es recibida por su madre (Fatma-Zohra Mimouni) y su padre (Rabah Bouberras), quienes conocen a su yerno y a la nietita. Durante esa estadía el relato va generando una atmósfera tóxica cuando ella reencuentra a sus hermanos y hermanas, en las que se revelan nefastos secretos que han motivado el trauma que la aqueja. Es entonces cuando Sylvain llega a comprender las razones por las que su esposa ha quedado gravemente perturbada.
No obstante que se trata de un relato de ficción, lo cierto es que lo expuesto demuestra cómo los daños infligidos durante la infancia repercuten traumáticamente en la vida adulta de una persona. Con delicadeza Bensaddek aborda este tema sin caer en lo escabroso ni en el sensacionalismo; mediante una elocuente indagación psicológica, el realizador se adentra acabadamente en la personalidad de la atormentada Halima, quien aguardando a su segundo hijo procura lograr una catarsis a fin de avizorar el futuro con optimismo al amparo de su propia familia . Dentro del calificado elenco, es excelente la caracterización de Harzune animando a su complejo personaje; elogios similares merece Bertrand quien impecablemente compone al entrañable marido, en tanto que merece elogios la versatilidad de la pequeña Athéna seduciendo con su espontaneidad y dulzura