La Lla­ma­da Fatal

DIAL M FOR MURDER

Pro­si­guien­do con el ciclo de Clas­sic Films y en oca­sión del sep­tua­gé­si­mo ani­ver­sa­rio Cine­plex repon­drá otra de las magis­tra­les pelí­cu­las del inol­vi­da­ble rea­li­za­dor Alfred Hitch­cock. Se tra­ta de Dial M for Mur­der, fil­ma­da en 1954 en 3D y basa­da en la obra tea­tral homó­ni­ma del dra­ma­tur­go bri­tá­ni­co Fre­de­rick Knott estre­na­da en 1952. La pie­za fue repre­sen­ta­da con gran éxi­to inter­na­cio­nal­men­te, como así tam­bién lo fue su tras­la­do a la pantalla.

Gra­ce Kelly y Ray Milland

En una bre­ve sinop­sis pue­de ade­lan­tar­se que la tra­ma gira en torno de Tony Wen­di­ce (Ray Milland), un tenis­ta pro­fe­sio­nal reti­ra­do que está casa­do con la adi­ne­ra­da Mar­got (Gra­ce Kelly). Al saber que su mujer le es infiel con Mark Halli­day (Robert Cum­mings), un escri­tor de nove­las poli­cia­les, Wen­di­ce pla­nea ase­si­nar­la para here­dar su for­tu­na. Con el fin de lograr su pro­pó­si­to, el enga­ña­do mari­do recu­rre de los ser­vi­cios de Char­les Swan­son (Anthony Daw­son), un anti­guo com­pa­ñe­ro de uni­ver­si­dad, para que en su ausen­cia, median­te un inge­nio­so ardid la ase­si­ne. Como es de supo­ner nada resul­ta como esta­ba planeado.

Anthony Daw­son y Gra­ce Kelly

Con su acos­tum­bra­da maes­tría Hitch­cock narra este dra­ma gene­ran­do un impac­tan­te sus­pen­so gra­cias a su pues­ta escé­ni­ca y por haber trans­mi­ti­do la rique­za del exce­len­te guión del autor tea­tral y Char­les Dorat. Tenien­do en con­si­de­ra­ción que su desa­rro­llo se efec­túa prác­ti­ca­men­te en casi un solo esce­na­rio, el direc­tor median­te un acer­ta­do empleo de su cáma­ra en el dis­po­ni­ble espa­cio impri­me un rit­mo flui­do evi­tan­do que su narra­ción resul­te en tea­tro filmado.

Como es habi­tual, el inol­vi­da­ble maes­tro ha con­vo­ca­do un com­pe­ten­te elen­co don­de se des­ta­can Ray Milland como el mani­pu­la­dor y con­fa­bu­la­dor del cri­men, así como Gra­ce Kelly efec­túa un esme­ra­do tra­ba­jo en su pri­me­ra cola­bo­ra­ción con Hitchcock.

En esen­cia, ésta es una de las gran­des pelí­cu­las que admi­te su visión más de una vez y por lo tan­to es bien­ve­ni­da su repo­si­ción que se efec­tua­rá a par­tir del 15 de noviem­bre de 2024 en las salas de Cine­plex

Cru­do Dra­ma Realista

BIRD. Gran Bre­ta­ña, Un film escri­to y diri­gi­do por Andrea Arnold. 119 minutos

La ver­sá­til direc­to­ra bri­tá­ni­ca Andrea Arnold des­pués de su logra­do tra­ba­jo en Ame­ri­can Honey (2016) retor­na con Bird, abor­dan­do la his­to­ria de una chi­ca en los umbra­les de la ado­les­cen­cia pro­ve­nien­te de una fami­lia fracturada.

Nyki­ya Adams

La acción trans­cu­rre en Gra­ve­send, un barrio de Kent ubi­ca­do al sudes­te de Lon­dres, don­de Bai­ley (Nyki­ya Adams), una chi­ca de 12 años, habi­ta con su padre Bug (Barry Koeghan) y su her­ma­nas­tro Hun­ter (Jason Edward Buda).

El medio en el que Bai­ley se des­en­vuel­ve dis­ta de ser esti­mu­lan­te. Su padre si bien la quie­re, no sabe cómo edu­car­la; él es un hom­bre inma­du­ro com­ple­ta­men­te tatua­do con ani­ma­les y con una men­ta­li­dad seme­jan­te a la de un ado­les­cen­te, no tie­ne empleo fijo y pró­xi­mo a casar­se con su recien­te novia Kay­leigh (Fran­kie Box).

Bai­ley com­par­te su tiem­po con Hun­ter y sus dos peque­ñas her­ma­nas­tras que viven con su madre Pey­ton (Jas­mi­ne Job­son) quien está uni­da a un abu­si­vo y vio­len­to hom­bre (James Nel­son-Joy­ce). Asi­mis­mo, ella encuen­tra cier­to solaz obser­van­do en la cama de su habi­ta­ción los videos fil­ma­dos con su celu­lar pobla­dos de imá­ge­nes pri­mor­dial­men­te de pája­ros, caba­llos y de gen­te que sale a su encuentro.

El mun­do de des­es­pe­ran­za y frus­tra­ción pare­ce ate­nuar­se cuan­do en una carre­te­ra cono­ce a Bird (Franz Rogows­ki), un extra­ño y mis­te­rio­so indi­vi­duo ves­ti­do con fal­das, con quien enta­bla un víncu­lo espe­cial. Que­da la duda de saber si este per­so­na­je es real o bien for­ma par­te de la ima­gi­na­ción de Bai­ley para salir de su encie­rro mental.

No es la pri­me­ra vez que Arnold con­si­de­ra a ado­les­cen­tes pro­duc­to de fami­lias dis­fun­cio­na­les y en esta opor­tu­ni­dad vuel­ve a rea­li­zar­lo con suti­le­za valién­do­se de legí­ti­mos recur­sos y evi­tan­do caer en un for­za­do sen­ti­men­ta­lis­mo. Si bien el pro­pó­si­to de otor­gar­le a su rela­to un sen­ti­do poé­ti­co entre­mez­clan­do la reali­dad con algu­nas esce­nas de fan­ta­sía no está del todo logra­do, eso no menos­ca­ba la cali­dad del film.

Lo más rele­van­te de Bird  resi­de en su cali­fi­ca­do elen­co. Adams es todo un hallaz­go en su exce­len­te debut pro­fe­sio­nal; ella trans­mi­te aca­ba­da­men­te la vul­ne­ra­bi­li­dad que expe­ri­men­ta su per­so­na­je en su pro­ce­so de cre­ci­mien­to hacia una eta­pa más avan­za­da de su vida,reflejando su pri­me­ra mens­trua­ción y su cri­sis de iden­ti­dad gené­ri­ca. Simi­la­res elo­gios mere­ce la huma­ni­dad des­ple­ga­da por Koeghan como asi­mis­mo la con­vin­cen­te actua­ción de Rogows­ki como el real o ima­gi­na­rio excén­tri­co per­so­na­je imi­tan­do a un pájaro.

En esen­cia, Arnold logra un cru­do dra­ma rea­lis­ta que ade­más de su com­pe­ten­te nivel acto­ral se valo­ri­za por la apre­cia­ble foto­gra­fía de Rob­bie Rya cap­tan­do el pano­ra­ma de Kent. Jor­ge Gutman 

Remar­ca­ble Dra­ma Judicial

JUROR #2. Esta­dos Uni­dos, 2024. Un film de Clint East­wood. 114 minutos

Con sus 94 años a cues­ta, la edad no se hace sen­tir en el vete­rano rea­li­za­dor Clint East­wood según lo que se apre­cia en Juror #2, un remar­ca­ble dra­ma judi­cial imbui­do de con­no­ta­ción moral.

Más de una vez el cine ha con­si­de­ra­do los erro­res pro­du­ci­dos bajo el meca­nis­mo de un sis­te­ma judi­cial. Lo cier­to es que resul­ta difí­cil pre­ci­sar has­ta dón­de un jura­do pue­de actuar de la mane­ra más obje­ti­va posi­ble sin que influ­ya la opi­nión basa­da en otros fac­to­res. Sin duda, esta situa­ción la plan­tea con gran rigu­ro­si­dad el rea­li­za­dor quien basa­do en el mag­ní­fi­co guión de Jonathan Abrahms, rela­ta una his­to­ria de fic­ción aun­que deci­di­da­men­te realista.

Nicho­las Hoult

El rela­to está ambien­ta­do en el esta­do de Geor­gia, se cen­tra en Jus­tin Kemp (Nicho­las Hoult), un hones­to hom­bre casa­do cuya mujer Ally (Zoey Deu­tch) está en avan­za­do esta­do de gra­vi­dez. Él ha sido ele­gi­do como uno de los miem­bros de un jura­do inte­gra­do por 11 per­so­nas que deben dic­ta­mi­na sobre la ino­cen­cia o cul­pa­bi­li­dad de James Sythe (Gabriel Bas­so); se tra­ta de ‚un vio­len­to hom­bre a quien se le acu­sa de haber ase­si­na­do a su ena­mo­ra­da Ken­dall Car­ter (Fran­ces­ca East­wood), des­pués de una riña acae­ci­da en un bar local en el trans­cur­so de una noche lluviosa.

Es impor­tan­te remar­car que a fin de resal­tar la obje­ti­vi­dad del jura­do cada uno de los inte­gran­tes jura no haber teni­do rela­ción algu­na con el incul­pa­do ni con la víctima.

En el estra­do judi­cial tan­to la agre­si­va abo­ga­da fis­cal Faith Kille­brew (Toni Collet­te) como la defen­sa asu­mi­da por el abo­ga­do Eric Res­nik (Chris Mes­si­na) expo­nen sus con­tra­pues­tos pun­tos de vis­ta. Al pres­tar aten­ción ar los ale­ga­tos que se van expo­nien­do en el jui­cio, Jus­tin es pre­sa de un esta­do emo­cio­nal fren­te a un gran dile­ma moral que debe enfren­tar. Es así que cuan­do lle­ga el momen­to en que el jura­do comien­za el pro­ce­so de deli­be­ra­ción a él le ata­ñe una gran res­pon­sa­bi­li­dad al tener que emi­tir su voto.

Sería inapro­pia­do reve­lar las alter­na­ti­vas que se plan­tean de las dis­cu­sio­nes del jura­do como asi­mis­mo el vere­dic­to al que lle­ga­rán sus inte­gran­tes. Con todo lo que más tras­cien­de en el film es com­pro­bar cómo la cie­ga jus­ti­cia pue­de ser mani­pu­la­da des­vir­tuan­do la ver­dad, cuan­do entran a jugar el sen­ti­mien­to de cul­pa como lo que apre­mia a Jus­tin al tra­tar de pre­ser­var a su familia.

East­wood nue­va­men­te rati­fi­ca su talen­to de excep­cio­nal narra­dor expo­nien­do los con­flic­tos mora­les y éti­cos que deri­van de esta his­to­ria, muy bien trans­mi­ti­dos por la enco­mia­ble inter­pre­ta­ción de Nicho­las Hoult. En esen­cia, el rea­li­za­dor ofre­ce un con­mo­ve­dor thri­ller nutri­do de un pujan­te sus­pen­so que se man­tie­ne has­ta el minu­to final; en tal sen­ti­do la últi­ma esce­na per­mi­te que el invi­si­ble espec­ta­dor se cons­ti­tu­ya como un miem­bro adi­cio­nal del jura­do emi­tien­do su opi­nión. En suma es desea­ble que el pre­sen­te no sea el últi­mo tra­ba­jo del emi­nen­te rea­li­za­dor. Jor­ge Gutman

Impac­tan­te Dra­ma Familiar

WHO DO I BELONG TO. Túnez-Fran­cia-Cana­dá, 2024. Un film escri­to y diri­gi­do por Mer­yam Joo­beur. 118 minutos

Des­pués de haber rea­li­za­do varios apre­cia­bles cor­to­me­tra­jes, la tune­ci­na-cana­dien­se Mer­yam Joo­beur debu­ta en el lar­go metra­je con un per­tur­ba­dor dra­ma fami­liar en Who do I Belong to.

Salha Nas­raoui

Basa­do en su pre­mia­do cor­to metra­je Brotherhood (2018) aun­que con una pers­pec­ti­va dife­ren­te, Joo­beur ambien­ta la acción en una aldea al nor­te de Túnez don­de vive el matri­mo­nio de agri­cul­to­res inte­gra­do por Brahim (Moha­med Has­si­ne Gra­yaa) y Aïcha (Salha Nas­raoui), con sus dos hijos adul­tos Meh­di (Malek Mecher­gui), Ami­ne (Cha­ker Mecher­gui) y el menor Adam (Rayen Mecher­gui) de 8 años.

La ruti­na­ria vida de la fami­lia se alte­ra cuan­do Meh­di y Ami­ne dejan el hogar para unir­se al gru­po terro­ris­ta Isis en Siria. Eso no es algo inusual dado que des­pués de la revo­lu­ción de Túnez de 2011, se esti­ma que apro­xi­ma­da­men­te 5000 hom­bres del país se han inte­gra­do a orga­ni­za­cio­nes extremistas.

La par­ti­da de sus hijos cau­sa inmen­sa preo­cu­pa­ción en la abne­ga­da Aïcha en tan­to que su mari­do la cul­pa por la edu­ca­ción que les brin­dó. Entre­tan­to la mujer tra­ta de ocul­tar a Adam de la hui­da de sus her­ma­nos hacién­do­le saber que emi­gra­ron a Ita­lia. Des­pués de varios meses sin tener noti­cias de ellos, ines­pe­ra­da­men­te Meh­di regre­sa a la gran­ja con Reem (Dea Lia­ne), una enig­má­ti­ca joven que se encuen­tra grá­vi­da y por­ta un niqab que le cubre el ros­tro; en tan­to que Ami­ne sigue ausen­te pre­su­mien­do que posi­ble­men­te haya muer­to en la guerra.

La extra­ña per­so­na­li­dad de Reem que moti­va a que Aïcha ten­ga que acep­tar­la en el núcleo fami­liar así como Meh­di aca­rrean­do un sín­dro­me post trau­má­ti­co y ocul­tán­do­se para que los veci­nos de la aldea no sepan de su retorno, va crean­do un cli­ma de laten­te vio­len­cia sin que la mis­ma se vis­lum­bre en imá­ge­nes. Gra­dual­men­te el rela­to se impreg­na de ele­men­tos surrea­lis­tas y sim­bo­lis­mos que resal­tan los efec­tos sub­ya­cen­tes de la guerra.

Con una meticu­losa pues­ta en esce­na, la cáma­ra de la rea­li­za­do­ra asis­ti­da por la esme­ra­da foto­gra­fía de Vin­cent Gon­ne­vi­lle va cap­tan­do en pri­me­ros pla­nos los ros­tros de sus prin­ci­pa­les per­so­na­jes expre­san­do las dife­ren­tes emo­cio­nes que les embar­ga, como asi­mis­mo refle­ja el ambien­te claus­tro­fó­bi­co en que se desa­rro­lla gran par­te del rela­to; eso se com­ple­men­ta con las tomas cap­ta­das de los bellos pai­sa­jes de la zona cam­pes­tre cer­ca­nos al mar.

Den­tro de un elen­co en el que la actua­ción natu­ral de sus inte­gran­tes adquie­re ple­na auten­ti­ci­dad, resal­ta la pre­sen­cia de Nas­raoui quien con­vin­cen­te­men­te trans­mi­te el dolor y sufri­mien­to de una madre entra­ña­ble que se des­vi­ve por sus hijos y que se vuel­ve vul­ne­ra­ble por la incer­ti­dum­bre que ace­cha a su familia.

Que­da como resul­ta­do un impac­tan­te dra­ma que aun­que no alcan­ce el nivel de per­fec­ción, es de todos modos meri­to­rio; en el mis­mo se reve­la la madu­rez de la novel rea­li­za­do­ra resal­tan­do las con­se­cuen­cias cola­te­ra­les de una fami­lia por la san­grien­ta vio­len­cia des­ata­da por el extre­mis­ta gru­po radi­cal Esta­do Islá­mi­co. Es impor­tan­te con­sig­nar que según lo mani­fes­ta­do por la direc­to­ra lo que se apre­cia en el film es un refle­jo del radi­ca­lis­mo impe­ran­te en Túnez y que impe­ra en otras regio­nes del mundo.
Jor­ge Gutman

Cine­ma­nia 2024 (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

A con­ti­nua­ción se ofre­ce un bre­ve comen­ta­rio de tres pelí­cu­las que se pre­sen­tan en Cine­ma­nia, fes­ti­val que se desa­rro­lla en Mon­treal has­ta el 17 de noviembre.

Vingt Dieux (Fran­cia)

Loui­se Cour­voi­sier cau­sa muy bue­na impre­sión en su ópe­ra pri­ma des­cri­bien­do las vici­si­tu­des de un ado­les­cen­te que se encuen­tra con el enor­me dile­ma acer­ca de cómo enca­rar su vida fren­te a un ines­pe­ra­do suceso.

El guión de la novel cineas­ta com­par­ti­do con Theo Aba­die pre­sen­ta a Toto­ne (Clé­ment Faveau) un mucha­cho de 18 años que habi­ta en la región rural de Jura, ubi­ca­da al sudes­te de Fran­cia. A dicha edad, su vida trans­cu­rre des­preo­cu­pa­da­men­te salien­do con sus ami­gos de infan­cia Jean-Yves (Mathis Ber­nard) y Fran­cis (Dimi­tri Baudry), solien­do con­cu­rrir a fies­tas, dis­fru­tar de tra­gos alcohó­li­cos y tra­tar de abor­dar algu­nas chi­cas con quie­nes inti­mar. Él vive con Clai­re (Luna Garret), su her­ma­ni­ta de 7 años, y su padre quien es due­ño de una peque­ña manu­fac­tu­ra de que­sos. Ines­pe­ra­da­men­te su risue­ña exis­ten­cia se des­com­pa­gi­na cuan­do su pro­ge­ni­tor mue­re acci­den­tal­men­te y en con­se­cuen­cia que­da a la deri­va, sin recur­sos pecu­nia­rios y sabien­do que tie­ne la res­pon­sa­bi­li­dad de cui­dar de Claire.

Es así que para pro­veer­se de un ingre­so se encuen­tra obli­ga­do a ven­der las ins­ta­la­cio­nes agrí­co­las de su padre; con todo hay una opor­tu­ni­dad que se pre­sen­ta cuan­do en la zona se orga­ni­za un con­cur­so con un pre­mio de 30.000 euros para quien ela­bo­re el mejor que­so regio­nal. En con­se­cuen­cia, con la cola­bo­ra­ción de sus ami­gos y el apo­yo moral de Clai­re, Toto­ne comien­za a pre­pa­rar dicho pro­duc­to pero para ello debe­rá pro­veer­se de leche de bue­na cali­dad que pre­ci­sa­men­te la pro­du­ce la joven gran­je­ra Marie-Lise (Mai­we­ne Barthe­lemy), con quien man­tie­ne un víncu­lo romántico.

La joven direc­to­ra que cre­ció en una gran­ja de Jura, logra un buen retra­to de la vida rural a la vez que per­mi­te cono­cer deta­lles no muy cono­ci­dos sobre la ela­bo­ra­ción de bue­nos que­sos. En todo caso, lo más tras­cen­den­te del rela­to es el pro­ce­so de madu­ra­ción expe­ri­men­ta­do por Toto­ne fren­te a las vici­si­tu­des atravesadas.

Sin mayor pre­ten­sión, Cour­voi­sier obtie­ne una sen­ci­lla come­dia dra­má­ti­ca que aun­que pre­de­ci­ble está con­vin­cen­te­men­te rea­li­za­da, genui­na­men­te actua­da por intér­pre­tes no pro­fe­sio­na­les y nutri­da de un espe­cial encan­to que per­mi­te la fácil iden­ti­fi­ca­ción con sus juve­ni­les personajes.

Les Bar­ba­res (Fran­cia)

La exce­len­te actriz y remar­ca­ble direc­to­ra Julie Delpy, vuel­ve a delei­tar con una come­dia escri­ta, diri­gi­da y pro­ta­go­ni­za­da por ella abor­dan­do las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por una fami­lia de refugiados.

El film trans­cu­rre en Paim­pont, un peque­ño pue­blo rural encla­va­do en la región de la Bre­ta­ña fran­ce­sa. Orga­ni­za­do por Joë­lle (Delpy) la pro­gre­sis­ta maes­tra de la región, se aguar­da la lle­ga­da de un con­tin­gen­te de refu­gia­dos pro­ce­den­tes de Ucra­nia. Sin embar­go debi­do a que otras comu­ni­da­des cer­ca­nas ya han reci­bi­do a ucra­nia­nos, el alcal­de del pue­blo (Jean-Char­les Cli­chet) comu­ni­ca que los refu­gia­dos son sirios, a quie­nes se les dará la bien­ve­ni­da. Se tra­ta de la fami­lia Fayad que esca­pó de la cruel gue­rra que por lar­gos años azo­ta a Siria. En con­se­cuen­cia la apa­ci­ble y tran­qui­la vida de los aldea­nos de Paim­pont se ve alte­ra­da fren­te a esta sor­pre­sa, pro­vo­can­do la nega­ti­va reac­ción de algu­nos fer­vien­tes racistas.

La recién lle­ga­da fami­lia está inte­gra­da por el arqui­tec­to Mar­wan (Ziad Bakri), su dise­ña­do­ra grá­fi­ca espo­sa Lou­na (Dalia Naous), su her­ma­na doc­to­ra Alma (Rita Hayek), su padre Has­san (Helou Fares) y los dos niños Dina (Ninar) y Wael (Adam) del matri­mo­nio. Todos ellos vuel­can sus esfuer­zos por inte­grar­se al nue­vo medio, apren­dien­do el idio­ma, acep­tan­do tra­ba­jos de baja remu­ne­ra­ción y tra­tan­do de ser pacien­tes con los into­le­ran­tes del pue­blo, entre ellos Her­vé (Lau­rent Lafit­te) que es el plo­me­ro del pue­blo deseo­so de evi­tar que los sirios per­ma­nez­can inde­fi­ni­da­men­te; la mis­ma idea pre­do­mi­na en Phi­lip­pe, el alcohó­li­co mari­do (Mathieu Demy) de Julie (San­dri­ne Kiber­lain), la gran ami­ga de Joë­lle, quien sos­pe­cha de quien­quie­ra pue­da ser ára­be o musul­mán; simul­tá­nea­men­te hay quie­nes adop­tan una acti­tud con­tem­po­ri­za­do­ra demos­tran­do en últi­ma ins­tan­cia un sen­ti­mien­to soli­da­rio, como es el caso del gran­je­ro Yves (Albert Dellpy).

Dicho lo que pre­ce­de, la direc­to­ra logra una come­dia nutri­da de situa­cio­nes risue­ñas com­bi­na­da con la serie­dad del tema sub­ya­cen­te, efec­tuan­do una vela­da crí­ti­ca de los pre­jui­cios, racis­mo y xeno­fo­bia impe­ran­tes en la ima­gi­na­ria pobla­ción des­crip­ta pero que cons­ti­tu­ye un espe­jo de lo que acon­te­ce en Fran­cia con refu­gia­dos musul­ma­nes. Con un inta­cha­ble elen­co, sagaz guión nutri­do de efec­ti­vos diá­lo­gos y una impe­ca­ble pues­ta escé­ni­ca, el ciné­fi­lo dis­fru­ta de un muy buen film,

La Fem­me Cachée (Cana­dá)

Des­pués de haber rea­li­za­do Mon­tréal La Blan­che (2016), el dra­ma­tur­go Bachir Ben­sad­dek retor­na con un remar­ca­ble dra­ma psi­co­ló­gi­co escri­to por él jun­to con la gio­nis­ta María Cami­la Arias.

La mujer ocul­ta, alu­dien­do al títu­lo del film, es Hali­ma (Nai­lia Har­zou­ne) quien naci­da en Fran­cia de padres arge­li­nos ha deja­do a su fami­lia varios años atrás para resi­dir en Que­bec. Las pri­me­ras imá­ge­nes mues­tran a una fami­lia bien cons­ti­tui­da con Hali­ma feliz­men­te casa­da con el que­be­quen­se Syl­vain (Antoi­ne Ber­trand) y padres de la peque­ña Léa (Athé­na Henry). Cabe men­cio­nar que Hali­ma ocul­tó a su espo­so, la exis­ten­cia de sus fami­lia­res, hacién­do­le creer que cre­ció vivien­do en dife­ren­tes hoga­res de acogida.

Cuan­do Hali­ma que­da emba­ra­za­da de un varón, es inmen­sa la ale­gría del noble mari­do y de la ado­ra­ble Lea; sin embar­go a par­tir de enton­ces ella comien­za a estar per­tur­ba­da por terri­bles pesa­di­llas que la afec­tan tan­to de noche como de día. Al ser obser­va­da por Sil­vain, ella le con­fie­sa la exis­ten­cia de sus fami­lia­res y al pro­pio tiem­po le mani­fies­ta que le urge via­jar a Fran­cia para visi­tar­los, aun­que su real inten­ción es sal­dar cuen­tas pen­dien­tes del pasa­do; debi­do a su avan­za­da ges­ta­ción, Syl­vain la acom­pa­ña jun­to con Léa.

Al lle­gar a la casa de su infan­cia en Mont­pe­llier ‑sur de Francia‑, Hali­ma es reci­bi­da por su madre (Fat­ma-Zoh­ra Mimou­ni) y su padre (Rabah Bou­be­rras), quie­nes cono­cen a su yerno y a la nie­ti­ta. Duran­te esa esta­día el rela­to va gene­ran­do una atmós­fe­ra tóxi­ca cuan­do ella reen­cuen­tra a sus her­ma­nos y her­ma­nas, en las que se reve­lan nefas­tos secre­tos que han moti­va­do el trau­ma que la aque­ja. Es enton­ces cuan­do Syl­vain lle­ga a com­pren­der las razo­nes por las que su espo­sa ha que­da­do gra­ve­men­te perturbada.

No obs­tan­te que se tra­ta de un rela­to de fic­ción, lo cier­to es que lo expues­to demues­tra cómo los daños infli­gi­dos duran­te la infan­cia reper­cu­ten trau­má­ti­ca­men­te en la vida adul­ta de una per­so­na. Con deli­ca­de­za Ben­sad­dek abor­da este tema sin caer en lo esca­bro­so ni en el sen­sa­cio­na­lis­mo; median­te una elo­cuen­te inda­ga­ción psi­co­ló­gi­ca, el rea­li­za­dor se aden­tra aca­ba­da­men­te en la per­so­na­li­dad de la ator­men­ta­da Hali­ma, quien aguar­dan­do a su segun­do hijo pro­cu­ra lograr una catar­sis a fin de avi­zo­rar el futu­ro con opti­mis­mo al ampa­ro de su pro­pia fami­lia . Den­tro del cali­fi­ca­do elen­co, es exce­len­te la carac­te­ri­za­ción de Har­zu­ne ani­man­do a su com­ple­jo per­so­na­je; elo­gios simi­la­res mere­ce Ber­trand quien impe­ca­ble­men­te com­po­ne al entra­ña­ble mari­do, en tan­to que mere­ce elo­gios la ver­sa­ti­li­dad de la peque­ña Athé­na sedu­cien­do con su espon­ta­nei­dad y dulzura