La Men­ti­ra de la Ancia­na Dama

ELEA­NOR THE GREAT. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Scar­lett Johans­son. 95 minutos

En un pro­mi­so­rio debut detrás de la cáma­ra la talen­to­sa actriz Scar­lett Johans­son ofre­ce una emo­ti­va come­dia dra­má­ti­ca don­de el tema del Holo­caus­to gra­vi­ta en el seno de la comu­ni­dad judía de New York. Sin duda algu­na, uno de los prin­ci­pa­les valo­res resi­de en la actua­ción pro­ta­gó­ni­ca de la remar­ca­ble vete­ra­na intér­pre­te June Squibb quien con sus 94 años de edad des­lum­bra rati­fi­can­do una inusual ener­gía que ya había demos­tra­do en Nebras­ka (2013) y más recien­te­men­te en Thel­ma (2024).

June Squibb y Erin Kellyman

Valién­do­se del guión pre­pa­ra­do por Tory Kamen, la novel cineas­ta pre­sen­ta a Elea­nor Mor­gens­tein (Squibb), una nona­ge­na­ria mujer esta­dou­ni­den­se quien habi­tan­do en Flo­ri­da com­par­te su vivien­da con su gran ami­ga Bes­sie (Rita Zohar), una judía viu­da de simi­lar edad que sobre­vi­vió la devas­ta­do­ra Segun­da Gue­rra. Elea­nor que se con­vir­tió al judaís­mo al casar­se con su mari­do judío falle­ci­do, ha demos­tra­do un espe­cial inte­rés en impo­ner­se sobre los deta­lles del Holo­caus­to vivi­do por su ami­ga. La gran amis­tad se ve inte­rrum­pi­da cuan­do Bes­sie falle­ce y para no que­dar sola Elea­nor resuel­ve via­jar a New York don­de vive su divor­cia­da hija Lisa (Jes­si­ca Hecht) con Max (Will Pri­ce), su hijo ado­les­cen­te. La acti­tud soca­rro­na y un tan­to gru­ño­na de la ancia­na no con­di­ce con su hija que mucho la cri­ti­ca y pien­sa que su mejor vivien­da sería en una resi­den­cia de ancia­nos, a la que obvia­men­te Elea­nor se opo­ne ya que con­si­de­ra que es due­ña de dis­po­ner de su pro­pia vida.

La his­to­ria cobra impul­so cuan­do la vie­ji­ta visi­ta un cen­tro de la comu­ni­dad judía y cir­cuns­tan­cial­men­te se intro­du­ce a inte­grar un gru­po de sobre­vi­vien­tes del Holo­caus­to. Es allí, don­de Elea­nor se apro­pia de la iden­ti­dad de su falle­ci­da ami­ga, seña­lan­do que es pola­ca y que como otra de las sobre­vi­vien­tes de la tra­ge­dia nazi comien­za a rela­tar la his­to­ria que Bes­sie le había con­ta­do. La for­ma como trans­mi­te ese rela­to atrae la aten­ción de Nina (Erin Kelly­man), una joven estu­dian­te de perio­dis­mo, quien expe­ri­men­ta el dolor por la muer­te de su que­ri­da madre y vive a la som­bra de su padre (Chi­we­tel Ejio­for), un famo­so pre­sen­ta­dor de tele­vi­sión. Desean­do escri­bir un articu­lo para el dia­rio de la facul­tad acer­ca de lo que le acon­te­ció a Elea­nor, le pide a que ella ama­ble­men­te le cuen­te deta­lles más pre­ci­sos de su tris­te expe­rien­cia sobre el geno­ci­dio nazi a la vez que exis­te la posi­bi­li­dad para que la ancia­na rela­te su vida en el pro­gra­ma tele­vi­si­vo de su pro­ge­ni­tor. La rela­ción entre esas dos muje­res se vuel­ve más estre­cha a la vez que que­rien­do cele­brar su tar­dío bat­mitz­va, gra­cias al víncu­lo esta­ble­ci­do con el afa­ble rabino local (Stephen Sin­ger), Nina la ayu­da para com­prar la ves­ti­men­ta apro­pia­da que debe­rá lucir para tan impor­tan­te oca­sión. Que­da en el espec­ta­dor la intri­ga de saber has­ta dón­de pue­de per­du­rar la men­ti­ra urdi­da por Eleanor.

Sin gran­di­lo­cuen­cia algu­na, en su ópe­ra pri­ma Johans­son impri­me una narra­ti­va sen­ci­lla a la vez que elo­cuen­te fusio­nan­do la temá­ti­ca de la iden­ti­dad apro­pia­da con el Holo­caus­to, median­te una muy bue­na ilus­tra­ción de la colec­ti­vi­dad judía del Bronx neoyorkino.

La direc­to­ra igual­men­te demues­tra su talen­to en la con­duc­ción de un elen­co de nivel supe­rior. A la con­sa­gra­da com­po­si­ción que la mag­né­ti­ca Squibb logra de su per­so­na­je se une la nota­ble inter­ven­ción de Kelly­man quien con gran auten­ti­ci­dad trans­mi­te la emo­ción de su per­so­na­je en el tierno víncu­lo man­te­ni­do con Elea­nor, exis­tien­do entre ambas actri­ces una inusual quí­mi­ca. En otros roles se des­ta­ca Ejio­for, en el aus­pi­cio­so monó­lo­go que su per­so­na­je rea­li­za en una de las últi­mas secuencias.

En suma, la audien­cia asis­te a un film hon­da­men­te con­mo­ve­dor a la vez que uno sien­te una gran admi­ra­ción por Squibb quien con su gran pasión por el cine demues­tra que la vejez de modo alguno es un obs­tácu­lo para seguir actuan­do. Jor­ge Gutman

Negli­gen­cia Infantil

NÉGLI­GEN­CE. Cana­dá, 2025. Un film de Demian Fui­ca. 93 minutos.

Un tema de hon­do con­te­ni­do social y deci­di­da­men­te inquie­tan­te es lo que el rea­li­za­dor Demian Fui­ca en Négli­gen­ce, aun­que los resul­ta­dos obte­ni­dos no lle­gan a satis­fa­cer como cabría esperar.

En los cré­di­tos ini­cia­les se lee que cada sema­na la negli­gen­cia infan­til pro­du­ce la muer­te de 2 niños en Ale­ma­nia, 3 en Fran­cia, 4 en Japón y 27 en Esta­dos Uni­dos. En lo que res­pec­ta a Cana­dá 6 de 10 infan­tes sufren de una u otra for­ma de negli­gen­cia y en la pro­vin­cia de Que­bec en 2023 y 2024 han sido con­fir­ma­dos 40 mil casos.

Tenien­do en cuen­ta las esca­lo­frian­tes cifras e ins­pi­ra­do en un acon­te­ci­mien­to real, el rea­li­za­dor basa­do en su pro­pio guión com­par­ti­do con Leo­nar­do Fui­ca y Valé­rie Nadeau expo­ne un dra­ma judi­cial en el que se reve­la los efec­tos pro­du­ci­dos por la negli­gen­cia parental.

Félix Legault y Méla­nie Elliott

El film comien­za en un tri­bu­nal de jus­ti­cia don­de son some­ti­dos a jui­cio Frank y su mujer Ruby quie­nes son incul­pa­dos por la des­preo­cu­pa­ción ejer­ci­da hacia su peque­ño hijo Joey. A tra­vés de flash­backs que van y vuel­ven en for­ma reite­ra­da, el rela­to sigue los pasos del menor cuya vida es pla­ga­da por la des­afo­ra­da vio­len­cia con­yu­gal de sus pro­ge­ni­to­res que reper­cu­ten en su com­ple­to aban­dono y ais­la­mien­to. El dra­ma se inten­si­fi­ca a con­se­cuen­cia de un inci­den­te trá­gi­co pro­du­ci­do en un bar en el que el niño es un invo­lun­ta­rio tes­ti­go del des­afor­tu­na­do com­por­ta­mien­to adop­ta­do por sus padres.

Si bien las audien­cias que se van suce­dien­do duran­te el jui­cio van ilus­tran­do las devas­ta­do­ras con­se­cuen­cias de la seve­ra reali­dad que atra­vie­sa Joey y cómo la desa­pren­si­va con­duc­ta de sus padres influ­ye nega­ti­va­men­te en su vida, la narra­ti­va errá­ti­ca y dis­per­sa del cineas­ta afec­ta el nivel de con­cen­tra­ción del espec­ta­dor. En todo caso, a pesar de la obje­ción apun­ta­da y sin obvia­men­te reve­lar el vere­dic­to del jui­cio, este dra­ma bien inten­cio­na­do tra­ta de ilus­trar las defi­cien­cias de un sis­te­ma social indi­fe­ren­te a la pro­tec­ción de la infan­cia. Ade­más de las con­vin­cen­tes carac­te­ri­za­cio­nes de Gabriel Coles y Méla­nie Elliot como los abu­si­vos padres y del menor Félix Legault en el papel del silen­cio­so e ino­cen­te Joey cabe des­ta­car en roles de apo­yo las com­pe­ten­tes actua­cio­nes de Syl­vie Legault como la jue­za, Guil­beault, Ali­ce Clé­ment, Mirei­lle Léves­que, Dave Camp­bell, Luca Asse­lin, Cédric Gos­se­lin, Nico­las Paquin, Deano Cla­vet, Jus­tin Spy­ce y Maria­ne Oli­via. Jor­ge Gutman

Una Boda Inusual

MILLE SECRETS MILLE DAN­GERS. Cana­dá, 2025. Un film de Phi­lip­pe Falar­deau. 119 minutos

En su noveno film como rea­li­za­dor Phi­lip­pe Falar­deau ofre­ce en Mille Screts Mille Dan­gers una his­to­ria basa­da en la auto­bio­grá­fi­ca nove­la homó­ni­ma del escri­tor Alain Farah publi­ca­da en 2021.

Neil Elias y Rose-Marie Perreault

En la adap­ta­ción rea­li­za­da por el cineas­ta en cola­bo­ra­ción con Farah el rela­to que trans­cu­rre en Mon­treal enfo­ca las vici­si­tu­des que atra­vie­sa Alain (Neil Elias) de 28 años de edad en la jor­na­da de su casa­mien­to. Si bien se sue­le decir que el día que una per­so­na con­trae matri­mo­nio es el más bello de su vida, eso dis­ta de acon­te­cer con Alain, quien poco antes de la cele­bra­ción de la boda con su novia Vir­gi­nie (Rose-Marie Perreault), expe­ri­men­ta ata­ques de extre­ma ansie­dad ante el serio temor de no poder res­pon­der a las expec­ta­ti­vas que de él se aguar­da. A todo ello se agre­ga su males­tar esto­ma­cal ori­gi­na­do por la enfer­me­dad de Crohn que lo fuer­za a con­su­mir per­ma­nen­te­men­te medi­ca­men­tos que de modo alguno solu­cio­nan el problema.

De mane­ra nada con­ven­cio­nal, el rela­to que no está estruc­tu­ra­do lineal­men­te se des­pla­za en casi su pri­me­ra mitad a tra­vés del tiem­po median­te los recuer­dos frag­men­ta­rios que pasan por la memo­ria de Alain con acon­te­ci­mien­tos vivi­dos en su infan­cia y par­ti­cu­lar­men­te en sus años ado­les­cen­tes. Es así que entre otros aspec­tos se asis­te al des­en­can­to pro­du­ci­do por un ami­go que lo lle­ga a trai­cio­nar, su pri­me­ra atrac­ción sen­ti­men­tal, la ten­sa rela­ción vivi­da con sus divor­cia­dos padres inmi­gran­tes, Elías (Geor­ges Khab­baz) pro­ce­den­te de Egip­to y Yolan­de (Hiam Abou Che­didd) del Líbano, como asi­mis­mo al víncu­lo que man­tie­ne con su pri­mo Édouard (Has­san Mah­bou­ba) que si bien por una par­te es enma­ra­ña­do al pro­pio tiem­po es en cier­ta for­ma el que tes­ti­mo­nia sus des­ve­los y pesares.

Pasan­do a la boda en sí mis­ma, tan­to la cere­mo­nia reli­gio­sa como la recep­ción pos­te­rior adquie­ren un tono alo­ca­do gene­ran­do algu­nas situa­cio­nes deci­di­da­men­te cómi­cas aun­que de nin­gún modo cari­ca­tu­res­cas. Tenien­do en cuen­ta la den­si­dad del libro de Farah, la pues­ta escé­ni­ca de Falar­deau cum­ple su obje­ti­vo en res­pe­tar la esen­cia de su con­te­ni­do. Es así que resul­ta meri­to­rio que el rea­li­za­dor haya logra­do trans­mi­tir el asfi­xian­te cli­ma que envuel­ve al pro­ta­go­nis­ta y el modo en que sus irre­suel­tos trau­mas vivi­dos en el pasa­do reper­cu­ten en el pre­sen­te ante las pre­sio­nes a las que está suje­to. A su vez, igual­men­te loa­ble es la ilus­tra­ción del film en refle­jar el com­por­ta­mien­to y acti­tu­des cul­tu­ra­les de la diás­po­ra liba­ne­sa de Quebec.

Falar­deau ha con­vo­ca­do un equi­po acto­ral de nota­ble nivel comen­zan­do por Elias quien con com­ple­ta con­vic­ción trans­mi­te la angus­tia y sufri­mien­to de su per­so­na­je al no poder evi­tar la pre­sión cul­tu­ral que lo embar­ga; a pesar de que este anti­hé­roe no resul­ta muy sim­pá­ti­co, con todo logra que la audien­cia empa­ti­ce con su per­so­na. En otros roles de impor­tan­cia, Mah­bou­ba se luce como el ami­go de lar­ga data de Alain, Khab­baz des­ti­la ter­nu­ra en el dis­cur­so que pro­nun­cia a en la cena de la boda, Che­did trans­mi­te brío como la vis­to­sa Yolan­de, en tan­to que Perreault con­ven­ce como la novia de nota­ble madu­rez que ser­vi­rá como sos­tén de su pro­me­ti­do. En el elen­co tam­bién par­ti­ci­pan Rose-Anne Déry como la mejor ami­ga de Vir­gi­nie, Nata­lie Tan­nous ani­man­do a la ner­vio­sa pri­ma sol­te­ra, Paul Ahma­ra­ni como el pecu­liar den­tis­ta de Alain y Mike Clay como el disc joc­key de la fiesta.

En con­clu­sión, sin ser excep­cio­nal el cineas­ta logra una hones­ta come­dia dra­má­ti­ca en don­de se vale de una inusual boda para efec­tuar un buen estu­dio carac­te­ro­ló­gi­co del per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co. Jor­ge Gutman

Un Liber­tino en Libertad

LA ULTI­MA OPE­RA DE MOZART 

Como pri­me­ra pro­duc­ción de la actual tem­po­ra­da, la Opé­ra de Mon­tréal pre­sen­ta­rá Don Gio­van­ni de Mozart que cuen­ta con libre­to de Loren­zo da Pon­te y fue estre­na­da en el Tea­tro Nacio­nal de Pra­ga en octu­bre de 1787.

Stephen Law­less (Foto: ODM)

Con­si­de­ra­da como una de las ópe­ras más impor­tan­tes del géne­ro líri­co, esta pro­duc­ción tie­ne como direc­tor escé­ni­co a Stephen Law­less quien es un pro­fun­do cono­ce­dor del uni­ver­so mozartiano.

La acción que en la pre­sen­te ver­sión trans­cu­rre en las déca­das de los años 40 y 50 se refie­re a al per­so­na­je míti­co crea­do por Anto­nio de Zamo­ra. Cuan­do el enmas­ca­ra­do Don Gio­van­ni tra­ta de sedu­cir a Don­na Anna, apa­re­ce su padre ‑el coman­dan­te de la ciudad‑, a quien ter­mi­na ase­si­nán­do­lo. Acom­pa­ña­do de su bufo­nes­co valet Lepo­re­llo, el liber­tino inten­ta esca­par de la ven­gan­za de Elvi­ra, una de sus aman­tes a quien aban­do­nó y de la cam­pe­si­na Zer­li­na a quien tam­bién ha tra­ta­do de con­quis­tar. En el trans­cur­so de una fies­ta rea­li­za­da en el pala­cio de Don Gio­van­ni, Don­na Anna reco­no­ce en su anfi­trión al ase­sino de su padre y soli­ci­ta a su pro­me­ti­do Otta­vio que le ven­gue por el cri­men come­ti­do. A tra­vés de diver­sos epi­so­dios que se van suce­dien­do, final­men­te Don Gio­van­ni reci­bi­rá su mere­ci­do por su depra­va­da conducta.

La belle­za sen­sual de la com­po­si­ción está al ser­vi­cio de la intri­ga y de los sen­ti­mien­tos ema­na­dos de la his­to­ria, don­de Mozart logra un víncu­lo armo­nio­so entre el tex­to y la músi­ca. Pro­vis­ta de mag­ní­fi­cas arias, algu­nas de ellas son muy cono­ci­das como Là ci darem la mano, inter­pre­ta­da por Don Gio­van­ni y Zer­li­na, como así tam­bién Non ti fidar, o mise­ra can­ta­da por Don Gio­van­ni, Anna, Elvi­ra y Ottavio.

John Brancy (Foto: ODM)

El elen­co inclu­ye a des­ta­ca­dos can­tan­tes cana­dien­ses. El barí­tono ame­ri­cano John Brancy da vida al impe­ni­ten­te seduc­tor; la soprano cana­dien­se Kirs­ten Leblanc ani­ma el rol de Don­na Anna, el bajo esta­dou­ni­den­se William Mei­nert can­ta el rol del Com­men­da­to­re. El repar­to se com­ple­ta con el tenor bri­tá­ni­co Anthony Gre­gory (Don Otta­vio), la soprano cana­dien­se Andrea Núñez (Elvi­ra), el barí­tono bajo sui­zo Ruben Dro­le (Lepo­re­llo), el barí­tono bajo cana­dien­se Matthew Li (Maset­to) y la soprano cana­dien­se Sophie Nau­bert (Zer­li­na).

Kirs­ten Leblanc (Foto: ODM)

El maes­tro Kensho Wata­na­be diri­gi­rá a la orques­ta I Musi­ci de Mon­tréal y al Coro de la ODM. La esce­no­gra­fía, ves­tua­rio y la ilu­mi­na­ción están a car­go de la ODM.

Kensho Watanabe(Foto: ODM)

Esta ópe­ra tra­gi­có­mi­ca estruc­tu­ra­da en dos actos es can­ta­da en su ver­sión ita­lia­na con sobre­tí­tu­los en fran­cés e inglés. Las repre­sen­ta­cio­nes ten­drán lugar en la sala Wil­frid-Pelle­tier de la Pla­ce des Arts ‚el 27 de Sep­tiem­bre (19h30), 30 de Sep­tiem­bre (19h30), 2 de Octu­bre (19h30) y 5 de Octu­bre (14h).

Una hora antes de cada repre­sen­ta­ción ten­drá lugar el Piano Nobi­le de la Pla­ce des Arts, una pre­sen­ta­ción gra­tui­ta a car­go del pres­ti­gio­so musi­có­lo­go Pie­rre Vachon.

Para infor­ma­ción adi­cio­nal pre­sio­ne aquí

Fil­mes Eva­lua­dos ‑TIFF 2025 (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Miroirs No. 3. (Ale­ma­nia)

Un nota­ble ejem­plo de con­ci­sión se apre­cia en este inusual psi­co­dra­ma de Chris­tian Petzold quien es con­si­de­ra­do como uno los más rele­van­tes rea­li­za­do­res del cine inter­na­cio­nal. No obs­tan­te su redu­ci­da dura­ción y con no muchos recur­sos a su dis­po­si­ción, este cineas­ta con­si­gue atra­par la aten­ción del espec­ta­dor a tra­vés de un sin­gu­lar cru­ci­gra­ma fílmico.

Miroirs No. 3

La remar­ca­ble actriz Pau­la Beer en su cuar­ta cola­bo­ra­ción con el rea­li­za­dor inter­pre­ta a Lau­ra, una estu­dian­te de piano que en su comien­zo estan­do en Ber­lín y fren­te a un río apa­re­ce tur­ba­da como si pade­cie­ra de una cri­sis men­tal, dan­do la impre­sión de que qui­sie­ra sui­ci­dar­se. De inme­dia­to se la ve acom­pa­ña­da de su novio Jakob (Phi­lip Frois­sant) via­jan­do de vaca­cio­nes en su coche hacia la zona cam­pes­tre; estan­do com­ple­ta­men­te abs­traí­da, ella desea retor­nar a Ber­lín y cuan­do a su pesar Jacob deci­de con­du­cir­la a la esta­ción de tren para su retorno, un acci­den­te en la ser­pen­tean­te ruta pro­du­ce un lamen­ta­ble acci­den­te don­de el hom­bre falle­ce y Lau­ra logra sal­var su vida a pesar de algu­nas heri­das sufri­das. Ella es auxi­lia­da por Betty (Bar­ba­ra Auer), una ama­ble mujer veci­na del lugar con algo inquie­tan­te en su mira­da que la reco­ge en su casa y en don­de Lau­ra pre­fie­re que­dar­se allí antes que asis­tir a un hos­pi­tal. Reci­bien­do la afec­ción de su anfi­trio­na que la tra­ta como si fue­se su hija, se gene­ra entre ambas muje­res un curio­so víncu­lo, al pun­to tal que con el correr de los días y cada vez más repues­ta Lau­ra opta por seguir estan­do en ese hogar. Pron­ta­men­te lle­gan a la casa Richard (Matthias Brandt) y su hijo adul­to Max (Enno Trebs) que ven con agra­do la pre­sen­cia de la hués­ped quien a su vez se ve com­pla­ci­da con su sus­ti­tu­ta familia.

En la inter­re­la­ción que se va esta­ble­cien­do entre estos cua­tro per­so­na­jes irán deve­lán­do­se varios secre­tos don­de van emer­gien­do fan­tas­mas del pasa­do que gene­ran una fas­ci­nan­te intri­ga que se man­tie­ne has­ta su impre­vi­si­ble y satis­fac­to­rio desenlace.

Resul­ta intere­san­te sub­ra­yar que el cineas­ta apre­cia la músi­ca de Mau­ri­ce Ravel dado que el títu­lo del film obe­de­ce a una esce­na en don­de Lau­ra inter­pre­ta en el piano el ter­cer movi­mien­to de su Sui­te Miroirs.

En suma el públi­co asis­te a una deli­ca­da, sutil y sen­si­ble pelí­cu­la psi­co­ló­gi­ca en don­de Petzold inte­li­gen­te­men­te refle­ja con ter­nu­ra y con algu­nas esce­nas no exen­tas de humor, cómo actúa la memo­ria revi­vien­do el trau­ma de Lau­ra como asi­mis­mo los expe­ri­men­ta­dos por la fami­lia de Betty.

Ade­más de la exce­len­te pues­ta escé­ni­ca del con­sa­gra­do rea­li­za­dor y su mag­ní­fi­ca direc­ción del elen­co con­vo­ca­do, cabe resal­tar la mara­vi­llo­sa inter­pre­ta­ción de Pau­la Beer trans­mi­tien­do las viven­cias emo­cio­na­les que atra­vie­sa su frá­gil personaje.

The President’s Cake (Irak-Esta­dos Unidos-Qatar).

Así como en 1995 Jafar Panahi obtu­vo la Cáma­ra de Oro en el Fes­ti­val de Can­nes, eso vuel­ve a ocu­rrir con el film escri­to y diri­gi­do por el novel rea­li­za­dor Hasan Hadi quien este año logró este pres­ti­gio­so pre­mio como pri­me­ra obra pre­sen­ta­da en la Quin­ce­na de Cineas­tas. Esa es una coin­ci­den­cia en la medi­da que ambos direc­to­res, uno en Irán y el otro Ira­quí refle­jan tro­zos de vida a tra­vés de la ino­cen­cia de cria­tu­ras que obser­van lo que suce­de en su entorno.

The President’s Cake

El aus­pi­cio­so debut de Hadi ubi­ca la acción en el Irak de 1990 don­de el sinies­tro dic­ta­dor Sad­dam Hus­sein gobier­na el país con mano fir­me. Su tira­nía moti­va que el país sea ais­la­do inter­na­cio­nal­men­te y es así que debi­do a las san­cio­nes eco­nó­mi­cas reci­bi­das la pobla­ción atra­vie­sa por serios pro­ble­mas. Es en ese peno­so esce­na­rio don­de se sale al encuen­tro de Lamia (Banin Ahmad Nayef) de 9 años vivien­do en una rús­ti­ca aldea pan­ta­no­sa del sur de Irak con su abue­la Bibi (Waheed Tha­bet Khrei­bat) y el gallo Hin­di que la niña tie­ne como mascota.

Entre otro de los capri­chos del dés­po­ta pre­si­den­te es que el pue­blo fes­te­je su inmi­nen­te cum­plea­ños y es así que eso no exclu­ye a los niños. Por tal razón en la escue­la a la que acu­de Lamia se rea­li­za un sor­teo por el cual, infe­liz­men­te ella es ele­gi­da para pre­pa­rar una tor­ta des­ti­na­da a Hus­sein. Asi­mis­mo su buen com­pa­ñe­ro Saeed (Sajad Moha­mad Qasem) debe apor­tar fru­tas frescas.

Con­se­cuen­te­men­te la abue­la y su nie­ta, ayu­da­das por un ama­ble car­te­ro (Rahim AlHaj). logran lle­gar a la más cer­ca­na ciu­dad en pro­cu­ra de ingre­dien­tes, inclu­yen­do azú­car, hari­na y hue­vos. Al lle­gar a des­tino, la niña des­cu­bre que su frá­gil y enfer­ma abue­la tie­ne como pro­pó­si­to poner­la a dis­po­si­ción de nue­vos padres en la medi­da que ella debe inter­nar­se en un hos­pi­tal; en con­se­cuen­cia Lamia deci­de esca­par y jun­to con Saeed tra­ta­rán de obte­ner los ele­men­tos nece­sa­rios para cum­plir con la obli­ga­ción que les ha sido impues­ta por el cole­gio a fin de satis­fa­cer al dic­ta­dor. Entre­tan­to la afli­gi­da abue­la se esfuer­za en per­sua­dir a la poli­cía para ubi­car a su nieta.

El núcleo de esta tra­gi­co­me­dia se nutre de los encuen­tros de ambos ami­gos, siem­pre acom­pa­ña­dos por la mas­co­ta de Lamia, con algu­nos per­so­na­jes de diver­sa natu­ra­le­za median­te con­tra­tiem­pos que gene­ran una ten­sión natu­ral. Esa inter­ac­ción es exce­len­te­men­te refle­ja­da por Hadi ayu­da­do por la valio­sa cola­bo­ra­ción foto­grá­fi­ca de Tudor Vla­di­mir Pan­du­ru que cap­ta la vida de una socie­dad que­bra­da, a tra­vés de las calles, mer­ca­dos, hos­pi­ta­les y mezquitas.

El gran méri­to del rea­li­za­dor es que sin caer en el mise­ra­bi­lis­mo, per­mi­te que su ópe­ra pri­ma esté impreg­na­da de una entra­ña­ble ter­nu­ra. Fil­ma­do ínte­gra­men­te en Irak, el film se ha vis­to favo­re­ci­do por un repar­to inte­gra­do casi por com­ple­to por artis­tas no pro­fe­sio­na­les y en tal sen­ti­do es admi­ra­ble cómo la peque­ña Nayef y el niño Qasem se pose­sio­nan de sus res­pec­ti­vos roles olvi­dan­do que están actuando.

Esen­cial­men­te, esta dra­má­ti­ca fábu­la moral de dos esco­la­res vivien­do bajo un régi­men auto­ri­ta­rio ple­na­men­te con­mue­ve a la vez que per­mi­te des­cu­brir en Hadi a un remar­ca­ble cineasta.

Amour Apo­caly­pse (Cana­dá)

La direc­to­ra y guio­nis­ta Anne Émond abor­da un dra­ma psi­co­ló­gi­co entre­mez­cla­do con come­dia román­ti­ca, expo­nien­do uno de los pro­ble­mas gra­ves que afec­tan a la humanidad.

Amour Apo­caly­pse

Patrick Hivon ani­ma a Adam, un soli­ta­rio indi­vi­duo de 45 años que es due­ño de una perre­ra y vive con su padre Eugè­ne (Gilles Renaud) en un pue­blo de la pro­vin­cia de Que­bec. Su gran preo­cu­pa­ción radi­ca en los brus­cos cam­bios cli­má­ti­cos y las con­se­cuen­cias que ese even­to pue­de aca­rrear en un futu­ro no muy lejano. Es así que su vida trans­cu­rre de mane­ra poco apa­ci­ble don­de en prin­ci­pio el cui­da­do de los perros moti­va su mayor aten­ción; para ello cuen­ta con la asis­ten­cia de su emplea­da Romy (Eli­za­beth Mage­ren), una ado­les­cen­te poco res­pon­sa­ble en su tra­ba­jo que pasi­va­men­te lo mani­pu­la y lo inci­ta a man­te­ner encuen­tros corporales.

Para ate­nuar su pro­ble­ma es aten­di­do por una psi­quia­tra a quien con vehe­men­cia le hace saber su temor de que el mun­do asis­ta a un colap­so apo­ca­líp­ti­co del medio ambien­tal don­de ele­men­tos vita­les como el petró­leo, el agua, el car­bón, así como un buen núme­ro de ali­men­tos bási­cos e inclu­so el aire a cau­sa de la polu­ción tien­dan a ago­tar­se. Sin embar­go la pro­fe­sio­nal poco con­tri­bu­ye para cal­mar su esta­do depre­si­vo ni tam­po­co le sir­ve de ayu­da el empleo de medi­ca­men­tos pertinentes.

Tra­tan­do de con­tra­rres­tar su extre­ma desa­zón, Adam se ha pro­cu­ra­do una lám­pa­ra solar tera­péu­ti­ca; a fin de lograr su buen fun­cio­na­mien­to se comu­ni­ca tele­fó­ni­ca­men­te con el depar­ta­men­to téc­ni­co de la com­pa­ñía que ven­de esos arte­fac­tos sien­do aten­di­do por Tina (Piper Pera­bo), quien radi­ca­da en Sud­bury, Onta­rio, se ocu­pa del cen­tro de lla­ma­das. Adop­tan­do un tono más ani­ma­do, las con­ver­sa­cio­nes entre ambos se van fre­cuen­tan­do has­ta que un acon­te­ci­mien­to cli­má­ti­co don­de Tina tra­ba­ja moti­va a que Adam apro­ve­che la opor­tu­ni­dad de via­jar a Sud­bury para res­ca­tar­la y así cono­cer­la per­so­nal­men­te; como resul­ta pre­vi­si­ble pron­ta­men­te se gene­ra una rela­ción romántica.

La direc­to­ra logra muy bien esbo­zar la psi­co­lo­gía de Adam pro­fun­di­zan­do en los moti­vos que asis­ten a su com­por­ta­mien­to de ansie­dad para­li­zan­te y cómo el amor con la radian­te Tina pue­de cam­biar su vida. Por su par­te el guión igual­men­te refle­ja los pro­ble­mas per­so­na­les de ella que uni­da a Scott (Gord Rand) en un matri­mo­nio poco feliz, su víncu­lo con Adam es posi­ble que le brin­de una vida más luminosa.

Aun­que sin pro­fun­di­zar por com­ple­to en los per­so­na­jes secun­da­rios la pelí­cu­la logra atraer por la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Patrick Hivon y por la sen­si­ble pues­ta escé­ni­ca de Émond. En tal sen­ti­do, la cineas­ta con­si­gue refle­jar la impor­tan­cia que adquie­re la comu­ni­ca­ción huma­na como medio de supe­rar las limi­ta­cio­nes, fobias y trau­mas; asi­mis­mo, el film cons­ti­tu­ye un buen lla­ma­do de aler­ta al dra­ma pro­vo­ca­do por los per­tur­ba­do­res fenó­me­nos meteo­ro­ló­gi­cos que se cons­ta­tan mun­dial­men­te median­te incen­dios no pro­vo­ca­dos, hura­ca­nes, inun­da­cio­nes y otras tra­ge­dias de la caó­ti­ca naturaleza.

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