Incon­clu­sa His­to­ria de Misterio

VIE PRI­VÉE / A PRI­VA­TE LIFE. Fran­cia, 2025. Un film de Rebec­ca Zlotowski.103 minutos

La talen­to­sa actriz ame­ri­ca­na Jodie Fos­ter ‑pre­mia­da con dos Oscar- impre­sio­na favo­ra­ble­men­te en su pri­me­ra incur­sión en el cine fran­cés pro­ta­go­ni­zan­do Vie Pri­vée. Diri­gi­do por Rebec­ca Zlo­tows­ki el rela­to de mis­te­rio pro­pues­to sufre del alam­bi­ca­do guión de Anne Berest y Gae­lle Mace que impi­de que el film pue­da ser seria­men­te considerado.

Jodie Fos­ter y Daniel Auteuil

El pro­mi­so­rio ini­cio de la tra­ma pro­por­cio­na cier­ta intri­ga de mis­te­rio en don­de la psi­quia­tra y psi­co­ana­lis­ta ame­ri­ca­na Lilian Stei­ner (Jodie Fos­ter) resi­den­te en París se impo­ne que Pau­la Cohen-Solal (Vir­gi­nie Efi­ra) una de sus pacien­tes judías que ha esta­do ausen­te en las últi­mas tres sesio­nes, se ha sui­ci­da­do. Cuan­do Lilia­na se aper­so­na al velo­rio de la difun­ta, su mari­do Simon (Mathieu Ama­ric), recha­za con brus­que­dad su pre­sen­cia por­que está con­ven­ci­do que Pau­la puso fin a su vida con las pas­ti­llas que ella le había pres­crip­to. Sin embar­go hay cier­tos indi­cios por los que Lilian supo­ne que su pacien­te no se sui­ci­dó sino que la han ase­si­na­do. ¿Aca­so podría ser Simon con el pro­pó­si­to de obte­ner una impor­tan­te heren­cia de su mujer pro­ve­nien­te de su tía, o qui­zás su pro­pia hija Valé­rie (Luà­na Baj­ra­ni), o bien algún otro familiar?

La duda de Lilian moti­va que de tera­peu­ta se con­vier­ta en una detec­ti­ve inves­ti­ga­do­ra jun­to con la cola­bo­ra­ción de su oftal­mó­lo­go ex espo­so Gabriel Had­dad (Daniel Auteuil). Esa bús­que­da de lo que real­men­te acon­te­ció con Pau­la se acre­cien­ta cuan­do Lilian com­prue­ba que de su des­pa­cho ha sido sus­traí­do un case­te que ella gra­bó en la entre­vis­ta que man­tu­vo con Pau­la en la últi­ma sesión.

Aun­que en prin­ci­pio uno podría ima­gi­nar que el rela­to se ase­me­ja en par­te al nota­ble film que Hitch­cock reali­zó en Sha­dow of a Doubt (1943), la situa­ción urdi­da por el guión no per­mi­te que exis­ta tal com­pa­ra­ción a tra­vés de la incor­po­ra­ción de absur­das situa­cio­nes surrea­lis­tas que des­vir­túa la pro­pues­ta ini­cial; eso acon­te­ce cuan­do Lilian acu­de a lo de Jes­si­ca Gran­ge (Sophie Gui­lle­min), una hip­no­ti­za­do­ra que le hace ver que ella man­tu­vo un víncu­lo con Pau­la en una pre­via encar­na­ción en don­de ambas inte­gra­ban una orques­ta sin­fó­ni­ca, ade­más de cier­tas alu­sio­nes al nazis­mo duran­te la segun­da gue­rra mun­dial. A todo ello, en una sub­tra­ma que nada agre­ga a la pro­ble­má­ti­ca cen­tral, el rela­to alu­de al difi­cul­to­so víncu­lo de Lilian con su dis­tan­cia­do hijo Julien (Vin­cent Lacoste).

Si bien la direc­ción de la rea­li­za­do­ra se dis­tin­gue por su sobrie­dad, la pelí­cu­la no logra crear un legí­ti­mo sus­pen­so capaz de sus­ci­tar emo­ción al care­cer de un rum­bo fijo. Con todo, los ele­men­tos favo­ra­bles resi­den en la irre­pro­cha­ble actua­ción que Fos­ter trans­mi­te como la clí­ni­ca­men­te fría y repu­tada pro­fe­sio­nal, ade­más de un elen­co inte­gra­do por pres­ti­gio­sos artis­tas del cine fran­cés, con espe­cial refe­ren­cia a la iln­ter­pre­ta­ción de Auteuil cuyo per­so­na­je bien des­crip­to man­tie­ne una bue­na com­pli­ci­dad con el de Foster.

Para quie­nes estén dis­pues­tos a pres­cin­dir de la cre­di­bi­li­dad de esta his­to­ria incon­clu­sa, el film les pro­cu­ra­rá un acep­ta­ble entre­te­ni­mien­to, aun­que para quien escri­be estas líneas le resul­te falli­do por care­cer de un cohe­ren­te sus­pen­so. Jor­ge Gutman

Ecos del Pasado

SOUND OF FALLING / LES ECHOS DU PAS­SÉ. Ale­ma­nia, 2025. Un film de Mas­cha Schi­lins­ki. 148 minutos

Extra­ña, enig­má­ti­ca, mis­te­rio­sa a la vez que fas­ci­nan­te, son las impre­sio­nes que dejan la visión de Sound of Falling, el segun­do lar­go­me­tra­je de la direc­to­ra Mas­cha Schi­lins­ki cuya ópe­ra pri­ma Dark Blue Girl (2017) reci­bió cáli­dos elogios.

La tra­ma con­ce­bi­da por la rea­li­za­do­ra con la cola­bo­ra­ción de Loui­se Peter enfo­ca la vida de 4 muje­res que viven en una mis­ma gran­ja fami­liar situa­da en una aldea rural de Alt­mark (al nor­te de Ale­ma­nia) pero en dife­ren­tes perío­dos a lo lar­go de un siglo.

Han­na Heckt

En el pri­mer epi­so­dio que trans­cu­rre en 1918 se sale al cru­ce de Alma (Han­na Heckt) una niña de 7 años cuya curio­si­dad se con­cen­tra en una foto­gra­fía en la que se halla su madre y una niña ya muer­ta que pare­cie­ra ser ella mis­ma. En la déca­da del 40 se obser­va a la ado­les­cen­te Eri­ka (Lea Drin­da) que se obse­sio­na obser­van­do la pier­na ampu­tada de su tío Fritz (Mar­tin Rother) pos­tra­do en su lecho. Hacia fina­les de los años 80 se apre­cia a Ange­li­ka (Lena Urzen­dowsky), la sobri­na de Eri­ka, quien en la eta­pa en que des­pier­ta su sexua­li­dad man­tie­ne una per­tur­ba­da rela­ción con su tío Uwe (Kons­tan­tin Lindhorst) y su pri­mo Rai­ner (Flo­rian Gei­bel­mann). En el últi­mo seg­men­to que trans­cu­rre en la épo­ca actual, nue­vos pro­pie­ta­rios adquie­ren la gran­ja don­de la tími­da Len­ka (Lae­ni Gei­se­ler), una de las hijas de la fami­lia, man­tie­ne una espe­cial amis­tad con Nelly (Zoë Baier), una chi­ca veci­na que tra­ta de recom­po­ner­se del dolor cau­sa­do por la pér­di­da de su madre.

La pelí­cu­la que está frag­men­ta­ria­men­te con­fi­gu­ra­da requie­re una con­si­de­ra­ble con­cen­tra­ción para cap­tar la esen­cia de su con­te­ni­do tenien­do en cuen­ta que la ausen­cia de una cro­no­ló­gi­ca narra­ción resul­ta en cier­tos momen­tos con­fu­sa; en todo caso sin ser nece­sa­ria­men­te un rom­pe­ca­be­zas, a la pos­tre todas las pie­zas suel­tas logran conectarse.

La cineas­ta con­si­gue aden­trar­se psi­co­ló­gi­ca­men­te en sus pro­ta­go­nis­tas feme­ni­nas a tra­vés de los víncu­los man­te­ni­dos con sus madres, her­ma­nas y parien­tes cer­ca­nos don­de los ecos del pasa­do influ­yen en la vida presente.

Emplean­do el recur­so de la memo­ria, con gran suti­li­dad el film expo­ne situa­cio­nes urti­can­tes inclu­yen­do entre otros aspec­tos, la muer­te de seres que­ri­dos, la vio­la­ción, el inces­to, la escla­vi­tud labo­ral, fan­ta­sías sui­ci­das y una estu­pe­fac­ta este­ri­li­za­ción de emplea­das domés­ti­cas a fin de pro­te­ger la segu­ri­dad de los hom­bres que las explotan.

Con una cáma­ra ágil y agra­cia­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Fabian Gam­per, la direc­to­ra cap­ta viva­men­te el mun­do pas­to­ral en cada una de las épo­cas, per­mi­tien­do una visión espec­ta­cu­lar. La logra­da pues­ta escé­ni­ca, la actua­ción de un sóli­do elen­co, el buen mon­ta­je de Evelyn Rack, y el impe­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción de Cosi­ma Vellen­zer con­tri­bu­yen a real­zar los valo­res de este ambi­cio­so a la vez que líri­co film cuyo estreno mun­dial en Can­nes le valió el Pre­mio del Jura­do. Jor­ge Gutman

Una Con­ser­va­do­ra Vida Rural

DJ AHMET. Mace­do­nia del Nor­te-Repú­bli­ca Che­ca- Croa­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Geor­gi M. Unkovs­ki. 99 minutos

Rara­men­te se pre­sen­ta la opor­tu­ni­dad de apre­ciar un film pro­ce­den­te de Mace­do­nia del Nor­te y es por ello que resul­ta muy opor­tu­na la pre­sen­ta­ción del film mace­dó­ni­co DJ Ahmet del novel direc­tor Geor­gi M. Unkovs­ki, cuyo cor­to­me­tra­je Stic­ker (2020) fue elo­gia­do en varios festivales.

Arif Jakup y Agush Agusheve

La acción está ambien­ta­da en la remo­ta región rural del nor­te del país en don­de habi­ta Ahmet (Arif Jakup), un ado­les­cen­te de 15 años huér­fano de madre que con­vi­ve con su padre gran­je­ro (Aksel Meh­met) y su her­ma­ni­to Naim (Agush Agushev). En la pri­me­ra esce­na se obser­va cómo el mucha­cho es reti­ra­do de la escue­la por su auto­ri­ta­rio y domi­nan­te pro­ge­ni­tor a fin de que se encar­gue de pas­to­rear el gana­do de ove­jas; asi­mis­mo él se ocu­pa de cui­dar a Naim quien des­de que murió la madre ha per­di­do el habla.

La afi­ción por la músi­ca de dan­za elec­tró­ni­ca desean­do lle­gar a ser un DJ cons­ti­tu­ye para Ahmet un medio para mati­zar su vida así como lo es el entra­ña­ble lazo fra­terno que man­tie­ne con Naim. Su ruti­na se ve alte­ra­da cuan­do un día lle­ga a la aldea la joven Aya (Dora Akan Zla­ta­no­va) pro­ce­den­te de Ale­ma­nia quien igual­men­te sien­te una gran afi­ni­dad hacia la músi­ca pop y la dan­za. Cuan­do ambos jóve­nes se encuen­tran pron­ta­men­te sur­ge un víncu­lo román­ti­co sin embar­go hay cier­tos obs­tácu­los que se inter­po­nen; ello se debe a que la chi­ca per­te­ne­ce a una fami­lia de supe­rior nivel eco­nó­mi­co que la de Ahmet, como asi­mis­mo sus padres deci­den median­te un casa­mien­to arre­gla­do que ella una su vida a un hom­bre de mayor edad que no cono­ce ni tam­po­co desea que así sea. Desa­fian­do las con­ven­cio­nes socia­les, Aya repe­le la deci­sión de sus padres ade­más de par­ti­ci­par con sus ami­gas en un fes­ti­val de dan­za local.

La ópe­ra pri­ma de Unkovs­ki se carac­te­ri­za por su cali­bra­da direc­ción y por su guión en el que muy bien se ilus­tra cómo la reli­gión y la tra­di­ción son ele­men­tos que gra­vi­tan en un medio social deci­di­da­men­te con­ser­va­dor, patriar­cal y misó­gino don­de la mujer ejer­ce un rol secun­da­rio y sumi­so. Cla­ra­men­te se expo­ne cómo en ese entorno, los jóve­nes pro­ta­go­nis­tas desean eman­ci­par­se y deci­dir por sí mis­mos el camino a adoptar.

Es elo­gia­ble la auten­ti­ci­dad logra­da por el elen­co don­de sus acto­res no son pro­fe­sio­na­les; en ese aspec­to cau­ti­va la inter­pre­ta­ción de Jakup trans­mi­tien­do la deter­mi­na­ción del mucha­cho dis­pues­to a lograr su pro­pó­si­to a tra­vés de la músi­ca y tenien­do ade­más como ali­cien­te el amor y res­pon­sa­bi­li­dad pater­nal hacia su her­ma­ni­to; asi­mis­mo es admi­ra­ble la natu­ra­li­dad que demues­tra Agushev en un rol que a tra­vés de su expre­sión ges­tual tra­du­ce el sen­ti­mien­to que ani­ma a Naim; por su par­te Zla­ta­no­va se des­ta­ca como la inte­li­gen­te ado­les­cen­te deci­di­da a afron­tar su pro­pio destino.

En los rubros téc­ni­cos tras­cien­de la muy bue­na foto­gra­fía de Naum Dok­sevs­ki cap­tan­do mag­ní­fi­ca­men­te el esce­na­rio don­de trans­cu­rre la vida pas­to­ral de la aldea, así como la ban­da sono­ra de Alen Sin­kauz y Nenad Sinhauz inclu­yen­do can­cio­nes de la región alter­nan­do con otras en inglés. Final­men­te, men­ción espe­cial mere­ce el ves­tua­rio de Roza Traj­ces­ka con el dise­ño de los tra­di­cio­na­les y colo­ri­dos atuen­dos de las bailarinas.

He aquí una ópe­ra pri­ma muy bien narra­da que entre­mez­clan­do dra­ma y come­dia, su visión depa­ra satis­fac­ción. Jor­ge Gutman

Pres­ti­gio­so Cuar­te­to Musical

DOVER QUAR­TET

En el pri­mer con­cier­to del año, la agru­pa­ción Ladies Mor­ning Musi­cal Club (LMMC), reci­bi­rá por pri­me­ra vez al Cuar­te­to Dover. El con­jun­to está inte­gra­do por quie­nes en 2008 han sido alum­nos del pres­ti­gio­so Ins­ti­tu­to de Músi­ca Cur­tis de Filadelfia.

(Foto: Roy COX)

Los cua­tro músi­cos son Joel Link (vio­lín), Brian Lee (vio­lín), Julian­ne Lee (vio­la) y Cam­den Shaw (vio­lon­che­lo) quie­nes tam­bién han sido dis­cí­pu­los de la escue­la de músi­ca de la Uni­ver­si­dad Rice así como del Con­ser­va­to­rio Supe­rior de Músi­ca y dan­za de París.

Con­si­de­ra­do como uno de los más impor­tan­tes cuar­te­tos de cuer­da, esta agru­pa­ción ha rea­li­za­do una fruc­tí­fe­ra carre­ra. En el trans­cur­so de la tem­po­ra­da 2024 – 2025 ha crea­do nue­vas obras a tra­vés de Nor­te­amé­ri­ca y cola­bo­ra­do con artis­tas de alto nivel tales como los pia­nis­tas Marc-André Hame­lin, Miche­lle Cann y Hao­chen Zhang.

En mate­ria dis­co­grá­fi­ca el cuar­te­to efec­túo el regis­tro en tres volú­me­nes de los Cuar­te­tos de Cuer­da de Beetho­ven, con­sa­gra­das obras de Mozart, un álbum de Cuar­te­tos de Schu­mann y el Cuar­te­to de Cuer­das op. 96 de Dvořák.

El con­cier­to de Dover Quar­tet será efec­tua­do el 8 de febre­ro a las 15h30 en el Audi­to­rio Oscar Peter­son de la Uni­ver­si­dad Con­cor­dia con el siguien­te programa:

-Cuar­te­to en Re mayor, op. 20, no.4 de Haydn

-Cuar­te­to no.11 en Mi mayor D. 353 de Schu­bert

-Cuar­te­to no 6 en Fa menor, op. 80 de Men­dels­sohn

Infor­ma­ción adi­cio­nal, inclu­yen­do la obten­ción de entra­das pue­de obte­ner­se en el sitio lmmc.ca y tele­fó­ni­ca­men­te al (514) 932‑6796

Tres Días en Las Vegas: Iti­ne­ra­rio Ideal

UN ATRAC­TI­VO PASEO

Cró­ni­ca de José Ridoutt Polar

Cono­ci­da como la Ciu­dad del Peca­do, Las Vegas es uno de los des­ti­nos turís­ti­cos más popu­la­res de Esta­dos Uni­dos: una ciu­dad don­de todo es exce­so, luces, espec­tácu­lo y ener­gía inago­ta­ble. Entre casi­nos icó­ni­cos, atrac­cio­nes impo­si­bles y pla­nes para todos los gus­tos, las opcio­nes para dis­fru­tar esta locu­ra urba­na son prác­ti­ca­men­te infinitas.

(Foto: Sil­via Vale­ra Cárdenas)

En esta ruta por Las Vegas en 3 días, este iti­ne­ra­rio per­mi­te expe­ri­men­tar la ciu­dad en su face­ta más icó­ni­ca y sor­pren­den­te, sin extenuar.

Día 1

Maña­na: París, al esti­lo Las Vegas

Siem­pre se debe empe­zar en el Strip; es icó­ni­co por algo. Un lugar pre­di­lec­to para desa­yu­nar es Mon Ami Gabi, en Paris Las Vegas. Sen­ta­do en la terra­za, con un café en la mano, vien­do cómo el Strip des­pier­ta, nun­ca pasa de moda. La Skinny Crê­pe du Jour cam­bia a dia­rio y es todo menos “del­ga­da”, en el mejor sen­ti­do de la palabra.

Des­pués del desa­yuno, subir al mira­dor de la Torre Eif­fel. Esta répli­ca a media esca­la, cons­trui­da según los pla­nos ori­gi­na­les, ofre­ce vis­tas que brin­dan una pers­pec­ti­va ins­tan­tá­nea de lo sal­va­je que es Las Vegas. Un momen­to per­fec­to para fotos y para admi­rar la ciu­dad des­de las alturas.

Tar­de: Magia del Bellagio

Des­de París, es fácil lle­gar cami­nan­do al Bella­gio, uno de los resorts favo­ri­tos del Strip. Las fuen­tes son un espec­tácu­lo imper­di­ble; para quien nun­ca la ha vis­to habrá de depa­rar­le una autén­ti­ca deli­cia visual.

Den­tro del Bella­gio, es muy reco­men­da­ble visi­tar el Con­ser­va­to­rio y Jar­dín Botá­ni­co. Las expo­si­cio­nes cam­bian según la tem­po­ra­da. Para mejor apre­cia­ción lo más acon­se­ja­ble es ubi­car­se cer­ca del cen­tro y mirar hacia arri­ba: don­de el techo es tan impre­sio­nan­te como las flores.

Si toda­vía que­da ener­gía, tome la pasa­re­la ele­va­da has­ta Cae­sars Pala­ce para pasear por las tien­das Forum y admi­rar la répli­ca de la Fon­ta­na de Trevi.

Noche: Cena, copas y baile

Al caer la noche, se reco­mien­da diri­gir­se a The Cos­mo­po­li­tan, uno de los mejo­res luga­res de Las Vegas para comer, beber y pasear.

Para cenar, Super­fri­co nun­ca falla: el ambien­te es tea­tral, la comi­da diver­ti­da, y la moz­za­re­lla esti­ra­da fren­te a ti es par­te del espectáculo.

Si se bus­ca algo más infor­mal y rápi­do, Secret Piz­za es un clá­si­co: escon­di­da, caó­ti­ca y siem­pre satis­fac­to­ria a medianoche.

(Foto: Sil­via Vale­ra Cárdenas)

Día 2

Maña­na: Cen­tro y la Mafia

Hoy deja­mos el Strip y nos aden­tra­mos en el down­town, la cuna ori­gi­nal de Las Vegas. Comien­zar el día en el Main Street Casino, don­de el casino y el buf­fet se com­bi­nan en un solo lugar. Su buf­fet ofre­ce des­de clá­si­cos esta­dou­ni­den­ses has­ta opcio­nes inter­na­cio­na­les, en un ambien­te rela­ja­do y autén­ti­ca­men­te vega­sen­se. Es la mane­ra per­fec­ta de car­gar ener­gía antes de explo­rar Fre­mont Street y el cen­tro de la ciudad.

Des­de allí, cami­nar has­ta The Mob Museum, uno de los museos favo­ri­tos de Las Vegas. Ubi­ca­do en el his­tó­ri­co edi­fi­cio del anti­guo Pala­cio de Jus­ti­cia, el museo ofre­ce una mira­da fas­ci­nan­te al víncu­lo entre el cri­men orga­ni­za­do y el desa­rro­llo de la ciu­dad, com­bi­nan­do his­to­ria, obje­tos ori­gi­na­les y expo­si­cio­nes inter­ac­ti­vas que hacen que el pasa­do cobre vida.

Tar­de: Arte y neón

La siguien­te para­da es Con­tai­ner Park, un espa­cio al aire libre cons­trui­do con con­te­ne­do­res de car­ga. Pecu­liar, crea­ti­vo y lleno de deta­lles, es un lugar ideal para pasear y dis­fru­tar del ambien­te del downtown.

Des­pués, diri­gir­se al Neon Museum, una visi­ta obli­ga­to­ria para quie­nes quie­ren des­cu­brir la his­to­ria y la esen­cia visual de Las Vegas. Ubi­ca­do al nor­te del Strip, este museo al aire libre res­guar­da una impre­sio­nan­te colec­ción de letre­ros de neón ori­gi­na­les que algu­na vez ilu­mi­na­ron hote­les, casi­nos y nego­cios icó­ni­cos de la ciudad.

Cono­ci­do como Neon Bone­yard, el reco­rri­do per­mi­te cami­nar entre pie­zas autén­ti­cas de la cul­tu­ra pop esta­dou­ni­den­se, don­de cada letre­ro cuen­ta una his­to­ria y refle­ja la evo­lu­ción de la ciu­dad a lo lar­go de las déca­das. Al caer la noche, algu­nos letre­ros vuel­ven a encen­der­se, crean­do una atmós­fe­ra nos­tál­gi­ca y foto­gé­ni­ca que trans­por­ta al visi­tan­te a la épo­ca dora­da de Las Vegas. Más que un museo, es un home­na­je al dise­ño, el espec­tácu­lo y la iden­ti­dad úni­ca de la ciudad.

Noche: Fre­mont Energy

Al ano­che­cer, la calle Fre­mont se trans­for­ma. El espec­tácu­lo de luces LED es sal­va­je, la ener­gía es con­ta­gio­sa y para quien se atre­va, la tiro­le­sa Slotzi­lla ofre­ce una vis­ta pano­rá­mi­ca del caos des­de las alturas.

La cena en Barry’s Down­town Pri­me, den­tro de Cir­ca: el chu­le­tón tomahawk es espec­ta­cu­lar, indul­gen­te y abso­lu­ta­men­te Las Vegas. Para cerrar la noche, tomar una copa en Legacy Club, dis­fru­tan­do de las vis­tas de la ciu­dad, o reser­var en The Laundry Room, un peque­ño bar clan­des­tino don­de el bar­man crea un cóc­tel per­so­na­li­za­do solo para usted. Una for­ma per­fec­ta de ter­mi­nar un día lleno de his­to­ria, arte y neón.

(Foto: Sil­via Vale­ra Cárdenas)

Día 3
Maña­na: Desa­yuno en Denny’s.

Para comen­zar el día con ener­gía, Denny’s en el Strip de Las Vegas es una opción clá­si­ca y cómo­da. Este res­tau­ran­te, cono­ci­do por su ambien­te fami­liar y ser­vi­cio las 24 horas, ofre­ce un menú varia­do que inclu­ye des­de desa­yu­nos abun­dan­tes has­ta clá­si­cos ame­ri­ca­nos como pan­ca­kes, hue­vos, bacon y hamburguesas.

Su ubi­ca­ción en pleno Strip per­mi­te dis­fru­tar del bulli­cio de la ciu­dad mien­tras se sabo­rea un desa­yuno gene­ro­so y recon­for­tan­te, ideal antes de empren­der un día lleno de explo­ra­ción y aven­tu­ras por Las Vegas. Ade­más, su acce­si­bi­li­dad y hora­rio exten­di­do lo con­vier­ten en un pun­to de encuen­tro per­fec­to para via­je­ros que bus­can ini­ciar la jor­na­da con sabor y comodidad.

Tar­de: Ome­ga Mart:

Nos aven­tu­ra­mos en una de las expe­rien­cias más úni­cas e inno­va­do­ras de la ciu­dad: Ome­ga Mart. Ubi­ca­do den­tro del com­ple­jo AREA15, a solo minu­tos del Strip, este espa­cio invi­ta a cam­biar por com­ple­to la pers­pec­ti­va del visitante.

Ome­ga Mart es una expe­rien­cia artís­ti­ca inter­ac­ti­va crea­da por el colec­ti­vo Meow Wolf, don­de el arte, la tec­no­lo­gía y la narra­ti­va se fusio­nan en un reco­rri­do inmer­si­vo. A lo lar­go de la visi­ta, el públi­co se mara­vi­lla con obras de artis­tas loca­les e inter­na­cio­na­les mien­tras se aden­tra en mun­dos surrea­lis­tas lle­nos de sor­pre­sas. Por­ta­les secre­tos, pai­sa­jes ines­pe­ra­dos y una his­to­ria que se des­plie­ga paso a paso con­vier­ten esta visi­ta en un via­je sen­so­rial hacia lo desconocido.

Noche: Cena en Hou­se of Blues y show en el Man­da­lay Bay Theatre

Cerra­mos el día con ener­gía en el Hou­se of Blues, den­tro del icó­ni­co Man­da­lay Bay Resort & Casino. Este espa­cio cele­bra la músi­ca, el arte y la cul­tu­ra del sur de Esta­dos Uni­dos, con con­cier­tos de rock, blues, soul y más. Su res­tau­ran­te ofre­ce pla­tos típi­cos sure­ños, como cos­ti­llas y jam­ba­la­ya, idea­les para dis­fru­tar antes del espectáculo.

Lue­go, nos tras­la­da­mos al Man­da­lay Bay Thea­tre para el espec­ta­cu­lar show Michael Jack­son ONE del Cir­que du Soleil. Este show es un ver­da­de­ro des­fi­le de emo­cio­nes y momen­tos impac­tan­tes: una elec­tri­zan­te fusión de acro­ba­cias, dan­za y efec­tos visua­les que trans­por­ta al públi­co al uni­ver­so musi­cal de Michael Jack­son. Impul­sa­do por sus gran­des éxi­tos, inter­pre­ta­dos como nun­ca antes en un entorno de soni­do envol­ven­te de van­guar­dia, ONE sumer­ge al espec­ta­dor en un mun­do majes­tuo­so, jugue­tón, mági­co y conmovedor.

Des­de el pri­mer ins­tan­te, uno se encuen­tra rodea­do de acro­ba­cias impre­sio­nan­tes, coreo­gra­fías elec­tri­zan­tes y visua­les que com­bi­nan lo ínti­mo con lo épi­co. El mon­ta­je reco­rre los gran­des éxi­tos del Rey del Pop con un dise­ño de soni­do envol­ven­te, voces en vivo e inter­pre­ta­cio­nes de gui­ta­rra, crean­do una expe­rien­cia simi­lar a un con­cier­to que resue­na mucho des­pués de la últi­ma nota.

Lo que real­men­te dis­tin­gue a esta pro­duc­ción es su elen­co de 75 artis­tas, que trans­mi­ten majes­tuo­si­dad, ale­gría y magia a tra­vés de auda­ces haza­ñas aéreas y movi­mien­tos expre­si­vos, hacien­do de cada esce­na un home­na­je visual y emo­cio­nal a la músi­ca de Michael.

Tan­to si uno es faná­ti­co de Michael Jack­son o bien para quie­nes sim­ple­men­te sim­ple­men­te dis­fru­tan de espec­tácu­los inol­vi­da­bles en vivo, Michael Jack­son ONE es una expe­rien­cia imper­di­ble: un home­na­je majes­tuo­so y con­mo­ve­dor al lega­do del Rey del Pop.

Este artícu­lo se pudo rea­li­zar gra­cias al apo­yo de:

Media Pro­fi­le (Alys­sa Wea­ver), Michael Duf­field (Meow­Wolf), Yaneth y Clau­dia (Cir­que du Soleil), The Mob Museum y Neon Museum (Las Vegas)