Un Sim­ple Accidente

IT WAS JUST AN ACCI­DENT. Irán-Fran­cia-Luxem­bur­go, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Jafar Panahi. 105 minutos

Una vez más el exce­len­te direc­tor ira­ní lle­ga a con­mo­ver­nos con una pelí­cu­la magis­tral. A tra­vés de su fil­mo­gra­fía que ha reci­bi­do dis­tin­cio­nes en los más impor­tan­tes fes­ti­va­les de cine, se agre­ga It Was Just An Acci­dent, que este año fue acla­ma­da en Can­nes reci­bien­do mere­ci­da­men­te la Pal­ma de Oro.

A tra­vés de más de una déca­da de for­za­da reclu­sión en su país, eso no inhi­bió al rea­li­za­dor a tomar cla­ra con­cien­cia de lo que sus com­pa­trio­tas han expe­ri­men­ta­do a tra­vés de las crí­ti­cas rea­li­za­das al régi­men auto­crá­ti­co que gobier­na al país. Es así que este film, que uno podría aso­ciar a la pelí­cu­la de Román Polans­ki Death and the Mai­den (1994) basa­da en la obra tea­tral de Ariel Dorf­man, está ins­pi­ra­do exclu­si­va­men­te en his­to­rias rela­ta­das por com­pa­ñe­ros y cono­ci­dos del realizador.

Vahid Mobas­se­ri

Su tra­ma comien­za cuan­do Egh­bal (Ebrahim Azi­zi) mane­jan­do su auto en una carre­te­ra ira­ní con su mujer emba­ra­za­da (Afs­sa­neh Naj­ma­ba­di) y la peque­ña hiji­ta (Del­maz Naja­fi), atro­pe­lla a un perro que se cru­za en el camino pro­du­cien­do su muer­te; ese sim­ple acci­den­te moti­va a gene­rar una secue­la por­que a poco que el coche vuel­ve a arran­car se para por un des­per­fec­to del motor. Cir­cuns­tan­cial­men­te, Vahid (Vahid Mobas­se­ri), un tran­seún­te que tra­ba­ja en un taller mecá­ni­co pró­xi­mo al lugar sale para auxi­liar­lo y al poco rato sien­te un gran estu­por cuan­do Egha­bal mar­chan­do con su pier­na orto­pé­di­ca le hace pre­su­mir que él ha sido quien en el pasa­do lle­gó a tor­tu­rar­lo al haber sido dete­ni­do por crí­ti­cas rea­li­za­das al gobierno. Es así que al día siguien­te del acon­te­ci­mien­to, siguien­do con su camio­ne­ta la pis­ta de quien cree que ha sido su ator­men­ta­dor, a pesar que en el momen­to del cas­ti­go estu­vo enca­pu­cha­do, desea ven­gar­se; des­pués de gol­pear­lo y secues­trar­lo deci­de ente­rrar­lo vive pero cuan­do Egh­bal per­ju­ra que Vahid lo ha con­fun­di­do con otra per­so­na, que­da en él la gran duda.

De allí en más el rela­to, man­te­nien­do al rap­ta­do mania­ta­do y dro­ga­do en la bau­le­ra del vehícu­lo, Valid deci­de tomar con­tac­to con varios per­so­na­jes que han sido obje­to de duros cas­ti­gos. Median­te la infor­ma­ción que le sumi­nis­tra Salar (Geor­ge Hashem­za­deh), un libre­ro ami­go, lle­ga a con­tac­tar a la fotó­gra­fa Shi­va (Mariam Afsha­ri) que había esta­do en pri­sión, a Goli (Hadis Pak­ba­ten), una novia pró­xi­ma a casar­se jun­to con su pro­me­ti­do Ali (Majid Panahi) y a Hamid (Moha­mad Ali Elyas­mehr); todos ellos han expe­ri­men­ta­do las atro­ci­da­des come­ti­das de quien se supo­ne que ha sido Egh­bal, si bien han teni­do ven­da­do los ojos y sola­men­te es la pier­na orto­pé­di­ca lo que les hace pre­su­mir que ha sido él que en aquel enton­ces era iden­ti­fi­ca­do como “Peg Leg”. ¿Cuál es el camino que el gru­po debe­rá adop­tar? ¿Matar­lo, sacri­fi­can­do los idea­les al apli­car la ley del talión, o dejar­lo en liber­tad tenien­do en cuen­ta que tie­ne una fami­lia y una cria­tu­ra recién nacida?

Con inusi­ta­da maes­tría Panahi mane­ja esta his­to­ria don­de no sola­men­te plan­tea el con­flic­to moral pro­du­ci­do cuan­do la ven­gan­za es rea­li­za­da por cuen­ta pro­pia, sino que una vez más que­da mag­ní­fi­ca­men­te refle­ja­do que no sola­men­te las víc­ti­mas son las que han resul­ta­do afec­ta­das sino inclu­so los vic­ti­ma­rios cum­plien­do deni­gran­tes tareas impar­ti­das por el nefas­to régi­men. Eso impli­ca que es la jus­ti­cia que debe deci­dir la suer­te de los tor­tu­ra­dos. ¿Pero será posi­ble supo­ner que exis­te jus­ti­cia en Irán? De algu­na mane­ra es lo que el gran direc­tor deja entre­ver así como los efec­tos trau­má­ti­cos del pasa­do no son fáci­les de cica­tri­zar tal como lo tes­ti­mo­nia la mag­ní­fi­ca esce­na final.

Brin­dan­do una voz a los que han sufri­do horro­res en Irán, el gran maes­tro del cine efec­túa una con­tun­den­te denun­cia a las auto­ri­da­des mar­ca­da­men­te auto­ri­ta­rias de su país, a tra­vés de un film sutil­men­te rea­li­za­do y agra­cia­do por su inme­jo­ra­ble elen­co. Sin duda algu­na, ésta es una de las gran­des pelí­cu­las de 2025.  Jor­ge Gutman

Reme­mo­ran­do a Lorenz Hart

BLUE MOON. Esta­dos Uni­dos-Irlan­da, 2025. Un film de Richard Lin­kla­ter. 100 minutos

Un nota­ble film melan­có­li­co es lo que brin­da el ver­sá­til rea­li­za­dor Richard Lin­kla­ter al efec­tuar un estu­dio carac­te­ro­ló­gi­co de Lorenz Hart quien duran­te 27 años en las déca­das del 20 y 30 del siglo pasa­do fue el letris­ta de las can­cio­nes del com­po­si­tor Richard Rod­gers, jun­ta­men­te con­ci­bie­ron 26 come­dias musi­ca­les que delei­ta­ron a la audiencia.

Ethan Haw­ke

El rea­li­za­dor se vale del cer­te­ro guión de Robert Kaplow para rese­ñar qué es lo que acon­te­ce con Hart (Ethan Haw­ke) la noche del 31 de mar­zo de 1943 con moti­vo del estreno en Broad­way del céle­bre musi­cal Oklaho­ma! que cons­ti­tu­yó el pri­mer gran triun­fo logra­do por el bino­mio Rod­ger y Ham­mers­tein II.

Con pos­te­rio­ri­dad dell bre­ve comien­zo en que el públi­co asis­ten­te aplau­de viva­men­te al fina­li­zar la repre­sen­ta­ción del musi­cal, uno de los asis­ten­tes es Hart quien des­pués de la fun­ción se diri­ge al neo­yor­kino res­tau­rant Sar­di, don­de sue­len acu­dir los artis­tas del elen­co des­pués del estreno de una obra de Broad­way. Es en ese local don­de median­te copa tras copa de bebi­da alcohó­li­ca Hart enta­bla con­ver­sa­cio­nes con el bar­man Eddie (Bobby Can­na­va­le) así como con un sol­da­do (John Moran) que como pia­nis­ta eje­cu­ta algu­nas melo­días del reper­to­rio de Hart. De mane­ra elo­cuen­te y casi mono­lo­gan­do Hart mani­fies­ta no estar entu­sias­ma­do por el espec­tácu­lo al que con­si­de­ra dema­sia­do popu­lar e imbui­do de un for­za­do patrio­tis­mo. Asi­mis­mo hace alu­sión a Eli­za­beth (Mar­ga­ret Qua­lley) una vivaz estu­dian­te de Yale de la cual él evi­den­te­men­te se encuen­tra atraí­do. Pero en el fon­do, este hom­bre deja entre­ver un pro­fun­do sen­ti­mien­to de pena por haber sido des­pla­za­do como letris­ta de Rod­gers debi­do a su gra­ve adic­ción alcohólica.

El inte­rés del rela­to se inten­si­fi­ca cuan­do el elen­co arri­ba a Sar­di don­de Rod­gers (Andrew Scott) y su novel letris­ta Ham­mers­tein II (Simon Dela­ney) son obje­to de cáli­dos elo­gios por los invi­ta­dos ante la paté­ti­ca mira­da de Hart; es allí que el rele­ga­do letris­ta abor­da a Rod­gers en don­de prác­ti­ca­men­te implo­ran­do le soli­ci­ta seguir par­ti­ci­pan­do en nue­vos pro­yec­tos, a los que su inter­lo­cu­tor le res­pon­de que podría exis­tir la posi­bi­li­dad de revi­vir con cier­tas modi­fi­ca­cio­nes algún exi­to­so espec­tácu­lo del pasa­do. Ya un poco más cal­ma­do, Hart expe­ri­men­ta un enor­me pla­cer con la lle­ga­da de su idea­li­za­da Elizabeth.

Lin­kla­ter ha logra­do ven­cer el gran desa­fío de haber desa­rro­lla­do esta agri­dul­ce his­to­ria en tiem­po real que acon­te­ce en un solo esce­na­rio, como podría tra­tar­se de una obra tea­tral. Aun­que se tra­ta de una fic­ción acer­ca de un ver­da­de­ro acon­te­ci­mien­to, la pelí­cu­la des­ti­la máxi­ma auten­ti­ci­dad agra­cia­da por la estu­pen­da carac­te­ri­za­ción de Haw­ke, es asom­bro­so obser­var su per­so­ni­fi­ca­ción de un atri­bu­la­do indi­vi­duo imbui­do de alti­ba­jos emo­cio­na­les que tra­ta deses­pe­ra­da­men­te de retor­nar a las glo­rias del pasa­do, aun­que su des­afor­tu­na­da adic­ción al alcohol que no pue­de supe­rar cons­ti­tu­ye el serio obs­tácu­lo para poder lograrlo.

Cap­tu­ran­do la nos­tal­gia que des­ti­la el entra­ña­ble rela­to es suma­men­te agra­da­ble escu­char como músi­ca de fon­do algu­nos temas de Hart inclu­yen­do entre otro a Manhat­tan, The Lady is a Tramp, Whe­re or When y obvia­men­te Blue Moon que inti­tu­la al film.

En los cré­di­tos fina­les se lee que Lorenz en reali­dad con­tri­bu­yó con 5 nue­vas can­cio­nes para la repo­si­ción del espec­tácu­lo musi­cal de 1927 “A Con­nec­ti­cut Yan­kee” antes de haber sido para­li­za­do por su embria­guez en un día de llu­via acon­te­ci­do en la Octa­va Ave­ni­da de Manhat­tan, don­de murió cua­tro días des­pués en noviem­bre de 1943 a los 48 años de edad. Jor­ge Gutman

La Men­te Maestra

THE MAS­TER­MIND. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Kelly Reichardt. 110 minutos

A tra­vés de su des­ta­ca­da fil­mo­gra­fía, Kelly Reichardt ha demos­tra­do su inne­ga­ble talen­to de rea­li­za­do­ra y guio­nis­ta y es así que tras su nota­ble penúl­ti­mo film Sho­wing Up (2022) vuel­ve a rati­fi­car­lo en The Mas­ter­mind. Se tra­ta de una melan­có­li­ca come­dia dra­má­ti­ca que tie­ne las carac­te­rís­ti­cas de haber sido fil­ma­da en los años 70, don­de real­men­te se desa­rro­lla, imbui­da de una fres­cu­ra actual que lle­ga a ser nota­ble­men­te gratificante.

Josh O’Connor

Su acción trans­cu­rre en la épo­ca cita­da en Mas­sa­chu­setts don­de vive el des­em­plea­do car­pin­te­ro JB (Josh O’Connor), jun­to con su espo­sa Terry (Ala­na Haim) y sus dos hijos meno­res (Ster­ling y Jas­per Thom­pson). Al comien­zo del rela­to se lo ve a JB quien jun­to con su fami­lia visi­ta el museo de arte de Fra­mingham obser­van­do aten­ta­men­te algu­nas pin­tu­ras abs­trac­tas del renom­bra­do pin­tor ame­ri­cano Arthur Dove; pron­ta­men­te se sabe que a ocul­tas de su mujer él se pro­po­ne rea­li­zar un atra­co de cua­tro de esos cua­dros con la ayu­da de sus com­pin­ches Guy (Eli Gelb) y Larry (Cole Doman), así como Ron­nie (Javion Allen) como el con­duc­tor de un auto robado.

La pri­me­ra par­te del rela­to se nutre de los pre­pa­ra­ti­vos para per­pe­trar el robo, que es faci­li­ta­do dado que en el piso don­de están las men­cio­na­das obras, los guar­dias de segu­ri­dad no pres­tan la aten­ción debi­da para obser­var las manio­bras de los ladro­nes. Si bien el deli­to se aco­me­te, las con­se­cuen­cias del mis­mo dis­tan de resul­tar de acuer­do a lo planeado.

Pron­ta­men­te al des­cu­brir­se el robo de los cua­dros la auto­ri­dad poli­cial sos­pe­cha de JB; sin embar­go, ale­gan­do no saber nada del asun­to y tenien­do en cuen­ta que él es el hijo de un muy res­pe­ta­ble juez local (Bill Camp), logra salir airo­so del pro­ble­ma. Con todo, cuan­do hay cla­ras evi­den­cias que él ha sido la men­te maes­tra del robo, JB comien­za a huir de su hogar, hecho que reper­cu­te nega­ti­va­men­te en su vida fami­liar. De allí en más se asis­te al vía cru­cis de una fuga en el que JB tra­ta de ocul­tar­se, en prin­ci­pio don­de su madre (Hope Davis), pos­te­rior­men­te en el hogar de dos bue­nos ami­gos (John Maga­ro y Gaby Hoff­man), para pro­se­guir su desen­fre­na­do esca­pe a fin de evi­tar de ser cap­tu­ra­do y condenado.

Con una impe­ca­ble narra­ción, Reichardt ilus­tra las vici­si­tu­des del pro­ta­go­nis­ta con los pro­ble­mas que atra­vie­sa el país ame­ri­cano, en lo con­cer­nien­te con los con­flic­tos polí­ti­cos emer­gen­tes y en espe­cial a la gue­rra de Viet­nam; en tal sen­ti­do, la rea­li­za­do­ra con­tó con la remar­ca­ble cola­bo­ra­ción de la foto­gra­fía de Chris­topher Blau­velt cap­tan­do las imá­ge­nes de los luga­res en que trans­cu­rre la acción, el mag­ní­fi­co dise­ño de pro­duc­ción de Anthony Gas­pa­rro en la evo­ca­ción de esa épo­ca así como con la atrac­ti­va ban­da sono­ra de la músi­ca de per­cu­sión de Rob Mazu­rek que se aso­cia armo­nio­sa­men­te duran­te las esce­nas del atraco.

A los fac­to­res men­cio­na­dos, el film se enri­que­ce con su mag­ní­fi­co elen­co, enca­be­za­do por O’Connor, quien mara­vi­llo­sa­men­te com­po­ne el modus viven­di de un típi­co per­de­dor y nova­to ladron­zue­lo quien con sus silen­cios trans­mi­te su frus­tra­ción de haber que­ri­do brin­dar a su fami­lia un bien­es­tar eco­nó­mi­co con el robo de cua­dros, aun­que obvia­men­te sin lograrlo.

A todas luces Reichardt logra un film estu­pen­da­men­te narra­do que si bien de apa­rien­cia peque­ña, sus posi­ti­vos valo­res cier­ta­men­te lo engran­de­cen resul­tan­do alta­men­te dis­fru­ta­ble. Jor­ge Gutman

Con­fu­so Rela­to Dramático

AFTER THE HUNT. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Luca Gua­dag­nino. 138 minutos

Un film del rea­li­za­dor Luca Gua­dag­nino siem­pre con­ci­ta inte­rés y es así que creó expec­ta­ti­vas su recien­te opus After The Hunt, tenien­do en cuen­ta que su temá­ti­ca se vin­cu­la con el #metoo. Sin embar­go el resul­ta­do no es satis­fac­to­rio debi­do a que la his­to­ria de la novel guio­nis­ta Nora Garett está nutri­da de enig­mas irresueltos.

Ayo Ede­bi­ri y Julia Roberts en AFTER THE HUNT

El rela­to trans­cu­rre en 2019 y ambien­ta­do en el mun­do aca­dé­mi­co de la Uni­ver­si­dad de Yale. Allí se desem­pe­ña Alma Imhoff (Julia Roberts) quien como pro­fe­so­ra de filo­so­fía aspi­ra obte­ner la titu­la­ri­dad de la cáte­dra en bre­ve pla­zo. Casa­da con el psi­co­ana­lis­ta Fre­de­rich Men­dels­sohn (Michael Stuhl­barg), en prin­ci­pio su vida trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te y en la pri­me­ra esce­na se ve al matri­mo­nio reci­bien­do en su casa a cole­gas y ami­gos, inclu­yen­do a Hank Gib­son (Andrew Gar­field), pro­fe­sor de la uni­ver­si­dad e ínti­mo ami­go de Alma, como asi­mis­mo a Mag­gie (Ayo Ede­bi­ri), una estu­dian­te de doc­to­ra­do, les­bia­na y more­na per­te­ne­cien­te a una adi­ne­ra­da fami­lia que efec­tuó impor­tan­tes dona­cio­nes a la ins­ti­tu­ción. El pun­to de infle­xión del rela­to se pro­du­ce cuan­do Hank acom­pa­ña a Mag­gie a su hogar y al día siguien­te ella le cuen­ta a Alma que ha sido sexual­men­te abu­sa­da por él.

A par­tir de allí la cons­ter­na­da Alma no sabe cla­ra­men­te qué acti­tud adop­tar fren­te a un con­flic­to de intere­ses. Por una par­te tra­ta de apa­ci­guar a su alum­na pero por la otra se resis­te a creer que Hank con quien man­tie­ne secre­ta­men­te un víncu­lo amo­ro­so haya sido capaz de come­ter esa ofen­si­va acción, sobre todo por­que Hank ade­más de mani­fes­tar su ino­cen­cia, furio­sa­men­te con­si­de­ra que la chi­ca mien­te y que su inten­ción es ven­gar­se de él por que des­cu­brió que ella había pla­gia­do su tesis; a pesar de ello este acu­sa­do docen­te es des­pe­di­do del establecimiento.

No obs­tan­te de ser una apa­sio­na­da femi­nis­ta, Alma tra­ta de con­ven­cer a Mag­gie de no pre­sen­tar la denun­cia para evi­tar un escán­da­lo y espe­cial­men­te por­que en par­te teme que al estar invo­lu­cra­da en el pro­ble­ma, pue­da afec­tar su desig­na­ción de pro­fe­so­ra titular.

De allí en más, el film evi­ta escla­re­cer si Mag­gie fal­tó a la ver­dad o si Hank es o no cul­pa­ble. En cam­bio de mane­ra poco cla­ra refle­ja las con­se­cuen­cias que el inci­den­te comen­ta­do inci­de en la vida de Alma en rela­ción con su espo­so, alum­nos, direc­ción esco­lar y espe­cial­men­te su ten­sa vin­cu­la­ción con Mag­gie a quien le repro­cha de inmis­cuir­se en su vida privada.

El serio pro­ble­ma del film resi­de en que sus per­so­na­jes no están lo sufi­cien­te­men­te pre­ci­sa­dos para que se pue­da com­pren­der sus com­por­ta­mien­tos ade­más de incluir una sub­tra­ma vin­cu­la­da con pro­ble­mas esto­ma­ca­les de Alma que de mane­ra algu­na se vin­cu­la con el pro­ble­ma cen­tral de inde­ci­sión que afec­ta a su per­so­na­je; por otra par­te poco se entien­de que por una par­te man­ten­ga una rela­ción matri­mo­nial que apa­ren­te­men­te es nor­mal dado la afa­bi­li­dad y apo­yo que reci­be de su espo­so y por la otra le sea infiel con Hank. Más des­con­cer­tan­te resul­ta la reso­lu­ción de esta his­to­ria que tie­ne lugar cin­co años des­pués, en la que des­di­ce todo lo que se había vis­to anteriormente.

En últi­ma ins­tan­cia que­da la duda de cuál ha sido la moti­va­ción de Gua­dag­nino en el desa­rro­llo de este con­fu­so dra­ma. Así uno se pre­gun­ta si real­men­te el film per­si­gue una crí­ti­ca a los efec­tos cola­te­ra­les que pue­de gene­rar el movi­mien­to me too, o bien hacia la cul­tu­ra de la anu­la­ción al no exis­tir prue­ba algu­na que deter­mi­ne la cul­pa­bi­li­dad del acusado.

Si bien la pues­ta escé­ni­ca del rea­li­za­dor es acep­ta­ble­men­te correc­ta y el elen­co lide­ra­do por Roberts es con­vin­cen­te, esta pre­ten­di­da fábu­la moral pue­de ser obje­to de deba­te pero su ende­ble eje­cu­ción, que en par­te asu­me un tono cari­ca­tu­res­co, dis­ta de con­ven­cer. Jor­ge Gutman

El Beso de la Mujer Araña

KISS OF THE SPI­DER WOMAN. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Bill Condon.128 minutos

La céle­bre nove­la El Beso de la Mujer Ara­ña del escri­tor argen­tino Manuel Puig que fue publi­ca­da en 1976 ha sido tras­la­da­do al cine en 1985 en un remar­ca­ble film rea­li­za­do por Héc­tor Baben­co y entre las varias dis­tin­cio­nes obte­ni­das se encuen­tra el pre­mio Oscar a William Hurt como mejor actor del año. Pos­te­rior­men­te, en 1993 el film se con­vier­te en una exi­to­sa come­dia musi­cal de Broad­way apo­ya­do en el libro de Terren­ce McNally, músi­ca de John Kan­der y letra de Fredd Ebb. Es aho­ra que el afa­ma­do escri­tor y cineas­ta Bill Con­don adap­tó ese espec­tácu­lo musi­cal en Kiss of the Spi­der Woman.

Tona­tiuh y Die­go Luna

La his­to­ria ori­gi­nal sigue sien­do la mis­ma. Argen­ti­na sufre a prin­ci­pios de 1983 el tre­men­do fla­ge­lo de una san­grien­ta dic­ta­du­ra mili­tar ini­cia­da en 1976 don­de ade­más de 30.000 des­apa­re­ci­dos, hay innu­me­ra­bles pri­sio­ne­ros polí­ti­cos. Es así que en el rela­to se sale al encuen­tro de Valen­tín Arre­gui (Die­go Luna), cuyo acti­vis­mo revo­lu­cio­na­rio lo con­du­jo a ser encar­ce­la­do; es en su cel­da don­de lle­ga Luis Moli­na (Tona­tiuh), un pelu­que­ro homo­se­xual que ha sido arres­ta­do por haber corrom­pi­do a un menor y a quien el guar­dia de la pri­sión (Bruno Bichir) le enco­mien­da que tra­te de extraer infor­ma­ción del izquier­dis­ta Valen­tín. En esa pri­sión car­ce­la­ria de inmun­do nivel, la for­za­da con­vi­ven­cia de estos dos seres de per­so­na­li­dad com­ple­ta­men­te dife­ren­tes no es obs­tácu­lo para que gra­dual­men­te lle­guen a for­jar un víncu­lo amis­to­so; es allí don­de Moli­na, un apa­sio­na­do del cine y admi­ra­dor de su ado­ra­da estre­lla de cine Ingrid Luna inten­ta atraer la aten­ción de su com­pa­ñe­ro que no es muy adic­to al cine, con­tán­do­le la pelí­cu­la “El Beso de la Mujer Ara­ña”. En con­se­cuen­cia la ima­gi­na­ción de Moli­na gene­ra un show musi­cal don­de en la his­to­ria de fic­ción su ado­ra­da Luna (Jen­ni­fer López) inter­pre­ta a Auro­ra en tan­to que él ani­ma a su cortejante.

Los núme­ros musi­ca­les del espec­tácu­lo con­tras­tan con la vio­len­cia impe­ran­te que Moli­na sufre en la cár­cel y que Valen­tín tra­ta de con­for­tar y sanar sus heri­das gene­ran­do de este modo un víncu­lo que trans­cien­de la amis­tad para ceder lugar a algo más ínti­mo. Sin embar­go, el equi­li­brio entre la reali­dad y la fan­ta­sía de Valen­tín pro­du­ce un serio disen­so en la medi­da que el con­te­ni­do musi­cal eli­mi­na el impac­to emo­cio­nal del dra­ma cen­tral car­ce­la­rio, aspec­to que en el film de Baben­co adquie­re rele­van­te profundidad.

Den­tro del mar­co estric­ta­men­te de come­dia musi­cal, las esce­nas musi­ca­les nutri­das de una doce­na de can­cio­nes no dejan mar­ca­da hue­lla, aun­que cabe des­ta­car la lumi­no­sa pre­sen­cia de Jen­ni­fer López can­tan­do y bai­lan­do con nota­ble vita­li­dad así como resal­ta la carac­te­ri­za­ción logra­da en los roles que asu­me (Luna, Auro­ra, Mujer Ara­ña). Sin embar­go, la ausen­cia de cohe­ren­cia narra­ti­va entre la reali­dad y la fan­ta­sía cons­ti­tu­ye la prin­ci­pal obje­ción a la adap­ta­ción rea­li­za­da por Con­don, gene­ran­do un resul­ta­do dispar.

A su favor, esta ambi­cio­sa pelí­cu­la del rea­li­za­dor que cuen­ta con una ele­gan­te pues­ta escé­ni­ca se bene­fi­cia de las sóli­das inter­pre­ta­cio­nes de su elen­co cen­tral. Ade­más de López, Luna tra­sun­ta nota­ble auten­ti­ci­dad como el pri­sio­ne­ro polí­ti­co y Tona­tiuh cons­ti­tu­ye una muy gra­ta reve­la­ción al impac­tar gra­ta­men­te en su pri­mer rol pro­ta­gó­ni­co por la acer­ta­da mane­ra en que trans­mi­te la gran huma­ni­dad que emer­ge de su per­so­na­je. Jor­ge Gutman

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