Crónica de Jorge Gutman
Desde el 8 hasta el 19 de octubre, la ciudad de Montreal es la sede del Festival du Nouveau Cinéma (FNC) que en su 54ª edición los festivaleros tendrán la ocasión de descubrir las obras de importantes cineastas consagrados como asimismo de talentos emergentes. y de películas que han obtenido una cálida recepción crítica en Quebec y el resto de Canadá. La programación incluye 106 largometrajes y 162 cortos provenientes de 46 países que han sido destacados en los festivales internacionales de Berlín, Cannes, Locarno y Toronto así como lo más relevante del cine quebequense y del resto de Canadá.
El FNC se inaugura con Space Cadet, película de animación del cineasta canadiense Kid Koala (Eric San), adaptada de la novela gráfica del realizador y guionizado por Mylène Chollet. El film que clausurará la muestra es Le Train de la directora canadiense Marie Brassard con un elenco protagonizado por Larissa Corriveau, Thaile Rainds, Électra Klara Codina y Lennikim.
Para una información completa acerca de la programación, salas de exhibición, horarios así como numerosas actividades temáticas organizadas por el festival, el sitio a consultar es nouveaucinema.ca
A continuación se comenta algunas de las películas que han sido visionadas.
What does that nature say to you (Corea del Sur)
En una carrera sumamente prolífica el reconocido director surcoreano Hong Sangsoo ofrece en su trigésimo tercer trabajo, un film que destila su singular estilo de simplicidad dejando entrever algunos aspectos interesantes de apreciar.

What does that nature say to you
El protagonista es Donghwa (Ha Seongguk), un aprendiz de poeta de 35 años que está de novio desde hace tres años con la joven Junhee (Kang Soyi). Después del trayecto que efectúa en su auto trasladándola desde Seúl a Incheon donde se halla la casa campestre en la cual reside, circunstancialmente llega a conocer a su afable padre Oryeong (Kwon Haehyo) quien contemplando el coche de Donghwa le gustaría probarlo; el joven accede a que lo maneje ganándose de este modo la simpatía de este hombre por lo cual lo invita a conocer su residencia por él diseñada, situada al pie de una montaña con una esplendorosa vista panorámica. Durante ese encuentro, su potencial suegro le hace saber lo mucho que sintió por la muerte de su emprendedora madre mostrándole su tumba ubicada en las cercanías, al propio tiempo que va observando el comportamiento de su posible yerno a quien halaga por sus especiales bigotes.
Después de una salida con su novia y su hermana mayor Neunghee (Park Miso) para almorzar y posteriormente dar un paseo por el lugar que transcurre apaciblemente, mientras dialogan en torno de la poesía, la belleza del lugar y del amor que el visitante siente por su novia; posteriormente tiene lugar la invitación a cenar donde allí él conocerá a Sunhee, (Cho Yunhee), la esposa de Oryeong, que es poetisa y una eficiente cocinera. Alrededor de esa mesa surgen diferentes tópicos de conversación, pero llegado un momento el clima se enrarece cuando ante la pregunta que se le hace al invitado sobre su padre, que es un reconocido abogado de excelente posición económica; el exceso de alcohol consumido impulsa a Donghwa a responder con cierta violencia manifestando que nunca dependió de él económicamente y que su ocupación como autor de videos de boda en Seúl le permite solventar su independencia sin necesidad de recurrir a sus progenitores y vivir alejados de ellos. Ya concluido el ágape, los padres de Junhee se preguntan si realmente Donghwa es el mejor candidato para su hija.
Mediante un final abierto, en donde queda la duda si realmente Junhee está ya decidida a contraer enlace, el film se caracteriza por su naturalidad mediante un relato que adopta un tono costumbrista a la vez que contemplativo que se evidencia a través de la dinámica establecida entre sus cinco personajes.
Indudablemente puede calificarse a Hong Sangsoo como un hombre orquesta, dado que además de dirigir y ser el autor del guión, tiene a su cargo, la fotografía, la música y el montaje del film. Ciertamente los cinéfilos del realizador quedarán satisfechos con esta sencilla y honesta entrega, aguardando su próximo proyecto.
Blue Heron (Canadá-Hungría)
Resulta siempre agradable descubrir el talento artístico de jóvenes cineastas. Este es el caso de Sophy Romvari, la novel directora canadiense quien con inusitado discernimiento traslada a la pantalla una historia de considerable gravitación basada en sus experiencias de infancia, que por sus méritos ha sido distinguida con el premio a la mejor primera película en el Festival de Locarno de este año.

Blue Heron
A través de su memoria, el guión de la realizadora presenta en su primera mitad a Sasha (Eylul Guven), una niña de 8 ocho años quien junto con su familia procedente de Hungría arriban en la década del 90 a la isla de Vancouver para el inicio de una nueva vida. En apariencia, el lugar resulta promisorio donde ella discurre y goza de su belleza; con todo hay un elemento que la perturba cuando en una conversación de su madre (Iringo Reti) con su padrastro (Adam Tompa) se deja entrever que Jeremy (Eddik Bedoes), el hijo mayor, padece de un comportamiento errático que sugiere un estado de inestabilidad mental; eso evidentemente afecta a la familia y fundamentalmente a su progenitora que le genera gran ansiedad, en tanto que la pequeña Sasha observa cómo al propio tiempo Jeremy quiere a sus hermanos no obstante sus arrebatos de furia, sin que ella, muy sensible y apenada, pueda modificar la situación reinante. Romvari con la colaboración de la magnífica fotografía de Maya Bankovic transmite con fidelidad la tensión que generan las actitudes de Jeremy, que nadie puede determinar a qué se debe.
Ya es en su segunda mitad que transcurre 2 décadas después donde se observa a Sasha (Amy Zimmer) quien convertida en cineasta decide abordar a su hermano ya fallecido a fin de tratar de fehacientemente entender lo que le ha sucedido. Apelando a su memoria fragmentada, Sascha retorna al hogar familiar de su pasado manteniendo una imaginaria conversación con sus progenitores acerca del problema que afectó a Jeremy. Dejando entreabierta la ficción encarada por Sascha y de lo que no lo es, el film va generando escenas de contenida emoción.
Mediante un relato meticulosamente narrado, a la vez que sensible, tierno y genuinamente conmovedor, Romvari expone cómo la lucha emprendida por la protagonista de esta historia ha dejado marcadas huellas en su mente para comprender a su hermano.
100 Sunset (Canadá)
Habiendo sido presentado en el Festival de Toronto en la sección dedicada a emergentes cineastas, después de haber realizado dos cortometrajes, la directora y escritora Kunsang Kyrong enfoca en su primer largometraje una historia ambientada en Parkdale, una zona vecina de Toronto ubicada en el oeste de la ciudad.

100 Sunset
Lo que caracteriza a esta comedia es que habiendo colaborado con miembros de la comunidad tibetana de Toronto, la novel realizadora ambienta su relato en donde habita gran parte de esa agrupación centrando su atención en dos personas de ese origen.
La protagonista es Kunsel (Tenzin Kunzel), una joven mujer introvertida que se siente un tanto extraña en su propio medio social. Viviendo en un bloque de departamentos del mencionado vecindario, ella destina su tiempo espiando a sus vecinos mediante una cámara de video adquirida, como asimismo realizando pequeños hurtos. Su vida rutinaria cobra impulso cuando llega a conocer a Passang (Sonam Choekyi), una mujer que llega a vivir en el mismo edificio con su marido mucho mayor que ella y que expresa asimismo una oculta insatisfacción. Ese encuentro va generando una amable relación donde entre otros aspectos ambas asisten a las clases de inglés así como conjuntamente van transitando los alrededores de la zona.
A través de variadas viñetas el film ofrece una clara visión de la congregación tibetana además de estar favorecido por las convincentes actuaciones de Kunsel y Choekyi y de la buena fotografía del camarógrafo Nicolay Michaylov. Sin embargo, el lento ritmo que imprime la realizadora mitiga la envergadura dramática necesaria para suscitar genuina emoción. Lo concreto es que a pesar de la objeción señalada la película concita interés al permitir que el espectador se involucre en un medio cultural raramente abordado por el cine canadiense.
Dites-lui que Je l’aime (Francia)
La complicada relación maternofilial es analizada por la directora Romane Bohringer a través de una narrativa documental fusionada con la ficción.

Dites-lui que Je l’aime
La película está basada en el libro Dites-lui que Je l’aime escrito en 1919 por la política francesa Clémentine Autain quien relata el traumático vínculo mantenido con su madre Dominique Laffin, una actriz que abandonó a su hija y murió a los 33 años justo cuando Autain era una pre adolescente de 12 años.
La lectura de ese libro cundió hondamente en Bohringer en la medida que curiosamente ella a los nueve meses de edad también fue dejada de lado por su propia madre Marguerite Bourry quien murió a los 36 años. Esa inaudita simetría motiva a que Bohringer, gran amiga de la escritora le solicita adaptar su libro para su filmación.
En el marco de esa propuesta que fue aceptada por la autora, el guión de Bohringer escrito con Gabor Rassov adopta un procedimiento nada convencional donde se relatan dos historias traumáticas en las que ambias mujeres confrontan su pasado a través de episodios reconstruidos. En la primera parte del film se observa a Autain leyendo pasajes del libro y a través del mismo se va contemplando cómo la niña sufrió los embates de su madre con su adicción al alcohol y su ausencia del hogar. En tal sentido, una impactante escena acaece cuando la joven Autain (Liliane Sanry-Baud), observa a su madre (Eva Yelmani) solicitando con violencia a un empleado de un hotel que le proporcione un trago alcohólico cuando el bar ya estaba cerrado.
La segunda mitad del film se concentra en Romane, donde atendida por una psiquiatra (Josiane Stoléru) manifiesta su pesar frente a no haber conocido a su progenitora. Asimismo valiéndose de papeles y escritos de su madre (igualmente interpretada por Eva Yelmani) con la colaboración de su joven hijo Raoul Rebbot-Bohringer actuando como supuesto detective, se van conociendo detalles de su vida. Es así que se sabe que Marguerite nació en Vietnam cuyo padre francés la cedió en adopción para vivir gran parte de su juventud en un convento; ya mayor se interesa por actuar en cine y al propio tiempo deviene fuertemente adicta a las drogas.
Esa mirada hacia el pasado de dos mujeres que han sido olvidadas del afecto maternal, hecho que ha impactado sus vidas, constituye una catarsis para que ambas puedan seguir adelante sin claudicar. Con todo, la forma híbrida que adopta Bohringer para ilustrar las características que asume la memoria es un tanto desigual al no lograr una completa armonía entre los dos relatos haciendo que en ciertos lapsos su lentitud conspire emocionalmente. De todos modos, el film tiene suficientes méritos para concentrar su atención con su mensaje de reconciliación de las hijas perdonando a sus madres. Como nota final, cabe destacar la magnífica caracterización de Eva Yelmani animando a Marguerite y Laffin logrando notable autenticidad.













