FNC 2024 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí cin­co comen­ta­rios de fil­mes pre­sen­ta­dos en el Fes­ti­val du Nou­veau Ciné­ma (FNC) que pro­si­gue en Mon­treal has­ta el 20 de octubre

Tar­des de Sole­dad (Espa­ña-Fran­cia-Por­tu­gal)

Con­si­de­ra­do como uno de los más renom­bra­dos y hete­ro­do­xos cineas­tas de Espa­ña, el cata­lán Albert Serra dis­po­ne una fil­mo­gra­fía impor­tan­te, inclu­yen­do entre otros títu­los La Mort de Louis XIV (2016), Liber­té (2019) y Paci­fic­tion (2022); con todo esta es la pri­me­ra vez que enca­ra un docu­men­tal como el que se comen­ta por el que ha obte­ni­do la Con­cha de Oro en el fes­ti­val de San Sebas­tián de este año.

Andrés Roca Rey

El tema con­si­de­ra­do es el de la tau­ro­ma­quia, común­men­te cono­ci­do como “Corri­da de Toros”, una tra­di­ción espa­ño­la que cuen­ta con innu­me­ra­bles adep­tos como tam­bién con ardien­tes detrac­to­res. Lo cier­to es que según una ley pro­mul­ga­da en noviem­bre de 2013 este depor­te es con­si­de­ra­do patri­mo­nio cul­tu­ral y digno de pro­tec­ción en todo el terri­to­rio español.

Lo per­ti­nen­te del film es que Serra, sin duda algu­na con­gra­cia­do con la tau­ro­ma­quia, ofre­ce cine­ma­to­grá­fi­ca­men­te un film deci­di­da­men­te crea­ti­vo con una pues­ta escé­ni­ca des­lum­bran­te que some­te al espec­ta­dor a un espec­tácu­lo vis­ce­ral y per­tur­ba­dor a la vez.

Para lograr su come­ti­do el direc­tor con­tó a su favor con Andrés Roca Rey, un tore­ro peruano nacio­na­li­za­do espa­ñol de 27 años que es con­si­de­ra­do como un super­as­tro en el mar­co de este san­grien­to depor­te. Sin que exis­ta comen­ta­rio alguno ni tam­po­co entre­vis­tas a su pro­ta­go­nis­ta, el docu­men­tal en casi su tota­li­dad lo enfo­ca en el rue­do fren­te a su presa.

Serra detrás de la cáma­ra y con la valio­sa cola­bo­ra­ción del direc­tor de foto­gra­fía Artur Tort Pujol, median­te un remar­ca­ble encua­dre con pri­me­ros pla­nos per­mi­te que el públi­co que con­tem­pla el film ten­ga la sen­sa­ción de hallar­se den­tro del cam­po de com­ba­te, adqui­rien­do de este modo la inmer­si­va viven­cia de lo que allí acontece.

Al comen­zar la lidia resul­ta fas­ci­nan­te obser­var a Roca Rey enfren­tan­do a la bes­tia con una mira­da desa­fian­te mien­tras rea­li­za cier­tos movi­mien­tos de pasos que podrían asi­mi­lar­se a los de un per­fec­to bai­la­rín. A con­ti­nua­ción se apre­cia la vio­len­cia emplea­da duran­te el due­lo cuan­do la espa­da de Roca Rey pro­du­ce la esto­ca­da en el ani­mal pro­vo­can­do su caí­da con un baño de san­gre que sale de sus entra­ñas para lue­go vol­ver a intro­du­cir el arma has­ta ani­qui­lar­lo por com­ple­to. Cla­ro está que en algu­nos de los encuen­tros con otros toros, Roca Rey resul­ta cor­nea­do gene­rán­do­le par­cia­les heri­das sangrientas.

En los pocos momen­tos en que el docu­men­tal se apar­ta del rodeo se obser­va al tore­ro via­jan­do en su coche pri­va­do en com­pa­ñía de los inte­gran­tes de su cua­dri­lla que lo ensal­zan con des­me­su­ra­dos elo­gios. Asi­mis­mo el docu­men­tal ilus­tra los ritua­les refe­ren­tes a la ves­ti­men­ta del barro­co y colo­ri­do tra­je que lo viste.

En esen­cia, median­te este docu­men­to Serra des­nu­da por com­ple­to los ava­ta­res de la tau­ro­ma­quia fil­man­do con majes­tuo­sa pre­ci­sión las exten­di­das secuen­cias de lucha, sin que por ello impli­que que él sea par­ti­da­rio de la cruel­dad infli­gi­da a los toros. Si algu­na obser­va­ción mere­ce este docu­men­tal es que nada se sabe de la vida per­so­nal del tore­ro aun­que eso no des­me­re­ce su calidad.

Reas (Argen­ti­na-Ale­ma­nia-Sui­za)

Con el buen ante­ce­den­te ofre­ci­do en Tea­tro de Gue­rra (2018) enfo­can­do las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por seis vete­ra­nos de la gue­rra de las Islas Mal­vi­nas enfren­tan­do al ban­do bri­tá­ni­co, en este docu­men­tal musi­cal la remar­ca­ble rea­li­za­do­ra Lola Arias cen­tra su aten­ción en un gru­po de ex convictos.

El Elen­co del film

Para rea­li­zar su pro­pó­si­to ella ubi­ca el rela­to en una aban­do­na­da cár­cel de Bue­nos Aires, obran­do de ver­da­de­ro cen­tro correc­cio­nal y es allí don­de el veris­mo del rela­to se entre­mez­cla con lo ficcional.

Todo comien­za con la ex pre­si­dia­ria Yose­li Arias, una joven de 25 años quien había pur­ga­do una sen­ten­cia de mas de 4 años por con­tra­ban­do de estu­pe­fa­cien­tes. A modo de guía esta chi­ca va intro­du­cien­do a muje­res que han esta­do pre­sas por dife­ren­tes razo­nes y que van rela­tan­do sus vidas que podrían ser reales o bien ima­gi­na­das, así cómo avi­zo­ran el futuro.

En ese hete­ro­gé­neo con­jun­to humano que inclu­ye a muje­res no bina­rias y tran­se­xua­les, Yose­li enta­bla espe­cial comu­ni­ca­ción con Nacho (Igna­cio Ama­dor Rodrí­guez), un hom­bre trans­gé­ne­ro que lide­ra una ban­da de rock inte­gra­da por Estefy Har­castle, Noe­lia Pérez y Pau­li­ta Astu­ray­me, entre otras. En tal sen­ti­do la músi­ca cobre vida en el penal y a tra­vés de can­tos y bai­les, per­mi­tien­do a la direc­to­ra ilus­trar cómo la recrea­ción artís­ti­ca pue­de ate­nuar la dure­za del encie­rro. Asi­mis­mo, siem­pre den­tro del esti­lo de docu-fic­ción, se ve a las reas enta­blar con­ver­sa­cio­nes con los guar­dias de la pri­sión o bien jugan­do al fút­bol. Sin excluir algu­nas situa­cio­nes diver­ti­das, lo más impor­tan­te que emer­ge de esta his­to­ria es la diná­mi­ca inter­ac­ción de sus per­so­na­jes y sobre todo el sen­ti­mien­to fra­ter­nal y soli­da­rio que ani­ma a los mis­mos; en ese queha­cer es pon­de­ra­ble la actua­ción de un elen­co ani­ma­do por no pro­fe­sio­na­les trans­mi­tien­do brío, ener­gía e indu­da­ble auten­ti­ci­dad a lo que mag­ní­fi­ca­men­te expo­ne la cineasta.

La remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de Arias uni­da a la logra­da foto­gra­fía de Mar­tín Ben­chi­mol, la acer­ta­da músi­ca de Uli­ses Con­ti y en espe­cial la enco­mia­ble coreo­gra­fía de Andrea Ser­ve­ra, con­tri­bu­yen a valo­ri­zar este nota­ble docu­men­tal per­mi­tien­do la ple­na adhe­sión del espectador.

A Family (Fran­cia).

La pre­mia­da nove­lis­ta fran­ce­sa Chris­ti­ne Angot tra­ta de expur­gar el dra­ma que la ha per­se­gui­do des­de su tem­pra­na ado­les­cen­cia, cuan­do a los 13 años de edad fue vio­la­da por su padre Pie­rre. Este deli­ca­dí­si­mo y urti­can­te tema ya lo había tra­ta­do en su libro L’Inceste de 1999; es aho­ra que efec­tuan­do su debut como direc­to­ra con­si­de­ra en este docu­me­nal el trau­ma vivi­do y aún persistente.

Chris­ti­ne Angot

El film se ubi­ca en Estras­bur­go don­de su pro­ge­ni­tor vivió y murió tiem­po atrás. Allí retor­na Chris­ti­ne, el lugar don­de comen­zó el abu­so sexual, acom­pa­ña­da del equi­po que fil­ma el docu­men­tal diri­gi­do por la cama­ró­gra­fa Caro­li­ne Cham­pe­tier. En pri­mer lugar ella se diri­ge al domi­ci­lio de Eli­za­beth Weber, la viu­da de su padre, cuyo obje­ti­vo es el de que ella reco­noz­ca la mons­truo­si­dad come­ti­da por él. Pos­te­rior­men­te, Angot sale al encuen­tro de su madre Rachel Sch­wartz, con­fron­tán­do­la por no haber­la pro­te­gi­do en su pro­pio hogar del mons­truo­so deli­to come­ti­do por su padre. A tra­vés del rela­to la direc­to­ra encuen­tra a otros miem­bros de su núcleo fami­liar, inclu­yen­do su pri­mer espo­so Clau­de, su pare­ja Charly y final­men­te su hija adul­ta Léo­no­re, a quien median­te cin­tas case­ras regis­tra­das en julio y agos­to de 1993, se la ve cuan­do peque­ña ampa­ra­da por el amor brin­da­do por Chris­ti­ne. Pre­ci­sa­men­te en el ínti­mo diá­lo­go man­te­ni­do a la hora actual entre Angot con su hija, esa con­ver­sa­ción ofre­ce a la escri­to­ra una catar­sis emo­cio­nal, dejan­do abier­ta la posi­bi­li­dad de aus­cul­tar una luz al final del oscu­ro túnel del inces­to sufrido.

No hay mane­ra posi­ble para poder com­pren­der cómo un padre pue­de oca­sio­nar un daño bru­tal a alguien de su pro­pia san­gre. De todos modos, median­te este docu­men­tal bien rea­li­za­do y sobria­men­te expues­to, cabe admi­rar la resi­lien­cia y valen­tía de la novel direc­to­ra en denun­ciar la acción cri­mi­nal de su pro­ge­ni­tor como asi­mis­mo quie­nes ocul­ta­ron el gra­ve delito.

Cést pas moi (Fran­cia)

Con­si­de­ra­do como un radi­cal y pro­vo­ca­ti­vo rea­li­za­dor del cine fran­cés, en este cor­to­me­tra­je Leos Carax refle­xio­na acer­ca de su labor como cineas­ta. A tra­vés de 40 minu­tos de dura­ción, el cineas­ta con­si­de­ra aspec­tos de la actual cine­ma­to­gra­fía, rápi­das refe­ren­cias sobre su vida per­so­nal, así como espec­tros de la situa­ción polí­ti­ca que ha vivi­do la huma­ni­dad en el pasa­do con algu­nos visos del momen­to actual.

Una esce­na del film

Median­te una narra­ción alu­ci­na­to­ria, entre caó­ti­ca y desen­fre­na­da, Carax tri­bu­ta home­na­je a Jean Luc Godard, a quien mucho admi­ra, dado que el cor­to adquie­re el viso de un colla­ge que se ase­me­ja al que el des­apa­re­ci­do cineas­ta empleó en Le Libre d’image (2019).

Pasan­do rápi­da revis­ta a algu­nos extrac­tos de sus fil­mes y de otros auto­res así como valién­do­se de vie­jas fotos, Carax ilus­tra imá­ge­nes refe­ri­das a Roman Polans­ki adu­cien­do al ase­si­na­to de su mujer, una esce­na de Vér­ti­go de Alfred Hitck­cock, así como enfa­ti­za su víncu­lo artís­ti­co con el actor Denis Lavant. Una ima­gen de Hitler evo­ca la tra­ge­dia vivi­da en la Segun­da Gue­rra así como otras remi­ten a polí­ti­cos auto­ri­ta­rios como Putin y Trump entre otros. Evi­den­cian­do como rea­li­za­dor su cri­sis exis­ten­cial, Carax cues­tio­na la for­ma que adqui­rió la evo­lu­ción del cine, con espe­cial refe­ren­cia al abu­so del empleo audio­vi­sual en la medi­da que se ape­la a una super esti­mu­la­ción de la ima­gen com­bi­na­da con el soni­do, que a su modo de ver resul­ta alienante.

En este apre­cia­ble film de mon­ta­je nutri­do de apre­cia­dos hallaz­gos visua­les, Carax demues­tra nue­va­men­te su nota­ble habi­li­dad de des­lum­brar a la audien­cia con su indis­cu­ti­ble talen­to creativo.

The Seed of the Sacred Fig (Irán-Fran­cia-Ale­ma­nia)

Moham­mad Rasou­lof es un rea­li­za­dor ira­ní que ha expe­ri­men­ta­do una suer­te simi­lar al de otros cineas­tas de Irán que les ha sido prohi­bi­do salir del país por su acti­vis­mo polí­ti­co. En este caso Rasou­lof, que fue con­de­na­do a ocho años de pri­sión, logró esca­par de Irán para pre­sen­tar en el Fes­ti­val de Can­nes este duro film en el que al igual que en su ante­rior fil­mo­gra­fía denun­cia al régi­men teo­crá­ti­co impe­ran­te en su país.

Misagh Zareh y Sohei­la Golestani

El guión del direc­tor pre­sen­ta a Iman (Mis­sagh Zareh) un fun­cio­na­rio esta­tal que ha sido pro­mo­vi­do al car­go de inves­ti­ga­dor judi­cial en la cor­te revo­lu­cio­na­ria de Irán; su fun­ción es la de refren­dar con su fir­ma y sin revi­sar los casos las sen­ten­cias de muer­te pro­nun­cia­das por el tri­bu­nal islá­mi­co para quie­nes fir­me­men­te se han opues­to al gobierno. En prin­ci­pio dicho ascen­so cons­ti­tu­ye para él un moti­vo de gran satis­fac­ción y en tal sen­ti­do es apo­ya­do por su sumi­sa y abne­ga­da espo­sa Naj­meh (Sohei­la Goles­ta­ni) aun­que esa eufo­ria está lejos de ser com­par­ti­da por sus hijas Rez­va (Mah­sa Ros­ta­mi) de 20 años y la menor Sana (Seta­reh Maleki).

Mien­tras tan­to, en las calles abun­dan las mani­fes­ta­cio­nes de pro­tes­ta de las muje­res recla­man­do sus dere­chos, sobre todo des­pués de que en sep­tiem­bre de 2022 se pro­du­jo el arres­to de la acti­vis­ta Mah­sa Arra­ni de 22 años por no uti­li­zar el velo feme­nino obli­ga­to­rio y su pos­te­rior muer­te duran­te la cus­to­dia poli­cial. La armo­nía de la fami­lia de Iman se va dete­rio­ran­do cuan­do las hijas abier­ta­men­te se rebe­lan al no apro­bar la con­duc­ta de su padre por el tra­ba­jo que rea­li­za. Eso se inten­si­fi­ca cuan­do la uni­ver­si­ta­ria Rez­ya ve lo acon­te­ci­do con su ami­ga Sadat (Niousha Akhshi), quien al par­ti­ci­par en una mani­fes­ta­ción es heri­da por la poli­cía y pos­te­rior­men­te detenida.

La situa­ción tien­de a com­pli­car­se cuan­do Iman no encuen­tra el revól­ver que le ha sido dado para pro­te­ger a su fami­lia y en con­se­cuen­cia cul­pa a su mujer e hijas de haber­lo toma­do aun­que ellas lo nie­gan, pro­du­cién­do­se en con­se­cuen­cia una fuer­te ten­sión familiar.

Si bien has­ta ese momen­to Rasou­lof demues­tra una vez más su talen­to al ser­vi­cio de una rigu­ro­sa pues­ta escé­ni­ca que crea un cli­ma de con­vin­cen­te sus­pen­so, la con­ti­nua­ción de su rela­to pare­ce­ría per­te­ne­cer a una pelí­cu­la com­ple­ta­men­te dis­tin­ta; así repen­ti­na­men­te el direc­tor adop­ta un tono dife­ren­te a su rela­to que ade­más de estar nutrir­lo de una inusi­ta­da y gra­tui­ta vio­len­cia, des­con­cier­ta por su fal­ta de lógi­ca. De todos modos, aun­que la últi­ma par­te del film des­ilu­sio­na, la crí­ti­ca social esbo­za­da en su pri­me­ra mitad y las exce­len­tes actua­cio­nes de los cua­tro pro­ta­go­nis­tas ame­ri­tan la visión de este dra­ma polí­ti­co. Cabe men­cio­nar que esta pelí­cu­la fue dis­tin­gui­da en Can­nes con el Pre­mio Espe­cial del Jurado.

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FNC 2024 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Des­de el 9 has­ta el 20 de octu­bre, la ciu­dad de Mon­treal es la sede del Fes­ti­val du Nou­veau Ciné­ma (FNC) que en su 53ª edi­ción ofre­ce­rá 102 lar­go­me­tra­jes y 98 cor­tos. En la atrac­ti­va pro­gra­ma­ción se encuen­tran nume­ro­sos fil­mes que han sido des­ta­ca­dos en los fes­ti­va­les de ‑Ber­lín, Can­nes, Locarno y Toron­to, así como lo más rele­van­te del cine que­be­quen­se y del res­to de Canadá.

El film que inau­gu­ra el Fes­ti­val es Une Lan­gue Uni­ver­se­lle del cineas­ta cana­dien­se Matthew Ran­kin que reci­bió el pre­mio del públi­co en la Quin­ce­na de Cineas­tas de Can­nes, en tan­to que el de clau­su­ra es Misé­ri­cor­de, del rea­li­za­dor fran­cés Alain Gui­rau­die con la actua­ción de Félix Kysyl y Cathe­ri­ne Frot.

Para una infor­ma­ción com­ple­ta de la pro­gra­ma­ción, salas de exhi­bi­ción y acti­vi­da­des alu­si­vas, el sitio a con­sul­tar es nouveaucinema.ca

He aquí el comen­ta­rio de algu­nas de las pelí­cu­las que han sido visionadas.

Los Domin­gos Mue­ren Más Per­so­nas (Argen­ti­na-Ita­lia-Espa­ña)

Des­pués de haber rea­li­za­do algu­nos cor­to­me­tra­jes y el docu­men­tal Flo­ra no es un Can­to a la Vida (2019), Iair Said debu­ta con su pri­mer lar­go­me­tra­je de fic­ción que ade­más de haber­lo guio­ni­za­do es asi­mis­mo su protagonista.

Iair Said y Rita Cortese

Con remi­nis­cen­cia de algu­nas de las pelí­cu­las de Woody Allen, esta come­dia dra­má­ti­ca cen­tra su aten­ción en un per­so­na­je neu­ró­ti­co. David (Said) es un trein­ta­ñe­ro argen­tino gay de la comu­ni­dad judía que resi­de tem­po­ral­men­te en Ita­lia hacien­do un post gra­do en comu­ni­ca­cio­nes; en la pri­me­ra esce­na, llo­ra deses­pe­ra­da­men­te por­que su pare­ja lo aban­do­nó. Habien­do reci­bi­do la noti­cia de que su tío de Bue­nos Aires ha falle­ci­do resuel­ve par­tir de inme­dia­to a su ciu­dad natal don­de en el aero­puer­to es reci­bi­do por sus fami­lia­res inclu­yen­do su her­ma­na Eli­sa (Julia­na Gat­tas), su pri­ma Sil­via (Anto­nia Zegers) ‑hija del difun­to- y su madre Dora (Rita Cor­te­se). Ahí se sabe que su padre no está pre­sen­te por­que des­de hace tiem­po se halla inter­na­do en un hos­pi­tal en esta­do de coma.

Se igno­ra cuál ha sido el víncu­lo de David con los suyos antes de haber­se ausen­ta­do a Euro­pa, pero lo curio­so es que des­pués del entie­rro de su parien­te, en vez de diri­gir­se en pri­mer tér­mino al hos­pi­tal para visi­tar a su padre, tal, como lo desea­ría su madre, á el más le preo­cu­pa rea­li­zar los trá­mi­tes a fin de obte­ner su licen­cia de conducir.

A tra­vés de suce­si­vas esce­nas se nota el ímpe­tu de David impo­si­bi­li­ta­do de repri­mir sus impul­sos sexua­les ya sea con su ins­truc­tor de mane­jo o bien vien­do la posi­bi­li­dad de poder inti­mar con un vecino del lugar en que habi­ta. Más allá de reunio­nes fami­lia­res, inclu­yen­do la cele­bra­ción de las pas­cuas judías así como el cum­plea­ños de su sobri­ni­ta, el guión de Said resal­ta la vul­ne­ra­bi­li­dad de este indi­vi­duo así como su irres­pon­sa­bi­li­dad y tor­pe­za mane­jan­do en esta­do som­no­lien­to el coche de su madre. No menos impor­tan­te es la situa­ción de Dora quien aman­do apa­sio­na­da­men­te a su mari­do con­si­de­ra que la euta­na­sia pue­de cons­ti­tuir el medio para que mue­ra dig­na­men­te dado que ya no es más que un vege­tal suje­to a un apa­ra­to electrónico.

Den­tro del mar­co des­crip­to que­dan evi­den­cia­dos tópi­cos vin­cu­la­dos con la angus­tia exis­ten­cial, el enve­je­ci­mien­to, temor a la muer­te por par­te de David, así como en el caso de Rita alber­gan­do el sen­ti­mien­to emo­cio­nal de la muer­te asis­ti­da y la ausen­cia del com­pa­ñe­ro de toda una vida.

Median­te un esque­ma sen­ci­llo y mini­ma­lis­ta, la his­to­ria bien urdi­da por el rea­li­za­dor segre­ga un dejo de tris­te­za, dejan­do un abier­to des­en­la­ce. Aun­que resul­ta difí­cil poder con­gra­ciar­se con un per­so­na­je inma­du­ro, tor­pe y pleno de con­tra­dic­cio­nes, Said logra una muy bue­na carac­te­ri­za­ción de su anti­hé­roe, así como Cor­te­se vuel­ca nota­ble auten­ti­ci­dad a su per­so­na­je que des­ti­lan­do ter­nu­ra resul­ta fácil de empatizar.

Simón de la Mon­ta­ña (Argen­ti­na-Chi­le-Uru­guay)

Tras cua­tro cor­to­me­tra­jes, Fede­ri­co Luis debu­ta en el lar­go­me­tra­je abor­dan­do el deli­ca­do tema de la dis­ca­pa­ci­ta­ción inte­lec­tual en un gru­po de jóvenes.

Pehuén Pedre y Loren­zo Ferro

El guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Tomás Murphy y Agus­tín Tos­cano ubi­ca la acción en una peque­ña ciu­dad de Argen­ti­na pró­xi­ma a la Cor­di­lle­ra de los Andes. En su comien­zo se obser­va a varios jóve­nes con retra­so men­tal que duran­te una excur­sión a la mon­ta­ña tra­tan de salir a flo­te fren­te a una vio­len­ta tor­men­ta de vien­to y entre ellos se halla Simón (Loren­zo Ferro) de 22 años de edad y su ami­go Pehuén (Pehuén Pedre). Tras una elip­sis vemos a este gru­po ubi­ca­do en un cen­tro que aco­ge a débi­les men­ta­les y en prin­ci­pio todo hace pen­sar que por los tics que adop­ta Simón, él igual­men­te sufre de simi­lar ano­ma­lía. Sin tener un cer­ti­fi­ca­do de dis­ca­pa­ci­dad que lo habi­li­te para poder con­cu­rrir a ese lugar, Pehuén tra­ta de ayu­dar­lo para que lo obtenga.

Vivien­do con su madre (Lau­ra Nevo­le) y su padras­tro (Agus­tín Tos­cano) quien lo emplea como su ayu­dan­te de mudan­zas, que­da la duda por saber si Simón real­men­te es o no un dis­ca­pa­ci­ta­do men­tal dado que con los suyos no lo demues­tra; sin embar­go, esa incer­ti­dum­bre se acre­cien­ta por su volun­tad de que­rer con­vi­vir con el gru­po men­cio­na­do. En ese accio­nar, el film efec­túa un retra­to de esa gen­te exhi­bien­do sus dife­ren­tes nive­les de ano­ma­lía como así tam­bién el impul­so sexual de alguno de ellos, inclu­yen­do el de la joven Colo (Kia­ra Supi­ni) que se sien­te atraí­da por Simón aun­que él tra­ta de evi­tar un acer­ca­mien­to íntimo.

Sien­do fre­cuen­te­men­te cri­ti­ca­do por su madre, Simón da mues­tras de una com­ple­ta inma­du­rez e irres­pon­sa­bi­li­dad; eso se mani­fies­ta en una secuen­cia con­du­cien­do alo­ca­da­men­te el auto­mó­vil de la fami­lia expo­nien­do su vida así como las de Pehuén, Colo y otros inte­gran­tes del gru­po que via­jan con él.

Sin saber si Simón es o no un far­san­te simu­la­dor, la pelí­cu­la per­mi­te refle­xio­nar sobre has­ta dón­de lle­ga la barre­ra que deli­mi­ta la acti­tud nor­mal o anor­mal de un ser humano para que se lo con­si­de­re men­tal­men­te discapacido..

El film se bene­fi­cia de la exce­len­te actua­ción de Ferro quien ya había impre­sio­na­do gra­ta­men­te en el per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co de El Ángel (2018) de Luis Orte­ga; en esta opor­tu­ni­dad, sobre­sa­le expre­san­do las con­tra­dic­cio­nes del com­por­ta­mien­to de su per­so­na­je poco agra­da­ble; a su lado se dis­tin­guen Pedre y Supi­ni, quie­nes al igual que los res­tan­tes intér­pre­tes jóve­nes, sin ser pro­fe­sio­na­les trans­mi­ten con ple­na natu­ra­li­dad los per­so­na­jes asig­na­dos en el guión.

Aun­que imper­fec­ta por intro­du­cir algu­nas secuen­cias inne­ce­sa­rias como en el caso de una gra­tui­ta vio­len­ta esce­na en su tra­mo final, la ópe­ra pri­ma de Luis es meri­to­ria; en tal sen­ti­do los valo­res del film han sido reco­no­ci­dos por el jura­do de la Sema­na de la Crí­ti­ca del fes­ti­val de Can­nes al haber­lo pre­mia­do como el mejor exhi­bi­do en esa sección.

Pepe (Repú­bli­ca Dominicana-Namibia-Alemania-Francia)

El des­ta­ca­do direc­tor domi­ni­cano Nel­son Car­los de los San­tos Arias cuyo pre­vio film Coyo­te (2017) fue muy elo­gia­do, retor­na aho­ra con una pelí­cu­la radi­cal y sin duda trans­gre­so­ra que por su ori­gi­na­li­dad y esme­ra­da pues­ta escé­ni­ca, fue dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor direc­ción en el últi­mo fes­ti­val de Berlín.

El Hipo­pó­ta­mo PEPE

Basa­do en su pro­pio e inge­nio­so guión ins­pi­ra­do en un hecho real, San­tos Arias rela­ta la curio­sa his­to­ria de Pepe, un hipo­pó­ta­mo que des­de el comien­zo se sabe que fue aba­ti­do en Colom­bia aun­que eso no impi­de para que la bes­tia recuen­te la vida de sus ances­tros así cómo trans­cu­rrió la suya.

Todo pare­ce­ría indi­car que Pepe ha sido uno de los muchos ani­ma­les que abun­da­ron en el zoo­ló­gi­co pri­va­do que poseía Pablo Esco­bar, el pode­ro­so tra­fi­can­te de dro­gas. En base a ello la fan­ta­sio­sa tra­ma abar­ca dos par­tes que aun­que dife­ren­cia­das que­dan bien inte­gra­das. En la pri­me­ra de las mis­mas, se obser­va a un gru­po de turis­tas ale­ma­nes que hacien­do safa­ri en Nami­bia, un guía les va rela­tan­do las cos­tum­bres y com­por­ta­mien­tos de los ani­ma­les que allí habitan.

En su segun­da mitad se sabe que varios de esos hipo­pó­ta­mos fue­ron tras­la­da­dos a Colom­bia y que cua­tro de ellos fue­ron colo­ca­dos en un camión para su tras­la­do a la enor­me hacien­da de Esco­bar y su pos­te­rior ubi­ca­ción en la región del río Mag­da­le­na, pró­xi­ma a Mede­llín; es allí que Pepe nació. El pro­ble­ma sur­ge cuan­do Can­de­la­rio (Jor­ge Pun­ti­llón Gar­cía), un pes­ca­dor de la zona se topa con Pepe en el río y de inme­dia­to aler­ta a las auto­ri­da­des loca­les del peli­gro que pue­de oca­sio­nar. De allí en más, el rela­to refle­ja a modo de viñe­tas anec­dó­ti­cas sobre lo que acae­ce con los habi­tan­tes de la zona, inclu­yen­do las que­re­llas de Can­de­la­rio con su mujer Beta­nia (Sor María Ríos), cin­co chi­cas que com­pi­ten en un con­cur­so de belle­za, algu­nos peli­gro­sos caza­do­res, como asi­mis­mo los gen­dar­mes del lugar.

La pre­sen­cia del paqui­der­mo, a quien se le con­si­de­ra maligno, moti­va­rá su des­tino final, sien­do el pri­me­ro y úni­co ejem­plar de su espe­cie liqui­da­do en el con­ti­nen­te americano.

En esen­cia, tal como se anun­cia en el film, el espec­ta­dor asis­te a un cine de ima­gi­na­ción bien cons­trui­do que per­mi­te refle­xio­nar sobre lo que acon­te­ce cuan­do los ani­ma­les son sepa­ra­dos de su hábi­tat natu­ral y suje­tos a gen­te que des­co­no­cien­do sus cos­tum­bres los eli­mi­nan, gene­ran­do un nega­ti­vo impac­to ecológico.

Una His­to­ria de Amor y Gue­rra (Méxi­co)

Para quien no cono­ce la his­to­ria polí­ti­ca de Méxi­co, este film de San­tia­go Mohar Vol­kow le resul­ta­rá bas­tan­te extra­ño. Según se anti­ci­pa en las notas de pren­sa, la pelí­cu­la guio­ni­za­da por el rea­li­za­dor inten­ta enfo­car el colo­nia­lis­mo que ha afec­ta­do al país y sus con­se­cuen­cias. Sin embar­go esa exa­mi­na­ción es obje­to de un rela­to absur­do por natu­ra­le­za y ridícu­lo en su ejecución.

Una esce­na del film

Argu­men­tal­men­te, la tra­ma gira en torno de Pepe Sán­chez Cam­pos (Andrew Leland Rogers), un encum­bra­do millo­na­rio empre­sa­rio que está a pun­to de con­traer matri­mo­nio con Cons­tan­za (Lucía Gómez Roble­do), una joven per­te­ne­cien­te a una encum­bra­da fami­lia, cuyo pri­mo Teo (Darío Yaz­bek Ber­nal) está fuer­te­men­te ena­mo­ra­do de ella. Asi­mis­mo, Pepe desea urba­ni­zar una tie­rras per­te­ne­cien­tes al pue­blo autóc­tono del lugar para cons­truir un cen­tro comer­cial a la vez que resi­den­cial; sin embar­go, la comu­ni­dad indí­ge­na local se opo­ne fir­me­men­te al pro­yec­to y es así que el acau­da­la­do indi­vi­duo debe enfren­tar­se con la revo­lu­cio­na­ria nati­va Jus­ti­na Ven­gan­za (Móni­ca del Car­men) quien apo­ya­da por Engels (Aldo Esca­lan­te Ochoa) uno de sus alia­dos, tras­to­ca­rá lo que esta­ba planeado..

Duran­te casi dos infa­ti­ga­bles horas se asis­te a un film reves­ti­do de sáti­ra pero que en reali­dad es com­ple­ta­men­te cari­ca­tu­res­co en su tra­ta­mien­to. El direc­tor tra­ta de lograr un humor que rara­men­te lo con­si­gue expo­nien­do a modo de far­sa las mise­rias del país don­de pare­ce­ría que el poder del dine­ro y la corrup­ción de la cla­se pri­vi­le­gia­da todo lo pue­de. Curio­sa­men­te los úni­cos que se sal­van del tono bur­les­co son los revo­lu­cio­na­rios autóctonos.

A tra­vés de un rela­to estruc­tu­ra­do en capí­tu­los incohe­ren­tes, se asis­te a esce­nas des­ati­na­das y en algu­nos casos de dudo­so gus­to. En suma esta his­to­ria de amor y gue­rra que bus­ca entre­mez­clar el his­tó­ri­co pasa­do y la situa­ción actual de Méxi­co, es obje­to de un tra­ta­mien­to cha­ba­cano y con­se­cuen­te­men­te su visión resul­ta alta­men­te frustrante.

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Fil­mes Eva­lua­dos en el TIFF (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Quis­ling – The Final Days (Norue­ga). Spe­cial Presentations

Aun­que no tan cono­ci­do como otros nefas­tos epi­so­dios que Euro­pa expe­ri­men­tó duran­te la Segun­da Gue­rra, el direc­tor Erik Pop­pe cen­tra aquí su aten­ción en la per­so­na­li­dad de Vid­kun Quis­ling, quien fue el Pre­si­den­te Minis­tro de Norue­ga des­de ini­cios de 1942 has­ta la con­clu­sión del omi­no­so con­flic­to bélico.

QUIS­LINGTHE FINAL DAYS

El pal­pi­tan­te rela­to basa­do en el guión de Siv Rajen­dram Elias­sen y Anna Bache-Wiig comien­za pre­ci­sa­men­te el 8 de mayo de 1945, des­pués de varios años de ocu­pa­ción ale­ma­na en Norue­ga, con la trans­mi­sión radial efec­tua­da por Quis­ling (Gard B. Eids­vold) des­de su des­pa­cho, exal­tan­do la figu­ra de Hitler. Al día siguien­te es arres­ta­do por el nue­vo gobierno sien­do acu­sa­do por alta trai­ción a la patria como cola­bo­ra­cio­nis­ta con el régi­men nazi duran­te su man­da­to. A fin de que este indi­vi­duo no lle­gue a con­ver­tir­se en már­tir, el obis­po de Oslo (Las­se Kols­rud) soli­ci­ta al pas­tor Peder Olsen (Anders Daniel­sen Lie) que actúe como con­se­je­ro espi­ri­tual del pri­sio­ne­ro y con­se­guir que lle­gue a admi­tir el daño infli­gi­do al país; esa misión debe ser man­te­ni­da en secre­to, sin que Olsen inclu­so pue­da reve­lar­la a su espo­sa Hei­di (Lisa Loven Kongsli).

Las con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das entre Olsen y Quis­ling abar­can con­si­de­ra­ble par­te de este rela­to, resal­tan­do los esfuer­zos del pre­la­do para que el acu­sa­do reco­noz­ca y se arre­pien­ta del mal come­ti­do aun­que de modo alguno Quis­ling se pro­po­ne hacer­lo; a tra­vés de esos diá­lo­gos, sur­gen temas filo­só­fi­cos vin­cu­la­dos con la moral, la reli­gión e inclu­sos pre­cep­tos del Nue­vo Tes­ta­men­to. En la medi­da que Olsen no logra su come­ti­do, va per­dien­do la fe en la tarea empren­di­da aun­que reci­bien­do el apo­yo de su mujer que lle­ga a impo­ner­se de lo que está sucediendo.

Cuan­do lle­ga el momen­to del jui­cio, Quis­ling fir­me­men­te recha­za la pro­po­si­ción de su abo­ga­do Hen­rik Bergh (Øyvind Brand­tzæg) para que en su defen­sa ale­gue haber pade­ci­do de pro­ble­mas men­ta­les, dado que él man­tie­ne su fir­me pos­tu­ra de haber sido fiel a su patria fren­te al comu­nis­mo ruso; es así que ade­más ale­ga haber sal­va­do a los judíos; esa afir­ma­ción con­tra­di­ce lo que mani­fies­ta Leo Eitin­ger /Benjamin L. Ros­ter), un sobre­vi­vien­te judío que denun­cia la deni­gran­te acción anti­se­mi­ta del enjui­cia­do al haber depor­ta­do judíos norue­gos hacia los cam­pos de concentración.

No obs­tan­te su dura­ción cer­ca­na a las dos horas y media, el rea­li­za­dor con­si­gue man­te­ner fir­me­men­te el inte­rés de la audien­cia, valién­do­se del exce­len­te guión y en espe­cial por las super­la­ti­vas inter­pre­ta­cio­nes brin­da­das por Eids­vold como el afe­rra­do indi­vi­duo que de nin­gún modo renun­cia a sus con­vic­cio­nes decla­rán­do­se ino­cen­te de lo que lo que se le acu­sa, así como Daniel­sen Lie trans­mi­tien­do con pre­ci­sión los prin­ci­pios mora­les que ani­dan en su per­so­na­je. En los pape­les de apo­yo ade­más de Kongs­li se luce Lisa Car­lehed ani­man­do a la mujer ucra­nia­na de Quis­ling, com­ple­ta­men­te con­sus­tan­cia­da con la ideo­lo­gía de su esposo.

En suma, Pop­pe ha logra­do un vibran­te dra­ma judi­cial capaz de sumer­gir al espec­ta­dor en la gama emo­cio­nal vivi­da por los pro­ta­go­nis­tas de esta historia.

Vik­tor (Ucra­nia-Rusia). Platform

El lamen­ta­ble con­flic­to emer­gen­te de la inva­sión rusa a Ucra­nia a par­tir de febre­ro de 2022 es nue­va­men­te tra­ta­do por el cine en este valio­so docu­men­tal del direc­tor y fotó­gra­fo fran­cés Oli­vier Sar­bil foca­li­zan­do su aten­ción en Vik­tor, un joven ucra­niano afec­ta­do de sordera.

VIK­TOR

Tenien­do en cuen­ta que Sar­bil igual­men­te sufre de esa afec­ción en su oído dere­cho, al haber sido heri­do por una gra­na­da pro­pul­sa­da por un cohe­te en oca­sión de haber esta­do docu­men­tan­do la gue­rra civil en Libia, con­si­gue una com­ple­ta iden­ti­fi­ca­ción con la suer­te corri­da por el pro­ta­go­nis­ta de la his­to­ria relatada.

La acción trans­cu­rre en Jár­kov, duran­te las pri­me­ras sema­nas en que Ucra­nia sufre los emba­tes de la sinies­tra inva­sión rusa, ini­cia­da en febre­ro de 2022. Es allí don­de Vik­tor vive con su madre y fren­te a lo que está ocu­rrien­do desea con ansie­dad con­ver­tir­se en un lucha­dor defen­dien­do a su país; en tal sen­ti­do eso es debi­do a la mar­ca­da influen­cia de su falle­ci­do padre quien le insu­fló el espí­ri­tu mili­tar así como tam­bién por los fil­mes de samu­ráis que ha vis­to, tra­tan­do de emu­lar la con­duc­ta gue­rre­ra de los mis­mos. Aun­que en prin­ci­pio, su par­ti­ci­pa­ción es dene­ga­da a cau­sa de su pro­ble­ma audi­ti­vo, con su nota­ble estoi­cis­mo logra con­ven­cer a las auto­ri­da­des de incor­po­rar­lo en cali­dad de fotó­gra­fo volun­ta­rio; tes­ti­mo­nian­do lo que acon­te­ce pron­to com­prue­ba cómo su roman­ti­cis­mo gue­rre­ro cede paso a una som­bría realidad.

Mer­ced a la diná­mi­ca comu­ni­ca­ción enta­bla­da con Vik­tor median­te el len­gua­je de los sig­nos en idio­ma ruso, Sar­bil ha segui­do sus pasos a tra­vés del pro­ce­so de fil­ma­ción trans­cu­rri­do por espa­cio de casi dos años, expo­nien­do su his­to­ria así como sus vul­ne­ra­bi­li­da­des en la tarea emprendida.

Median­te imá­ge­nes cap­ta­das en blan­co y negro, el film se bene­fi­cia de una estu­pen­da viven­cia audio­vi­sual; en tal sen­ti­do el mane­jo del soni­do adquie­re rele­van­cia en este docu­men­tal y en tal aspec­to el direc­tor reco­no­ce la valio­sa cola­bo­ra­ción obte­ni­da por el equi­po de soni­do inte­gra­do por Nico­las Bec­ker, Keik­ki Kos­si y Peter Albrechtsen; es así que las téc­ni­cas de dise­ño sono­ro per­mi­ten que el espec­ta­dor que­de sumer­gi­do en el mun­do del valien­te camarógrafo.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do Sar­bil trans­mi­te en este enco­mia­ble e ínti­mo docu­men­tal la resi­lien­cia, valor y deter­mi­na­ción de Vik­tor quien a pesar de su dis­ca­pa­ci­ta­ción audi­ti­va logra con su cáma­ra regis­trar los horro­res de la gue­rra que enlu­ta a su país.

La Liber­tad de Fie­rro (Méxi­co-Cana­dá-Gre­cia). Documentaries

Des­pués de que en 2009 el direc­tor y guio­nis­ta San­tia­go Estei­nou se impu­so sobre lo acae­ci­do en 1980 con el encar­ce­la­mien­to y con­de­na a muer­te del mexi­cano César Fie­rro, comen­zó a inte­re­sar­se por este caso, lo cual lo moti­vó a fil­mar en 2014 “Los Años de Fie­rro°, reca­pi­tu­lan­do los moti­vos que lle­va­ron a dicho indi­vi­duo a esta dra­má­ti­ca situación.

LA LIBER­TAD DE FIERRO

Es así que habien­do trans­cu­rri­do una déca­da, Estei­nou vuel­ve sobre el tema en La Liber­tad de Fie­rro al haber sido libe­ra­do en mayo de 2020 por haber sido sen­ten­cia­do por error. ¿Qué es lo que sien­te una per­so­na que reco­bra su liber­tad des­pués de haber esta­do ence­rra­do duran­te tan lar­go perío­do en la uni­dad Polansky, una pri­sión de máxi­ma segu­ri­dad del esta­do de Texas. don­de en sus últi­mas dos déca­das fue man­te­ni­do en com­ple­to aislamiento?

El film no hace refe­ren­cia a los aspec­tos lega­les que invo­lu­cró su arres­to por el ase­si­na­to de un taxis­ta mexi­cano come­ti­do en El Paso en febre­ro de 1979 al cual Fie­rro siem­pre mani­fes­tó su ino­cen­cia al no haber habi­do evi­den­cia con­cre­ta de ser el homi­ci­da; sólo si se sabe que has­ta 2019 esta­ba espe­ran­do su eje­cu­ción en el pabe­llón de la muer­te y que debi­do a su ape­la­ción y a un nue­vo estu­dio de su caso, la sen­ten­cia de muer­te que­dó anulada.

A tra­vés de todos estos años ha exis­ti­do una sóli­da amis­tad entre el docu­men­ta­lis­ta y Fie­rro y es así que en esta pelí­cu­la se pue­de obser­var cómo el direc­tor, en cier­ta for­ma se con­vier­te en una suer­te de tutor a par­tir del momen­to en que el ex pre­si­dia­rio, habien­do sido depor­ta­do de Texas, arri­ba a Méxi­co. Así, en la capi­tal mexi­ca­na, Estei­nou y otros ami­gos le pro­cu­ran alo­ja­mien­to y comi­da has­ta que pudie­ra des­en­vol­ver­se por su pro­pia cuen­ta, con­si­de­ran­do que duran­te su encie­rro fue des­pro­vis­to de cual­quier apren­di­za­je dado que esta­ba des­ti­na­do a morir.

El direc­tor sigue cada uno de sus pasos impo­nién­do­se al prin­ci­pio del esta­do aní­mi­co de Fie­rro al que para­dó­ji­ca­men­te le cues­ta adap­tar­se a la liber­tad exte­rior habien­do esta­do con­fi­na­do duran­te lar­go tiem­po en los muros de la cár­cel; entre otros aspec­tos, Estei­nou le ense­ña a mane­jar el telé­fono celu­lar que le es pro­vis­to, como asi­mis­mo poder encen­der y ope­rar un apa­ra­to de tele­vi­sión en esta épo­ca digital.

Sin des­bor­dar en un for­za­do sen­ti­men­ta­lis­mo, el docu­men­tal ilus­tra la visi­ta de Fie­rro a Ciu­dad Juá­rez, don­de había resi­di­do, encon­trán­do­se con algu­nos anti­guos cono­ci­dos de la zona, así como es cáli­da­men­te reci­bi­do por sus fami­lia­res. En tan­to, sin mucho futu­ro en dicha ciu­dad retor­na a la capi­tal azte­ca don­de siguió cur­sos de coci­na ade­más de prac­ti­car tai chi, una vía reco­men­da­ble para mejo­rar la salud men­tal y poder mane­jar mejor sus emociones.

A todas luces, se asis­te a un sobrio y con­mo­ve­dor docu­men­tal en el que el docu­men­ta­lis­ta pro­po­ne a su audien­cia un via­je emo­ti­vo jun­to a Fie­rro, hoy de 67 años de edad, a tra­vés de su rein­te­gro a la vida normal.

Ain­da Estou Aqui / I’m Still Here (Bra­sil-Fran­cia). Spe­cial Presentations

Para rei­vin­di­car la memo­ria colec­ti­va de un tris­te pasa­do his­tó­ri­co regis­tra­do en su tie­rra, el direc­tor bra­si­le­ño Wal­ter Salles retor­na exi­to­sa­men­te con este valio­so drama.

AIN­DA ESTOU AQUÍ

En el mag­ní­fi­co guión de Muri­lo Hau­ser y Hei­tor Lore­ga, la acción comien­za en 1971 en ple­na dic­ta­du­ra mili­tar de Bra­sil, pre­sen­tan­do al ex con­gre­sis­ta Rubens Pai­va (Sel­ton Mello), su espo­sa Euni­ce (Fer­nan­da Torres) y su fami­lia inte­gra­da por 4 hijas y un hijo de varia­da edad, vivien­do en Río de Janei­ro. En los pri­me­ros 35 minu­tos del rela­to se asis­te a un armo­nio­so núcleo fami­liar don­de nin­guno de sus inte­gran­tes ima­gi­na lo que sobre­ven­dría. El idí­li­co pano­ra­ma se ensom­bre­ce cuan­do tres miem­bros del ejér­ci­to se aper­so­nan al hogar de los Pai­va para lle­var al jefe de fami­lia a un inte­rro­ga­to­rio que no debe­ría insu­mir mucho tiem­po; a medi­da que las horas trans­cu­rren y Rubens no retor­na, el temor de Euni­ce comien­za a cun­dir, sobre todo cuan­do al poco tiem­po ella jun­to con su hija Elia­na de 12 años son for­za­das a acu­dir a un for­mal inte­rro­ga­to­rio que en reali­dad no lo es tal; mien­tras que la niña es libe­ra­da pron­ta­men­te, su madre es some­ti­da a una inten­sa humi­lla­ción y tor­tu­ra por espa­cio de varios días para pos­te­rior­men­te per­mi­tir­le regre­sar a su hogar.

Fren­te a su mari­do ausen­te, Euni­ce ini­cia con deses­pe­ra­ción una lucha des­ti­na­da a saber su para­de­ro. Es así que a par­tir de enton­ces, ella es exclu­si­va­men­te res­pon­sa­ble de sos­te­ner y man­te­ner uni­da a su fami­lia como asi­mis­mo se con­vier­te en una férrea acti­vis­ta defen­so­ra de los dere­chos huma­nos. El rela­to se tras­la­da a 1996, fecha en la que Euni­ce uni­da a sus hijos ya adul­tos cele­bran que el Poder Judi­cial de Bra­sil haya reco­no­ci­do la muer­te de Mar­ce­lo a los pocos días de haber sido secues­tra­do por los mili­ta­res. A todo ello la pelí­cu­la ilus­tra los regis­tros fíl­mi­cos de la fami­lia logra­dos por la hija mayor Vera (Valen­ti­na Hers­za­ge) con su cáma­ra Super 8. Como epí­lo­go de esta his­to­ria basa­da en acon­te­ci­mien­tos reales se obser­va a la fami­lia reu­ni­da en 2014 don­de Fer­nan­da Mon­te­ne­gro ‑la gran actriz de Cen­tral do Bra­sil (1998) y madre de Fer­nan­da Torres en la vida real- ani­ma a la frá­gil ancia­na Euni­ce pos­tra­da en silla de rue­das; rodea­da del clan fami­liar, ella obser­va la ale­gría ema­na­da por sus hijos y nie­tos revi­ta­li­zan­do el indes­truc­ti­ble lazo de los Pai­va como lo era antes de la des­apa­ri­ción de su patriarca.

Nue­va­men­te Salles, reafir­ma su talen­to narra­ti­vo con este subli­me y con­mo­ve­dor dra­ma humano imbui­do de indis­cu­ti­ble auten­ti­ci­dad y resal­ta­do por la excep­cio­nal carac­te­ri­za­ción logra­da por Torres como la madre cora­je capaz de mover mon­ta­ñas en su recla­mo de jus­ti­cia, ponien­do en evi­den­cia la cruel­dad del régi­men mili­tar que enlu­tó al país en los años 60 y 70.

El film deja un sabor amar­go cuan­do en los cré­di­tos fina­les se lee que nin­guno de los res­pon­sa­bles de los crí­me­nes come­ti­dos duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar fue enjui­cia­do como tam­po­co envia­do a prisión.

En suma, esta remar­ca­ble pelí­cu­la fue galar­do­na­da en el fes­ti­val de Vene­cia con el pre­mio al mejor guión com­par­ti­do por Hau­ser y Lorega.

Pol­vo Serán (Espa­ña-Ita­lia-Sui­za). Platform

El deli­ca­do tema de la euta­na­sia es mesu­ra­da­men­te con­si­de­ra­do por el rea­li­za­dor espa­ñol Car­los Marqués-Marcet.

POL­VO SERÁN

El dere­cho del indi­vi­duo a poner fin a su exis­ten­cia estan­do con­ven­ci­do de que no tie­ne ya más sen­ti­do seguir vivien­do con extre­ma­da dolen­cia físi­ca es un tópi­co que no con­ci­ta uná­ni­me adhe­sión; sin embar­go la his­to­ria rela­ta­da por Mar­qués-Mar­cet median­te su guión com­par­ti­do con Cla­ra Roquet y Coral Cruz adquie­re espe­cia­les carac­te­rís­ti­cas que logran con­ci­tar interés.

El rela­to está ambien­ta­do en Espa­ña en don­de resi­de el matri­mo­nio de edad madu­ra inte­gra­do por Clau­dia (Ange­la Moli­na), una actriz, y Fla­vio (Alfre­do Cas­tro), un direc­tor tea­tral. La armo­nía de la pare­ja se ve con­fir­ma­da a tra­vés de 40 años de exce­len­te con­vi­ven­cia con­yu­gal y es por ello que al estar Clau­dia afec­ta­da de un cán­cer ter­mi­nal, ese dolo­ro­so acon­te­ci­mien­to entur­bia la feli­ci­dad rei­nan­te. La situa­ción adquie­re un cli­ma de ten­sión cuan­do ella deci­de some­ter­se a una euta­na­sia a rea­li­zar­se en Sui­za para evi­tar su degra­da­ción corporal.

La deci­sión de Clau­dia es acom­pa­ña­da por la de su mari­do que a pesar de que él no enfren­ta nin­gún pro­ble­ma de salud debi­do al gran amor que le pro­fe­sa deci­de igual­men­te ser pasi­ble de una muer­te asis­ti­da para que ambos pue­dan reen­con­trar­se en el más allá. Natu­ral­men­te, esa dra­má­ti­ca deci­sión reper­cu­te en los hijos del matri­mo­nio don­de Vio­le­ta (Móni­ca Almi­rall), actuan­do como inter­me­dia­ria, es la úni­ca pri­mo­gé­ni­ta que tra­ta de com­pren­der la acti­tud de sus padres. No obs­tan­te el pate­tis­mo que emer­ge del tema tra­ta­do, el rea­li­za­dor con­si­gue ate­nuar las ten­sio­nes con momen­tos de con­vin­cen­te humor.

Abor­dan­do un tópi­co tan rele­van­te como el des­crip­to, Mar­qués-Mar­cet per­mi­te que su rela­to alcan­ce con­si­de­ra­ble enver­ga­du­ra emo­cio­nal sin caer en gol­pes bajos. Si algu­na obser­va­ción mere­ce este film es la incur­sión de algu­nos núme­ros musi­ca­les que aun­que bien coreo­gra­fia­dos solo per­si­gue brin­dar un cli­ma surrea­lis­ta que bien pudo haber sido evi­ta­do sin menos­ca­bar lo que se está con­tem­plan­do; de todos modos esta obser­va­ción de modo algu­noa menos­ca­ba el pro­fun­do huma­nis­mo que nutre a este historia.

Con la extra­or­di­na­ria actua­ción de la vete­ra­na Moli­na y del nota­ble Cas­tro ani­man­do el apa­sio­na­do amor de sus pro­ta­go­nis­tas y la irre­pro­cha­ble pues­ta escé­ni­ca del cineas­ta se asis­te a este genuino dra­ma sobre la muer­te asis­ti­da que per­sis­te en la men­te de la audien­cia una vez fina­li­za­da su proyección.

Por sus inne­ga­bles méri­tos, el film fue pre­mia­do como el mejor de los 10 pre­sen­ta­dos en Plat­form, la úni­ca sec­ción com­pe­ti­ti­va del Tiff.

Fil­mes Eva­lua­dos en el TIFF (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Ernest Cole, Lost and Found (Esta­dos Uni­dos). Documentaries

ERNEST COLE, LOST AND FOUND

El remar­ca­ble direc­tor hai­tiano Raoul Peck, quien fue­ra un des­ta­ca­do polí­ti­co en su país natal para dedi­car­se pos­te­rior­men­te al cine, ya ha dado mues­tras de su talen­to abor­dan­do per­so­na­li­da­des que con­si­de­ra­ron el tema de la dis­cri­mi­na­ción racial. Así en el docu­men­tal I Am Not Your Negro (2016) con­si­de­ró el pro­ble­ma del racis­mo en Esta­dos Uni­dos, a tra­vés de James Bald­win (1924 – 1987), un emi­nen­te escri­tor e inte­lec­tual afro­ame­ri­cano que dedi­có impor­tan­tes años de su vida a ana­li­zar este urti­can­te tema. En esta opor­tu­ni­dad Peck exa­mi­na al excep­cio­nal fotó­gra­fo suda­fri­cano Ernest Cole (1940 – 1990), exi­lia­do en Esta­dos Unidos.

En 2017 ha sido des­cu­bier­to en la bóve­da de un ban­co de Esto­col­mo más de 60 mil nega­ti­vos de fotos de Cole cap­ta­das en 35 milí­me­tros que se habían con­si­de­ra­do per­di­das; ese acon­te­ci­mien­to ha sido el moti­vo que ins­pi­ró a Peck para rea­li­zar este docu­men­tal. Para su imple­men­ta­ción el direc­tor ha ela­bo­ra­do un guión en base a escri­tos del artis­ta como asi­mis­mo reco­gien­do tes­ti­mo­nios de sus ami­gos y fami­lia­res y en espe­cial de la impor­tan­te cola­bo­ra­ción obte­ni­da de Les­lie Matlai­sa­ne, el sobrino de Cole quien tuvo a su car­go la super­vi­sión de las fotos halla­das en Sue­cia. En con­se­cuen­cia el film revi­ve a Cole a tra­vés de la remar­ca­ble voz del actor LaKeith Stan­fi­eld a car­go de la narración.

Des­de sus pri­me­ros años de exis­ten­cia Cole fue tes­ti­go de la humi­lla­ción y vejá­me­nes sufri­dos por la comu­ni­dad negra de Sudá­fri­ca quie­nes esta­ban obli­ga­dos a ganar­se su pan tra­ba­jan­do al ser­vi­cio de sus racis­tas patro­nes blan­cos. Su pasión por la foto­gra­fía moti­vó que su cáma­ra cons­ti­tu­ye­ra su ins­tru­men­to vital de tra­ba­jo y con ella fue cap­tan­do dra­má­ti­cas fotos refle­jan­do esa dis­cri­mi­na­ción. En 1966 se tras­la­da a New York y habien­do sido emplea­do por Drum Maga­zi­ne con­si­gue reco­pi­lar las fotos denun­cian­do el apartheid que fue­ron publi­ca­das en el libro Hou­se of Bon­da­ge, cuya gran reper­cu­sión lo con­vir­tió en uno de los gran­des artis­tas negros de su generación.

Sin embar­go, duran­te los pri­me­ros años de su estan­cia en la gran metró­po­li, don­de el país vive la lar­ga lucha del movi­mien­to por los dere­chos civi­les, el artis­ta cons­ta­ta que la segre­ga­ción racial hacia los afro­ame­ri­ca­nos no es muy dife­ren­te de la exis­ten­te en Sudá­fri­ca; eso lo vuel­ve a docu­men­tar con su cáma­ra al igual que en sus via­jes rea­li­za­dos a varias ciu­da­des de Esta­dos Unidos.

En esen­cia, Peck refle­ja la sole­dad y ais­la­mien­to que Cole expe­ri­men­ta al pro­pio tiem­po que sien­te una pro­fun­da nos­tal­gia por su tie­rra y el deseo de retor­nar aun­que es cons­cien­te que resul­ta impo­si­ble de hacer­lo. Simul­tá­nea­men­te el film ilus­tra los acon­te­ci­mien­tos acae­ci­dos duran­te ese perío­do en Sudá­fri­ca, así como el boi­cot inter­na­cio­nal al país por el detes­ta­ble sis­te­ma racial. Curio­sa­men­te, cuan­do nue­vos vien­tos soplan en el país afri­cano con el fin del apartheid y la libe­ra­ción de Nel­son Man­de­la en febre­ro de 1990, seis días des­pués un cán­cer cobra la vida de Cole.

El docu­men­ta­lis­ta logra un vibran­te film muy bien cons­trui­do y exce­len­te­men­te edi­ta­do por Ale­xan­dra Strauss a la vez que cons­ti­tu­ye un mere­ci­do home­na­je al memo­ra­ble artis­ta dejan­do un lega­do a las nue­vas gene­ra­cio­nes con sus anto­ló­gi­cas fotos. En los cré­di­tos fina­les se mani­fies­ta que Peck dedi­ca este tra­ba­jo “en memo­ria de todos aqué­llos que mue­ren en el exi­lio”.

Sad Jokes (Ale­ma­nia). Discovery

SAD JOKES

Des­pués de su logra­da ópe­ra pri­ma Bones and Names (2023) el direc­tor y guio­nis­ta Fabian Stumm rati­fi­ca su talen­to en su segun­do tra­ba­jo detrás de la cáma­ra y en el cual se reser­va el rol protagónico.

En su pró­lo­go el títu­lo del film hace una vaga refe­ren­cia a una rápi­da serie de chis­tes sin mucha gra­cia comen­ta­dos por varias per­so­nas, aun­que a lo lar­go del rela­to sí hay uno ver­da­de­ro alu­dien­do a que a un café depri­mi­do se lo pue­de deno­mi­nar “depres­so”. Dejan­do de lado dicho humor, la his­to­ria cobra vue­lo intro­du­cien­do a Joseph (Stumm), un direc­tor de cine gay que jun­to con su gran ami­ga Son­ya (Haley Loui­se Jones) com­par­ten la crian­za del hiji­to Pino (Jus­tus Meyer). Sin embar­go la fuer­te depre­sión que atra­vie­sa Son­ya moti­va a que deba retor­nar a la clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca y es así que su madre (Hil­de­gard Schroed­ter) se ocu­pa de cui­dar a Pino cuan­do Joseph debe ausen­tar­se del hogar.

Hay algu­nas razo­nes para que Joseph esté preo­cu­pa­do; por un lado tra­ta de supe­rar su rup­tu­ra sen­ti­men­tal con el joven Marc (Jonas Dass­ler) y en lo que con­cier­ne a su pro­fe­sión, el guión que ha escri­to para su pró­xi­mo film no satis­fa­ce a su fac­ti­ble pro­duc­tor (Godehard Gie­se). Para­le­la­men­te, él asis­te a la cla­se de pin­tu­ra a car­go de la pro­fe­so­ra Elin (Ulri­ca Flach) don­de cono­ce a Domi­nik (Knut Ber­ger), que se desem­pe­ña como mode­lo y con quien estan­do a pun­to de vin­cu­lar­se ínti­ma­men­te en su hogar duran­te una noche, el inten­to se ve malo­gra­do por los llan­tos de Pino.

En líneas gene­ra­les, el rea­li­za­dor con­ci­be una melan­có­li­ca come­dia dra­má­ti­ca narran­do las vici­si­tu­des de su cáli­do y afec­tuo­so pro­ta­go­nis­ta; en tal sen­ti­do, Stumm como actor refle­ja muy bien el sen­ti­mien­to que lo ani­ma a fin de lograr el equi­li­brio de sus ambi­cio­nes artís­ti­cas con la res­pon­sa­bi­li­dad de asu­mir la pater­ni­dad de mane­ra casi exclu­si­va debi­do al dete­rio­ro de la salud men­tal de Son­ya. El direc­tor per­mi­te asi­mis­mo el luci­mien­to de los inte­gran­tes de su elen­co don­de espe­cial­men­te se dis­tin­gue Flach que en una esce­na vuel­ca inten­si­dad emo­cio­nal reci­tan­do un monó­lo­go de La Pasión de Jua­na de Arco de Carl Dreyer.

En los rubros de pro­duc­ción se des­ta­can temas musi­ca­les de Johann Strauss, Cho­pin, Bach, Debussy, Mozart y Schu­mann, muy bien aso­cia­dos con el con­te­ni­do del relato.

Caught by the Tides (Chi­na). Spe­cial Presentations

CAUGHT IN THE TIDES

Jia Zhang-Ke, uno de los más impor­tan­tes repre­sen­tan­tes de la sex­ta gene­ra­ción de cineas­tas chi­nos, vuel­ve a des­lum­brar con esta admi­ra­ble pelí­cu­la don­de como en otros tra­ba­jos de su valio­sa fil­mo­gra­fía echa una mira­da sobre la trans­for­ma­ción vivi­da por Chi­na a lo lar­go de las últi­mas déca­das. Al hacer­lo ofre­ce un rela­to de fic­ción que mucho se ase­me­ja a un docu­men­tal en don­de su natu­ra­le­za con­tem­pla­ti­va nutri­da de pocos diá­lo­gos se apar­ta de las carac­te­rís­ti­cas que con­fi­gu­ran a una narra­ti­va tradicional.

El film tie­ne la par­ti­cu­lar carac­te­rís­ti­ca de haber sido roda­do a lo lar­go de dos déca­das por­que si bien la fil­ma­ción pro­pia­men­te dicha ha sido efec­tua­da hace dos años, Jia ha uti­li­za­do metra­jes resi­dua­les de sus anti­guas pelí­cu­las, inclu­yen­do Unk­nown Plea­su­res (2002). Es así que nue­va­men­te se asis­te a la inun­da­ción de varias ciu­da­des que van des­apa­re­cien­do a raíz del fun­cio­na­mien­to de la gigan­tes­ca repre­sa Tres Gar­gan­tas del río Yangtze, lo que moti­vó la reubi­ca­ción de sus habitantes.

A tra­vés de un guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Wan Jiahuan la his­to­ria comien­za a prin­ci­pios de siglo en la nor­te­ña ciu­dad de Datong don­de se obser­va a un gru­po de muje­res bai­lar y can­tar ani­ma­da­men­te para tra­ba­ja­do­res jubi­la­dos. En ese gru­po se halla Quiao­qiao (Zhao Tao) una atrac­ti­va joven que man­tie­ne una román­ti­ca rela­ción con Brother Bin (Li Zhu­bin) quien al poco tiem­po se ale­ja de la ciu­dad en pro­cu­ra de un mejor tra­ba­jo en otra pro­vin­cia. Cuan­do con el paso de los años Quiao­qiao no tie­ne noti­cias de su ena­mo­ra­do empren­de una bús­que­da para poder reen­con­trar­se con él.

La odi­sea atra­ve­sa­da por esta mujer está exce­len­te­men­te logra­da por Zhao Tao quien par­ti­ci­pó en varias de las pelí­cu­las del rea­li­za­dor, sien­do su musa ins­pi­ra­do­ra como asi­mis­mo su espo­sa. La artis­ta inten­sa­men­te trans­mi­te la resi­lien­cia de Quia­qiao quien silen­cio­sa­men­te se va des­pla­zan­do a lo lar­go del país car­gan­do en su inte­rior las emo­cio­nes que expe­ri­men­ta al ir cons­ta­tan­do la gran trans­for­ma­ción eco­nó­mi­ca y social de su país. Ese mis­mo sen­ti­mien­to es el que cap­ta el rea­li­za­dor quien a lo lar­go de 20 años valién­do­se de sus cáma­ras ha segui­do a la mis­ma gen­te en dife­ren­tes regio­nes de Chi­na; en ese queha­cer el cineas­ta per­mi­te que su film efec­túe una remar­ca­ble refle­xión sobre la mane­ra en que el pasa­do ha influi­do en el pre­sen­te y qué es lo que pue­de vis­lum­brar sobre el futu­ro del gigan­tes­co país.

Con esta ori­gi­nal y pal­pi­tan­te obra, Jia prue­ba una vez más ser uno de los gran­des maes­tros del cine mundial.

The Subs­tan­ce (Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos-Fran­cia). Mid­night Madness

THE SUBS­TAN­CE

Des­pués de haber debu­ta­do en Reven­ge (2017), la rea­li­za­do­ra fran­ce­sa Cora­lie Far­geat vuel­ve a abor­dar el géne­ro de horror con The Subs­tan­ce, una impla­ca­ble sáti­ra ilus­tran­do has­ta qué pun­to cier­tas muje­res en la eta­pa de enve­je­ci­mien­to desean reco­brar la juven­tud de sus cuer­pos aun­que para ello ten­gan que ven­der su alma al dia­blo. Ese pac­to fáus­ti­co y su reper­cu­sión es lo que Far­geat ilus­tra a tra­vés de un rela­to que le pertenece.

Es muy gra­to apre­ciar el retorno de Demi Moo­re, pro­ba­ble­men­te en la mejor actua­ción de su carre­ra, ani­man­do a Eli­sa­beth Spar­kle; en el pasa­do ella fue una con­sa­gra­da actriz de Holly­wood, en tan­to que aho­ra acer­cán­do­se a los 50 años tie­ne a su car­go un pro­gra­ma tele­vi­si­vo de gim­na­sia, a la mane­ra de lo que ofre­cie­ra Jane Fon­da. Sin embar­go el cíni­co pro­duc­tor de la emi­sión (Denis Quaid) con­si­de­ra que ella ya está pasa­da de edad y por lo tan­to es nece­sa­rio reem­pla­zar­la por alguien mucho más joven.

Fren­te a esa con­tra­rie­dad Eli­za­beth ve agra­va­da su situa­ción des­pués de haber sufri­do un casi fatal acci­den­te de auto­mó­vil. En medio de su depre­sión se impo­ne de un extra­ño pro­gra­ma por el cual pue­de reju­ve­ne­cer­se median­te la apli­ca­ción de un pro­duc­to bio­quí­mi­co. Ella no duda en some­ter­se a tal expe­ri­men­to con­sis­ten­te en inyec­tar a su orga­nis­mo un líqui­do vis­co­so, la sus­tan­cia del títu­lo; para ello, debe­rá tener en cuen­ta cier­tas ins­truc­cio­nes pre­ci­sas por las que su cuer­po com­par­ti­rá la juven­tud desea­da por espa­cio de 7 días para vol­ver a su esta­do ori­gi­nal a la sema­na siguien­te, pro­si­guien­do con la mis­ma tra­yec­to­ria cada dos sema­nas. En prin­ci­pio todo mar­cha mara­vi­llo­sa­men­te don­de su doble es la joven Sue (Mar­ga­ret Qua­lley), que adquie­re rápi­da popu­la­ri­dad con su des­par­pa­jo, irre­ve­ren­cia y sim­pa­tía. Sin embar­go, lle­ga­do a un pun­to dado esa alter­na­da con­vi­ven­cia cor­po­ral atrae­rá serias com­pli­ca­cio­nes que no resul­ta apro­pia­do detallar.

Cier­ta­men­te Far­geat ofre­ce un rela­to femi­nis­ta en don­de que­da expues­ta la sis­te­má­ti­ca miso­gi­nia impe­ran­te en cier­tos sec­to­res del mun­do de Holly­wood; así no es extra­ño que muy pocas actri­ces de edad madu­ra como el caso de las bri­llan­tes sep­tua­ge­na­rias Meryl Streep y Glenn Clo­se como tam­bién en este caso Moo­re de 61 años, aún tie­nen opor­tu­ni­dad de ofre­cer su talen­to; es por ello que la idea cen­tral de la rea­li­za­do­ra en su voraz rela­to adquie­re autén­ti­ca realidad.

La remar­ca­ble con­cep­ción escé­ni­ca de la cineas­ta, su logra­da narra­ción y las excep­cio­na­les carac­te­ri­za­cio­nes logra­das por Moo­re y Far­geat cons­ti­tu­yen los fac­to­res esen­cia­les que valo­ri­zan a The Subs­tan­ce. No obs­tan­te sus méri­tos, los exce­sos de la bru­tal vio­len­cia impreg­na­da en la par­te final del rela­to gene­ran­do un abe­rran­te baño de san­gre, debe­rían haber sido evi­ta­dos dado que eso no habría alte­ra­do el pro­pó­si­to del film.

Fil­mes Eva­lua­dos en el TIFF (1)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

All We Ima­gi­ne As Light (India-Fran­cia-Paí­ses Bajos-Luxem­bur­go). Spe­cial Presentation

Des­pués de haber impre­sio­na­do con su muy buen docu­men­tal A Night of Kno­wing Nothing (2021), la rea­li­za­do­ra Payal Kapa­dia efec­túa su debut con el lar­go­me­tra­je de fic­ción median­te un mag­ní­fi­co retra­to de tres muje­res indias de dife­ren­tes gene­ra­cio­nes vivien­do en la mul­ti­tu­di­na­ria ciu­dad de Mumbay.

En un enfo­que deci­di­da­men­te femi­nis­ta el guión de Kapa­dia pre­sen­ta a Prabha (Kani Kus­ru­ti) quien des­de hace tiem­po tra­ba­ja en un hos­pi­tal de Mum­bay espe­cia­li­zán­do­se en la salud de la mujer; aun­que casa­da median­te un matri­mo­nio arre­gla­do, su mari­do se encuen­tra tra­ba­jan­do en Ale­ma­nia y por lo tan­to esa ausen­cia de hace más de un año sin tener noti­cias de él se hace sen­tir. El piso en que habi­ta lo com­par­te con Anu (Div­ya Prabha), una cole­ga más joven del mis­mo hos­pi­tal quien está secre­ta­men­te ena­mo­ra­da de Shiaz (Hridhu Haroon), un joven de ori­gen musul­mán y en con­se­cuen­cia infrin­gien­do la nor­ma vigen­te de no man­te­ner rela­cio­nes entre hin­dúes y musul­ma­nes. Pron­ta­men­te se une a ellas Pavarty (Chha­ya Kadam), de mayor edad y coci­ne­ra del noso­co­mio, que habien­do enviu­da­do ha sido expul­sa­da de su casa por no tener la docu­men­ta­ción per­ti­nen­te que prue­be su posesión.

La gran vir­tud del film resi­de en la suti­le­za que emplea Kapa­dia para refle­jar la her­man­dad que se gene­ra entre estas tres muje­res tan­to a tra­vés de los diá­lo­gos man­te­ni­dos como asi­mis­mo median­te sus silen­cios. Todo ello trans­cu­rre en el mar­co de la moder­na India, muy bien cap­ta­do por la cáma­ra de Rana­bir Das que en cier­tos momen­tos con­fie­re al film el tono de un documental.

La direc­to­ra ilus­tra cómo pue­de resul­tar difí­cil para que una mujer pue­da ser due­ña de su pro­pia vida debi­do a que aún rigen ana­cró­ni­cas tra­di­cio­nes. En tal sen­ti­do se obser­va a la abne­ga­da Prabha eva­dir los avan­ces de un bien inten­cio­na­do médi­co del noso­co­mio (Azees Nedu­man­gad), a pesar de que su mari­do no tie­ne con­tac­tos con ella; asi­mis­mo es el caso de Anu que es cons­cien­te que sus padres jamás apro­ba­rían que una su vida a Shiaz debi­do a cier­tos ana­cro­nis­mos resal­ta­dos por las ten­sio­nes reli­gio­sas; no menos sig­ni­fi­ca­ti­vo es el hecho de que una mujer viu­da no pue­da poseer los docu­men­tos per­ti­nen­tes a la pro­pie­dad en que resi­de como en el caso de Pavarty.

Kapa­dia ideal­men­te ha con­vo­ca­do a tres mag­ní­fi­cas actri­ces quie­nes con su inter­pre­ta­ción brin­dan vita­li­dad a esta lúci­da obra femi­nis­ta. Por sus indis­cu­ti­bles méri­tos, el film mere­ci­da­men­te obtu­vo el Gran Pre­mio del Jura­do en el fes­ti­val de Cannes.

L’histoire de Sou­ley­ma­ne (Fran­cia). Centrepiece

L’HISTOIRE DE SOULEYMANE

La dura expe­rien­cia vivi­da por refu­gia­dos afri­ca­nos que lle­gan a Euro­pa en pro­cu­ra de un por­ve­nir más aus­pi­cio­so es lo que se apre­cia en este vibran­te dra­ma humano del rea­li­za­dor Boris Lojkine.

El pro­ta­go­nis­ta es Sou­ley­ma­ne (Abou San­ga­re), un esfor­za­do y deci­di­do joven de 23 años oriun­do de Gui­nea quien indo­cu­men­ta­do pro­cu­ra obte­ner asi­lo en Fran­cia, aguar­dan­do a que den­tro de pocos días la auto­ri­dad per­ti­nen­te adop­te una deci­sión al res­pec­to. En tan­to, dado que legal­men­te no pue­de tra­ba­ja­ro, se gana el sus­ten­to ope­ran­do ilí­ci­ta­men­te como sub­con­tra­ta­do repar­ti­dor de comi­das para un abu­sa­dor usu­re­ro (Emma­nuel Yovanie).

A lo lar­go de los días en que trans­cu­rre la acción Sou­ley­ma­ne debe supe­rar varios obs­tácu­los. Así, al peli­gro de peda­lear ver­ti­gi­no­sa­men­te con su bici­cle­ta en medio del agi­ta­do trán­si­to de las calles de París, se agre­ga la pre­sión de tener que entre­gar muchos pedi­dos a tiem­po y el estrés de lidiar con clien­tes exi­gen­tes o has­ta con poli­cías, ade­más de esta­fa­do­res que se quie­ren apro­ve­char de él. Pero nada doble­ga la volun­tad del empren­de­dor mucha­cho que ade­más le preo­cu­pa saber acer­ca de su madre y de su ena­mo­ra­da que resi­den en Guinea.

A todo ello para la pre­pa­ra­ción de la cru­cial reu­nión que deci­di­rá su per­ma­nen­cia en Fran­cia cuen­ta con la cola­bo­ra­ción de Barry (Alpha Oumar Sow), una suer­te de tutor que a cam­bio de dine­ro pres­ta sus ser­vi­cios pro­cu­rán­do­le una his­to­ria obvia­men­te inven­ta­da que él debe memo­ri­zar a fin de con­ven­cer a la per­so­na que lo entre­vis­te. Con­se­cuen­te­men­te, la esce­na de mayor ten­sión es la que tie­ne lugar cuan­do lle­ga­do el día deci­si­vo, el joven enfren­ta a la ofi­cial de turno (Nina Meu­ris­se) fren­te a la incer­ti­dum­bre de lo que le habrá de acontecer.

Valién­do­se de su pro­pio guión com­par­ti­do con Delphi­ne Agut, Loj­ki­ne brin­da un con­mo­ve­dor dra­ma social que en muchos aspec­tos se ase­me­ja al cine rea­lis­ta de los her­ma­nos Dar­den­ne. Cui­dan­do en todo momen­to de no acu­dir a gol­pes bajos, el rea­li­za­dor expo­ne cómo en cier­tas cir­cuns­tan­cias la vul­ne­ra­bi­li­dad de los refu­gia­dos que pro­cu­ran­do asi­lo pue­den ser explo­ta­dos a tra­vés de las falen­cias de un sis­te­ma de migra­ción exen­to de con­mi­se­ra­ción humana.

Ade­más de la talen­to­sa direc­ción de Loj­ki­ne la pelí­cu­la se enri­que­ce por la bri­llan­te carac­te­ri­za­ción de San­ga­re quien ofre­ce un sin­gu­lar mag­ne­tis­mo en el rol pro­ta­gó­ni­co, per­mi­tien­do que el espec­ta­dor empa­ti­ce con la suer­te atra­ve­sa­da por Soulemayne.

Los valo­res de este nota­ble film fue­ron reco­no­ci­dos por el jura­do del fes­ti­val de Can­nes de la sec­ción Una Cier­ta Mira­da habién­do­le otor­ga­do el Pre­mio del Jura­do, así como dis­tin­guien­do a San­ga­re con el pre­mio al Mejor Actor.

Whi­plash. (Esta­dos Uni­dos). Spe­cial Events

WHI­PLASH

En esta sec­ción dedi­ca­da a Espe­cia­les Even­tos, el TIFF repo­ne este segun­do film del direc­tor y guio­nis­ta Damien Cha­ze­lle que cons­ti­tu­yó uno de los más impac­tan­tes vis­tos en 2014.

Pese a que el cine ha con­si­de­ra­do más de una vez las dife­ren­tes mani­fes­ta­cio­nes que pue­den adop­tar los víncu­los que se esta­ble­cen entre pro­fe­so­res y alum­nos, pocas veces esa rela­ción alcan­zó el nivel de extre­ma cru­de­za que se apre­cia en esta pelí­cu­la dis­tin­gui­da en el fes­ti­val de Sun­dan­ce con el Gran Pre­mio del Jura­do y el del público.

El prin­ci­pal méri­to de este exce­len­te dra­ma es la nota­ble carac­te­ri­za­ción de carac­te­res logra­da por Damien Cha­ze­lle. En esen­cia, la pelí­cu­la expo­ne el encuen­tro de dos per­so­na­li­da­des cuya rela­ción se desa­rro­lla en un nivel de con­si­de­ra­ble ten­sión. La acción que se desa­rro­lla en la ciu­dad de Nue­va York pre­sen­ta a Andrew Ney­man (Miles Teller), un mucha­cho de apro­xi­ma­da­men­te 20 años apa­sio­na­do de la bate­ría que estu­dia en un con­ser­va­to­rio de músi­ca muy com­pe­ti­ti­vo. Sus espe­cia­les dotes son apre­cia­das por Teren­ce Flet­cher (J.K. Simons), quien es uno de los más impor­tan­tes pro­fe­so­res de jazz de la aca­de­mia; por esa razón es inme­dia­ta­men­te invi­ta­do a que par­ti­ci­pe en un pres­ti­gio­so con­jun­to musi­cal del esta­ble­ci­mien­to. A par­tir de ese momen­to sur­ge un víncu­lo sado­ma­so­quis­ta entre el pro­fe­sor y su alumno, en la medi­da que Flet­cher uti­li­za su ins­tin­ti­va natu­ra­le­za bru­tal para exi­gir de sus estu­dian­tes y fun­da­men­tal­men­te de Andrew esfuer­zos sobre­hu­ma­nos para lograr la perfección.

Si en prin­ci­pio uno podría com­pren­der la volun­tad del maes­tro de obte­ner los máxi­mos valo­res poten­cia­les del alumno al que ins­tru­ye, en el caso pre­sen­ta­do por Cha­ze­lle el edu­ca­dor se com­por­ta con un exa­cer­ba­do sadis­mo que prác­ti­ca­men­te des­tru­ye el equi­li­brio emo­cio­nal de Andrew. Eso es trans­mi­ti­do en el rela­to con tal auten­ti­ci­dad que uno se olvi­da que está asis­tien­do a una his­to­ria de fic­ción para en cam­bio supo­ner­la com­ple­ta­men­te ver­da­de­ra en la inten­sa bata­lla psi­co­ló­gi­ca enta­bla­da entre sus dos per­so­na­jes centrales.

Aun­que el libre­to des­cri­be mag­ní­fi­ca­men­te a Andrew y Teren­ce, tal esfuer­zo habría que­da­do miti­ga­do de no haber con­ta­do con dos acto­res que se entre­gan en cuer­po y alma a dichos per­so­na­jes. Miles Teller es remar­ca­ble trans­mi­tien­do el esfuer­zo físi­co que rea­li­za Andrew con las esco­bi­llas emplea­das para gol­pear los pla­ti­llos a fin de lograr el jus­to tono reque­ri­do por la músi­ca eje­cu­ta­da, a la vez que sufre los emba­tes infli­gi­dos por su abu­si­vo ins­truc­tor pero que no pue­de aban­do­nar­lo por­que su entre­ga por la músi­ca y el jazz supera lo indes­crip­ti­ble; más aún, su gra­do de dedi­ca­ción es tan gran­de que has­ta renun­cia a la posi­bi­li­dad de pro­se­guir una rela­ción sen­ti­men­tal con una bue­na chi­ca (Melis­sa Benoist) por­que podría sig­ni­fi­car­le un obs­tácu­lo para su carre­ra. Por su par­te J.K.Simmons des­lum­bra como el pro­fe­sor que per­si­guien­do la exce­len­cia de su alumno recu­rre a pro­ce­di­mien­tos huma­na­men­te denigrantes.

Final­men­te, el gran elo­gio va para Cha­ze­lle quien ade­más de rela­tar mag­ní­fi­ca­men­te esta dra­má­ti­ca his­to­ria la mis­ma se valo­ri­za con la exce­len­cia de la músi­ca de jazz que en su núme­ro final alcan­za una dimen­sión incon­men­su­ra­ble como pocas veces se ha vis­to en cine.

Misé­ri­cor­de (Fran­cia-Espa­ña-Por­tu­gal) Spe­cial Presentations

MISÉ­RI­COR­DE

La repre­sión del deseo sexual es uno de los tópi­cos que con­si­de­ra el direc­tor y guio­nis­ta fran­cés Alain Gui­rau­die. en esta acer­ta­da tra­gi­co­me­dia que ha sido elo­gia­da por la crí­ti­ca en opor­tu­ni­dad de su estreno mun­dial en el últi­mo fes­ti­val de Cannes.

La acción se desa­rro­lla en un peque­ño pue­blo rural de Fran­cia; a dicho lugar retor­na Jéré­mie (Félix Kysil) pro­ce­den­te de Tou­lou­se para asis­tir al fune­ral de Jean-Pie­rre, el vie­jo pana­de­ro local con quien tra­ba­jó duran­te su ado­les­cen­cia. Aun­que es muy bien reci­bi­do por su viu­da Mar­ti­ne (Cathe­ri­ne Frot), que lo invi­ta a per­ma­ne­cer en su hogar, su hijo Vin­cent (Jean-Bap­tis­te Durand), mani­fies­ta cier­to rece­lo con su pre­sen­cia. En tan­to, Jéré­mie pro­lon­ga su esta­día resi­dien­do en lo de Mar­ti­ne más tiem­po de lo aguardado.

Sutil­men­te, Gui­rau­die deja entre­ver que entre Jéré­mie y el difun­to exis­tió un víncu­lo amo­ro­so así como con Vin­cent, aun­que él es casa­do en tan­to que el visi­tan­te mani­fies­ta tener una novia en Tou­lou­se. A todo ello duran­te su esta­día Jéré­mie se reen­cuen­tra con el vie­jo gran­je­ro Wal­ter (David Aya­la) y a su vez entra en con­tac­to con el enig­má­ti­co sacer­do­te Gri­so­lles (Jac­ques Deve­lay) de la aldea.

El rela­to adquie­re un tono intri­gan­te con la des­apa­ri­ción de un per­so­na­je que ori­gi­na la inter­ven­ción poli­cial tra­tan­do de escla­re­cer el mis­te­rio. Sin pro­se­guir con el desa­rro­llo de la tra­ma, lo cier­to es que el rea­li­za­dor con­si­de­ra varios aspec­tos rele­van­tes; así va resal­tan­do la ambi­güe­dad sexual de sus prin­ci­pa­les per­so­na­jes a tra­vés de los mis­te­rios del deseo, los secre­tos y men­ti­ras que emer­gen en el seno de la comu­ni­dad rural, así como no des­car­ta tra­tar lige­ra­men­te la reli­gión median­te las inti­mi­da­des con­fe­sa­das por el cura. En últi­ma ins­tan­cia, a tra­vés de su rela­to Gui­rau­die per­mi­te refle­xio­nar sobre algu­nos ras­gos de con­no­ta­ción moral vin­cu­la­dos con la cul­pa, el remor­di­mien­to y el perdón.

Cier­ta­men­te este fas­ci­nan­te melo­dra­ma dota­do de cier­to sus­pen­so y de un cáus­ti­co humor per­mi­te la gra­ti­fi­ca­ción del espectador.