Pano­rama de Africa

VUE D’AFRIQUE

Desde el 26 de abril hasta el 5 de mayo se desa­rro­lla la vigé­sima novena edi­ción de Vue d’Afrique en el com­plejo Excen­tris de Mon­treal, con excep­ción del film inau­gu­ral que se habrá de exhi­bir en el Cine Impe­rial. 

Este fes­ti­val que está con­sa­grado al cine afri­cano y creole es el más impor­tante que se rea­liza fuera del con­ti­nente de Africa. Con más de un cen­te­nar de fil­mes per­te­ne­cien­tes a 30 paí­ses, la mues­tra se inau­gura con la exhi­bi­ción de la pelí­cula belga Kins­hasa Kids de Marc-Henry Wajn­berg. Este film se basa en la situa­ción ata­ra­ve­sada por apro­xi­ma­da­mente 30 mil niños erran­tes en las calles de Kins­hasa de la Repú­blica Demo­crá­tica del Congo quie­nes son acu­sa­dos de hechi­ce­ría y tra­tan de sobre­vi­vir des­pués de haber sido expul­sa­dos por sus fami­lias. A par­tir de ese hecho el film regis­tra con nota­ble auten­ti­ci­dad el caso de José (José Mawanda), uno de esos chi­cos, quien reuniendo a un grupo de ami­gos, en con­junto deci­den for­mar una banda musi­cal para ale­jar a la mala suerte que les ace­cha y com­ba­tir la pobreza, ayu­da­dos por un empre­sa­rio y músico local (Beb­son Elemba).

Una escena de KINSHASA KIDS

Una escena de KINS­HASA KIDS

En Vir­gin Mar­ga­rida, el rea­li­za­dor Luci­nio Aze­vedo efec­túa un retrato del des­tino de muje­res pre­su­mi­ble­mente pros­ti­tui­das ubi­ca­das en cam­pos de reedu­ca­ción des­pués de la gue­rra de libe­ra­ción de Mozam­bi­que. Cam­biando de tono, Win­ter of Dis­con­tent de Ibrahim Batout dra­ma­tiza los comien­zos de la revo­lu­ción de Egipto de enero de 2011, con toda la atmós­fera de angus­tia e incer­ti­dum­bre reinante. Otro film atra­yente es Para­dis Amer de Chris­tian Faure fil­mado en la isla de Mayotte, des­cri­biendo el comienzo de una his­to­ria de amor entre dos niños. Ren­gaine de Rachid Djaï­dani, con­si­dera cier­tos tópi­cos espi­no­sos al tran­si­tar por el deli­cado terreno de la exclu­sión, racismo y reli­gión; la his­to­ria gira en torno de un joven negro cris­tiano viviendo en París que desea casarse con una chica musul­mana que debe enfren­tar la opo­si­ción de su her­mano por trans­gre­dir la tra­di­ción cul­tu­ral donde el matri­mo­nio entre negros y árabes es con­si­de­rado tabú. En la copro­duc­ción franco-portuguesa La répu­bli­que des enfants pro­ta­go­ni­zada por Danny Glo­ver, la direc­tora Flora Gomez de Gui­nea Bis­sau con­cibe una suerte de fábula ubi­cando su acción en un pequeño país afri­cano donde un grupo de niños sol­da­dos decide for­mar su pro­pio país. 

En la sec­ción dedi­cada al cine docu­men­tal se des­taca el film hai­tiano Depor­ted donde las rea­li­za­do­ras Rachele Magloire y Can­tal Rég­nault entre­vis­tan a ciu­da­da­nos cana­dien­ses y ame­ri­ca­nos que son depor­ta­dos a Haití, su país de ori­gen, debido a deli­tos come­ti­dos; esta­ble­ci­dos ahora en Port-au-Prince deben comen­zar una nueva vida en un ambiente des­co­no­cido a la vez que hos­til. El docu­men­tal suizo Capi­taine Tho­mas San­kara de Chris­tophe Cupe­lin des­cribe el des­tino trá­gico del pre­si­dente de Bur­kina Fasso Tho­mas San­kara quien fue ase­si­nado en 1987 al ser trai­cio­nado por su mejor amigo. De gran inte­rés es Écoles en Haïti de Didier Mauro donde el rea­li­za­dor aborda los pro­ble­mas socio­eco­nó­mi­cos de Haití agra­va­dos por el terri­ble sismo de 2010 y su reper­cu­sión en la esco­la­ri­za­ción de los niños; el resul­tado es un ajus­tado retrato de la socie­dad hai­tiana con­tem­po­rá­nea. En el docu­men­tal de Gran Bre­taña copro­du­cido con Zim­babwe Robert Mugabe…what hap­pe­ned? el direc­tor Simon Bright echa una mirada crí­tica a la acción de su pre­si­dente que tras la pro­clama de la recon­ci­lia­ción cuando asu­mió el poder en 1980, hoy día lanza una gue­rra civil con­tra su pro­pio país, des­tru­yendo en gran parte lo que había cons­truido al prin­ci­pio de su mandato. Un docu­mento social impor­tante es La plaie et le couteau, donde la direc­tora Agnès-Maritza Boul­mer mediante nume­ro­sas entre­vis­tas rea­li­za­das, con­si­dera las impli­ca­cio­nes de la muti­la­ción geni­tal de la mujer en varios paí­ses de África Occi­den­tal. y Suiza. El film Yas­mina y Moham­med de Régine Aba­dia narra la sor­pren­dente his­to­ria del nove­lista Moham­med Mou­les­sehoul que publica sus obras uti­li­zando el nom­bre de su señora Yas­mina Kha­dra. 

El fes­ti­val fina­liza el 5 de mayo con la pro­yec­ción del film de Arnold Anto­nin Herby, le Jazz et la musi­que haï­tienne, sobre la música popu­lar de danza urbana hai­tiana así como su rela­ción con la música latina y el jazz. Para una infor­ma­ción com­pleta sobre la pro­gra­ma­ción y los hora­rios res­pec­ti­vos pre­sio­nar aquíJorge Gut­man

Un Viaje Psi­co­dé­lico de Amne­sia e Hipnotismo

TRANCE. Gran Bre­taña, 2013. Un film de Danny Boyle

Nadie duda de la ver­sa­ti­li­dad e inge­nio­si­dad de Danny Boyle donde la mayor parte de sus pelí­cu­las exuda una arro­lla­dora ener­gía así como una ori­gi­na­li­dad que goza del favor popu­lar, como fue el caso de Slum­dog Millo­naire (2008) que obtuvo el Oscar al mejor film del año ade­más de haber sido recom­pen­sado como mejor rea­li­za­dor. De allí la gran expec­ta­tiva que su último film Trance logró gene­rar; sin embargo, lo que brinda aquí desilu­siona, no por­que el film sea malo sino por­que en su inten­ción de pro­por­cio­nar un ver­ti­gi­noso cru­ci­grama psi­co­ló­gico, Boyle se extra­li­mita incor­po­rando tan­tas varian­tes al relato que a la pos­tre frus­tra a cual­quier cru­ci­gra­mista deseoso de colo­car las pie­zas en su lugar.

El punto de par­tida es intere­sante donde Simon (James McA­voy), un subas­ta­dor de arte que tra­baja en una pres­ti­giosa firma de rema­tes de Lon­dres, explica acerca de las medi­das de segu­ri­dad que se deben adop­tar para evi­tar cual­quier intento de robo de las obras artís­ti­cas. Pre­ci­sa­mente, en el momento en que subasta el famoso cua­dro de Fran­cisco de Goya Vuelo de Bru­jas (1797), valuado en más de 25 millo­nes de libras, se pro­duce un golpe maes­tro por parte de una banda delic­tiva lide­rada por Franck (Vin­cent Cas­sel). En ese momento de gran revuelo cuando Simon se apresta a guar­dar el famoso lienzo en una caja de segu­ri­dad, recibe un golpe en la cabeza por el que debe ser hos­pi­ta­li­zado. Tiempo des­pués, cuando Franck y sus secua­ces com­prue­ban que el paquete robado con­tiene única­mente el marco, el espec­ta­dor se entera de que Simon forma parte de la pan­di­lla y que él estaba obrando a modo de “entre­ga­dor”. Una nota al mar­gen de esta breve sinop­sis es indi­car que el cua­dro de Goya se halla en el Museo del Prado de Madrid; en todo caso esta licen­cia no afecta el desa­rro­llo de la trama.

Vincent Cassel

Vin­cent Cassel

Como con­se­cuen­cia del acci­dente sufrido, des­pués de haber sido dado de alta, Simon sufre de amne­sia y no puede infor­marle a Franck dónde ocultó la famosa tela de Goya. Es allí que Franck decide con­tra­tar a Eli­za­beth, una doc­tora experta en hip­no­sis (Rosa­rio Daw­son) para que someta a Simon en un trance y pueda son­sa­carle la infor­ma­ción deseada.

Sería indis­creto reve­lar algo más. Sola­mente cabe aña­dir que a par­tir de aquí el intento de Eli­za­beth de pene­trar en la mente de Simon pro­duce un vínculo entre los tres pro­ta­go­nis­tas que si bien al prin­ci­pio intriga, len­ta­mente el pro­ceso comienza a per­der efecto. Así, las con­ti­nua­das vuel­tas de tuerca del guión con­du­cen al espec­ta­dor a tra­vés de un viaje psi­co­dé­lico de memo­ria y olvido donde el relato quiere demos­trar su inte­li­gen­cia a costa de mani­pu­lear per­ma­nen­te­mente al obser­va­dor; como resul­tado, uno pierde toda ila­ción cro­no­ló­gica, no dife­ren­cia la fan­ta­sía de la reali­dad y tra­tando de esfor­zarse de lle­nar las situa­cio­nes fal­tan­tes de este rom­pe­ca­be­zas cine­ma­to­grá­fico se llega a com­pro­bar que el esfuerzo resulta esté­ril, por­que el relato vuelca el tablero cons­tan­te­mente. En tér­mi­nos narra­ti­vos, el desen­lace decep­ciona por­que cuando algu­nas situa­cio­nes lle­gan a ser reve­la­das, ya nadie cree en las mismas.

Acorde con lo que ante­cede y a pesar de las bue­nas actua­cio­nes, nin­guno de los tres per­so­na­jes posee pro­fun­di­dad alguna o ante­ce­den­tes que per­mi­tan lle­gar a cono­cer­los; ni Simon llega a con­ven­cer como un experto en arte, ni Franck es plau­si­ble como el líder del grupo y en cuanto a Eli­za­beth –a pesar de su gla­mour– tam­poco con­vence como efi­caz hipnotizadora.

Con­clu­sión: Mucho ruido y pocas nue­ces para un film de amne­sia e hip­no­tismo donde la falta de cohe­ren­cia malo­gra la intriga narra­tiva. A su favor, cabe reco­no­cer su diná­mico ritmo, una ecléc­tica banda sonora y muy en espe­cial el rigu­roso tra­bajo del direc­tor de foto­gra­fía Ant­hony Dod Mantle; sin embargo, eso no com­pensa la falta de sus­penso en este drama impreg­nado de fal­sas notas.  Jorge Gut­man

Un Buen Film Depor­tivo, Social y Político

42. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film escrito y diri­gido por Brian Helgeland

Jack (“Jackie”) Robin­son (1919 –1972) fue un juga­dor de béis­bol de Esta­dos Uni­dos que ha mar­cado una época en la his­to­ria depor­tiva de los Esta­dos Uni­dos al haberse con­ver­tido en el pri­mer juga­dor afro­ame­ri­cano en par­ti­ci­par en un equipo de pri­mer nivel de este deporte. Los acon­te­ci­mien­tos que rodea­ron ese evento más otros adi­cio­na­les sobre el movi­miento de los dere­chos civi­les vin­cu­la­dos con este juego son abor­da­dos por el direc­tor Brian Hel­ge­land de manera clara, directa, sobria y ele­gante, aun­que quizá con un poco de didac­tismo. Lo que importa es que durante poco más de dos horas el espec­ta­dor que nunca haya prac­ti­cado ni cono­cido el béis­bol apre­ciará este film como un docu­mento social de gran tras­cen­den­cia que enfoca el lado oscuro de Esta­dos Uni­dos al haber man­te­nido la segre­ga­ción racial durante la mayor parte del siglo pasado.

El film comienza en las pos­tri­me­rías de la segunda gue­rra mun­dial mos­trando en los noti­cie­ros la ale­gría y eufo­ria de una nación que retorna a la nor­ma­li­dad. Inme­dia­ta­mente la acción se des­plaza al des­pa­cho de Branch Rickey (Harri­son Ford), el áspero y honesto pre­si­dente y gerente gene­ral del famoso equipo Broo­klyn Dod­gers quien comu­nica al entorno que lo rodea sobre su inten­ción de incor­po­rar a la liga pro­fe­sio­nal de béis­bol a Jack Robin­son (Chad­wick Bose­man); se trata de un joven negro de 26 años que tiene como ante­ce­den­tes un buen desem­peño e inte­gri­dad pro­fe­sio­nal en el Ame­ri­can Negro Lea­gue de Kan­sas City. A pesar de que su deci­sión causa gran estu­por, lo llega a con­tra­tar no sin antes impo­ner a Robin­son la con­di­ción de que de nin­gún modo deberá reac­cio­nar frente a las dia­tri­bas racis­tas que even­tual­mente pudie­ran salirle al paso. Al prin­ci­pio es asig­nado al equipo del Mon­treal Royals donde el gerente del mismo y otros juga­do­res lo des­pre­cian, del mismo modo que dista de ser bien­ve­nido por el per­so­nal del hotel donde debe­ría hos­pe­darse, obli­gán­dolo a tener que alo­jarse en el seno de una fami­lia negra. Su excep­cio­nal desem­peño como beis­bo­lista hará que al prin­ci­pio de 1947 forme parte inte­grante del famoso Broo­klyn Dod­gers por­tando la famosa cami­seta con el número “42”.

Gran parte del film refleja hasta qué punto Robin­son ha tenido que enfren­tar y sopor­tar la hos­ti­li­dad debido al des­pia­dado racismo de sus com­pa­ñe­ros y el fana­tismo del público, sin poder defen­derse ni ata­car; sola­mente se sen­tía apo­yado por las con­ti­nua­das reco­men­da­cio­nes de Rickey de no cejar ni dejarse inmu­tar para demos­trar en la can­cha de juego frente al mundo sus nota­bles con­di­cio­nes de juga­dor; el otro con­fort lo obtiene por parte del cariño y apoyo brin­dado por su joven y amo­rosa mujer Rachel (Nicole Beharie).

Quizá la escena más dolo­rosa de pre­sen­ciar pero ilus­tra­tiva de hasta dónde puede lle­gar el sen­ti­miento de odio racista es cuando en un par­tido donde su equipo enfrenta al Fila­del­fia Phi­llies, su gerente Ben Chap­man (Alan Tudyk) pro­voca a Robin­son con los más pon­zo­ño­sos insul­tos racia­les para que éste reac­cione; ese tenso momento en que el juga­dor decide guar­dar la calma frente al público tes­tigo, aun­que explo­tando de indig­na­ción inte­rior, está mag­ní­fi­ca­mente logrado ilus­trando la impo­ten­cia de una per­sona dolo­sa­mente humi­llada sin poder tomar acción alguna para protegerse.

Aun­que el desa­rro­llo del juego abarca buena parte del relato, el film es un docu­mento social y polí­tico que cala hon­da­mente en el espec­ta­dor. A pesar de que a título indi­vi­dual Robin­son haya logrado final­mente ganarse un amplio reco­no­ci­miento a nivel popu­lar, sobre todo por haber con­tri­buido a que los Dod­ger obtu­viera el título de cam­peón mun­dial en 1955, no menos cierto es que la dis­cri­mi­na­ción, segre­ga­ción e injus­ti­cia humana siguió pre­va­le­ciendo en los Esta­dos Uni­dos hasta fina­les de la década del 60.

Harrison Ford y Chadwick Boseman

Harri­son Ford y Chad­wick Boseman

El film cuenta con un exce­lente reparto y se carac­te­riza por su bajo per­fil. En nin­gún momento el rea­li­za­dor trató de sobre­di­men­sio­nar o exa­ge­rar los logros de Robin­son y en tal sen­tido obtuvo de Bose­man un tra­bajo com­pe­tente donde evi­tando la sobre­ac­tua­ción trans­mite muy bien el dolor de quien por el color de su piel es objeto de des­pre­cio y rechazo. No menos impor­tante es el tra­bajo, diría atí­pico, de Ford quien en el mejor papel de su carrera ofrece una inter­pre­ta­ción estu­penda del hom­bre blanco que hará lo impo­si­ble para que su pro­te­gido negro salga airoso del camino que le cabe recorrer.

Con­clu­sión: Un muy buen docu­mento que sin duda sor­pren­derá a la joven gene­ra­ción de la era Obama sobre lo que sig­ni­ficó ser negro en la Amé­rica del siglo pasado. Jorge Gut­man

Un Buen Drama Emocional

THE PLACE BEYOND THE PINES. Esta­dos Uni­dos, 2012. Un film de Derek Cianfrance

Des­pués de haber impre­sio­nado gra­ta­mente con Blue Valen­tine (2010), un pro­fundo drama emo­cio­nal sobre la desin­te­gra­ción de un matri­mo­nio, el rea­li­za­dor Derek Cian­france vuelve a ofre­cer otra his­to­ria íntima que aun­que no alcance un nivel parejo a lo largo de sus casi dos horas y media de dura­ción, atrapa el inte­rés por cier­tos pro­ble­mas mora­les plan­tea­dos y por el nivel de cali­dad de su elenco.

Ryan Gos­ling anima a Luke, un moto­ci­clista acró­bata iti­ne­rante que des­pués de haber estado tiempo atrás en Sche­nec­tady, una pequeña loca­li­dad del estado de Nueva York, al regre­sar al lugar se entera de que es padre de un niño de pocos meses de edad, pro­ducto de la rela­ción que había man­te­nido con Romina (Eva Men­dez), mesera de un res­tau­rante local. Sor­pren­dido, y dueño de una sen­si­bi­li­dad que le impulsa a cum­plir con su deber de padre en lo que al man­te­ni­miento finan­ciero se refiere, decide dejar su tra­bajo poco esta­ble y redi­tua­ble para bus­car algún empleo local, lo que logra al ser empleado por un mecá­nico de la zona (Ben Men­dels­honn); sin embargo, el pequeño nego­cio no per­mite que Luke obtenga un sala­rio impor­tante por lo que decide aten­der al con­sejo de su patrón quien le indica que hay mane­ras más lucra­ti­vas de hacer dinero, como por ejem­plo asal­tando esta­ble­ci­mien­tos ban­ca­rios. Todo mar­cha bien en un comienzo hasta que en uno de esos gol­pes maes­tros, el des­tino hace que se tope con Avery (Brad­ley Cooper), un honesto poli­cía local.

Ryan Gosling

Ryan Gos­ling

En la segunda parte del film, el relato se cen­tra en Avery quien es pro­cla­mado héroe por su acción des­ple­gada como ofi­cial poli­cial. Gra­duado en leyes, casado y con un hijo de un año de edad, trata de com­ba­tir la injus­ti­cia del lugar y es así que se encuen­tra en difi­cul­tad cuando com­prueba la corrup­ción e inmo­ra­li­dad de algu­nos de sus com­pa­ñe­ros de tra­bajo (Ray Liotta); ade­más, se llega a saber –por la con­fe­sión rea­li­zada a su tera­peuta– que arras­tra un gran sen­ti­miento de culpa por haber matado a un delin­cuente en acto de servicio.

El tramo final de esta his­to­ria que trans­cu­rre 15 años des­pués vin­cula nue­va­mente al asal­tante ban­ca­rio con el ínte­gro poli­cía a tra­vés de sus res­pec­ti­vos hijos (Dane DeHaan, Emory Cohen); como com­pa­ñe­ros de escuela, estos ado­les­cen­tes man­tie­nen una par­ti­cu­lar rela­ción basada en los con­tac­tos que uno de ellos tiene con tra­fi­can­tes de dro­gas, y la habi­li­dad del otro de trans­for­mar la mer­ca­de­ría ile­gal en dinero fácil.

La inten­ción del film es resal­tar el modo en que la acti­tud de los adul­tos en el pasado reper­cu­tirá en la con­ducta de una nueva gene­ra­ción. A pesar de que las pri­me­ras dos sec­cio­nes del film están narra­das en forma impe­ca­ble, man­te­niendo buena ten­sión y sus­penso gene­rado por los acon­te­ci­mien­tos que tie­nen lugar, el capí­tulo final carece de una con­clu­sión rea­lista en fun­ción de lo que el film pre­via­mente expuso. De todos modos, la obser­va­ción seña­lada no alcanza a des­me­re­cer la cali­dad de sus dos pri­me­ros seg­men­tos teniendo en cuenta su inte­li­gente estruc­tu­ra­ción y sobre todo la ori­gi­nal forma en que el foco del relato se tras­lada de Luke a Avery.

Aun­que todo el elenco se desem­peña muy bien, indu­da­ble­mente Gos­ling y Cooper se dis­tin­guen mara­vi­llo­sa­mente como los dos per­tur­ba­dos pro­ta­go­nis­tas del relato.

Con­clu­sión: Queda como balance un ambi­cioso estu­dio sobre la res­pon­sa­bi­li­dad pater­nal, el ver­da­dero sen­tido del heroísmo y la forma en que las accio­nes huma­nas por mejor inten­cio­na­das que fue­ran, pue­den con­du­cir a situa­cio­nes no bus­ca­das dejando una marca inde­le­ble e impo­si­ble de olvi­darJorge Gut­man

El Tiempo del Olvido

OBLI­VION. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film de Joseph Kosinski

Tom Cruise

Tom Cruise

Anti­ci­pán­dose en dos meses al inicio del verano, la tem­po­rada esti­val de cine ya comenzó en Amé­rica del Norte con el estreno de Obli­vion del rea­li­za­dor Joseph Kosinski. Siguiendo los pasos ya tran­si­ta­dos en Tron: Legacy (2010), Kosinski no innova ni agrega sor­presa alguna que no se hubiese con­tem­plado en otros títu­los del género (espe­cial­mente The Matrix y/o Total Recall); con todo, habrá que reco­no­cer que para los aman­tes de este tipo de fil­mes, esta pelí­cula habrá de sumer­gir­los en una expe­rien­cia visual única y es pre­ci­sa­mente allí donde resi­den sus prin­ci­pa­les méritos.

El film aglu­tina todos los ele­men­tos pro­pios de la cien­cia fic­ción pre­sen­tando un uni­verso en donde que­dan expues­tos los con­flic­tos de huma­nos y aliens, los via­jes a tra­vés del tiempo y del olvido, la bús­queda de iden­ti­dad, pre­sen­cia de pla­ne­tas diez­ma­dos y colo­ni­za­dos y otros ele­men­tos que el rea­li­za­dor ima­ginó en el guión por él con­ce­bido y teniendo en mente que Tom Cruise sería su pro­ta­go­nista. En efecto, el popu­lar actor vuelca su carisma con com­pleta natu­ra­li­dad y su pre­sen­cia gra­vita posi­ti­va­mente en el desa­rro­llo del relato.

La acción se ubica en 2077 donde des­pués de que la Tie­rra ha ganado la vic­to­ria con­tra des­truc­ti­vas fuer­zas extra­te­rres­tres que la han dejado diez­mada por ata­ques nuclea­res, la mayor parte de la pobla­ción que ha logrado sal­varse se ha tras­la­dado a Titán, una de las lunas de Saturno. Entre­tanto, el piloto y téc­nico Jack Har­per (Cruise) junto con su asis­tente Vika (Andrea Rise­bo­rough) aun resi­den en la super­fi­cie de la Tie­rra y se encuen­tran en una base flo­tante con la misión de man­te­ner ale­ja­dos a los inva­so­res hos­ti­les que aún per­ma­ne­cen ocul­tos, con­tando para ello con la ayuda de inva­lua­bles dro­nes que se encuen­tran pro­gra­ma­dos para ase­gu­rar tam­bién el abas­te­ci­miento del agua. Esta pri­mera parte del film, prác­ti­ca­mente con pocos diá­lo­gos, se nutre de la pre­sen­cia de Jack y Vika, y Sally (Melissa Leo) quien sigue la mar­cha de lo que está acon­te­ciendo desde el con­trol cen­tral. En tér­mi­nos estric­ta­mente cine­ma­to­grá­fi­cos, es donde el film regis­tra sus más bellas escenas.

Inme­dia­ta­mente des­pués, el relato cam­bia de tono cuando la memo­ria de Jack, que ha que­dado eli­mi­nada para evi­tar que fuer­zas hos­ti­les pue­dan extraerle infor­ma­ción en caso de ser cap­tu­rado, comienza a aso­ciarse con imá­ge­nes román­ti­cas man­te­ni­das en el pasado con una bella y mis­te­riosa mujer, a tra­vés de Julia (Olga Kury­lenko), una sobre­vi­viente de la gue­rra. A par­tir de allí Jack que no puede no puede dejar de pen­sar acerca de su pasado comienza a cavi­lar sobre el futuro de la huma­ni­dad. En esta segunda mitad, la his­to­ria se vuelve más dia­lo­gada, con cier­tas esce­nas de acción bien logra­das y con algu­nas con­no­ta­cio­nes huma­nis­tas e impli­ca­cio­nes mora­les que son tra­ta­das esque­má­ti­ca­mente. Con más per­so­na­jes que entran en el esce­na­rio, como es el caso de Mor­gan Free­man lide­rando un grupo de rebel­des, el film intro­duce varias sub­tra­mas que se dejan ver pero sin ofre­cer una intriga o sus­penso especial.

Como ya se men­cionó, el film des­lum­bra con sus mara­vi­llo­sos deta­lles visua­les. En tal sen­tido es remar­ca­ble la mag­ní­fica labor de Clau­dio Miranda en su con­di­ción de direc­tor de foto­gra­fía así como la del dise­ña­dor de pro­duc­ción Darren Gil­ford quie­nes auna­ron sus esfuer­zos para ofre­cer imá­ge­nes des­lum­bran­tes que se con­vier­ten en las ver­da­de­ras pro­ta­go­nis­tas de este mode­rado entre­te­ni­miento. Jorge Gut­man