Una San­ta Mujer

CABRI­NI. Esta­dos Uni­dos, 2024. Un film de Ale­jan­dro Mon­te­ver­de. 145 minutos

Habien­do con­ci­ta­do la aten­ción con Sound of Free­dom (2023) refe­ren­te al urti­can­te tema del trá­fi­co humano de meno­res, aho­ra Ale­jan­dro Mon­te­ver­de impac­ta con Cabri­ni en el que enfo­ca la excep­cio­nal labor des­ple­ga­da por Fran­cis­ca Javie­ra Cabri­ni (1850 – 1917), cono­ci­da como Madre Cabrini.

Cris­tia­na Dell’Anna

El guión de Mon­te­ver­de y Rod Barr ubi­ca la acción en 1889 pre­sen­tan­do a Cabri­ni (Cris­tia­na Dell’Anna), la abne­ga­da cató­li­ca que en Lom­bar­dia, Ita­lia, ya había par­ti­ci­pa­do con otras seis reli­gio­sas en la fun­da­ción de las Misio­ne­ras del Sagra­do Cora­zón de Jesús. Es enton­ces que soli­ci­ta al Papa Leon XIII (Gian­car­lo Gian­ni­ni) la auto­ri­za­ción para con­ti­nuar su misión en Chi­na; a ello, el pon­tí­fi­ce pre­fie­re que la ejer­za en Nue­va York, tenien­do en con­si­de­ra­ción el gran núme­ro de inmi­gran­tes ita­lia­nos que habi­tan dicha ciudad.

Con­se­cuen­te­men­te y acom­pa­ña­da de cin­co mon­jas ella lle­ga a des­tino ins­ta­lán­do­se en el vecin­da­rio de Five Points que ubi­ca­do en el bajo Manhat­tan es una zona mar­gi­nal de abso­lu­ta pobre­za, don­de impe­ra una con­si­de­ra­ble mor­ta­li­dad infan­til, des­em­pleo, pros­ti­tu­ción y alta cri­mi­na­li­dad. Lo que más impre­sio­na a Cabri­ni es com­pro­bar la gran dis­cri­mi­na­ción que sufre la pobla­ción íta­lo ame­ri­ca­na como asi­mis­mo la can­ti­dad de infan­tes huér­fa­nos des­am­pa­ra­dos vivien­do en lamen­ta­bles condiciones.

A pesar de haber sido enco­men­da­da por el Papa, la lle­ga­da del gru­po misio­ne­ro no resul­ta bien­ve­ni­da por Corri­gan (David Mor­se), el arzo­bis­po de la ciu­dad quien es un fiel repre­sen­tan­te del patriar­ca­do asu­mi­do por la Igle­sia Cató­li­ca, así como tam­po­co es del agra­do del misó­gino y hos­til alcal­de Gould (John Lith­gow); sin embar­go eso no ame­dren­ta la fir­me deter­mi­na­ción de Cabri­ni de con­ti­nuar con su pro­pó­si­to de ayu­dar a los des­pro­te­gi­dos y poder trans­for­mar la lúgu­bre reali­dad impe­ran­te. Eso resul­ta aún más enco­mia­ble, dado su frá­gil esta­do pul­mo­nar cuyo bené­vo­lo doc­tor Murphy (Patch Darragh), le comu­ni­ca que le que­da poco tiem­po de vida.

En su incan­sa­ble lucha ella esta res­pal­da­da por el des­ilu­sio­na­do cura More­lli (Giam­pie­ro Judi­ca), por la pros­ti­tu­ta Vit­to­ria (Roma­na Mag­gio­ra Ver­gano) que es una sufri­da mujer dura­men­te cas­ti­ga­da por su infa­me pro­xe­ne­ta, así como por el joven huér­fano Pao­lo (Fede­ri­co Iela­pi) que sale en su defen­sa; gra­vi­ta­ción espe­cial adquie­re Callo­way (Jeremy Bobb), el repor­te­ro senior del New York Times quien admi­ra­do por la tarea empren­di­da por Cabri­ni publi­ca un exten­di­do artícu­lo al res­pec­to. Luchan­do con­tra vien­to y marea ella final­men­te con­se­gui­rá fun­dar un orfa­na­to en New York.

A la enco­mia­ble rea­li­za­ción de Mon­te­ver­de y al acer­ta­do guión, el film se des­ta­ca ade­más por el excep­cio­nal dise­ño de pro­duc­ción de Car­los Lagu­nas logran­do una estu­pen­da ambien­ta­ción de New York en los años pre­vios a la Pri­me­ra Gue­rra y resal­ta­do a su vez por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Gor­ka Gómez Andreu.

Aun­que el vas­to elen­co del film rebo­za total auten­ti­ci­dad, dis­tin­ción espe­cial ame­ri­ta Dell’Anna en su bri­llan­te carac­te­ri­za­ción de la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria real. Sin gran­di­lo­cuen­cia algu­na, la actriz con­si­gue expre­sar la resi­lien­cia de una mujer que imbui­da de fe y por la pasión que sien­te por los sufri­dos inmi­gran­tes, es capaz de lle­gar a mover mon­ta­ñas de adver­si­da­des que encuen­tra en su camino; entre algu­nos de los momen­tos que demues­tra su tena­ci­dad es cuan­do en Ita­lia acu­de al tenor ita­liano Enri­co Disal­vo (Rolan­do Villa­zón) para que a tra­vés de sus actua­cio­nes pue­da recau­dar fon­dos que le per­mi­tan finan­ciar sus acti­vi­da­des; más aún impre­sio­na cuan­do final­men­te el alcal­de neo­yor­kino que­da per­sua­di­do de su tena­ci­dad dicién­do­le que ella podría haber sido un exce­len­te hom­bre, a lo que Cabri­ni le res­pon­de que los hom­bres jamás habrían efec­tua­do lo que ella y sus Her­ma­nas realizaron.

Tal como se ilus­tra en el film la misión de Cabri­ni se exten­dió a otras ciu­da­des de Esta­dos Uni­dos, así como esta noble “patro­na de los migran­tes” dejó su impron­ta en varios luga­res del mundo.

En los cré­di­tos fina­les se lee que ella fue la pri­me­ra ciu­da­da­na ame­ri­ca­na cano­ni­za­da en julio de 1946 por el Papa Pio XII, vein­ti­nue­ve años des­pués de su falle­ci­mien­to a los 67 años de edad.

En resu­men, Mon­te­ver­de brin­da un enco­mia­ble e ins­pi­ra­dor retra­to femi­nis­ta de una mujer que median­te su vale­ro­sa misión con­tri­bu­yó a mejo­rar las con­di­cio­nes de los inmi­gran­tes. Jor­ge Gutman

Emo­ti­vo Rela­to Autobiográfico

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

MOI, DANS LES RUI­NES ROU­GES DU SIÈ­CLE. Tex­to y Direc­ción Escé­ni­ca: Oli­vier Kemeid. Idea Ori­gi­nal: Sacha Samar y Oli­vier Kemeid. Elen­co: Sophie Cadieux, Geof­frey Gaquè­re, Marie-Fran­ce Lam­bert, Jean Maheux, Peter Mel­tev, Alio­na Mun­tea­nu y Sasha Samar. Esce­no­gra­fía: Romain Fabre. Ves­tua­rio: Romain Fabre y Fruz­si­na Lanyl. Ilu­mi­na­ción: Mar­tin Labrec­que. Músi­ca: Phi­lip­pe Brault. Acce­so­rios: Élia­ne Fayad. Asis­ten­cia de Direc­ción Escé­ni­ca: Stépha­nie Capis­tran-Lalon­de. Dura­ción: 2 horas sin entre­ac­to. Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 30 de mar­zo de 2024 en el Théâ­tre Ducep­pe (www.duceppe.com)

Aun­que esta obra escri­ta y pues­ta en esce­na por Oli­vier Kemeid tuvo su estreno en 2012 en el  Théâ­tre d’Aujourd’hui y pos­te­rior­men­te repre­sen­ta­da en 2015, de todos modos cons­ti­tu­ye una bue­na adi­ción al actual pano­ra­ma teatral.

Jean Maheux, Marie-Fran­ce Lam­bert y Sasha Samar. (Foto: Danny Taillon)

Entre fic­ción y reali­dad, la pie­za se cen­tra en Sasha Samar, quien naci­do en 1969 en Ucra­nia, refle­ja a tra­vés de la fic­ción su vida en su país natal duran­te su eta­pa infan­til y perio­do juve­nil has­ta los pos­tre­ros años de la Unión Soviética.

Rela­ta­do por el pro­pio Samar sabe­mos que a tem­pra­na edad su padre Vas­si­li (Jean Maheux) lo lle­vó con­si­go sepa­rán­do­lo de su madre bio­ló­gi­ca; sin embar­go, su infan­cia trans­cu­rrió plá­ci­da­men­te don­de se lo ve alter­nan­do con su pro­ge­ni­tor y su mujer Gali­na (Marie-Fran­ce Lam­bert), quien como madre sus­ti­tu­ta lo con­si­de­ra como si fue­ra su pro­pio hijo, sumi­nis­trán­do­le entra­ña­ble cariño.

Peter Mel­tev y Alio­na Mun­tea­nu. (Foto:Danny Taillon)

Entre otras face­tas se encuen­tra la incli­na­ción de Samar por la aven­tu­ra espa­cial en la que reme­mo­ra al astro­nau­ta You­ri Gaga­rin (Peter Mel­tev), los encuen­tros con su ami­go actor Anton (Geof­frey Gaquè­re) carac­te­ri­zan­do a Lenin, como asi­mis­mo está pre­sen­te su ena­mo­ra­da Lud­mi­la (Sophie Cadieux) quien con la Peres­troi­ka ella aguar­da resul­ta­dos con­cre­tos de la ges­tión empren­di­da por Mijail Gor­ba­chev. Entre los recuer­dos del joven ucra­niano per­sis­te la tra­ge­dia cau­sa­da por el acci­den­te nuclear de Cher­nó­bil que cobró nume­ro­sas fata­les víc­ti­mas y entre ellas la de su padre minero.

Con todo, en esta reco­lec­ción de la memo­ria hay dos ele­men­tos cru­cia­les que pro­du­cen impor­tan­te impac­to en Samar. Uno de ellos es con­tac­tar a su ver­da­de­ra madre; para ello es nece­sa­rio que él adquie­ra visi­bi­li­dad, ya sea a tra­vés de su afi­ción al depor­te del hoc­key en hie­lo y el otro como novel actor a fin de que ella pue­da ver­lo actuar en la tele­vi­sión de su hogar.

El otro aspec­to deter­mi­nan­te de su exis­ten­cia es el haber tes­ti­mo­nia­do la desin­te­gra­ción de la URSS y cómo sus con­se­cuen­cias, sien­do ciu­da­dano de Ucra­nia, habrían de afec­tar su iden­ti­dad fren­te al indi­vi­dua­lis­mo emer­gen­te del sis­te­ma capi­ta­lis­ta; es allí que adquie­re sen­ti­do el títu­lo de esta obra “Moi (Samar) en las rui­nas rojas del siglo”. Eso deter­mi­na­rá que en 1996 con sus 27 años ini­cie una nue­va eta­pa de su vida radi­cán­do­se en Mon­treal don­de con­ti­nua­rá su fruc­tí­fe­ra carre­ra de actor comen­za­da en Ucrania..

Sin que la pues­ta escé­ni­ca alcan­ce espe­cial relie­ve, la pie­za de Kemeid se valo­ri­za por la rique­za de su con­te­ni­do y en espe­cial por su homo­gé­neo elen­co trans­mi­tien­do con­vic­ción en la per­so­ni­fi­ca­ción de sus per­so­na­jes, lide­ra­dos por Samar repre­sen­tán­do­se a sí mis­mo, sin dejar de men­cio­nar a los artis­tas ya men­cio­na­dos; con todo un ele­men­to impor­tan­te dis­tin­gue a la pre­sen­te ver­sión con la incor­po­ra­ción de dos acto­res ucra­nia­nos como lo son Peter Mel­tev y Alio­na Mun­tea­nu en don­de en una emo­ti­va esce­na can­ta­da, ambos rin­den tri­bu­to a Ucrania.

Obvia­men­te los acon­te­ci­mien­tos rela­ta­dos por el autor ante­ce­den a los dra­má­ti­cos epi­so­dios vivi­dos por el pue­blo de Ucra­nia como nación inde­pen­dien­te, ini­cia­dos con la ane­xión de Cri­mea por par­te de Rusia en 2014 e inten­si­fi­ca­dos por la san­grien­ta gue­rra bata­lla­da con­tra Ucra­nia a par­tir de febre­ro de 2022. En todo caso eso podría gene­rar un nue­vo pro­yec­to tea­tral de Kemeid con la cola­bo­ra­ción de Samar.

Que­da como balan­ce un emo­ti­vo espec­tácu­lo tea­tral que mere­ce ser vis­to por quie­nes apre­cian el buen tea­tro y deseen cono­cer algo adi­cio­nal de la esen­cia ucraniana.

Tri­bu­to a un Remar­ca­ble Político

NAVALNY.

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

En un cau­ti­van­te rela­to don­de la reali­dad supera amplia­men­te a cual­quier fan­ta­sía, el docu­men­ta­lis­ta Daniel Roher cen­tra su aten­ción en la odi­sea atra­ve­sa­da por el famo­so opo­si­tor polí­ti­co ruso Ale­xei Navalny, cuya per­so­na­li­dad tras­cen­dió mun­dial­men­te fren­te a la ten­ta­ti­va de ase­si­na­to del que fue objeto.

El rea­li­za­dor entre­vis­ta al caris­má­ti­co Navalny pasan­do revis­ta a su exis­ten­cia tres años antes de su enve­ne­na­mien­to. Aun­que en par­te lo que se exhi­be es cono­ci­do, el docu­men­tal adquie­re un inusi­ta­do inte­rés gra­cias a la alo­cu­ción de su pro­ta­go­nis­ta como asi­mis­mo a la par­ti­ci­pa­ción, entre otros, del perio­dis­ta búl­ga­ro Chris­to Gro­zev y del efi­cien­te equi­po de tra­ba­jo de María Pev­chikh quie­nes con­tri­bu­ye­ron a des­en­mas­ca­rar el complot.

Con­si­de­ra­do como el prin­ci­pal enemi­go públi­co del Pre­si­den­te Putin, Navalny no tuvo empa­cho alguno de mani­fes­tar­se abier­ta­men­te en su cam­pa­ña polí­ti­ca para aspi­rar a la pre­si­den­cia denun­cian­do el alto nivel de corrup­ción del equi­po gober­nan­te. El con­flic­to dra­má­ti­co se pro­du­ce cuan­do el 17 de agos­to de 2020 en el vue­lo des­de la remo­ta ciu­dad de Tomsk en Sibe­ria en direc­ción a Mos­cú, Navalny comien­za a sen­tir­se muy mal y en con­se­cuen­cia el avión ate­rri­za de emer­gen­cia en Omsk, tam­bién en Sibe­ria. Sos­pe­cho­sa del tra­ta­mien­to reci­bi­do por el ser­vi­cio hos­pi­ta­la­rio del lugar, su abne­ga­da espo­sa Yulia enfren­tan­do a la poli­cía logra final­men­te que el enfer­mo sea tras­la­da­do a Ale­ma­nia don­de en un labo­ra­to­rio mili­tar se detec­ta que ha sido enve­ne­na­do por el agen­te ner­vio­so Novichock.

Duran­te la esta­día en Ale­ma­nia, el equi­po de Navalny lle­ga a detec­tar a varios sos­pe­cho­sos agen­tes de segu­ri­dad del Esta­do ruso que habían via­ja­do a Sibe­ria con el pro­pó­si­to de con­cre­tar el enve­ne­na­mien­to. De allí en más el rela­to adquie­re el carác­ter de un ten­so rela­to de espio­na­je. Es así que el docu­men­ta­lis­ta ilus­tra la esce­na en que Navalny rodea­do de sus cola­bo­ra­do­res comien­za a efec­tuar lla­ma­das tele­fó­ni­cas a varios de los sos­pe­cho­sos cri­mi­na­les pero éstos cor­tan de inme­dia­to la comu­ni­ca­ción al saber quién les está lla­man­do; es enton­ces que él cam­bia de tác­ti­ca lla­man­do a otro de los impli­ca­dos y hacién­do­se pasar por un ofi­cial del Krem­lin; al pre­gun­tar­le por­qué la ope­ra­ción cri­mi­nal fra­ca­só, el enga­ña­do ofi­cial le res­pon­de que lamen­ta­ble­men­te eso se debió a que el ate­rri­za­je de emer­gen­cia del avión impi­dió su muerte.

Lo demás es lamen­ta­ble­men­te his­to­ria cono­ci­da; el deseo de Navalny de retor­nar a Rusia para con­ti­nuar la misión empren­di­da en pro de la liber­tad moti­vó a que en enero de 2021 al arri­bar a su tie­rra fue­se arres­ta­do y con­de­na­do a varios años de pri­sión en un jui­cio far­ses­co en el que ha sido acu­sa­do de frau­de, obvia­men­te imple­men­ta­do por el gobierno ruso. En todo caso, en su men­sa­je trans­mi­ti­do des­de su pri­sión el valien­te disi­den­te mani­fies­ta que la úni­ca for­ma de ven­cer al demo­nio es el de no clau­di­car y seguir luchan­do para que el pue­blo de Rusia se impon­ga de lo que está ocurriendo.

Mere­ci­da­men­te dis­tin­gui­do con el pre­mio de la audien­cia del públi­co y como mejor docu­men­tal en el Fes­ti­val de Sun­dan­ce de este año, el públi­co tie­ne la oca­sión de asis­tir a un apa­sio­nan­te rela­to en don­de a nivel fami­liar se des­ta­ca la inter­ven­ción de su espo­sa como así tam­bién la de su hija Dasha de 19 años y su hijo menor Zahar; cla­ro está que lo que más tras­cien­de son los repor­ta­jes al acti­vis­ta de la anti­co­rrup­ción quien mane­ján­do­se en ruso ade­más de su impe­ca­ble cono­ci­mien­to de inglés con­quis­ta de inme­dia­to la sim­pa­tía del públi­co. Con un ágil cri­te­rio perio­dís­ti­co y una flui­da narra­ción Roher ofre­ce un imper­di­ble documental

Tenien­do en con­si­de­ra­ción la lamen­ta­ble muer­te del valien­te disi­den­te polít­co que vivió de acuer­do a sus dig­nos prin­ci­pios, acae­ci­da el 16 de febre­ro últi­mo en el ser­vi­cio penin­ten­cia­rio de la pri­sión del Árti­co„ es más que bien­ve­ni­do la repo­si­ción de este valio­so docu­men­tal. La exhi­bi­ción del docu­men­tal será rea­li­za­da el 7 y 8 de mar­zo de 2024 en selec­tas salas de Cine­plex

Per­tur­ba­dor Drama

LE CON­SEN­TE­MENT. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2023. Un film de Vanes­sa Filho. 119 minutos

Un per­tur­ba­dor dra­ma es lo que se apre­cia en Le Con­sen­te­ment. El film está basa­do en el libro homó­ni­mo auto­bio­grá­fi­co de la escri­to­ra fran­ce­sa Vanes­sa Sprin­go­ra, publi­ca­do en enero de 2020 en don­de ella rela­ta su via cru­cis duran­te sus años ado­les­cen­tes al estar some­ti­da a la influen­cia de un pedó­fi­lo. Con la apro­ba­ción de la auto­ra para su tras­la­do a la pan­ta­lla, la direc­to­ra Vanes­sa Filho ilus­tra con extre­ma deli­ca­de­za lo que acon­te­ció con Springora.

Kim Hige­lin

Des­de su comien­zo se acla­ra que lo que se habrá de ver repre­sen­ta una ver­sión fic­cio­nal de lo suce­di­do. El guión de la cineas­ta con la cola­bo­ra­ción de Sprin­go­ra y de Fra­nçois Pirot comien­za en 1985 don­de Vanes­sa (Kim Hige­lin) de 13 años, cono­ce en una cena social al renom­bra­do escri­tor Gabriel Matz­neff (Jean-Paul Rou­ve) de 50 años, por quien ella expe­ri­men­ta admi­ra­ción a la vez que se sien­te atraí­da hacia él. En la sim­pa­tía gene­ra­da entre ambos, al cum­plir los 14 años, esta ado­les­cen­te que­da atra­pa­da en la red del escri­tor, sien­do obje­to de su psi­co­ló­gi­ca y físi­ca mani­pu­la­ción sexual. Si bien su madre mono­pa­ren­tal (Lae­ti­tia Cas­ta) le advier­te acer­ca de las con­se­cuen­cias de dicha rela­ción con un hom­bre que más que le tri­pli­ca en edad y tra­ta de hacer­le ver el peli­gro al que está expues­ta, Vane­sa hace oídos sor­dos a sus con­se­jos y deci­de con­ti­nuar con Matz­neff. Curio­sa­men­te el espec­ta­dor que­da con la sen­sa­ción de que la madre podría haber actua­do con más fir­me­za hacia su hija, impi­dién­do­le que el víncu­lo pro­si­guie­ra; cla­ro está que no fue así.

A medi­da que los años trans­cu­rren la joven Vanes­sa com­prue­ba cla­ra­men­te que no pue­de librar­se de la infa­tua­ción que le pro­du­ce su pre­da­dor, lle­gan­do su exas­pe­ra­ción a un pun­to cul­mi­nan­te cuan­do com­prue­ba que su aman­te atrae a otros meno­res con simi­lar pro­pó­si­to. Cuan­do Matz­neff deci­de dejar­la y rela­ta su expe­rien­cia en uno de sus libros, la ya adul­ta Vanes­sa (Élo­die Bou­chez) deci­de vengarse.

Fren­te a un tema tan esca­bro­so, Filho ha sido extre­ma­da­men­te pru­den­te para suge­rir en lugar de mos­trar explí­ci­ta­men­te las rela­cio­nes sexua­les, per­mi­tien­do que con su mesu­ra­da direc­ción el espec­ta­dor se con­cen­tre aten­ta­men­te en lo que está obser­van­do y empa­ti­ce con Vanes­sa. En tal sen­ti­do es admi­ra­ble la super­la­ti­va actua­ción de Hige­lin, quien en el pri­mer rol pro­ta­gó­ni­co de su carre­ra demues­tra increí­ble madu­rez al invo­lu­crar­se por com­ple­to en la per­so­na­li­dad de la ator­men­ta­da joven; asi­mis­mo cabe reco­no­cer que a pesar de su detes­ta­ble rol, Rou­ve inob­je­ta­ble­men­te per­so­ni­fi­ca al sinies­tro seductor.

Al tér­mino de su pro­yec­ción, esta his­to­ria deja una pro­fun­da tris­te­za, al seña­lar que Matz­neff, lau­rea­do dos veces por la Aca­de­mia Fran­ce­sa, des­cri­bió en sus libros así como en su sitio web y ade­más por la tele­vi­sión, su pedofi­lia en chi­cos y chi­cas meno­res de edad tan­to en Fran­cia como en sus via­jes turís­ti­cos al exte­rior del país.

Final­men­te, lo que Le Con­sen­te­ment se abs­tie­ne de men­cio­nar que a la hora actual este repu­dia­ble indi­vi­duo de 87 años que aún vive, nun­ca ha sido acu­sa­do por sus bru­ta­les deli­tos. ¿La jus­ti­cia dón­de está? Jor­ge Gutman

La Vida Campestre

THE PEA­SANTS. Polo­nia-Ser­bia-Litua­nia, 2023. 114 minu­tos. Un film escri­to y diri­gi­do por: DK Welch­man y Hugh Welch­man. 114 minutos.

Los rea­li­za­do­res DK Welch­man y Hugh Welch­man vuel­ven a repe­tir el éxi­to logra­do en Loving Vin­cent (2017) sobre la vida del inmor­tal pin­tor Van Gogh, para emplear la mis­ma téc­ni­ca de ani­ma­ción en The Pea­sants; en con­se­cuen­cia, cada ima­gen del film es con­ver­ti­da en bellos cua­dros median­te el pro­ce­di­mien­to de la rotos­co­pia, gene­ran­do un rea­lis­mo nada menos que deslumbrante.

Kami­la Urzedowska

El guión de los rea­li­za­do­res está basa­do en la nove­la Chło­pi (Los Cam­pe­si­nos) del escri­tor pola­co gana­dor del Pre­mio Nobel (1924) Wladys­law Rey­mont que fue escri­ta en cua­tro par­tes entre 1904 y 1909, repre­sen­tan­do cada una de ellas las esta­cio­nes del año en las vidas de los personajes.

El rela­to está ambien­ta­do en una aldea rural de Polo­nia en los ini­cios del siglo 19 don­de en esa socie­dad con­ser­va­do­ra y patriar­cal habi­ta la cam­pe­si­na Jag­na (Kami­la Urze­dows­ka) de 19 años que cau­sa atrac­ción en los mucha­chos de la zona, en tan­to que ella dis­trae su tiem­po efec­tuan­do recor­tes de papel y cui­dan­do de los ani­ma­les. Su ansia de inde­pen­den­cia no se ajus­ta a las cos­tum­bres de ese pue­blo y es así que sien­te gran frus­tra­ción cuan­do su madre (Ewa Kasprzyk), con el pro­pó­si­to de lograr un por­ve­nir más prós­pe­ro, la fuer­za a con­traer enla­ce con el vie­jo gran­je­ro viu­do Bory­na (Miros­law Baka), el más rico del pue­blo, quien cede­rá a su futu­ra espo­sa 6 acres de tierra.

El con­flic­to dra­má­ti­co se pro­du­ce en el víncu­lo pasio­nal que Jag­na man­tie­ne con Antek (Robert Gulaczyk), el hijo mayor de Bory­na quien ade­más está casa­do con Han­ka (Sonia Mie­tie­li­ca). Des­pués de la boda Antek man­tie­ne una gran dispu­ta con su padre sobre la pro­pie­dad de la tie­rra, lo que moti­va a que ten­ga que aban­do­nar el lugar con su familia.

Evi­den­te­men­te el adul­te­rio de Jag­na es con­si­de­ra­do tabú para los valo­res mora­les de la socie­dad, lo que con­fi­gu­ra­rá a que ella sea con­si­de­ra­da pros­ti­tu­ta y ali­men­te el pro­nun­cia­do odio de los aldea­nos; a la pos­tre su acti­tud habrá de con­du­cir­la a un som­brío destino.

Aun­que el film refle­ja muy bien la idio­sin­cra­sia del pue­blo con sus fies­tas, can­cio­nes, dan­zas fol­cló­ri­cas, como asi­mis­mo la dura labor de la vida cam­pe­si­na tra­ba­jan­do la tie­rra, la narra­ción se vuel­ve un tan­to iner­te sin que los giros dra­má­ti­cos, inclui­da la vio­len­cia que en varias ins­tan­cias se pro­du­ce, logren que el melo­dra­ma impac­te con debi­da fuer­za; eso es debi­do a una pues­ta escé­ni­ca con­ven­cio­nal y a un guión que no apro­ve­cha la total rique­za con­te­ni­da en el remar­ca­ble libro de Reymont.

De todos modos, las obje­cio­nes pre­ci­sa­das no alcan­zan a des­ca­li­fi­car a este film dado que en este par­ti­cu­lar caso, el vir­tuo­sis­mo logra­do a tra­vés del exi­mio tra­ba­jo de pin­tu­ra que fue rea­li­za­do cua­dro por cua­dro con gran esme­ro por con­su­ma­dos maes­tros del arte pic­tó­ri­co, brin­dan al espec­ta­dor un excep­cio­nal rega­lo visual. Jor­ge Gutman