ORWELL: 2+2=5. Estados Unidos-Francia, 2025. Un film de Raoul Peck. 119 minutos
El compromiso social y político que anima al excelente cineasta Raoul Peck cuya filmografía abarca remarcables títulos incluyendo entre otros I Am Not Your Negro (2016) y Ernest Cole: Lost and Found (2024), revive al magistral escritor británico Eric Blair, más conocido como George Orwell. Mediante este denso documental emerge la agorera visión del mundo de este emblemático escritor que adquiere amplia relevancia actual.
Una escena del documental
El film comienza en 1946 en la isla escocesa de Jura donde Orwell comenzó a elaborar su antológico y póstumo libro 1984 poco tiempo antes de su muerte. A través de la expresiva voz de Damian Lewis el relato pasa revista a aspectos vinculados con su vida pasada; es así que él califica de haber pertenecido a la clase “media baja alta”, a su vez hay referencias de su formación educacional en el prestigioso establecimiento de Eton, su desempeño en la guerra civil de España y especialmente su participación como oficial de policía en Birmania (hoy Myanmar) bajo la ocupación de Gran Bretaña; es allí donde en su vivencia queda claro de qué forma el autoritarismo imperante influye negativamente en la población nativa deteriorando el auténtico sentimiento democrático.
Peck ha tenido acceso a cartas, escritos e importante material de archivo de Orwell donde queda ilustrada su experiencia de vida en la que comprueba las miserias producidas por el totalitarismo, la información manipulada, la abominable limpieza étnica y otras barbaridades siempre justificadas por los omnipotentes gobernantes de turno. Es precisamente esa experiencia que el autor trasluce en Animal Farm y posteriormente en 1984 en donde vislumbra un estado del mundo que deja de desear.
Siguiendo una estructura narrativa no cronológica, Peck asume el carácter de “alter ego” del autor y es así que narra acontecimientos posteriores valiéndose de clips e igualmente de material de archivo, donde mediante un montaje de imágenes quedan expuestas entre otros acontecimientos la triste condición de los refugiados Rohingya, la masacre de Ucrania, el siniestro asalto al Capitolio de Estados Unidos en enero de 2021 y la situación en Gaza, resaltando el malestar proveniente de los movimientos populistas de derecha que además de sus tácticas manipuladoras, generan desinformación y caos. Es así que los anuncios que se ven en pantalla “la guerra es paz”, “la libertad implica esclavitud” o bien “ignorancia significa fuerza”, complementan el título del film donde 2 + 2 es igual a 5, o bien podría igualarse a cualquier otro resultado en la que una población masiva y desinformada es capaz de aceptar.
Los comentarios que entre otros efectúan el escritor Milan Kundera, así como el valeroso estadounidense exiliado Edward Snowden no hacen más que agregar leña al fuego al mostrarse escépticos y descreídos de que la situación imperante de hoy día pueda mejorar.
En líneas generales, no hay nada nuevo que Peck considera en este trabajo, salvo que replicando a Orwell constituye un cauteloso llamado de alerta sobre las consecuencias nefastas generadas por el totalitarismo.
Desde una óptica estrictamente cinematográfica, la objeción a realizar a este documental es en la edición, donde la demasiada información acumulada que se intercala permanentemente entre pasado y presente a veces no resulta lo suficientemente cohesiva. De todos modos es loable este ambicioso trabajo de Peck que ciertamente merece ser apreciado. Jorge Gutman
Habiendo sido distinguida con el premio a la mejor ópera prima en la nueva sección Perspectivas de la Berlinale, la película del realizador Ernesto Martínez Bucio se distingue fundamentalmente por sus valores visuales agraciados en gran medida por la magnífica fotografía de Odei Zabaleta.
El Diablo Fuma
Con una narrativa difusa, el guión del realizador escrito con Karen Plata, ubica la acción en 1990 en un lugar no especificado de Ciudad de México, en oportunidad en que tiene lugar por segunda vez la visita del pontífice Juan Pablo II. El relato enfoca las peripecias atravesadas por cinco hermanos cuya edad varía entre 7 y 12 años, integrados por Vanessa (Laura Uribe Rojas), Víctor (Donovan Said), Elsa (Mariapau Bravo Avina), Marisol (Regina Alejandra) y Tomas (Rafael Nieto Martínez). Su padre Emiliano (Bernardo Gamboa), cuya precisa actividad se desconoce, ha partido en procura de ubicar a su esposa desaparecida dejando a los chicos a cargo de su frágil abuela (Carmen Ramos) que sufre de esquizofrenia y les hace creer que el diablo está rondando por la casa. Es así que son los hermanos mayores (Vanessa y Víctor), quienes asumen la responsabilidad hogareña aunque no pueden evitar el desorden que allí impera.
Después de una prolongada primera mitad, el relato adquiere vuelo cuando los hermanos, prácticamente olvidados y dejados de la mano de Dios, llaman la atención de la policía lugareña y del servicio de asistencia social de que algo extraño está aconteciendo. Cuando llegan a la casa para interrogarlos, las respuestas de los chicos no llegan a ser convincentes, sobre todo cuando queriendo saber sobre sus padres, ellos le responden que se encuentran en un viaje de vacaciones en Cancún. No resulta difícil prever el destino de esta extraña unidad familiar.
En varias oportunidades y con resultados mucho más exitosos, el cine ha considerado el problema de la infancia olvidada, pero en este caso y a pesar de las buenas intenciones del cineasta el resultado obtenido es desigual debido a su difusa narrativa y a la carencia de un preciso enfoque; es así que por una parte, El Diablo Huye asume el carácter de comedia dramática realista y a su veces incurre en el terreno de la fantasía a través de escenas fragmentarias sobrenaturales no muy bien cohesionadas que impiden suscitar emoción. Más allá de los desniveles apuntados, cabe reconocer el cuidado del novel director en su manejo de cámaras y el logro obtenido en cada uno de los fotogramas. Asimismo es elogiable la notable caracterización de los jóvenes intérpretes que sin previa experiencia actoral convincentemente transmiten el sentimiento de confusión emocional experimentado por la ausencia paternal.
Como nota al margen, el título del film se ve acompañado por la alargada frase “y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja” que ha sido extraída de una poesía de la guionista Plata, sugiriendo el tono fantástico del relato.
Un Poeta (Colombia-Alemania-Suecia)
En su segundo film, el realizador colombiano Simón Mesa Soto, tras haber impresionado con la Palma de Oro en Cannes con su cortometraje Leidi (2014) y su inicial largometraje Amparo (2022), ratifica ampliamente su idoneidad con esta remarcable comedia que navega entre lo trágico y lo hilarante.
Un Poeta
La historia escrita por el cineasta se desarrolla en Medellín presentando a Oscar Restrepo (Ubeimar Ríos), un individuo de mediana edad que como poeta en 1990 logró un gran éxito literario. Pero las glorias del pasado han quedado atrás y hoy día es el típico representante del individuo perdedor. Sin una ocupación estable, siendo un frustrado borracho a la vez que soñador impenitente vive sus penurias con su enferma madre Teresita (Margarita Soto) y además humillantemente pide prestado dinero a su hija adolescente (Alisson Correa) para consumir bebida y aunque ella lo menosprecia en última instancia se compadece de su situación. En el terreno de su predilección idolatra al eminente poeta colombiano José Asunción Silva que se suicidó a los 30 años en tanto que desecha a Gabriel García Márquez. Tratando de volver a triunfar su buen amigo Efraín (Guillermo Cardona) le hace notar que previamente conciba un poema que llegue repercutir.
Su vida cobra nuevo aliento cuando al serle ofrecido un puesto como docente en una escuela, llega a asombrarse con los dibujos y magníficos poemas que se encuentran en el cuaderno de Yurlady (Rebeca Andrade), una de las alumnas asistentes de 15 años, estando así convencido que podría llegar a ser una gran poetisa y por lo tanto está dispuesto a ayudarla. De allí en más, él se convierte en su mentor y llegada la ocasión Yurlady demuestra su talento en un festival de poesía leyendo un poema acerca de su color de piel morena; sin embargo a ella solo le interesa la poesía como un medio de obtener beneficios pecuniarios, un criterio que en tal sentido Oscar discrepa con su punto de vista.
Sin entrar en detalles adicionales, el film es altamente meritorio por varias razones. En primer lugar por la sobriedad empleada por Mesa Soto en su sensible narración, agraciado por la ingeniosidad emanada de su esmerado guión. Claro está que resulta memorable la interpretación brindada por Ríos quien no siendo un actor profesional sino un prestigioso filósofo colombiano en la vida real, con absoluta perfección anima al misántropo protagonista en procura de su redención a través de la inspiración brindada por Yurlady; en tal sentido merece alabar la autenticidad que Andrade refleja en su rol y su notable complicidad con el de Ríos.
Ciertamente este relevante film cede paso a la reflexión acerca de lo que acontece en materia cultural, con especial referencia a la poesía, donde pareciera que en los festivales, conferencias y/o encuentros realizados por sus organizadores, ellos están más interesados en el dinero y prestigio que les pueda brindar, dejando en un segundo plano el intelectual proceso creativo.
La Misteriosa Mirada del Flamenco. (Chile-Francia-Alemania-España-Bélgica)
Siempre es gratificante saludar la presentación de un nuevo realizador latinoamericano, como es el caso del chileno Diego Céspedes y más aún cuando su película obtuvo en Cannes el premio al mejor film en la sección oficial Un Certain Regard. De allí que resulta más que bienvenido que el FNC consideró su inclusión en la programación del panorama internacional.
La Misteriosa Mirada del Flamenco
Con admirable audacia el novel director y guionista aborda un intrépido tema reflejando el mundo de quienes están orientados sexualmente hacia el mismo género. Su historia está ambientada en el norte del desierto de Chile en los primeros años de la década del 80 girando en torno a una familia queer. En dicho contexto transcurre la vida de Lidia (Tamara Cortés), una niña de 11 años rodeada de Mamá Boa (Paula Dinamarca) que tiene a su cargo un cabaret musical, y de Flamenco (Matías Catalán) que actúa en el local y que es una suerte de madre sustituta de la pequeña.
A través de una narración no exenta de un poético lirismo, Lidia atentamente observa cómo los mineros del lugar asisten al local para contemplar los bailes y canciones de los travestis y muy especialmente de la encantadora Flamenco cuya sugestiva mirada es causa de atracción al mismo tiempo que despierta un profundo sentimiento prejuicioso de los parroquianos. En tal sentido Céspedes refleja acertadamente la época imperante donde quienes asumen un diferente comportamiento sexual son fuertemente discriminados y marginados de la sociedad. Ese factor y el agravante de que comienza a surgir el Sida intensifica la tensión de un pueblo temeroso de lo que la homosexualidad puede generar. Es así que la inocente Lidia se pregunta si es posible que un genuino amor puede ocasionar la muerte.
Con inusitada madurez el director imprime en su mayor parte un ritmo dinámico dentro de un clima atmosférico que adquiere el carácter de un moderno western; si bien el film puede a veces resultar un poco confuso, dicho reparo de manera alguna mitiga sus auténticos valores merced a la originalidad del relato que refleja una honesta crítica a la discriminación sexual, como asimismo agraciado con un elenco de encomiable nivel artístico.
O Último Azul (Brasil-México-Chile-Países Bajos)
Aunque coproducida por 4 países, este bello film de Gabriel Mascaro es esencialmente brasileño. A través de una fábula sencilla, concisa pero decididamente efectiva, el espectador se encuentra involucrado en una deliciosa aventura acuática.
0 Último Azul
El original guión del realizador compartido con Tibério Azul está ambientado en un Brasil distópico. El tono futurista de manera alguna implica que la historia carezca de visos realísticos, abordando el tema de la discriminación por parte de quienes llegan al crepúsculo de la vida.
La protagonista es Tereza (Denise Weinberg), una madre soltera de 77 años de notable vitalidad física trabajando en una planta procesadora de carne en una pequeña zona del Amazonas. Acontece que un decreto gubernamental ha decidido disminuír la edad del retiro obligatorio de los 80 a los 75 años, para que la joven generación pueda reemplazar a quienes han llegado a la mayoría de edad; es así que no obstante que aún le habría quedado 3 años más de estar ocupada, su situación cambia rotundamente al tener que dejar su empleo; a ello se agrega que estas personas son enviadas a una suerte de Colonia que obra como residencia de ancianos de donde hasta el presente poco se sabe de la misma porque nadie ha retornado y por el momento es su hija Joana (Clarissa Pinheiro) quien deberá cuidarla.
El núcleo del relato se presenta cuando esta decidida dama desea cumplir sus deseos de efectuar un viaje aéreo y al querer adquirir un pasaje se impone que debe contar con la autorización de su hija quien rehúsa a hacerlo. En consecuencia, ella no se amedrenta y es así que consigue contactar a Cadu Rodrigo Santoro), un naviero fluvial para que la traslade ilegalmente en su embarcación a través del Amazonas hasta la localidad de Itacoatiara, donde parecería indicar que allí podría adquirir el ansiado pasaje aéreo sin problema alguno. A través de un viaje accidentado en donde el periplo se desvía de su ruta original, Cadu le transmite ciertos poderes mágicos, como asimismo ella llega a conocer a Roberta (Miriam Socarrás), una animada mujer de su misma edad que le ofrece una visión diferente de la vida.
El impecable diseño de producción de Dayse Barreto y la estupenda fotografía de Guillermo Garza contribuyen a valorizar esta impecable comedia futurística de Mascaro, nutrida de un inmejorable elenco encabezado por Weinberg. La actriz maravillosamente transmite la determinación de una mujer que no está dispuesta a que la despojen de su autonomía, a la vez que con gran fidelidad articula su transformación espiritual; su actuación no desmerita la muy convincente participación de Santoro, como asimismo la de Socarrás cuyo cálido y expresivo personaje genera una química conmovedora con el asumido por Weinberg.
Lo que realmente trasciende de este film es el dejo optimista que trasluce al ilustrar la resiliencia humana que demuestra la no existencia de edad límite para su desagregación social. Por sus innegables méritos los miembros del jurado del festival de Berlín premiaron con el Oso de Plata a esta brillante película.
STEVE. Irlanda-Gran Bretaña, 2025. Un film de Tim Mielants. 92 minutos. Disponible en Netflix
Después del exitoso film Small Things Like These (2024), el director belga Tim Mielants y el excelente actor irlandés Cillian Murphy vuelven a aunar sus esfuerzos en Steve, un estruendoso drama basado en la novela Shy de Max Porter publicada en 2023.
Cillian Murphy
El guión que ha sido adaptado por su autor ambienta el relato en Inglaterra en 1996 durante una única jornada que transcurre en Stanton Wood, un establecimiento educacional que como internado alberga a adolescentes cuya extrema rebeldía los torna peligrosos. Es allí que se desempeña Steve (Murphy), un individuo de mediana edad que ha sido el fundador del colegio y el principal docente quien enfrenta el desafío de lograr que sus alumnos puedan ser reintegrados socialmente; es así que entre los mismos debe lidiar con el instigador Jamie (Luke Ayres), el inestable Riley (Joshua J. Parker) y con la anómala conducta de Tyrone (Tut Nyout); con todo el especial interés de Steve radica en el vínculo mantenido con Shy (Jay Lycurgo), un muchacho que apuñaló a su padrastro y está traumatizado por la actitud de su madre que no quiere saber nada de él por su violento comportamiento.
La temática es ciertamente importante en la medida que deja entrever cómo la falta de suficientes recursos financieros y el inminente cierre del colegio amenaza interrumpir la noble labor de regenerar a estos chicos. Sin embargo, el tratamiento dispensado por el realizador resulta poco sutil para que uno pueda lograr una auténtica conmiseración con estos jóvenes, cuyas permanentes peleas, riñas, altercados y destrucciones que realizan resultan demasiado extenuantes de tolerar. A todo ello, todo lo que allí sucede es filmado por un equipo de camarógrafos, cuyo interés reside en que los protagonistas del relato transmitan sus estados emocionales emanados de la experiencia que atraviesan; sin embargo, este recurso intercalado en el relato distrae claramente de su foco central.
Otro aspecto importante que atenúa el interés del film es la endeble descripción de sus dos personajes protagónicos; por una parte puede comprenderse la frustración de Steve que quiere mucho a sus alumnos y que no puede contrarrestar su impotencia por no lograr lo que se propone, pero al propio tiempo parecería que alberga algún otro problema de su pasado y que como aliciente recurre al consumo de alcohol y a los opioides. No menos claro, es el rol de Shy cuya personalidad resulta enigmática, aunque cabe destacar que en roles menores adquieren relevancia la directora de la institución (Tracey Ullman), la terapeuta escolar (Emily Watson) y la incorporación de una nueva docente (Simbi Ajikawo).
Si bien el realizador con la colaboración fotográfica de Robrecht Heyvaert recurre a los movimientos de cámara para reflejar el clima caótico en que se desarrolla la acción, su uso excesivo resulta fatigoso. En cuanto al nivel de actuación, Murphy una vez más demuestra su gran talento de consumado intérprete transmitiendo la crisis existencial de Steve por rescatar a la escuela, así como Lycurgo superando la limitación del guión realiza un encomiable trabajo denotando la ambivalencia de los impulsos autodestructivos con la depresión que alberga su personaje.
En esencia, este complejo drama social está imbuido de nobles intenciones pero lejos de ser desechable no logra atrapar al espectador como debiera; de todos modos lo más atractivo del film reside en el infalible nivel de su elenco. Jorge Gutman
Desde el 8 hasta el 19 de octubre, la ciudad de Montreal es la sede del Festival du Nouveau Cinéma (FNC) que en su 54ª edición los festivaleros tendrán la ocasión de descubrir las obras de importantes cineastas consagrados como asimismo de talentos emergentes. y de películas que han obtenido una cálida recepción crítica en Quebec y el resto de Canadá. La programación incluye 106 largometrajes y 162 cortos provenientes de 46 países que han sido destacados en los festivales internacionales de Berlín, Cannes, Locarno y Toronto así como lo más relevante del cine quebequense y del resto de Canadá.
El FNC se inaugura con Space Cadet, película de animación del cineasta canadiense Kid Koala (Eric San), adaptada de la novela gráfica del realizador y guionizado por Mylène Chollet. El film que clausurará la muestra es Le Trainde la directora canadiense Marie Brassard con un elenco protagonizado por Larissa Corriveau, Thaile Rainds, Électra Klara Codina y Lennikim.
Para una información completa acerca de la programación, salas de exhibición, horarios así como numerosas actividades temáticas organizadas por el festival, el sitio a consultar es nouveaucinema.ca
A continuación se comenta algunas de las películas que han sido visionadas.
What does that nature say to you (Corea del Sur)
En una carrera sumamente prolífica el reconocido director surcoreano Hong Sangsoo ofrece en su trigésimo tercer trabajo, un film que destila su singular estilo de simplicidad dejando entrever algunos aspectos interesantes de apreciar.
What does that nature say to you
El protagonista es Donghwa (Ha Seongguk), un aprendiz de poeta de 35 años que está de novio desde hace tres años con la joven Junhee (Kang Soyi). Después del trayecto que efectúa en su auto trasladándola desde Seúl a Incheon donde se halla la casa campestre en la cual reside, circunstancialmente llega a conocer a su afable padre Oryeong (Kwon Haehyo) quien contemplando el coche de Donghwa le gustaría probarlo; el joven accede a que lo maneje ganándose de este modo la simpatía de este hombre por lo cual lo invita a conocer su residencia por él diseñada, situada al pie de una montaña con una esplendorosa vista panorámica. Durante ese encuentro, su potencial suegro le hace saber lo mucho que sintió por la muerte de su emprendedora madre mostrándole su tumba ubicada en las cercanías, al propio tiempo que va observando el comportamiento de su posible yerno a quien halaga por sus especiales bigotes.
Después de una salida con su novia y su hermana mayor Neunghee (Park Miso) para almorzar y posteriormente dar un paseo por el lugar que transcurre apaciblemente, mientras dialogan en torno de la poesía, la belleza del lugar y del amor que el visitante siente por su novia; posteriormente tiene lugar la invitación a cenar donde allí él conocerá a Sunhee, (Cho Yunhee), la esposa de Oryeong, que es poetisa y una eficiente cocinera. Alrededor de esa mesa surgen diferentes tópicos de conversación, pero llegado un momento el clima se enrarece cuando ante la pregunta que se le hace al invitado sobre su padre, que es un reconocido abogado de excelente posición económica; el exceso de alcohol consumido impulsa a Donghwa a responder con cierta violencia manifestando que nunca dependió de él económicamente y que su ocupación como autor de videos de boda en Seúl le permite solventar su independencia sin necesidad de recurrir a sus progenitores y vivir alejados de ellos. Ya concluido el ágape, los padres de Junhee se preguntan si realmente Donghwa es el mejor candidato para su hija.
Mediante un final abierto, en donde queda la duda si realmente Junhee está ya decidida a contraer enlace, el film se caracteriza por su naturalidad mediante un relato que adopta un tono costumbrista a la vez que contemplativo que se evidencia a través de la dinámica establecida entre sus cinco personajes.
Indudablemente puede calificarse a Hong Sangsoo como un hombre orquesta, dado que además de dirigir y ser el autor del guión, tiene a su cargo, la fotografía, la música y el montaje del film. Ciertamente los cinéfilos del realizador quedarán satisfechos con esta sencilla y honesta entrega, aguardando su próximo proyecto.
Blue Heron (Canadá-Hungría)
Resulta siempre agradable descubrir el talento artístico de jóvenes cineastas. Este es el caso de Sophy Romvari, la novel directora canadiense quien con inusitado discernimiento traslada a la pantalla una historia de considerable gravitación basada en sus experiencias de infancia, que por sus méritos ha sido distinguida con el premio a la mejor primera película en el Festival de Locarno de este año.
Blue Heron
A través de su memoria, el guión de la realizadora presenta en su primera mitad a Sasha (Eylul Guven), una niña de 8 ocho años quien junto con su familia procedente de Hungría arriban en la década del 90 a la isla de Vancouver para el inicio de una nueva vida. En apariencia, el lugar resulta promisorio donde ella discurre y goza de su belleza; con todo hay un elemento que la perturba cuando en una conversación de su madre (Iringo Reti) con su padrastro (Adam Tompa) se deja entrever que Jeremy (Eddik Bedoes), el hijo mayor, padece de un comportamiento errático que sugiere un estado de inestabilidad mental; eso evidentemente afecta a la familia y fundamentalmente a su progenitora que le genera gran ansiedad, en tanto que la pequeña Sasha observa cómo al propio tiempo Jeremy quiere a sus hermanos no obstante sus arrebatos de furia, sin que ella, muy sensible y apenada, pueda modificar la situación reinante. Romvari con la colaboración de la magnífica fotografía de Maya Bankovic transmite con fidelidad la tensión que generan las actitudes de Jeremy, que nadie puede determinar a qué se debe.
Ya es en su segunda mitad que transcurre 2 décadas después donde se observa a Sasha (Amy Zimmer) quien convertida en cineasta decide abordar a su hermano ya fallecido a fin de tratar de fehacientemente entender lo que le ha sucedido. Apelando a su memoria fragmentada, Sascha retorna al hogar familiar de su pasado manteniendo una imaginaria conversación con sus progenitores acerca del problema que afectó a Jeremy. Dejando entreabierta la ficción encarada por Sascha y de lo que no lo es, el film va generando escenas de contenida emoción.
Mediante un relato meticulosamente narrado, a la vez que sensible, tierno y genuinamente conmovedor, Romvari expone cómo la lucha emprendida por la protagonista de esta historia ha dejado marcadas huellas en su mente para comprender a su hermano.
100 Sunset (Canadá)
Habiendo sido presentado en el Festival de Toronto en la sección dedicada a emergentes cineastas, después de haber realizado dos cortometrajes, la directora y escritora Kunsang Kyrong enfoca en su primer largometraje una historia ambientada en Parkdale, una zona vecina de Toronto ubicada en el oeste de la ciudad.
100 Sunset
Lo que caracteriza a esta comedia es que habiendo colaborado con miembros de la comunidad tibetana de Toronto, la novel realizadora ambienta su relato en donde habita gran parte de esa agrupación centrando su atención en dos personas de ese origen.
La protagonista es Kunsel (Tenzin Kunzel), una joven mujer introvertida que se siente un tanto extraña en su propio medio social. Viviendo en un bloque de departamentos del mencionado vecindario, ella destina su tiempo espiando a sus vecinos mediante una cámara de video adquirida, como asimismo realizando pequeños hurtos. Su vida rutinaria cobra impulso cuando llega a conocer a Passang (Sonam Choekyi), una mujer que llega a vivir en el mismo edificio con su marido mucho mayor que ella y que expresa asimismo una oculta insatisfacción. Ese encuentro va generando una amable relación donde entre otros aspectos ambas asisten a las clases de inglés así como conjuntamente van transitando los alrededores de la zona.
A través de variadas viñetas el film ofrece una clara visión de la congregación tibetana además de estar favorecido por las convincentes actuaciones de Kunsel y Choekyi y de la buena fotografía del camarógrafo Nicolay Michaylov. Sin embargo, el lento ritmo que imprime la realizadora mitiga la envergadura dramática necesaria para suscitar genuina emoción. Lo concreto es que a pesar de la objeción señalada la película concita interés al permitir que el espectador se involucre en un medio cultural raramente abordado por el cine canadiense.
Dites-lui que Je l’aime (Francia)
La complicada relación maternofilial es analizada por la directora Romane Bohringer a través de una narrativa documental fusionada con la ficción.
Dites-lui que Je l’aime
La película está basada en el libro Dites-lui que Je l’aime escrito en 1919 por la política francesa Clémentine Autain quien relata el traumático vínculo mantenido con su madre Dominique Laffin, una actriz que abandonó a su hija y murió a los 33 años justo cuando Autain era una pre adolescente de 12 años.
La lectura de ese libro cundió hondamente en Bohringer en la medida que curiosamente ella a los nueve meses de edad también fue dejada de lado por su propia madre Marguerite Bourry quien murió a los 36 años. Esa inaudita simetría motiva a que Bohringer, gran amiga de la escritora le solicita adaptar su libro para su filmación.
En el marco de esa propuesta que fue aceptada por la autora, el guión de Bohringer escrito con Gabor Rassov adopta un procedimiento nada convencional donde se relatan dos historias traumáticas en las que ambias mujeres confrontan su pasado a través de episodios reconstruidos. En la primera parte del film se observa a Autain leyendo pasajes del libro y a través del mismo se va contemplando cómo la niña sufrió los embates de su madre con su adicción al alcohol y su ausencia del hogar. En tal sentido, una impactante escena acaece cuando la joven Autain (Liliane Sanry-Baud), observa a su madre (Eva Yelmani) solicitando con violencia a un empleado de un hotel que le proporcione un trago alcohólico cuando el bar ya estaba cerrado.
La segunda mitad del film se concentra en Romane, donde atendida por una psiquiatra (Josiane Stoléru) manifiesta su pesar frente a no haber conocido a su progenitora. Asimismo valiéndose de papeles y escritos de su madre (igualmente interpretada por Eva Yelmani) con la colaboración de su joven hijo Raoul Rebbot-Bohringer actuando como supuesto detective, se van conociendo detalles de su vida. Es así que se sabe que Marguerite nació en Vietnam cuyo padre francés la cedió en adopción para vivir gran parte de su juventud en un convento; ya mayor se interesa por actuar en cine y al propio tiempo deviene fuertemente adicta a las drogas.
Esa mirada hacia el pasado de dos mujeres que han sido olvidadas del afecto maternal, hecho que ha impactado sus vidas, constituye una catarsis para que ambas puedan seguir adelante sin claudicar. Con todo, la forma híbrida que adopta Bohringer para ilustrar las características que asume la memoria es un tanto desigual al no lograr una completa armonía entre los dos relatos haciendo que en ciertos lapsos su lentitud conspire emocionalmente. De todos modos, el film tiene suficientes méritos para concentrar su atención con su mensaje de reconciliación de las hijas perdonando a sus madres. Como nota final, cabe destacar la magnífica caracterización de Eva Yelmani animando a Marguerite y Laffin logrando notable autenticidad.
THESMASHINGMACHINE. Estados Unidos, 2025. Un film de Benny Safdie. 123 minutos
Un sólido film deportivo es lo que se aprecia en The Smashing Machine, donde por primera vez el realizador Benny Safdie se ubica detrás de la cámara sin su hermano Josh permitiéndole obtener el premio al mejor director en el Festival de Venecia de este año. El film guionizado por el cineasta está basado en Mark Kerr, un renombrado atleta americano y artista de las artes marciales mixtas que ha sido uno de los pioneros de la lucha libre y prominente representante del UFC (Ultimate Fighting Championship).
Dwayne Johnson
La película presenta a Kerr (Dwayne Johnson), un brillante luchador en sus años universitarios que en 1997 logra una gran victoria en el campeonato mundial Vale Tudo realizado en Sao Paulo y que hasta entonces siempre resultó invicto en los torneos realizados; sin embargo como integrante del UFC su desempeño no resulta monetariamente lucrativo y es así que viaja con frecuencia a Japón, donde los triunfos logrados le otorgan un sentido de invencibilidad. No obstante, ante un match en el que no resulta victorioso alegando que su oponente recurrió a golpes no permitidos, comienza una caída profesional en donde recurre al uso de opiáceos.
Lo que alienta al relato es la acertada manera en que Safdie describe a Kerr, un ser para el cual el ring se convierte en una maquina trituradora para derrotar a su oponente pero que fuera del cuadrilátero es una persona afable.
Aunque los eventos deportivos ocupan parte del relato, el drama adquiere gravitación intimista centrado en la relación que el atleta mantiene con su pareja Dawn (Emily Blunt). Es así que no obstante el amor que ella siente por su novio y que es recíproco por parte de él, hay ciertos aspectos banales y otros de mayor índole que motivan a que cada uno llegue a explotar. De algún modo, tal como se puede observar Dawn es la abnegada compañera y sostén emocional de Kerr pero a la vez su talón de Aquiles. Al propio tiempo, el guión resalta la amistad fraternal mantenida con Mark Coleman (Ryan Bader), su rival luchador y en ocasiones su entrenador.
La actuación de Johnson es a todas luces magistral donde además de que físicamente adquiere la apariencia del real Kerr, en gran parte favorecido por el maquillaje prostético a que ha sido objeto, se involucra en cuerpo y alma en la personalidad del luchador y que destilando considerable humanidad permite la plena empatía del espectador. Elogio similar merece Blunt quien con la conmiseración y arrogancia de su personaje constituye una vital presencia para su compañero.
Si alguna objeción merece el film es la banda sonora que resulta abrumadora, salvo una secuencia en donde Mark se halla con el luchador en artes marciales mixtas Bas Rutten (personificando a sí mismo) y se escucha la versión musical de “My Way” cantada por el inolvidable Elvis Presley.
Globalmente considerado, además del remarcable nivel de actuación de Johnson este realista film de impecable narración, se valoriza por la remarcable puesta escénica de Safdie, con especial énfasis en las escenas de combate que reflejan notable autenticidad. Jorge Gutman