Ambi­cio­so Documental

ORWELL: 2+2=5. Esta­dos Uni­dos-Fran­cia, 2025. Un film de Raoul Peck. 119 minutos

El com­pro­mi­so social y polí­ti­co que ani­ma al exce­len­te cineas­ta Raoul Peck cuya fil­mo­gra­fía abar­ca remar­ca­bles títu­los inclu­yen­do entre otros I Am Not Your Negro (2016) y Ernest Cole: Lost and Found (2024), revi­ve al magis­tral escri­tor bri­tá­ni­co Eric Blair, más cono­ci­do como Geor­ge Orwell. Median­te este den­so docu­men­tal emer­ge la ago­re­ra visión del mun­do de este emble­má­ti­co escri­tor que adquie­re amplia rele­van­cia actual.

Una esce­na del documental

El film comien­za en 1946 en la isla esco­ce­sa de Jura don­de Orwell comen­zó a ela­bo­rar su anto­ló­gi­co y pós­tu­mo libro 1984 poco tiem­po antes de su muer­te. A tra­vés de la expre­si­va voz de Damian Lewis el rela­to pasa revis­ta a aspec­tos vin­cu­la­dos con su vida pasa­da; es así que él cali­fi­ca de haber per­te­ne­ci­do a la cla­se “media baja alta”, a su vez hay refe­ren­cias de su for­ma­ción edu­ca­cio­nal en el pres­ti­gio­so esta­ble­ci­mien­to de Eton, su desem­pe­ño en la gue­rra civil de Espa­ña y espe­cial­men­te su par­ti­ci­pa­ción como ofi­cial de poli­cía en Bir­ma­nia (hoy Myan­mar) bajo la ocu­pa­ción de Gran Bre­ta­ña; es allí don­de en su viven­cia que­da cla­ro de qué for­ma el auto­ri­ta­ris­mo impe­ran­te influ­ye nega­ti­va­men­te en la pobla­ción nati­va dete­rio­ran­do el autén­ti­co sen­ti­mien­to democrático.

Peck ha teni­do acce­so a car­tas, escri­tos e impor­tan­te mate­rial de archi­vo de Orwell don­de que­da ilus­tra­da su expe­rien­cia de vida en la que com­prue­ba las mise­rias pro­du­ci­das por el tota­li­ta­ris­mo, la infor­ma­ción mani­pu­la­da, la abo­mi­na­ble lim­pie­za étni­ca y otras bar­ba­ri­da­des siem­pre jus­ti­fi­ca­das por los omni­po­ten­tes gober­nan­tes de turno. Es pre­ci­sa­men­te esa expe­rien­cia que el autor tras­lu­ce en Ani­mal Farm y pos­te­rior­men­te en 1984 en don­de vis­lum­bra un esta­do del mun­do que deja de desear.

Siguien­do una estruc­tu­ra narra­ti­va no cro­no­ló­gi­ca, Peck asu­me el carác­ter de “alter ego” del autor y es así que narra acon­te­ci­mien­tos pos­te­rio­res valién­do­se de clips e igual­men­te de mate­rial de archi­vo, don­de median­te un mon­ta­je de imá­ge­nes que­dan expues­tas entre otros acon­te­ci­mien­tos la tris­te con­di­ción de los refu­gia­dos Rohing­ya, la masa­cre de Ucra­nia, el sinies­tro asal­to al Capi­to­lio de Esta­dos Uni­dos en enero de 2021 y la situa­ción en Gaza, resal­tan­do el males­tar pro­ve­nien­te de los movi­mien­tos popu­lis­tas de dere­cha que ade­más de sus tác­ti­cas mani­pu­la­do­ras, gene­ran des­in­for­ma­ción y caos. Es así que los anun­cios que se ven en pan­ta­lla “la gue­rra es paz”, “la liber­tad impli­ca escla­vi­tud” o bien “igno­ran­cia sig­ni­fi­ca fuer­za”, com­ple­men­tan el títu­lo del film don­de 2 + 2 es igual a 5, o bien podría igua­lar­se a cual­quier otro resul­ta­do en la que una pobla­ción masi­va y des­in­for­ma­da es capaz de aceptar.

Los comen­ta­rios que entre otros efec­túan el escri­tor Milan Kun­de­ra, así como el vale­ro­so esta­dou­ni­den­se exi­lia­do Edward Snow­den no hacen más que agre­gar leña al fue­go al mos­trar­se escép­ti­cos y des­creí­dos de que la situa­ción impe­ran­te de hoy día pue­da mejorar.

En líneas gene­ra­les, no hay nada nue­vo que Peck con­si­de­ra en este tra­ba­jo, sal­vo que repli­can­do a Orwell cons­ti­tu­ye un cau­te­lo­so lla­ma­do de aler­ta sobre las con­se­cuen­cias nefas­tas gene­ra­das por el totalitarismo.

Des­de una ópti­ca estric­ta­men­te cine­ma­to­grá­fi­ca, la obje­ción a rea­li­zar a este docu­men­tal es en la edi­ción, don­de la dema­sia­da infor­ma­ción acu­mu­la­da que se inter­ca­la per­ma­nen­te­men­te entre pasa­do y pre­sen­te a veces no resul­ta lo sufi­cien­te­men­te cohe­si­va. De todos modos es loa­ble este ambi­cio­so tra­ba­jo de Peck que cier­ta­men­te mere­ce ser apre­cia­do. Jor­ge Gutman

FNC 2025 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de 4 pelí­cu­las de Amé­ri­ca Lati­na pre­sen­ta­das en el Fes­ti­val du Nou­veau Cinema.

El Dia­blo Fuma (Méxi­co)

Habien­do sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor ópe­ra pri­ma en la nue­va sec­ción Pers­pec­ti­vas de la Ber­li­na­le, la pelí­cu­la del rea­li­za­dor Ernes­to Mar­tí­nez Bucio se dis­tin­gue fun­da­men­tal­men­te por sus valo­res visua­les agra­cia­dos en gran medi­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Odei Zabaleta.

El Dia­blo Fuma

Con una narra­ti­va difu­sa, el guión del rea­li­za­dor escri­to con Karen Pla­ta, ubi­ca la acción en 1990 en un lugar no espe­ci­fi­ca­do de Ciu­dad de Méxi­co, en opor­tu­ni­dad en que tie­ne lugar por segun­da vez la visi­ta del pon­tí­fi­ce Juan Pablo II. El rela­to enfo­ca las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por cin­co her­ma­nos cuya edad varía entre 7 y 12 años, inte­gra­dos por Vanes­sa (Lau­ra Uri­be Rojas), Víc­tor (Dono­van Said), Elsa (Maria­pau Bra­vo Avi­na), Mari­sol (Regi­na Ale­jan­dra) y Tomas (Rafael Nie­to Mar­tí­nez). Su padre Emi­liano (Ber­nar­do Gam­boa), cuya pre­ci­sa acti­vi­dad se des­co­no­ce, ha par­ti­do en pro­cu­ra de ubi­car a su espo­sa des­apa­re­ci­da dejan­do a los chi­cos a car­go de su frá­gil abue­la (Car­men Ramos) que sufre de esqui­zo­fre­nia y les hace creer que el dia­blo está ron­dan­do por la casa. Es así que son los her­ma­nos mayo­res (Vanes­sa y Víc­tor), quie­nes asu­men la res­pon­sa­bi­li­dad hoga­re­ña aun­que no pue­den evi­tar el des­or­den que allí impera.

Des­pués de una pro­lon­ga­da pri­me­ra mitad, el rela­to adquie­re vue­lo cuan­do los her­ma­nos, prác­ti­ca­men­te olvi­da­dos y deja­dos de la mano de Dios, lla­man la aten­ción de la poli­cía luga­re­ña y del ser­vi­cio de asis­ten­cia social de que algo extra­ño está acon­te­cien­do. Cuan­do lle­gan a la casa para inte­rro­gar­los, las res­pues­tas de los chi­cos no lle­gan a ser con­vin­cen­tes, sobre todo cuan­do que­rien­do saber sobre sus padres, ellos le res­pon­den que se encuen­tran en un via­je de vaca­cio­nes en Can­cún. No resul­ta difí­cil pre­ver el des­tino de esta extra­ña uni­dad familiar.

En varias opor­tu­ni­da­des y con resul­ta­dos mucho más exi­to­sos, el cine ha con­si­de­ra­do el pro­ble­ma de la infan­cia olvi­da­da, pero en este caso y a pesar de las bue­nas inten­cio­nes del cineas­ta el resul­ta­do obte­ni­do es des­igual debi­do a su difu­sa narra­ti­va y a la caren­cia de un pre­ci­so enfo­que; es así que por una par­te, El Dia­blo Huye asu­me el carác­ter de come­dia dra­má­ti­ca rea­lis­ta y a su veces incu­rre en el terreno de la fan­ta­sía a tra­vés de esce­nas frag­men­ta­rias sobre­na­tu­ra­les no muy bien cohe­sio­na­das que impi­den sus­ci­tar emo­ción. Más allá de los des­ni­ve­les apun­ta­dos, cabe reco­no­cer el cui­da­do del novel direc­tor en su mane­jo de cáma­ras y el logro obte­ni­do en cada uno de los foto­gra­mas. Asi­mis­mo es elo­gia­ble la nota­ble carac­te­ri­za­ción de los jóve­nes intér­pre­tes que sin pre­via expe­rien­cia acto­ral con­vin­cen­te­men­te trans­mi­ten el sen­ti­mien­to de con­fu­sión emo­cio­nal expe­ri­men­ta­do por la ausen­cia paternal.

Como nota al mar­gen, el títu­lo del film se ve acom­pa­ña­do por la alar­ga­da fra­se “y guar­da las cabe­zas de los ceri­llos que­ma­dos en la mis­ma caja” que ha sido extraí­da de una poe­sía de la guio­nis­ta Pla­ta, sugi­rien­do el tono fan­tás­ti­co del relato.

Un Poe­ta (Colom­bia-Ale­ma­nia-Sue­cia)

En su segun­do film, el rea­li­za­dor colom­biano Simón Mesa Soto, tras haber impre­sio­na­do con la Pal­ma de Oro en Can­nes con su cor­to­me­tra­je Lei­di (2014) y su ini­cial lar­go­me­tra­je Ampa­ro (2022), rati­fi­ca amplia­men­te su ido­nei­dad con esta remar­ca­ble come­dia que nave­ga entre lo trá­gi­co y lo hilarante.

Un Poe­ta

La his­to­ria escri­ta por el cineas­ta se desa­rro­lla en Mede­llín pre­sen­tan­do a Oscar Res­tre­po (Ubei­mar Ríos), un indi­vi­duo de media­na edad que como poe­ta en 1990 logró un gran éxi­to lite­ra­rio. Pero las glo­rias del pasa­do han que­da­do atrás y hoy día es el típi­co repre­sen­tan­te del indi­vi­duo per­de­dor. Sin una ocu­pa­ción esta­ble, sien­do un frus­tra­do borra­cho a la vez que soña­dor impe­ni­ten­te vive sus penu­rias con su enfer­ma madre Tere­si­ta (Mar­ga­ri­ta Soto) y ade­más humi­llan­te­men­te pide pres­ta­do dine­ro a su hija ado­les­cen­te (Alis­son Correa) para con­su­mir bebi­da y aun­que ella lo menos­pre­cia en últi­ma ins­tan­cia se com­pa­de­ce de su situa­ción. En el terreno de su pre­di­lec­ción ido­la­tra al emi­nen­te poe­ta colom­biano José Asun­ción Sil­va que se sui­ci­dó a los 30 años en tan­to que dese­cha a Gabriel Gar­cía Már­quez. Tra­tan­do de vol­ver a triun­far su buen ami­go Efraín (Gui­ller­mo Car­do­na) le hace notar que pre­via­men­te con­ci­ba un poe­ma que lle­gue repercutir.

Su vida cobra nue­vo alien­to cuan­do al ser­le ofre­ci­do un pues­to como docen­te en una escue­la, lle­ga a asom­brar­se con los dibu­jos y mag­ní­fi­cos poe­mas que se encuen­tran en el cua­derno de Yur­lady (Rebe­ca Andra­de), una de las alum­nas asis­ten­tes de 15 años, estan­do así con­ven­ci­do que podría lle­gar a ser una gran poe­ti­sa y por lo tan­to está dis­pues­to a ayu­dar­la. De allí en más, él se con­vier­te en su men­tor y lle­ga­da la oca­sión Yur­lady demues­tra su talen­to en un fes­ti­val de poe­sía leyen­do un poe­ma acer­ca de su color de piel more­na; sin embar­go a ella solo le intere­sa la poe­sía como un medio de obte­ner bene­fi­cios pecu­nia­rios, un cri­te­rio que en tal sen­ti­do Oscar dis­cre­pa con su pun­to de vista.

Sin entrar en deta­lles adi­cio­na­les, el film es alta­men­te meri­to­rio por varias razo­nes. En pri­mer lugar por la sobrie­dad emplea­da por Mesa Soto en su sen­si­ble narra­ción, agra­cia­do por la inge­nio­si­dad ema­na­da de su esme­ra­do guión. Cla­ro está que resul­ta memo­ra­ble la inter­pre­ta­ción brin­da­da por Ríos quien no sien­do un actor pro­fe­sio­nal sino un pres­ti­gio­so filó­so­fo colom­biano en la vida real, con abso­lu­ta per­fec­ción ani­ma al misán­tro­po pro­ta­go­nis­ta en pro­cu­ra de su reden­ción a tra­vés de la ins­pi­ra­ción brin­da­da por Yur­lady; en tal sen­ti­do mere­ce ala­bar la auten­ti­ci­dad que Andra­de refle­ja en su rol y su nota­ble com­pli­ci­dad con el de Ríos.

Cier­ta­men­te este rele­van­te film cede paso a la refle­xión acer­ca de lo que acon­te­ce en mate­ria cul­tu­ral, con espe­cial refe­ren­cia a la poe­sía, don­de pare­cie­ra que en los fes­ti­va­les, con­fe­ren­cias y/o encuen­tros rea­li­za­dos por sus orga­ni­za­do­res, ellos están más intere­sa­dos en el dine­ro y pres­ti­gio que les pue­da brin­dar, dejan­do en un segun­do plano el inte­lec­tual pro­ce­so creativo.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Fla­men­co. (Chi­le-Fran­cia-Ale­ma­nia-Espa­ña-Bél­gi­ca)

Siem­pre es gra­ti­fi­can­te salu­dar la pre­sen­ta­ción de un nue­vo rea­li­za­dor lati­no­ame­ri­cano, como es el caso del chi­leno Die­go Cés­pe­des y más aún cuan­do su pelí­cu­la obtu­vo en Can­nes el pre­mio al mejor film en la sec­ción ofi­cial Un Cer­tain Regard. De allí que resul­ta más que bien­ve­ni­do que el FNC con­si­de­ró su inclu­sión en la pro­gra­ma­ción del pano­ra­ma internacional.

La Mis­te­rio­sa Mira­da del Flamenco

Con admi­ra­ble auda­cia el novel direc­tor y guio­nis­ta abor­da un intré­pi­do tema refle­jan­do el mun­do de quie­nes están orien­ta­dos sexual­men­te hacia el mis­mo géne­ro. Su his­to­ria está ambien­ta­da en el nor­te del desier­to de Chi­le en los pri­me­ros años de la déca­da del 80 giran­do en torno a una fami­lia queer. En dicho con­tex­to trans­cu­rre la vida de Lidia (Tama­ra Cor­tés), una niña de 11 años rodea­da de Mamá Boa (Pau­la Dina­mar­ca) que tie­ne a su car­go un caba­ret musi­cal, y de Fla­men­co (Matías Cata­lán) que actúa en el local y que es una suer­te de madre sus­ti­tu­ta de la pequeña.

A tra­vés de una narra­ción no exen­ta de un poé­ti­co liris­mo, Lidia aten­ta­men­te obser­va cómo los mine­ros del lugar asis­ten al local para con­tem­plar los bai­les y can­cio­nes de los tra­ves­tis y muy espe­cial­men­te de la encan­ta­do­ra Fla­men­co cuya suges­ti­va mira­da es cau­sa de atrac­ción al mis­mo tiem­po que des­pier­ta un pro­fun­do sen­ti­mien­to pre­jui­cio­so de los parro­quia­nos. En tal sen­ti­do Cés­pe­des refle­ja acer­ta­da­men­te la épo­ca impe­ran­te don­de quie­nes asu­men un dife­ren­te com­por­ta­mien­to sexual son fuer­te­men­te dis­cri­mi­na­dos y mar­gi­na­dos de la socie­dad. Ese fac­tor y el agra­van­te de que comien­za a sur­gir el Sida inten­si­fi­ca la ten­sión de un pue­blo teme­ro­so de lo que la homo­se­xua­li­dad pue­de gene­rar. Es así que la ino­cen­te Lidia se pre­gun­ta si es posi­ble que un genuino amor pue­de oca­sio­nar la muerte.

Con inusi­ta­da madu­rez el direc­tor impri­me en su mayor par­te un rit­mo diná­mi­co den­tro de un cli­ma atmos­fé­ri­co que adquie­re el carác­ter de un moderno wes­tern; si bien el film pue­de a veces resul­tar un poco con­fu­so, dicho repa­ro de mane­ra algu­na miti­ga sus autén­ti­cos valo­res mer­ced a la ori­gi­na­li­dad del rela­to que refle­ja una hones­ta crí­ti­ca a la dis­cri­mi­na­ción sexual, como asi­mis­mo agra­cia­do con un elen­co de enco­mia­ble nivel artístico.

O Últi­mo Azul (Bra­sil-Méxi­co-Chi­le-Paí­ses Bajos)

Aun­que copro­du­ci­da por 4 paí­ses, este bello film de Gabriel Mas­ca­ro es esen­cial­men­te bra­si­le­ño. A tra­vés de una fábu­la sen­ci­lla, con­ci­sa pero deci­di­da­men­te efec­ti­va, el espec­ta­dor se encuen­tra invo­lu­cra­do en una deli­cio­sa aven­tu­ra acuática.

0 Últi­mo Azul

El ori­gi­nal guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Tibé­rio Azul está ambien­ta­do en un Bra­sil dis­tó­pi­co. El tono futu­ris­ta de mane­ra algu­na impli­ca que la his­to­ria carez­ca de visos realís­ti­cos, abor­dan­do el tema de la dis­cri­mi­na­ción por par­te de quie­nes lle­gan al cre­púscu­lo de la vida.

La pro­ta­go­nis­ta es Tere­za (Deni­se Wein­berg), una madre sol­te­ra de 77 años de nota­ble vita­li­dad físi­ca tra­ba­jan­do en una plan­ta pro­ce­sa­do­ra de car­ne en una peque­ña zona del Ama­zo­nas. Acon­te­ce que un decre­to guber­na­men­tal ha deci­di­do dis­mi­nuír la edad del reti­ro obli­ga­to­rio de los 80 a los 75 años, para que la joven gene­ra­ción pue­da reem­pla­zar a quie­nes han lle­ga­do a la mayo­ría de edad; es así que no obs­tan­te que aún le habría que­da­do 3 años más de estar ocu­pa­da, su situa­ción cam­bia rotun­da­men­te al tener que dejar su empleo; a ello se agre­ga que estas per­so­nas son envia­das a una suer­te de Colo­nia que obra como resi­den­cia de ancia­nos de don­de has­ta el pre­sen­te poco se sabe de la mis­ma por­que nadie ha retor­na­do y por el momen­to es su hija Joa­na (Cla­ris­sa Pinhei­ro) quien debe­rá cuidarla.

El núcleo del rela­to se pre­sen­ta cuan­do esta deci­di­da dama desea cum­plir sus deseos de efec­tuar un via­je aéreo y al que­rer adqui­rir un pasa­je se impo­ne que debe con­tar con la auto­ri­za­ción de su hija quien rehú­sa a hacer­lo. En con­se­cuen­cia, ella no se ame­dren­ta y es así que con­si­gue con­tac­tar a Cadu Rodri­go San­to­ro), un navie­ro flu­vial para que la tras­la­de ile­gal­men­te en su embar­ca­ción a tra­vés del Ama­zo­nas has­ta la loca­li­dad de Ita­coa­tia­ra, don­de pare­ce­ría indi­car que allí podría adqui­rir el ansia­do pasa­je aéreo sin pro­ble­ma alguno. A tra­vés de un via­je acci­den­ta­do en don­de el peri­plo se des­vía de su ruta ori­gi­nal, Cadu le trans­mi­te cier­tos pode­res mági­cos, como asi­mis­mo ella lle­ga a cono­cer a Rober­ta (Miriam Soca­rrás), una ani­ma­da mujer de su mis­ma edad que le ofre­ce una visión dife­ren­te de la vida.

El impe­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción de Day­se Barre­to y la estu­pen­da foto­gra­fía de Gui­ller­mo Gar­za con­tri­bu­yen a valo­ri­zar esta impe­ca­ble come­dia futu­rís­ti­ca de Mas­ca­ro, nutri­da de un inme­jo­ra­ble elen­co enca­be­za­do por Wein­berg. La actriz mara­vi­llo­sa­men­te trans­mi­te la deter­mi­na­ción de una mujer que no está dis­pues­ta a que la des­po­jen de su auto­no­mía, a la vez que con gran fide­li­dad arti­cu­la su trans­for­ma­ción espi­ri­tual; su actua­ción no des­me­ri­ta la muy con­vin­cen­te par­ti­ci­pa­ción de San­to­ro, como asi­mis­mo la de Soca­rrás cuyo cáli­do y expre­si­vo per­so­na­je gene­ra una quí­mi­ca con­mo­ve­do­ra con el asu­mi­do por Weinberg.

Lo que real­men­te tras­cien­de de este film es el dejo opti­mis­ta que tras­lu­ce al ilus­trar la resi­lien­cia huma­na que demues­tra la no exis­ten­cia de edad lími­te para su des­agre­ga­ción social. Por sus inne­ga­bles méri­tos los miem­bros del jura­do del fes­ti­val de Ber­lín pre­mia­ron con el Oso de Pla­ta a esta bri­llan­te película.

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Com­ple­jo Dra­ma Social

STE­VE. Irlan­da-Gran Bre­ta­ña, 2025. Un film de Tim Mie­lants. 92 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Des­pués del exi­to­so film Small Things Like The­se (2024), el direc­tor bel­ga Tim Mie­lants y el exce­len­te actor irlan­dés Cillian Murphy vuel­ven a aunar sus esfuer­zos en Ste­ve, un estruen­do­so dra­ma basa­do en la nove­la Shy de Max Por­ter publi­ca­da en 2023.

Cillian Murphy

El guión que ha sido adap­ta­do por su autor ambien­ta el rela­to en Ingla­te­rra en 1996 duran­te una úni­ca jor­na­da que trans­cu­rre en Stan­ton Wood, un esta­ble­ci­mien­to edu­ca­cio­nal que como inter­na­do alber­ga a ado­les­cen­tes cuya extre­ma rebel­día los tor­na peli­gro­sos. Es allí que se desem­pe­ña Ste­ve (Murphy), un indi­vi­duo de media­na edad que ha sido el fun­da­dor del cole­gio y el prin­ci­pal docen­te quien enfren­ta el desa­fío de lograr que sus alum­nos pue­dan ser rein­te­gra­dos social­men­te; es así que entre los mis­mos debe lidiar con el ins­ti­ga­dor Jamie (Luke Ayres), el ines­ta­ble Riley (Joshua J. Par­ker) y con la anó­ma­la con­duc­ta de Tyro­ne (Tut Nyout); con todo el espe­cial inte­rés de Ste­ve radi­ca en el víncu­lo man­te­ni­do con Shy (Jay Lycur­go), un mucha­cho que apu­ña­ló a su padras­tro y está trau­ma­ti­za­do por la acti­tud de su madre que no quie­re saber nada de él por su vio­len­to comportamiento.

La temá­ti­ca es cier­ta­men­te impor­tan­te en la medi­da que deja entre­ver cómo la fal­ta de sufi­cien­tes recur­sos finan­cie­ros y el inmi­nen­te cie­rre del cole­gio ame­na­za inte­rrum­pir la noble labor de rege­ne­rar a estos chi­cos. Sin embar­go, el tra­ta­mien­to dis­pen­sa­do por el rea­li­za­dor resul­ta poco sutil para que uno pue­da lograr una autén­ti­ca con­mi­se­ra­ción con estos jóve­nes, cuyas per­ma­nen­tes peleas, riñas, alter­ca­dos y des­truc­cio­nes que rea­li­zan resul­tan dema­sia­do exte­nuan­tes de tole­rar. A todo ello, todo lo que allí suce­de es fil­ma­do por un equi­po de cama­ró­gra­fos, cuyo inte­rés resi­de en que los pro­ta­go­nis­tas del rela­to trans­mi­tan sus esta­dos emo­cio­na­les ema­na­dos de la expe­rien­cia que atra­vie­san; sin embar­go, este recur­so inter­ca­la­do en el rela­to dis­trae cla­ra­men­te de su foco central.

Otro aspec­to impor­tan­te que ate­núa el inte­rés del film es la ende­ble des­crip­ción de sus dos per­so­na­jes pro­ta­gó­ni­cos; por una par­te pue­de com­pren­der­se la frus­tra­ción de Ste­ve que quie­re mucho a sus alum­nos y que no pue­de con­tra­rres­tar su impo­ten­cia por no lograr lo que se pro­po­ne, pero al pro­pio tiem­po pare­ce­ría que alber­ga algún otro pro­ble­ma de su pasa­do y que como ali­cien­te recu­rre al con­su­mo de alcohol y a los opioi­des. No menos cla­ro, es el rol de Shy cuya per­so­na­li­dad resul­ta enig­má­ti­ca, aun­que cabe des­ta­car que en roles meno­res adquie­ren rele­van­cia la direc­to­ra de la ins­ti­tu­ción (Tra­cey Ull­man), la tera­peu­ta esco­lar (Emily Watson) y la incor­po­ra­ción de una nue­va docen­te (Sim­bi Ajikawo).

Si bien el rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción foto­grá­fi­ca de Robrecht Hey­vaert recu­rre a los movi­mien­tos de cáma­ra para refle­jar el cli­ma caó­ti­co en que se desa­rro­lla la acción, su uso exce­si­vo resul­ta fati­go­so. En cuan­to al nivel de actua­ción, Murphy una vez más demues­tra su gran talen­to de con­su­ma­do intér­pre­te trans­mi­tien­do la cri­sis exis­ten­cial de Ste­ve por res­ca­tar a la escue­la, así como Lycur­go superan­do la limi­ta­ción del guión rea­li­za un enco­mia­ble tra­ba­jo deno­tan­do la ambi­va­len­cia de los impul­sos auto­des­truc­ti­vos con la depre­sión que alber­ga su personaje.

En esen­cia, este com­ple­jo dra­ma social está imbui­do de nobles inten­cio­nes pero lejos de ser dese­cha­ble no logra atra­par al espec­ta­dor como debie­ra; de todos modos lo más atrac­ti­vo del film resi­de en el infa­li­ble nivel de su elen­co. Jor­ge Gutman

FNC 2025 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Des­de el 8 has­ta el 19 de octu­bre, la ciu­dad de Mon­treal es la sede del Fes­ti­val du Nou­veau Ciné­ma (FNC) que en su 54ª edi­ción los fes­ti­va­le­ros ten­drán la oca­sión de des­cu­brir las obras de impor­tan­tes cineas­tas con­sa­gra­dos como asi­mis­mo de talen­tos emer­gen­tes. y de pelí­cu­las que han obte­ni­do una cáli­da recep­ción crí­ti­ca en Que­bec y el res­to de Cana­dá. La pro­gra­ma­ción inclu­ye 106 lar­go­me­tra­jes y 162 cor­tos pro­ve­nien­tes de 46 paí­ses que han sido des­ta­ca­dos en los fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les de Ber­lín, Can­nes, Locarno y Toron­to así como lo más rele­van­te del cine que­be­quen­se y del res­to de Canadá.

El FNC se inau­gu­ra con Spa­ce Cadet, pelí­cu­la de ani­ma­ción del cineas­ta cana­dien­se Kid Koa­la (Eric San), adap­ta­da de la nove­la grá­fi­ca del rea­li­za­dor y guio­ni­za­do por Mylè­ne Cho­llet. El film que clau­su­ra­rá la mues­tra es Le Train  de la direc­to­ra cana­dien­se Marie Bras­sard con un elen­co pro­ta­go­ni­za­do por Laris­sa Corri­veau, Thai­le Rainds, Élec­tra Kla­ra Codi­na y Lennikim.

Para una infor­ma­ción com­ple­ta acer­ca de la pro­gra­ma­ción, salas de exhi­bi­ción, hora­rios así como nume­ro­sas acti­vi­da­des temá­ti­cas orga­ni­za­das por el fes­ti­val, el sitio a con­sul­tar es nouveaucinema.ca

A con­ti­nua­ción se comen­ta algu­nas de las pelí­cu­las que han sido visionadas.

What does that natu­re say to you (Corea del Sur)

En una carre­ra suma­men­te pro­lí­fi­ca el reco­no­ci­do direc­tor sur­co­reano Hong Sang­soo ofre­ce en su tri­gé­si­mo ter­cer tra­ba­jo, un film que des­ti­la su sin­gu­lar esti­lo de sim­pli­ci­dad dejan­do entre­ver algu­nos aspec­tos intere­san­tes de apreciar.

What does that natu­re say to you

El pro­ta­go­nis­ta es Dongh­wa (Ha Seong­guk), un apren­diz de poe­ta de 35 años que está de novio des­de hace tres años con la joven Junhee (Kang Soyi). Des­pués del tra­yec­to que efec­túa en su auto tras­la­dán­do­la des­de Seúl a Incheon don­de se halla la casa cam­pes­tre en la cual resi­de, cir­cuns­tan­cial­men­te lle­ga a cono­cer a su afa­ble padre Oryeong (Kwon Haeh­yo) quien con­tem­plan­do el coche de Dongh­wa le gus­ta­ría pro­bar­lo; el joven acce­de a que lo mane­je ganán­do­se de este modo la sim­pa­tía de este hom­bre por lo cual lo invi­ta a cono­cer su resi­den­cia por él dise­ña­da, situa­da al pie de una mon­ta­ña con una esplen­do­ro­sa vis­ta pano­rá­mi­ca. Duran­te ese encuen­tro, su poten­cial sue­gro le hace saber lo mucho que sin­tió por la muer­te de su empren­de­do­ra madre mos­trán­do­le su tum­ba ubi­ca­da en las cer­ca­nías, al pro­pio tiem­po que va obser­van­do el com­por­ta­mien­to de su posi­ble yerno a quien hala­ga por sus espe­cia­les bigotes.

Des­pués de una sali­da con su novia y su her­ma­na mayor Neunghee (Park Miso) para almor­zar y pos­te­rior­men­te dar un paseo por el lugar que trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te, mien­tras dia­lo­gan en torno de la poe­sía, la belle­za del lugar y del amor que el visi­tan­te sien­te por su novia; pos­te­rior­men­te tie­ne lugar la invi­ta­ción a cenar don­de allí él cono­ce­rá a Sunhee, (Cho Yunhee), la espo­sa de Oryeong, que es poe­ti­sa y una efi­cien­te coci­ne­ra. Alre­de­dor de esa mesa sur­gen dife­ren­tes tópi­cos de con­ver­sa­ción, pero lle­ga­do un momen­to el cli­ma se enra­re­ce cuan­do ante la pre­gun­ta que se le hace al invi­ta­do sobre su padre, que es un reco­no­ci­do abo­ga­do de exce­len­te posi­ción eco­nó­mi­ca; el exce­so de alcohol con­su­mi­do impul­sa a Dongh­wa a res­pon­der con cier­ta vio­len­cia mani­fes­tan­do que nun­ca depen­dió de él eco­nó­mi­ca­men­te y que su ocu­pa­ción como autor de videos de boda en Seúl le per­mi­te sol­ven­tar su inde­pen­den­cia sin nece­si­dad de recu­rrir a sus pro­ge­ni­to­res y vivir ale­ja­dos de ellos. Ya con­clui­do el ága­pe, los padres de Junhee se pre­gun­tan si real­men­te Dongh­wa es el mejor can­di­da­to para su hija.

Median­te un final abier­to, en don­de que­da la duda si real­men­te Junhee está ya deci­di­da a con­traer enla­ce, el film se carac­te­ri­za por su natu­ra­li­dad median­te un rela­to que adop­ta un tono cos­tum­bris­ta a la vez que con­tem­pla­ti­vo que se evi­den­cia a tra­vés de la diná­mi­ca esta­ble­ci­da entre sus cin­co personajes.

Indu­da­ble­men­te pue­de cali­fi­car­se a Hong Sang­soo como un hom­bre orques­ta, dado que ade­más de diri­gir y ser el autor del guión, tie­ne a su car­go, la foto­gra­fía, la músi­ca y el mon­ta­je del film. Cier­ta­men­te los ciné­fi­los del rea­li­za­dor que­da­rán satis­fe­chos con esta sen­ci­lla y hones­ta entre­ga, aguar­dan­do su pró­xi­mo proyecto.

Blue Heron (Cana­dá-Hun­gría)

Resul­ta siem­pre agra­da­ble des­cu­brir el talen­to artís­ti­co de jóve­nes cineas­tas. Este es el caso de Sophy Rom­va­ri, la novel direc­to­ra cana­dien­se quien con inusi­ta­do dis­cer­ni­mien­to tras­la­da a la pan­ta­lla una his­to­ria de con­si­de­ra­ble gra­vi­ta­ción basa­da en sus expe­rien­cias de infan­cia, que por sus méri­tos ha sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor pri­me­ra pelí­cu­la en el Fes­ti­val de Locarno de este año.

Blue Heron

A tra­vés de su memo­ria, el guión de la rea­li­za­do­ra pre­sen­ta en su pri­me­ra mitad a Sasha (Eylul Guven), una niña de 8 ocho años quien jun­to con su fami­lia pro­ce­den­te de Hun­gría arri­ban en la déca­da del 90 a la isla de Van­cou­ver para el ini­cio de una nue­va vida. En apa­rien­cia, el lugar resul­ta pro­mi­so­rio don­de ella dis­cu­rre y goza de su belle­za; con todo hay un ele­men­to que la per­tur­ba cuan­do en una con­ver­sa­ción de su madre (Irin­go Reti) con su padras­tro (Adam Tom­pa) se deja entre­ver que Jeremy (Eddik Bedoes), el hijo mayor, pade­ce de un com­por­ta­mien­to errá­ti­co que sugie­re un esta­do de ines­ta­bi­li­dad men­tal; eso evi­den­te­men­te afec­ta a la fami­lia y fun­da­men­tal­men­te a su pro­ge­ni­to­ra que le gene­ra gran ansie­dad, en tan­to que la peque­ña Sasha obser­va cómo al pro­pio tiem­po Jeremy quie­re a sus her­ma­nos no obs­tan­te sus arre­ba­tos de furia, sin que ella, muy sen­si­ble y ape­na­da, pue­da modi­fi­car la situa­ción rei­nan­te. Rom­va­ri con la cola­bo­ra­ción de la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Maya Ban­ko­vic trans­mi­te con fide­li­dad la ten­sión que gene­ran las acti­tu­des de Jeremy, que nadie pue­de deter­mi­nar a qué se debe.

Ya es en su segun­da mitad que trans­cu­rre 2 déca­das des­pués don­de se obser­va a Sasha (Amy Zim­mer) quien con­ver­ti­da en cineas­ta deci­de abor­dar a su her­mano ya falle­ci­do a fin de tra­tar de feha­cien­te­men­te enten­der lo que le ha suce­di­do. Ape­lan­do a su memo­ria frag­men­ta­da, Sas­cha retor­na al hogar fami­liar de su pasa­do man­te­nien­do una ima­gi­na­ria con­ver­sa­ción con sus pro­ge­ni­to­res acer­ca del pro­ble­ma que afec­tó a Jeremy. Dejan­do entre­abier­ta la fic­ción enca­ra­da por Sas­cha y de lo que no lo es, el film va gene­ran­do esce­nas de con­te­ni­da emoción.

Median­te un rela­to meticu­losa­men­te narra­do, a la vez que sen­si­ble, tierno y genui­na­men­te con­mo­ve­dor, Rom­va­ri expo­ne cómo la lucha empren­di­da por la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria ha deja­do mar­ca­das hue­llas en su men­te para com­pren­der a su hermano.

100 Sun­set (Cana­dá)

Habien­do sido pre­sen­ta­do en el Fes­ti­val de Toron­to en la sec­ción dedi­ca­da a emer­gen­tes cineas­tas, des­pués de haber rea­li­za­do dos cor­to­me­tra­jes, la direc­to­ra y escri­to­ra Kun­sang Kyrong enfo­ca en su pri­mer lar­go­me­tra­je una his­to­ria ambien­ta­da en Park­da­le, una zona veci­na de Toron­to ubi­ca­da en el oes­te de la ciudad.

100 Sun­set

Lo que carac­te­ri­za a esta come­dia es que habien­do cola­bo­ra­do con miem­bros de la comu­ni­dad tibe­ta­na de Toron­to, la novel rea­li­za­do­ra ambien­ta su rela­to en don­de habi­ta gran par­te de esa agru­pa­ción cen­tran­do su aten­ción en dos per­so­nas de ese origen.

La pro­ta­go­nis­ta es Kun­sel (Ten­zin Kun­zel), una joven mujer intro­ver­ti­da que se sien­te un tan­to extra­ña en su pro­pio medio social. Vivien­do en un blo­que de depar­ta­men­tos del men­cio­na­do vecin­da­rio, ella des­ti­na su tiem­po espian­do a sus veci­nos median­te una cáma­ra de video adqui­ri­da, como asi­mis­mo rea­li­zan­do peque­ños hur­tos. Su vida ruti­na­ria cobra impul­so cuan­do lle­ga a cono­cer a Pas­sang (Sonam Choek­yi), una mujer que lle­ga a vivir en el mis­mo edi­fi­cio con su mari­do mucho mayor que ella y que expre­sa asi­mis­mo una ocul­ta insa­tis­fac­ción. Ese encuen­tro va gene­ran­do una ama­ble rela­ción don­de entre otros aspec­tos ambas asis­ten a las cla­ses de inglés así como con­jun­ta­men­te van tran­si­tan­do los alre­de­do­res de la zona.

A tra­vés de varia­das viñe­tas el film ofre­ce una cla­ra visión de la con­gre­ga­ción tibe­ta­na ade­más de estar favo­re­ci­do por las con­vin­cen­tes actua­cio­nes de Kun­sel y Choek­yi y de la bue­na foto­gra­fía del cama­ró­gra­fo Nico­lay Michay­lov. Sin embar­go, el len­to rit­mo que impri­me la rea­li­za­do­ra miti­ga la enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca nece­sa­ria para sus­ci­tar genui­na emo­ción. Lo con­cre­to es que a pesar de la obje­ción seña­la­da la pelí­cu­la con­ci­ta inte­rés al per­mi­tir que el espec­ta­dor se invo­lu­cre en un medio cul­tu­ral rara­men­te abor­da­do por el cine canadiense.

Dites-lui que Je l’aime (Fran­cia)

La com­pli­ca­da rela­ción mater­no­fi­lial es ana­li­za­da por la direc­to­ra Roma­ne Boh­rin­ger a tra­vés de una narra­ti­va docu­men­tal fusio­na­da con la ficción.

Dites-lui que Je l’aime

La pelí­cu­la está basa­da en el libro Dites-lui que Je l’aime escri­to en 1919 por la polí­ti­ca fran­ce­sa Clé­men­ti­ne Autain quien rela­ta el trau­má­ti­co víncu­lo man­te­ni­do con su madre Domi­ni­que Laf­fin, una actriz que aban­do­nó a su hija y murió a los 33 años jus­to cuan­do Autain era una pre ado­les­cen­te de 12 años.

La lec­tu­ra de ese libro cun­dió hon­da­men­te en Boh­rin­ger en la medi­da que curio­sa­men­te ella a los nue­ve meses de edad tam­bién fue deja­da de lado por su pro­pia madre Mar­gue­ri­te Bourry quien murió a los 36 años. Esa inau­di­ta sime­tría moti­va a que Boh­rin­ger, gran ami­ga de la escri­to­ra le soli­ci­ta adap­tar su libro para su filmación.

En el mar­co de esa pro­pues­ta que fue acep­ta­da por la auto­ra, el guión de Boh­rin­ger escri­to con Gabor Ras­sov adop­ta un pro­ce­di­mien­to nada con­ven­cio­nal don­de se rela­tan dos his­to­rias trau­má­ti­cas en las que ambias muje­res con­fron­tan su pasa­do a tra­vés de epi­so­dios recons­trui­dos. En la pri­me­ra par­te del film se obser­va a Autain leyen­do pasa­jes del libro y a tra­vés del mis­mo se va con­tem­plan­do cómo la niña sufrió los emba­tes de su madre con su adic­ción al alcohol y su ausen­cia del hogar. En tal sen­ti­do, una impac­tan­te esce­na acae­ce cuan­do la joven Autain (Lilia­ne Sanry-Baud), obser­va a su madre (Eva Yel­ma­ni) soli­ci­tan­do con vio­len­cia a un emplea­do de un hotel que le pro­por­cio­ne un tra­go alcohó­li­co cuan­do el bar ya esta­ba cerrado.

La segun­da mitad del film se con­cen­tra en Roma­ne, don­de aten­di­da por una psi­quia­tra (Josia­ne Sto­lé­ru) mani­fies­ta su pesar fren­te a no haber cono­ci­do a su pro­ge­ni­to­ra. Asi­mis­mo valién­do­se de pape­les y escri­tos de su madre (igual­men­te inter­pre­ta­da por Eva Yel­ma­ni) con la cola­bo­ra­ción de su joven hijo Raoul Reb­bot-Boh­rin­ger actuan­do como supues­to detec­ti­ve, se van cono­cien­do deta­lles de su vida. Es así que se sabe que Mar­gue­ri­te nació en Viet­nam cuyo padre fran­cés la cedió en adop­ción para vivir gran par­te de su juven­tud en un con­ven­to; ya mayor se intere­sa por actuar en cine y al pro­pio tiem­po devie­ne fuer­te­men­te adic­ta a las drogas.

Esa mira­da hacia el pasa­do de dos muje­res que han sido olvi­da­das del afec­to mater­nal, hecho que ha impac­ta­do sus vidas, cons­ti­tu­ye una catar­sis para que ambas pue­dan seguir ade­lan­te sin clau­di­car. Con todo, la for­ma híbri­da que adop­ta Boh­rin­ger para ilus­trar las carac­te­rís­ti­cas que asu­me la memo­ria es un tan­to des­igual al no lograr una com­ple­ta armo­nía entre los dos rela­tos hacien­do que en cier­tos lap­sos su len­ti­tud cons­pi­re emo­cio­nal­men­te. De todos modos, el film tie­ne sufi­cien­tes méri­tos para con­cen­trar su aten­ción con su men­sa­je de recon­ci­lia­ción de las hijas per­do­nan­do a sus madres. Como nota final, cabe des­ta­car la mag­ní­fi­ca carac­te­ri­za­ción de Eva Yel­ma­ni ani­man­do a Mar­gue­ri­te y Laf­fin logran­do nota­ble autenticidad.

Un Remar­ca­ble Deportista

THE SMASHING MACHI­NE. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Benny Saf­die. 123 minutos

Un sóli­do film depor­ti­vo es lo que se apre­cia en The Smashing Machi­ne, don­de por pri­me­ra vez el rea­li­za­dor Benny Saf­die se ubi­ca detrás de la cáma­ra sin su her­mano Josh per­mi­tién­do­le obte­ner el pre­mio al mejor direc­tor en el Fes­ti­val de Vene­cia de este año. El film guio­ni­za­do por el cineas­ta está basa­do en Mark Kerr, un renom­bra­do atle­ta ame­ri­cano y artis­ta de las artes mar­cia­les mix­tas que ha sido uno de los pio­ne­ros de la lucha libre y pro­mi­nen­te repre­sen­tan­te del UFC (Ulti­ma­te Figh­ting Championship).

Dway­ne Johnson

La pelí­cu­la pre­sen­ta a Kerr (Dway­ne John­son), un bri­llan­te lucha­dor en sus años uni­ver­si­ta­rios que en 1997 logra una gran vic­to­ria en el cam­peo­na­to mun­dial Vale Tudo rea­li­za­do en Sao Pau­lo y que has­ta enton­ces siem­pre resul­tó invic­to en los tor­neos rea­li­za­dos; sin embar­go como inte­gran­te del UFC su desem­pe­ño no resul­ta mone­ta­ria­men­te lucra­ti­vo y es así que via­ja con fre­cuen­cia a Japón, don­de los triun­fos logra­dos le otor­gan un sen­ti­do de inven­ci­bi­li­dad. No obs­tan­te, ante un match en el que no resul­ta vic­to­rio­so ale­gan­do que su opo­nen­te recu­rrió a gol­pes no per­mi­ti­dos, comien­za una caí­da pro­fe­sio­nal en don­de recu­rre al uso de opiáceos.

Lo que alien­ta al rela­to es la acer­ta­da mane­ra en que Saf­die des­cri­be a Kerr, un ser para el cual el ring se con­vier­te en una maqui­na tri­tu­ra­do­ra para derro­tar a su opo­nen­te pero que fue­ra del cua­dri­lá­te­ro es una per­so­na afable.

Aun­que los even­tos depor­ti­vos ocu­pan par­te del rela­to, el dra­ma adquie­re gra­vi­ta­ción inti­mis­ta cen­tra­do en la rela­ción que el atle­ta man­tie­ne con su pare­ja Dawn (Emily Blunt). Es así que no obs­tan­te el amor que ella sien­te por su novio y que es recí­pro­co por par­te de él, hay cier­tos aspec­tos bana­les y otros de mayor índo­le que moti­van a que cada uno lle­gue a explo­tar. De algún modo, tal como se pue­de obser­var Dawn es la abne­ga­da com­pa­ñe­ra y sos­tén emo­cio­nal de Kerr pero a la vez su talón de Aqui­les. Al pro­pio tiem­po, el guión resal­ta la amis­tad fra­ter­nal man­te­ni­da con Mark Cole­man (Ryan Bader), su rival lucha­dor y en oca­sio­nes su entrenador.

La actua­ción de John­son es a todas luces magis­tral don­de ade­más de que físi­ca­men­te adquie­re la apa­rien­cia del real Kerr, en gran par­te favo­re­ci­do por el maqui­lla­je pros­té­ti­co a que ha sido obje­to, se invo­lu­cra en cuer­po y alma en la per­so­na­li­dad del lucha­dor y que des­ti­lan­do con­si­de­ra­ble huma­ni­dad per­mi­te la ple­na empa­tía del espec­ta­dor. Elo­gio simi­lar mere­ce Blunt quien con la con­mi­se­ra­ción y arro­gan­cia de su per­so­na­je cons­ti­tu­ye una vital pre­sen­cia para su compañero.

Si algu­na obje­ción mere­ce el film es la ban­da sono­ra que resul­ta abru­ma­do­ra, sal­vo una secuen­cia en don­de Mark se halla con el lucha­dor en artes mar­cia­les mix­tas Bas Rut­ten (per­so­ni­fi­can­do a sí mis­mo) y se escu­cha la ver­sión musi­cal de “My Way” can­ta­da por el inol­vi­da­ble Elvis Presley.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, ade­más del remar­ca­ble nivel de actua­ción de John­son este rea­lis­ta film de impe­ca­ble narra­ción, se valo­ri­za por la remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de Saf­die, con espe­cial énfa­sis en las esce­nas de com­ba­te que refle­jan nota­ble auten­ti­ci­dad. Jor­ge Gutman