Un Escla­re­ce­dor Documental

THEA­TRE OF VIO­LEN­CE. Dina­mar­ca-Ale­ma­nia, 2023. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Lukasz Kono­pa, Emil Lang­ba­lle. 104 minutos

Un éti­co caso legal es lo que se apre­cia en Thea­tre of Vio­len­ce, un escla­re­ce­dor docu­men­tal de Lukasz Kono­pa y Emil Lang­ba­lle rea­li­za­do duran­te un perío­do de 6 años y que fue dado a cono­cer en el Fes­ti­val Hot Docs.

Al prin­ci­pio de la pelí­cu­la se acla­ra que no obs­tan­te haber obte­ni­do Ugan­da su inde­pen­den­cia de Gran Bre­ta­ña en 1962, las riva­li­da­des cul­tu­ra­les y étni­cas de la región pre­va­le­ci­len­tes en el perío­do colo­nial siguie­ron sub­sis­tien­do. Así cuan­do en 1986 Yowe­ri Muse­ve­ni tomó el poder como pre­si­den­te de Ugan­da lan­zó una des­pia­da­da cam­pa­ña con­tra la etnia Acho­li; como res­pues­ta a esa agre­sión, Joseph Kony fun­dó el Lord Resis­tan­ce Army (LRA), una agru­pa­ción gue­rri­lle­ra que ate­rro­ri­zó al nor­te del país secues­tran­do a niños para con­ver­tir­los en sol­da­dos que pre­via­men­te fue­ron some­ti­dos a un inten­so lava­do cerebral.

Domi­nic Ongwen

Uno de esos chi­cos ha sido Domi­nic Ong­wen que cuan­do a los 9 años fue rap­ta­do gra­dual­men­te se desem­pe­ñó como un muy efi­cien­te sol­da­do con­vir­tién­do­se a tra­vés de los años en uno de los coman­dan­tes con más poder del LRA; así no tuvo repa­ros en secues­trar, vio­lar y escla­vi­zar sexual­men­te a niñas, for­zar casa­mien­tos así como tam­bién impul­sar emba­ra­zos; es así que de víc­ti­ma infan­til Ong­wen se trans­for­ma en un des­al­ma­do y sinies­tro verdugo.

Al haber sido arres­ta­do en diciem­bre de 2015 la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal de La Haya lo acu­só por 61 car­gos de crí­me­nes de gue­rra así como de crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad al haber vic­ti­mi­za­do a la pobla­ción civil.

En la audien­cia judi­cial tie­ne rele­van­te inter­ven­ción el bri­llan­te abo­ga­do defen­sor Kris­pus Aye­na cuyo argu­men­to prin­ci­pal está basa­do en el trau­má­ti­co pro­ce­so vivi­do por su defen­di­do sien­do niño; asi­mis­mo plan­tea cier­tos tópi­cos vin­cu­la­dos con el colo­nia­lis­mo sufri­do por Ugan­da y la cues­tio­na­ble for­ma en que la ley inter­na­cio­nal es apli­ca­da. De algu­na mane­ra, la pre­gun­ta a res­pon­der es si exis­te la posi­bi­li­dad de lograr jus­ti­cia cuan­do el vic­ti­ma­rio ha sido una víc­ti­ma de lo ocu­rri­do en el país africano.

Aun­que los rea­li­za­do­res minu­cio­sa­men­te se limi­tan a expo­ner la situa­ción sin abrir jui­cio sobre Ong­wen, a la vis­ta del espec­ta­dor que­da bien cla­ro que con el correr de los años este per­pe­tra­dor ha teni­do la sufi­cien­te con­cien­cia de la res­pon­sa­bi­li­dad que le cupo por las atro­ci­da­des rea­li­za­das a per­so­nas ino­cen­tes sin que el efec­to trau­má­ti­co de su infan­cia pue­da jus­ti­fi­car­lo. Es así que des­pués del jui­cio some­ti­do, en 2021 el incul­pa­do es con­de­na­do a 25 años de pri­sión en tan­to que en diciem­bre de 2022 la Cor­te de Ape­la­ción man­tie­ne la apli­ca­ción de la sentencia.

Es mate­ria deba­ti­ble lo que el docu­men­tal plan­tea en el sen­ti­do de que la Cor­te Penal de Jus­ti­cia no impu­ta de mane­ra simi­lar a inte­gran­tes del gobierno de Muse­ve­ni quie­nes son igual­men­te res­pon­sa­bles de los crí­me­nes come­ti­dos a la gen­te de Uganda.

Con­tra­po­nien­do los car­gos de ino­cen­te vs. cul­pa­ble así como el con­cep­to de jus­ti­cia opues­to al de injus­ti­cia, este docu­men­tal muy bien rea­li­za­do y edi­ta­do per­mi­te la con­cen­tra­ción per­ma­nen­te del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

Una Seduc­to­ra Historia

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

LE RÊVEUR DANS SON BAIN. Crea­ción y Direc­ción; Hugo Bélan­ger – Ase­so­ría Dra­má­tica: Pie­rre Yves Lemieux — Elen­co: Carl Béchard, Éloi Cousi­neau, Nor­mand D’Amour, Renaud Lace­lle-Bour­don, Carl Poli­quin, Sébas­tien René, Marie-Éve Tru­del y Cynthia Wu-Maheux – Esce­no­gra­fía: Jonas Veroff Bou­chard — Ves­tua­rio: Marie Chan­ta­le Vai­llan­court – Músi­ca Ori­gi­nal y Ambien­ta­ción Sono­ra: Ludo­vic Bon­nier — Ilu­mi­na­ción: Luc Pra­rie – Video: Tho­mas Payet­te / Mira­ri Stu­dio – Acce­so­rios: Alain Jen­kins — Maqui­lla­je: Mary­se Gos­se­llin — Músi­ca Ori­gi­nal y Ambien­ta­ción Sono­ra: Ludo­vic Bon­nier - Asis­ten­cia a la Pues­ta Escé­ni­ca y Direc­ción: Stépha­nie Ray­mond. Dura­ción: 1 hora y 45 minu­tos (sin entre­ac­to). Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 27 de mayo de 2023 en el Théâ­tre du Nou­veau Mon­de (www.tnm.qc.ca)

Soñar cons­ti­tu­ye un ele­men­to esen­cial del ser humano y aun­que esos sue­ños pue­dan no rea­li­zar­se, lo impor­tan­te es man­te­ner­los para seguir ade­lan­te por­que de lo con­tra­rio la vida no tie­ne mayor ali­cien­te. Eso es lo que ha ins­pi­ra­do a Hugo Bélan­ger a crear una fan­ta­sio­sa his­to­ria des­bor­dan­te de ima­gi­na­ción, en don­de des­pués de haber brin­da­do en 2015 la exce­le­ne pro­duc­ción Le tour du mon­de en 80 jours en el TNM con Le rêveur dans son bain vuel­ve a con­fir­mar su con­di­ción de remar­ca­ble dra­ma­tur­go y direc­tor escénico.

Cynthia Wu-Maheux. (Foto: Yves Renaud)

El soña­dor de esta his­to­ria (Nor­mand d’Amour) es un dibu­jan­te ermi­ta­ño que se encuen­tra des­de hace 20 años enclaus­tra­do en la bañe­ra de su hogar y no está dis­pues­to a dejar­la, a pesar de la insis­ten­cia de su hijo (Rénaud Lace­lle-Bour­don) de que sal­ga de ese recin­to. Al lugar pene­tra Octa­ve (Sébas­tien René), un mis­te­rio­so joven que obser­va a este hom­bre en la posi­ción en que se encuen­tra así como la can­ti­dad de raros acce­so­rios dise­mi­na­dos en esa suer­te de gabi­ne­te de curio­si­da­des. La gran frus­tra­ción del ana­co­re­ta se debe a su blo­queo como artis­ta y es así que aguar­da la apa­ri­ción de Ondi­ne (Cynthia Wu-Maheux), la mito­ló­gi­ca cria­tu­ra acuá­ti­ca, para que a tra­vés de su chis­pa le incen­ti­ve su pro­ce­so creativo.

Nor­mand D’A­mour y Renaud Lace­lle-Bour­don. (Foto: Yves Renaud)

De allí en más, el rela­to cobra vue­lo a tra­vés de un via­je oní­ri­co en el que Octa­ve, el alter ego del soña­dor, entra en con­tac­to con emble­má­ti­cos pre­cur­so­res del arte quie­nes a fines del siglo 19 y comien­zos del 20 domi­na­ron el espec­tro cul­tu­ral. Es así que se sale al cru­ce de Win­sor McDay (Carl Béchard), el his­to­rie­tis­ta ame­ri­cano del comic y pio­ne­ro del cine de ani­ma­ción. Otro per­so­na­je es el fran­cés Geor­ges Méliès (Éloi Cousi­neau), gran crea­dor del cine de espec­tácu­lo y fan­ta­sía de quien se apre­cia un extrac­to de su film Via­je a la Luna (1902). No menos impor­tan­te es la figu­ra de Robert-Hou­din (Carl Poli­quin), el pri­mer mago con­tem­po­rá­neo en la his­to­ria de la magia. En el uni­ver­so alu­ci­nan­te del soña­dor igual­men­te par­ti­ci­pan emi­nen­tes artis­tas feme­ni­nas que lamen­ta­ble­men­te han sido olvi­da­das como es el caso de la ale­ma­na Han­nah Hoch que tra­ba­jó la téc­ni­ca del foto­mon­ta­je con inten­cio­nes plás­ti­cas y la escul­to­ra, pin­to­ra y poe­ta ale­ma­na Elsa Von Frey­tag (Marie-Ève Trudel).

Nor­mand D’A­mour. (Foto: Yves Renaud)

Si bien par­te del espec­tácu­lo trans­cu­rre en ese mun­do fan­ta­sio­so es en su tra­mo final que la obra adquie­re impor­tan­te relie­ve dra­má­ti­co. Eso se pro­du­ce cuan­do retor­nan­do a la reali­dad cir­cun­dan­te el hijo recri­mi­na a su padre su ego­cen­tris­mo y el haber sido el cau­san­te de haber malo­gra­do la carre­ra de su madre fotó­gra­fa; no obs­tan­te ambos lle­ga­rán a recon­ci­liar­se en una con­mo­ve­do­ra esce­na final.

Bélan­ger ha reu­ni­do un elen­co exce­len­te. Entre otros, D’Amour demues­tra su soli­dez acto­ral ani­man­do al per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co así como Lace­lle-Bour­don trans­mi­te sen­si­bi­li­dad como su pri­mo­gé­ni­to. A la fine­za que Wu-Maheux brin­da como la míti­ca Ondi­na, se une la remar­ca­ble com­po­si­ción de Sébas­tien René, en tan­to que Béchard, Cousi­neau, Poli­quin y Tru­del com­ple­tan con nota­ble sol­tu­ra a los per­so­na­jes his­tó­ri­cos del relato.

Enco­mia­ble ha sido la labor de Bélan­ger con­ci­bien­do un dra­ma en que la reali­dad armó­ni­ca­men­te se fun­de con la fan­ta­sía de mane­ra asom­bro­sa para expli­car las difi­cul­ta­des que sue­le atra­ve­sar un artis­ta como crea­dor. Ade­más de haber logra­do una mara­vi­llo­sa pues­ta escé­ni­ca, como direc­tor ha cui­da­do­sa­men­te super­vi­sa­do los diver­sos aspec­tos de la pro­duc­ción inclu­yen­do el fan­tás­ti­co deco­ra­do de Jonas Veroff Bou­chard, el colo­ri­do y varia­do ves­tua­rio de Marie Chan­ta­le Vai­llan­court, los logra­dos efec­tos de ilu­mi­na­ción de Luc Pra­rie y sobre todo el impe­ca­ble des­pla­za­mien­to de los acto­res y actri­ces en el escenario.

Dicho lo que ante­ce­de, el TNM cie­rra su tem­po­ra­da con un bro­che de oro a tra­vés de una inno­va­do­ra y seduc­to­ra obra nutri­da de magia que cala hon­da­men­te en el áni­mo del espectador.

La Xeno­fo­bia al Desnudo

R.M.N. Ruma­nia-Fran­cia-Bél­gi­ca, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Cris­tian Mun­giu. 127 minutos.

Con­si­de­ra­do como uno de los más impor­tan­tes direc­to­res euro­peos, Cris­tian Mun­giu que en 2007 obtu­vo en Can­nes la Pal­ma de Oro por 4 meses, 3 sema­nas y 2 días, así como en 2016 el pre­mio al mejor direc­tor por Baca­lau­reat, retor­na con R.M.N., un dra­ma impac­tan­te sobre algu­nos de los serios pro­ble­mas que afec­tan a Europa.

Una esce­na de R.M.N.

La acción comien­za en Ale­ma­nia don­de Matthias (Marin Gigo­re), un rudo indi­vi­duo rumano que tra­ba­ja en un mata­de­ro y que des­pués de haber gol­pea­do a uno de los jefes de la fábri­ca retor­na a su nati­vo pue­blo de Tran­sil­va­nia, una de las regio­nes de Ruma­nia don­de habi­ta un con­glo­me­ra­do de gen­te de dife­ren­te ori­gen étni­co. Pron­ta­men­te se apre­cia que la rela­ción man­te­ni­da con su espo­sa Ana (Macri­na Bar­la­dea­nu) es prác­ti­ca­men­te inexis­ten­te dado el nulo entu­sias­mo que ella demues­tra por su regre­so; asi­mis­mo se impo­ne del mutis­mo de su hijo Rudi (Mark Blen­ye­si) de 8 años quien ha deja­do de hablar por el sus­to que le pro­du­jo al con­tem­plar algo extra­ño atra­ve­san­do el bos­que ale­da­ño en camino hacia su escuela.

A tra­vés de diver­sos hilos narra­ti­vos que pro­po­ne el guión del rea­li­za­dor, Matthias se reen­cuen­tra con Csi­lla (Judith Sta­te), un amor de anta­ño, quien se desem­pe­ña en una empre­sa pani­fi­ca­do­ra que en esos momen­tos requie­re mano de obra adi­cio­nal. Como los luga­re­ños de la zona no acep­tan tra­ba­jar con un sala­rio míni­mo, Csi­lla con­tra­ta a tres inmi­gran­tes de Sri Lanka.

A par­tir de allí, el film se cen­tra en la reac­ción de la pobla­ción local, que a su vez está inte­gra­da por hún­ga­ros, ale­ma­nes y ruma­nos, que se opo­nen a que estos tra­ba­ja­do­res extran­je­ros ocu­pen sus fuen­tes de tra­ba­jo. Ese hecho moti­va a que se reali­ce una asam­blea popu­lar en don­de los aldea­nos expre­sa­rán sus inquie­tu­des y la nece­si­dad de expul­sar­los. En lo que pue­de con­si­de­rar­se como la secuen­cia más ten­sa del rela­to fil­ma­da magis­tral­men­te median­te un lar­go plano secuen­cia de 17 minu­tos, Min­giu regis­tra esa reu­nión que desem­bo­ca en una situa­ción caó­ti­ca. Es allí que que­da exte­rio­ri­za­do el sen­ti­mien­to racis­ta y los pre­jui­cios de sus pobla­do­res don­de los prin­ci­pios demo­crá­ti­cos que­dan des­na­tu­ra­li­za­dos. En ese cli­ma de com­ple­ta irra­cio­na­li­dad, Csi­lla es pre­sen­ta­da como el per­so­na­je más sen­sa­to y com­pren­si­ble con los inmi­gran­tes; ade­más de poseer una cul­tu­ra supe­rior al del res­to de la pobla­ción ella des­ti­na par­te de su tiem­po dis­po­ni­ble tocan­do el violonchelo.

Basa­do en un acon­te­ci­mien­to ocu­rri­do hace pocos años en una región de Tran­sil­va­nia, Min­giu cons­tru­ye esta his­to­ria fic­cio­nal don­de radio­gra­fía impe­ca­ble­men­te la des­hu­ma­ni­za­ción de un pue­blo nutri­do de odio y des­pre­cio hacia el extran­je­ro. Es así que el rea­li­za­dor deci­dió titu­lar a este rela­to R.M.N. que es la sigla de la Reso­nan­cia Mag­né­ti­ca Nuclear a la que se some­te el enfer­mo padre de Matthias (Andrei Fini) pade­cien­do de un tumor cere­bral; es sin duda una cla­ra metá­fo­ra del cán­cer que afec­ta a una socie­dad nutri­da de incom­pren­sión y de viral xenofobia.

Aun­que en su últi­ma par­te el tema cen­tral se tor­na un tan­to repe­ti­ti­vo, eso no va en des­me­dro de los valo­res de este film en don­de el rea­li­za­dor con­fir­ma su talen­to abor­dan­do un cine de com­pro­mi­so social y polí­ti­co. Jor­ge Gutman

Recuer­do de un Gran Amor

ARRÊ­TE AVEC TES MEN­SON­GES. Fran­cia, 2022. Un film de Oli­vier Peyon. 98 minutos

Basa­do en Arrê­te avec tes men­son­ges, la nove­la auto­bio­grá­fi­ca de Phi­lip­pe Bes­son publi­ca­da en 2017, el rea­li­za­dor Oli­vier Peyon brin­da un cau­ti­van­te rela­to abor­dan­do el gran amor de ado­les­cen­cia del autor.

Así como a veces un buen tex­to lite­ra­rio resul­ta difí­cil de ser adap­ta­do al cine, en este caso el incon­ve­nien­te es sub­sa­na­do ya que el guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Vin­cent Poy­mi­ro, Arthur Cahn y Céci­lia Rouad cap­ta mag­ní­fi­ca­men­te lo que Bes­son refle­ja en su libro.

Vic­tor Bel­mon­do y Gui­llau­me de Tonquédec

La acción se cen­tra en el escri­tor Stépha­ne Bel­court (Gui­llau­me de Ton­qué­dec) quien des­de París des­pués de 35 años de ausen­cia retor­na a su ciu­dad natal de Angou­le­me invi­ta­do por la des­ti­le­ría de un cele­bra­do coñac en don­de esta­rá pre­sen­te una impor­tan­te dele­ga­ción ame­ri­ca­na cele­bran­do el bicen­te­na­rio de su con­cep­ción; es allí que duran­te un fin de sema­na él pro­nun­cia­rá un dis­cur­so para tal oca­sión y a su vez fir­ma­rá autó­gra­fos para los lec­to­res de su recien­te novela.

Si bien este nove­lis­ta ha podi­do tener la satis­fac­ción de rea­li­zar­se en el géne­ro lite­ra­rio, a nivel per­so­nal no ha podi­do olvi­dar la gran pasión de su vida refle­ja­da a los 17 años al ena­mo­rar­se de Tho­mas (Julien de Saint Jean) de simi­lar edad cuan­do eran com­pa­ñe­ros de curso.

En 1984 el tími­do e inte­lec­tual gay Stépha­ne (Jérémy Gillet) y su aman­te bise­xual viven su inti­mi­dad con reno­va­do pla­cer pero en for­ma abso­lu­ta­men­te secre­ta dado que Tho­mas de modo alguno quie­re que el affai­re se divul­gue; eso es debi­do a que en esa épo­ca la homo­se­xua­li­dad es nega­ti­va­men­te per­ci­bi­da; sin embar­go la dicha es de cor­to alcan­ce cuan­do Tho­mas deja la ciu­dad y nun­ca más lle­ga­rán a reencontrarse.

La narra­ción que trans­cu­rre entre el pre­sen­te y los recuer­dos de Stépha­ne que remi­ten al pasa­do está muy bien cohe­sio­na­da y es así como el rea­li­za­dor trans­mi­te muy bien los sen­ti­mien­tos de un hom­bre que de algún modo que­dó mar­ca­do por esa inol­vi­da­ble rela­ción sen­ti­men­tal que le ha impe­di­do dis­fru­tar ple­na­men­te su vida.

El nudo cen­tral de esta his­to­ria se pro­du­ce cuan­do Stépha­ne cono­ce a Lucas (Vic­tor Bel­mon­do), una de las per­so­nas que inte­gra la dele­ga­ción visi­tan­te, ahí se ente­ra que se tra­ta del hijo de Tho­mas, hecho que jamás se había ente­ra­do de su exis­ten­cia. De este modo Stépha­ne vuel­ve a tener pre­sen­te la ima­gen de Tho­mas y gran­de es su pena cuan­do Lucas le comu­ni­ca que su padre se sui­ci­dó. No obs­tan­te que la comu­ni­ca­ción entre Tho­mas y su hijo dis­tó de ser flui­da, Lucas nun­ca supo cuál fue el víncu­lo de su padre con el escri­tor; por otra par­te, Stépha­ne no podrá reve­lar­le la natu­ra­le­za román­ti­ca de esa relación.

Ade­más del impe­ca­ble guión, Arrê­te avec tes men­son­ges tras­cien­de por la mag­ní­fi­ca com­po­si­ción logra­da por Ton­qué­dec como el atri­bu­la­do indi­vi­duo tra­tan­do de ali­viar su ansie­dad y de saber qué fue de su aman­te a lo lar­go del tiem­po; igual­men­te resul­tan inob­je­ta­bles la auten­ti­ci­dad brin­da­da por Gillet y Saint Jean como los jóve­nes aman­tes. Por su par­te es tam­bién elo­gia­ble la par­ti­ci­pa­ción de Bel­mon­do ani­man­do al hijo que tra­ta de inda­gar en el pasa­do de su padre; final­men­te, dis­tin­ción espe­cial mere­ce Gui­lai­ne Lon­dez quien agre­ga algu­nas de las notas son­rien­tes que nutren al rela­to ani­man­do a la vivaz y ado­ra­ble mujer encar­ga­da de orga­ni­zar la estan­cia de Stépha­ne en el hotel y su con­fe­ren­cia de prensa.

Con un des­en­la­ce genui­na­men­te con­mo­ve­dor Peyon ha logra­do un dra­ma rea­lis­ta de indis­cu­ti­ble cali­dad y deci­di­da­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman

Un Remar­ca­ble Proyecto

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

LE PRO­JET RIO­PE­LLE. Tex­to, Con­cep­ción y Direc­ción Escé­ni­ca: Robert Lepa­ge. Co-Autor, Con­cep­ción y Direc­ción de Crea­ción: Ste­ve Blan­chet. Diá­lo­gos: Oli­vier Kemeid. Elen­co: Anne-Marie Cadieux, Vio­let­te Cha­veau, Richard Fré­chet­te, Gabriel Lemi­re, Étien­ne Lou, Noé­mie O’Farrell, Luc Picard, Audrée Southiè­re y Phi­lip­pe Thi­bault-Denis. Músi­ca Ori­gi­nal y Con­cep­ción Sono­ra: Lau­rier Rajot­te. Esce­no­gra­fía: Robert Lepa­ge. Cocon­cep­ción de la Esce­no­gra­fía: Aria­ne Sau­vé. Imá­ge­nes: Félix Fra­det-Faguy. Ves­tua­rio: Vir­gi­nie Leclerc.  Ilu­mi­na­ción: Lucie Baz­zo. Acce­so­rios: Eve­li­ne Tan­guay. Asis­ten­cia de la Direc­ción Escé­ni­ca: Félix Dage­nais.  Dura­ción: 4 horas y 25 minu­tos inclu­yen­do dos entre­ac­tos de 20 minu­tos cada uno. Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 11 de junio de 2023 en el Théâ­tre Ducep­pe (www.duceppe.com)

Luc Picard (Foto: Danny Taillon)

A todas luces el públi­co asis­te a un espec­tácu­lo asom­bro­so por su con­cep­ción en don­de el dra­ma­tur­go, direc­tor y actor Robert Lepa­ge rea­li­za una labor colo­sal brin­dan­do un bello tri­bu­to al inmor­tal pin­tor cana­dien­se Jean-Paul Rio­pe­lle (1923 – 2002), con­me­mo­ran­do asi­mis­mo el cen­te­na­rio de su nacimiento.

Sin duda la tarea empren­di­da que insu­mió al autor tres años de inten­sa inves­ti­ga­ción sobre Rio­pe­lle es muy ambi­cio­sa. Pasan­do revis­ta a los momen­tos más tras­cen­den­tes en la vida del pin­tor, Lepa­ge adop­ta un enfo­que bio­grá­fi­ca­men­te cro­no­ló­gi­co. Es así que se asis­te a los pri­me­ros pasos del artis­ta en la déca­da del 40 comen­zan­do a los 17 años sus estu­dios de arte en la Éco­le du Meu­ble de Mon­treal bajo la guía del maes­tro Paul Émi­le Bor­duas para pron­to dis­tin­guir­se e inte­grar el movi­mien­to Les Auto­ma­tis­tes. A su vez tie­ne acti­va par­ti­ci­pa­ción en la redac­ción del céle­bre mani­fies­to Refus glo­bal con­ce­bi­do por Bor­duas en 1948, cuyo con­te­ni­do abo­ga por la liber­tad de expre­sión e inde­pen­den­cia artís­ti­ca a la vez que cons­ti­tu­ye una seve­ra crí­ti­ca al con­ser­va­tis­mo impues­to por la Igle­sia en Quebec.

Luc Picard y Gabriel Lemi­re. (Foto: Danny Taillon)

En 1949 Rio­pe­lle deja Mon­treal para tras­la­dar­se a París, en don­de fre­cuen­ta los gran­des cul­to­res artís­ti­cos inclu­yen­do entre otros a André Bre­ton, Samuel Bec­kett, Jack­son Pollock, Joan Miró, Mau­ri­ce Richard, Mar­ce­lle Ferron y Muriel Guil­bault. Gra­dual­men­te Rio­pe­lle va dejan­do de lado su esti­lo surrea­lis­ta para adop­tar un expre­sio­nis­mo abs­trac­to que es muy apre­cia­do por los asis­ten­tes a las gale­rías de la ciu­dad luz. Es allí don­de en una expo­si­ción cono­ce a Joan Mit­chell, la pin­to­ra expre­sio­nis­ta de Esta­dos Uni­dos, con la que man­tie­ne una tumul­tuo­sa rela­ción amo­ro­sa duran­te 24 años has­ta que se pro­du­ce su rup­tu­ra. En todo caso la artis­ta ejer­ció enor­me influen­cia en su vida y es nota­ble la sen­sa­ción de des­aso­sie­go que Rio­pe­lle expe­ri­men­ta cuan­do ya de retorno a Que­bec se impo­ne de su muer­te acae­ci­da en octu­bre de 1992; refu­gia­do en su taller de L’Ĩle-aux-Oies, su tris­te­za lo ins­pi­ra a rea­li­zar su monu­men­tal tra­ba­jo L’hom­ma­ge à Rose Luxem­burg que cons­ta de 30 paneles.

Anne-Marie Cadieux. (Foto: Danny Taillon)

Des­de un pun­to de vis­ta argu­men­tal el rela­to se vuel­ve en algu­nos aspec­tos repe­ti­ti­vos sin esbo­zar sufi­cien­te­men­te la vida per­so­nal del pin­tor en don­de resul­ta difí­cil de escru­di­ñar su psi­quis; no obs­tan­te su mun­do inte­rior pue­de en par­te refle­jar­se en sus pin­tu­ras como así tam­bién en las decla­ra­cio­nes efec­tua­das al ser entre­vis­ta­do en 1968 en una emi­sión radial de Radio Cana­da. Asi­mis­mo un aspec­to que dis­trae un poco la aten­ción del espec­ta­dor es el cam­bio con­ti­nuo de deco­ra­dos a tra­vés de varias bre­ves viñe­tas que se van suce­dien­do a lo lar­go de la pie­za que no siem­pre man­tie­nen com­ple­ta cohesión.

Hay dos fac­to­res fun­da­men­ta­les que vigo­ri­zan fuer­te­men­te a este espec­ta­cu­lar recuen­to bio­grá­fi­co. Uno de ellos es el aspec­to visual como pocas veces se ha vis­to en la esce­na tea­tral. Es así que se con­tem­pla entre otras esce­nas, un via­je en auto de Rio­pe­lle y Mit­chell reco­rrien­do la bella ciu­dad pari­si­na, así como una pla­cen­te­ra tra­ve­sía en bote a lo lar­go del Sena: no menos impo­nen­te es la esce­na aérea sobre­vo­lan­do el gla­cial nor­te de Que­bec, igual­men­te resal­ta la esce­na de pati­na­je sobre un lago hela­do y la que se obser­va a per­so­na­jes cami­nan­do en la pla­ya al bor­de del mar. Todo ello crea una sen­sa­ción de com­ple­to rea­lis­mo median­te la excep­cio­nal esce­no­gra­fía de Lepa­ge que mere­ce un for­tí­si­mo aplauso.

El otro ele­men­to posi­ti­vo es la logra­da direc­ción de acto­res, tenien­do en con­si­de­ra­ción que en la obra hay un cen­te­nar de per­so­na­jes don­de los 9 intér­pre­tes que inte­gran el repar­to com­po­nen a varios de los mis­mos. Asi Luc Picard ani­ma con mesu­ra al maes­tro Bor­duas y tam­bién a Rio­pe­lle en su edad madu­ra; Gabriel Lemi­re se des­ta­ca como el joven Rio­pe­lle en tan­to Noé­mi O’Farrell se impo­ne como la joven Joan Mit­chell. Por su par­te la vete­ra­na Anne-Marie Cadieux bri­lla como la impe­tuo­sa Mit­chell a pun­to de esta­llar en la eta­pa pos­te­rior de su vida. Dis­tin­ción espe­cial mere­ce Étien­ne Lou en el con­mo­ve­dor monó­lo­go que ofre­ce carac­te­ri­zan­do al pin­tor que­be­quen­se Clau­de Gau­vreau, cuya ines­ta­ble salud men­tal lo con­du­ce al sui­ci­dio. Com­ple­tan­do el repar­to, en bre­ves apa­ri­cio­nes salen airo­sos Vio­let­te Chau­veau, Richard Fré­chet­te, Audrée Southiè­re y Phi­lip­pe Thibault-Denis.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do y a pesar de que dra­má­ti­ca­men­te la obra no alcan­za el mis­mo impac­to que su nivel visual, el resul­ta­do cons­ti­tu­ye un nue­vo triun­fo que se aña­de a la exce­len­te carre­ra del gran direc­tor de la esce­na cana­dien­se Robert Lepage.