La Rei­na del Soul

RES­PECT. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Lie­si Tommy. 143 minutos

Jen­ni­fer Hud­son, quien obtu­vo un Oscar como mejor actriz de repar­to en Dream­girls (2006), des­te­lla en Res­pect refle­jan­do en su con­di­ción de intér­pre­te y can­tan­te a la indis­cu­ti­ble Rei­na del Soul Aretha Fran­klin (1942 – 2018). Sin imi­tar­la y valién­do­se de su pro­pio esti­lo Hud­son rin­de un hono­ra­ble y mere­ci­do tri­bu­to a la recor­da­da y admi­ra­da can­tan­te afro­ame­ri­ca­na al trans­mi­tir mara­vi­llo­sa­men­te su legado.

Jen­ni­fer Hudson

La rea­li­za­do­ra Lie­si Tommy en su pri­mer lar­go­me­tra­je se vale del guión per­ge­ña­do por Tra­cey Scott Wil­son para ofre­cer un tra­di­cio­nal rela­to bio­grá­fi­co, enfo­can­do poco más de dos déca­das de la vida de Aretha. A par­tir de su niñez trans­cu­rri­da en Detroit, a los 9 años de edad (expre­si­va com­po­si­ción de Skye Dako­ta Tur­ner) demues­tra sus apti­tu­des para el can­to de la músi­ca gós­pel en la igle­sia bau­tis­ta New Bethel don­de su padre C.L. Fran­klin (mag­ní­fi­ca carac­te­ri­za­ción de Forest Whi­ta­ker) es el pas­tor. Habien­do su madre Bar­ba­ra (Audra McDo­nald) deja­do el hogar por infi­de­li­dad de su espo­so, la niña es cria­da por su pro­ge­ni­tor quien si bien la quie­re, al pro­pio tiem­po de pre­di­car la biblia es inca­paz de pro­te­ger­la ade­cua­da­men­te al pun­to tal que a los 12 años lle­ga a ser vio­la­da en su pro­pio hogar por un ami­go de la fami­lia deján­do­la embarazada.

En los años 60 la adul­ta Aretha (Hud­son) es una sen­sa­ción cau­ti­van­do a los feli­gre­ses de la igle­sia con sus can­cio­nes al pro­pio tiem­po que des­pier­ta el inte­rés de los eje­cu­ti­vos de las empre­sas gra­ba­do­ras de Nue­va York comen­zan­do con Colum­bia Records y pos­te­rior­men­te con Atlan­tic Records. A todo ello su pri­mer mari­do Ted Whi­te (Mar­lon Wayans) es quien se con­vier­te en su mana­ger ocu­pán­do­se de los con­tra­tos con­cer­nien­tes a regis­tros dis­co­grá­fi­cos y actua­cio­nes en públi­co, nego­cian­do con el impor­tan­te pro­duc­tor musi­cal Jerry Wex­ler (Marc Maron) quien logra que ella se con­vier­ta en una res­plan­de­cien­te y autén­ti­ca estre­lla inter­na­cio­nal del soul con actua­cio­nes en el Madi­son Squa­re y el Olym­pia de París, entre otros impor­tan­tes esce­na­rios del mun­do. Si bien duran­te par­te de su exis­ten­cia tuvo que sopor­tar el auto­ri­ta­ris­mo de su padre, en su rela­ción con­yu­gal con Ted sufrió las duras aspe­re­zas de tener a su lado a un mari­do domi­nan­te, teme­ra­rio y violento.

El film des­ti­na una bre­ve par­te del metra­je expo­nien­do a Aretha como ardien­te acti­vis­ta de los dere­chos cívi­cos de los afro­ame­ri­ca­nos en pro­cu­ra de jus­ti­cia social fren­te a la dis­cri­mi­na­ción racial exis­ten­te; en tal carác­ter como gran admi­ra­do­ra y ami­ga del vene­ra­ble Mar­tin Luther King Jr. (Gil­bert Glenn Brown), uno de los momen­tos más emo­ti­vos del rela­to se pro­du­ce en el home­na­je que ella le rin­de can­tan­do en su fune­ral des­pués de su cruen­to asesinato.

En lo que hace a la tra­ma pro­pia­men­te dicha, no obs­tan­te su lar­ga dura­ción, el guión resul­ta un tan­to esque­má­ti­co al no con­si­de­rar con mayor pro­fun­di­dad los demo­nios inte­rio­res que pla­ga­ron la exis­ten­cia de la artis­ta así como los moti­vos que la vuel­can a no cum­plir con algu­nas fechas fija­das para sus con­cier­tos y su adic­ción a la bebi­da. Sin embar­go la rique­za del film se encuen­tra en la músi­ca y en la mara­vi­llo­sa pres­ta­ción de Hud­son ento­nan­do algu­nas de las céle­bres can­cio­nes de Fran­klin, en algu­nos casos acom­pa­ña­da de sus her­ma­nas (Say­con Seng­bloh y Hai­ley Kil­go­re); entre los núme­ros musi­ca­les se encuen­tran Chain of Fools, Think (You Make Me Feel Like) a Natu­ral Woman, I Never Loved a Man (The Way I Love You) y obvia­men­te Res­pect cuya gra­ba­ción en 1967 cons­ti­tu­yó la con­sa­gra­ción de Aretha.

Con bue­nos valo­res de pro­duc­ción recrean­do la épo­ca en que trans­cu­rre esta his­to­ria, que­da como resul­ta­do un film que mere­ce la pena ser vis­to aun­que más no fue­ra por apre­ciar a Hud­son, sin duda mere­ce­do­ra de un Oscar, quien se sumer­ge por com­ple­to en la piel de la encum­bra­da voca­lis­ta. Jor­ge Gutman

Edul­co­ran­te Come­dia Dramática

ENVO­LE-MOI /FLY ME AWAY. Fran­cia-Ita­lia, 2021. Un film de Chris­tophe Barra­tier. 90 minutos

Basa­da en una nove­la ale­ma­na publi­ca­da en 2013 de Lars Amend y Daniel Meyer, el direc­tor Chris­tophe Barra­tier ofre­ce en Envo­le-Moi una come­dia dra­má­ti­ca bien inten­cio­na­da aun­que débil­men­te lograda.

Resul­ta difí­cil no aso­ciar este film con el emo­ti­vo Intou­cha­bles (2011)l de Oli­vier Naka­che y Eric Tole­dano, don­de un joven ser­vi­dor negro actúa como fiel cui­da­dor de un madu­ro indi­vi­duo para­plé­ji­co blan­co; en este caso la dife­ren­cia estri­ba en que el blan­co es un mucha­cho inma­du­ro que tie­ne como misión ocu­par­se de un niño negro enfermo.

Vic­tor Bel­mon­do y Yoann Eloundou

El guión del rea­li­za­dor escri­to con Matthieu Dela­por­te y otros dos cola­bo­ra­do­res intro­du­ce a Tho­mas (Vic­tor Bel­mon­do) de 26 años quien es huér­fano de madre y vive com­ple­ta­men­te des­preo­cu­pa­do con el apo­yo finan­cie­ro de su padre Reinhard (Gérard Lan­vin) quien es un pres­ti­gio­so ciru­jano. Cuan­do Tho­mas pro­du­ce un acci­den­te con su coche cau­sa­do por su irres­pon­sa­ble mane­jo, su pro­ge­ni­tor deci­de cor­tar­le los víve­res, a menos que acep­te ayu­dar a Mar­cus (Yoann Eloun­dou), un niño de 12 años que es uno de sus pacien­tes sufrien­do des­de su naci­mien­to una mal­for­ma­ción car­día­ca que le gene­ra com­pli­ca­cio­nes adicionales.

Vien­do que no tie­ne alter­na­ti­va posi­ble, Tho­mas sin expe­rien­cia algu­na en la mate­ria toma a su car­go la tarea de aten­der a Mar­cus tenien­do en cuen­ta las indi­ca­cio­nes que su madre (Marie-Soh­na Con­dé) le pro­vee; entre las mis­mas se halla la de pres­tar aten­ción a las pas­ti­llas que el chi­co debe inge­rir dia­ria­men­te, evi­tar­le fuer­tes emo­cio­nes, pres­cin­dir de acti­vi­da­des depor­ti­vas y muy espe­cial­men­te sumi­nis­trar­le el oxí­geno nece­sa­rio que Mar­cus por­ta con­si­go por si lle­ga a expe­ri­men­tar difi­cul­ta­des res­pi­ra­to­rias. Como es pre­vi­si­ble, la rela­ción ini­cial de des­con­fian­za y aprehen­sión mutua, con el correr de los días se va tra­du­cien­do en un lazo de fra­ter­nal amis­tad, a pesar de la dife­ren­cia de edad; así cada uno apren­de­rá algo del otro como es el caso de Tho­mas encon­tran­do en su tarea con el niño la madu­rez nece­sa­ria de apor­tar uti­li­dad a su vida, en tan­to que Mar­cus halla en su cui­da­dor a la per­so­na que le hace son­reír y per­mi­tir que a pesar de su enfer­me­dad tra­ta­ble pero no cura­ble expe­ri­men­te la ale­gría de vivir.

El pro­ble­ma de este livia­nol film no resi­de en que la his­to­ria resul­te dema­sia­do fami­liar, dado que la nove­la se ins­pi­ra en un caso real, sino en su tra­ta­mien­to poco sutil y exce­si­va­men­te edul­co­ran­te que tra­tan­do de crear la emo­ción de mane­ra no genui­na, a la pos­tre afec­ta su cre­di­bi­li­dad. A su favor cabe des­ta­car las muy bue­nas actua­cio­nes de Bel­mon­do y de Eloun­dou en su pri­me­ra incur­sión cine­ma­to­grá­fi­ca, así como la de Con­dé en un papel de apo­yo; de todos modos ese fac­tor posi­ti­vo no alcan­za a com­pen­sar la fal­ta de con­vic­ción nece­sa­ria para que esta pelí­cu­la lle­gue a satis­fa­cer como debie­ra. Jor­ge Gutman

Una Tras­tor­na­da Mujer

EMA. Chi­le, 2019. Un film de Pablo Larraín. 102 minutos

Con bue­nos ante­ce­den­tes como rea­li­za­dor de Tony Manie­ro (2008), No (2012), Neru­da (2016) y Jac­kie (2016), entre otros títu­los, todo hacía supo­ner que Pablo Larraín brin­da­ría en Ema otro rele­van­te film. Des­afor­tu­na­da­men­te este dra­ma enfo­can­do a una mujer tras­tor­na­da dis­ta de con­ci­tar inte­rés en la medi­da que la entre­ve­ra­da e irrea­lis­ta tra­ma con­te­ni­da en el guión co-escri­to con Gui­ller­mo Cal­de­rón y Ale­jan­dro Moreno,afecta la soli­dez del relato.

Maria­na Di Giró­la­mo y Gael Gar­cía Bernal

La tra­ma se desa­rro­lla en la ciu­dad por­tua­ria de Val­pa­raí­so en don­de Ema (Maria­na Di Giró­la­mo), de 28 años de edad es una bai­la­ri­na que for­ma par­te del elen­co de una com­pa­ñía de dan­za don­de su mari­do Gas­tón (Gael Gar­cía Ber­nal) es artis­ta y coreó­gra­fo de la mis­ma. Debi­do a la este­ri­li­dad de Gas­tón, la pare­ja deseo­sa de tener un hijo ha adop­ta­do a Polo, un niño colom­biano de apro­xi­ma­da­men­te 8 años quien lamen­ta­ble­men­te no reci­be bue­nos ejem­plos de su madre al esti­mu­lar­le su incli­na­ción hacia la piromanía.

La for­ma en que Larraín retra­ta a Ema des­pis­ta al espec­ta­dor; esta andró­gi­na bai­la­ri­na feli­na­men­te sal­va­je duran­te sus ratos libres se dedi­ca a por­tar un lan­za­lla­mas para incen­diar coches, por lo que a todas luces su com­por­ta­mien­to resul­ta incom­pren­si­ble. El pun­to de infle­xión se pro­du­ce cuan­do el niño imi­tan­do a su madre se con­vier­te en un piró­mano gene­ran­do un incen­dio en el hogar de sus padres con la con­se­cuen­cia de haber des­fi­gu­ra­do facial­men­te a la her­ma­na de Ema; por esa razón la bai­la­ri­na deci­de renun­ciar al chi­co adop­ta­do lo que gene­ra la frac­tu­ra matri­mo­nial. De allí en más, la frus­tra­ción de la adop­ción moti­va a que esta anti heroí­na tra­te de recons­truir su vida vol­cán­do­se al libre sexo y al pla­cer que le brin­da la danza.

Si aca­so la inten­ción de Larraín ha sido ilus­trar la difi­cul­tad en alcan­zar el pre­ci­so equi­li­brio de una acti­vi­dad artís­ti­ca con la res­pon­sa­bi­li­dad fami­liar, el pro­pó­si­to no fue logra­do tenien­do en cuen­ta la inau­ten­ti­ci­dad de la his­to­ria expues­ta. Eso con­lle­va a que prác­ti­ca­men­te resul­te difí­cil empa­ti­zar con la eró­ti­ca pro­ta­go­nis­ta en la que su odi­sea por la libe­ra­ción no gene­ra emo­ción ni sen­ti­mien­to alguno.

Más allá de una correc­ta pues­ta escé­ni­ca de Larraín y de la muy bue­na actua­ción de Gar­cía Ber­nal quien es el que más se des­ta­ca en el elen­co, lo res­ca­ta­ble de este expe­ri­men­tal y radi­cal pro­yec­to resi­de en su aspec­to visual refle­ja­do prin­ci­pal­men­te en la bue­na coreo­gra­fía de José Luis Vidal des­ple­ga­da en los vis­ce­ra­les bai­les “reg­gae­ton” y en la acer­ta­da foto­gra­fía de Ser­gio Arms­trong. Jor­ge Gutman

Angus­tian­tes Pesadillas

THE NIGHT HOU­SE. Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de David Bruck­ner. 108 minutos.

La exce­len­te actriz Rebec­ca Hall es la pro­ta­go­nis­ta de The Night Hou­se, un film de terror en don­de su per­so­na­je es casi el úni­co en la mayor par­te de su desa­rro­llo. A pesar de que el direc­tor David Bruck­ner es adic­to a este géne­ro, este film vin­cu­la­do con una man­sión embru­ja­da, que ya ha sido con­si­de­ra­do en innu­me­ra­bles oca­sio­nes, decep­cio­na entre otras razo­nes por su inconsistencia.

Rebec­ca Hall

El guión pre­pa­ra­do por Ben Collins y Luke Pio­trows­ki comien­za de un modo pro­mi­so­rio. Hall da vida a Beth, una maes­tra del nor­te del esta­do de Nue­va York que des­pués de 14 años de matri­mo­nio aca­ba de per­der a su mari­do Owen (Evan Jonig­keit) al haber­se sui­ci­da­do. Su mejor ami­ga Clai­re (Sarah Gold­berg) tra­ta de con­so­lar­la en el due­lo que lle­va a cabo, aun­que sin resul­ta­do posi­ti­vo. Sola en la casa lacus­tre dise­ña­da por su espo­so arqui­tec­to, los pri­me­ros indi­cios que algo raro acon­te­ce es cuan­do fuer­tes gol­pes la des­pier­tan duran­te su sue­ño. A todo ello, un ama­ble vecino del lugar (Von­die Cur­tis-Hall) le hace saber que su cón­yu­ge pare­cía refle­jar cier­ta ines­ta­bi­li­dad men­tal de la que Beth igno­ra­ba por com­ple­to. La situa­ción tien­de a com­pli­car­se cuan­do la des­con­so­la­da mujer des­cu­bre en el celu­lar de su espo­so algu­nas fotos de bellas muje­res don­de una de las mis­mas guar­da un pare­ci­do con ella. ¿Es que Owen le ha sido infiel sin que ella lo supiera?

El film trans­cu­rre en su mayor par­te de noche en don­de sus sue­ños se ven alte­ra­dos por pesa­di­llas que va sufrien­do al oír nue­vos gol­pes, implau­si­bles soni­dos y la voz de ultra­tum­ba de su difun­to mari­do. En un momen­to dado resul­ta difí­cil dis­tin­guir si lo que ella per­ci­be es real o ima­gi­na­rio pero lo con­cre­to es que la pre­sen­cia espec­tral de Owen la con­du­ce a un esta­do de pro­gre­si­va locura.

El entre­ve­ra­do guión, cier­ta­men­te rebus­ca­do, pro­du­ce con­fu­sión sin que en momen­to alguno se pue­da saber quién fue Owen, por­qué se sui­ci­dó o bien cual es la ver­da­de­ra rela­ción que lo unía a su esposa.

El rea­li­za­dor desea crear un cli­ma de ten­sión que no alcan­za a lograr por­que el rela­to care­ce de un foco pre­ci­so. Eso no impi­de apre­ciar el remar­ca­ble tra­ba­jo de Hall dan­do vida a una mujer ator­men­ta­da que en la últi­ma par­te de la tra­ma se retuer­ce, tor­tu­ra y sacu­de deses­pe­ra­da­men­te dan­do la impre­sión de estar poseí­da satá­ni­ca­men­te; con todo, resul­ta difí­cil empa­ti­zar con esta anti heroína.

Más allá de los bue­nos valo­res de pro­duc­ción, el espec­ta­dor adic­to a las pelí­cu­las de terror no que­da­rá gra­ti­fi­ca­do con esta fan­tas­ma­gó­ri­ca e incohe­ren­te his­to­ria que con­du­ce a un desa­bri­do des­en­la­ce. Jor­ge Gutman

Eva­lua­ción de Fan­ta­sia (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Indem­nity (Sudá­fri­ca)

Aun­que no es muy fre­cuen­te apre­ciar films suda­fri­ca­nos, el pre­sen­te dra­ma psi­co­ló­gi­co esco­gi­do por el fes­ti­val resul­ta más que bien­ve­ni­do. No obs­tan­te tra­tar­se de la pri­me­ra pelí­cu­la de fic­ción de Tra­vis Tau­te, él ya ha demos­tra­do ser un madu­ro direc­tor en el remar­ca­ble cor­to metra­je Num­ber 37 (2018) y en algu­nas series rea­li­za­das para la televisión.

Tau­te que asi­mis­mo es el autor del guión de Indem­nity pre­sen­ta a Theo Abrams (Jarrid Geduld), un ex bom­be­ro de la ciu­dad de Cape Town quien sufre de un seve­ro tras­torno de estrés post trau­má­ti­co por haber fra­ca­sa­do en una misión de res­ca­te en uno de los incen­dios en que le cupo par­ti­ci­par. La situa­ción se com­pli­ca cuan­do al des­per­tar encuen­tra el cadá­ver de su espo­sa ase­si­na­da (Nico­le For­tuin) sin poder recor­dar cómo se pro­du­jo el lamen­ta­ble acon­te­ci­mien­to. La situa­ción se vuel­ve más com­pli­ca­da cuan­do la poli­cía lo con­si­de­ra como prin­ci­pal sos­pe­cho­so del homi­ci­dio y en la hui­da deses­pe­ra­da que ini­cia es per­se­gui­do por la poli­cía a car­go de un impla­ca­ble sub­je­fe (Andre Jacobs).

Sin entrar en mayo­res deta­lles, bas­ta anti­ci­par que Theo lle­ga­rá a com­pro­bar que exis­te un víncu­lo entre sus per­se­gui­do­res que quie­ren silen­ciar­lo y la razón por la que su mujer fue eje­cu­ta­da al haber esta­do inves­ti­gan­do un asun­to muy tur­bio que pon­dría en peli­gro a la nación.

Con un muy buen repar­to, ade­más de Geduld, For­tuin y Jacobs, se des­ta­ca la actriz Gail Maba­la­ne. Ofre­cien­do secuen­cias de lucha, explo­sio­nes, e incen­dios exce­len­te­men­te fil­ma­das, Tau­te com­bi­na la acción des­ple­ga­da con un ten­so sus­pen­so. Con su estreno mun­dial en Fan­ta­sía, el ciné­fi­lo sabrá valo­rar la cali­dad de este film que lman­tie­ne per­ma­nen­te aten­ción a lo lar­go de su desarrollo.

Baby, Don’t Cry (Esta­dos Unidos)

La expe­rien­cia de inmi­gran­tes asiá­ti­cos que lle­gan a Esta­dos Uni­dos ha sido recien­te­men­te con­si­de­ra­da por el cine en Mina­ri del rea­li­za­dor Lee Isaac Chung mos­tran­do a una fami­lia sud­co­rea­na que pro­cu­ra lograr el sue­ño ame­ri­cano. En este caso la direc­to­ra Jes­se Dvo­rak ana­li­za el tema bajo una lupa dife­ren­te pero igual­men­te intere­san­te toman­do como refe­ren­cia la his­to­ria de una ado­les­cen­te inmigrante.

A tra­vés del guión de Zita Bai ‑igual­men­te pro­ta­go­nis­ta del film-.se sale al cru­ce de Baby una sen­si­ble chi­na de 17 años que lle­gó a Esta­dos Uni­dos y que habi­ta con su fami­lia en los subur­bios de Seattle. Pro­duc­to de un hogar des­ave­ni­do que le ha deja­do hue­llas en su per­so­na­li­dad, su natu­ra­le­za apo­ca­da y tími­da no le per­mi­te ser fácil­men­te acep­ta­da por el medio social que la rodea. Todo cam­bia para ella cuan­do cono­ce a Fox (Vas Pro­va­ta­kis), un delin­cuen­te tra­fi­can­te de dro­gas de 20 años; aten­dien­do al hecho de que polos opues­tos se atraen, rápi­da­men­te se for­ja un fuer­te víncu­lo entre ambos don­de Baby cono­ce­rá las peri­pe­cias del amor vivi­das con inten­sa y feroz pasión.

La direc­to­ra per­mi­te que el rela­to adquie­ra nota­ble enver­ga­du­ra psi­co­ló­gi­ca des­cri­bien­do el pro­ce­so de madu­rez que atra­vie­sa su pro­ta­go­nis­ta, como asi­mis­mo ofre­ce una bue­na pin­tu­ra de dos jóve­nes que vivien­do mar­gi­na­dos de la socie­dad tra­tan de dejar atrás sus trau­mas para empren­der un via­je emo­cio­nal que les per­mi­ta esca­par de una vida sin aliciente.

En su rea­li­za­ción Dvo­rak ofre­ce un film hones­to y sin­ce­ro, en bue­na par­te gra­cias al con­vin­cen­te guión de Bai y la exce­len­te carac­te­ri­za­ción que ella logra de su per­so­na­je, com­ple­men­ta­do con la acer­ta­da actua­ción de Provatakis.

Al Ter­cer Día (Argen­ti­na)

Daniel de la Vega es por exce­len­cia el cineas­ta argen­tino espe­cia­li­za­do en el géne­ro de terror tal como se evi­den­cia en su fil­mo­gra­fía en don­de Ataúd Blan­co (2016), una de sus pelí­cu­las, fue exhi­bi­da en Fan­ta­sía. Aho­ra el rea­li­za­dor retor­na al fes­ti­val con un dra­má­ti­co rela­to cen­tra­do en una madre que pro­cu­ra ubi­car el para­de­ro de su hijito.

Basa­do en una nove­la de Gon­za­lo Ven­tu­ra, quien a su vez es el guio­nis­ta jun­to con Alber­to Fas­ce, el direc­tor comien­za su rela­to a tra­vés de dos esce­nas simul­tá­neas; en una de ellas se ve a un hom­bre (Gerar­do Romano) que reci­be el encar­go de trans­por­tar un mis­te­rio­so cajón en su camión des­de Bue­nos Aires has­ta la Pata­go­nia; en la otra se obser­va a Ceci­lia (Moro Anghi­le­ri) quien para libe­rar­se de su ex mari­do (Die­go Cre­mo­ne­si) huye con su coche lle­van­do con­si­go a su peque­ño hijo. Cir­cu­lan­do en la auto­pis­ta Ceci­lia cho­ca vio­len­ta­men­te con el vehícu­lo mane­ja­do por el camio­ne­ro y como resul­ta­do de la coli­sión, la mujer per­ma­ne­ce incons­cien­te duran­te tres días; cuan­do en el hos­pi­tal reco­bra el cono­ci­mien­to sin recor­dar nada de lo que ocu­rrió, se deses­pe­ra por saber dón­de está su niño. Ator­men­ta­da por la angus­tia deci­de esca­par de la clí­ni­ca hos­pi­ta­la­ria al haber sido acu­sa­da por su ex cón­yu­ge de haber rap­ta­do al menor y en ese accio­nar es ayu­da­da por el médi­co (Lau­ta­ro Del­ga­do Tym­ruk) que la esta­ba aten­dien­do; por su inter­me­dio ella entra en con­tac­to con un hip­no­tis­ta (Osmar Núñez) a fin de recons­truir lo suce­di­do y echar luces para ubi­car al menor. A todo ello se hace pre­sen­te un poli­cía (Osval­do San­to­ro) para inves­ti­gar y escla­re­cer lo sucedido.

Aun­que en prin­ci­pio la acción se cen­tra en Ceci­lia, es per­ti­nen­te no agre­gar más deta­lles y dejar al espec­ta­dor que des­cu­bra cuál es el papel que le cabe al camio­ne­ro a medi­da que la tra­ma se va espe­san­do. Con un buen domi­nio narra­ti­vo y una apre­cia­ble esté­ti­ca, el direc­tor logra que esta his­to­ria cier­ta­men­te impre­vi­si­ble, sor­pren­da y satis­fa­ga al espec­ta­dor incli­na­do por los fil­mes de sus­pen­so y horror.