Crónica de Jorge Gutman
Manteniéndose fiel a su objetivo de difundir los aportes de nuevos directores a la cinematografía universal, el Festival du Nouveau Cinéma (FNC) comenzó el 9 de octubre su cuadragésima segunda edición donde también habrá de proyectarse películas de reconocidos cineastas que ya tuvieron su difusión en otros importantes festivales internacionales de este año. En total se exhibirán 146 largometrajes y 124 cortos provenientes de 47 países.
La muestra quedó inaugurada con Triptyque, producción canadiense dirigida por Robert Lepage y Robert Pires. La película que está basada en la obra teatral Lispsync de Lepage habrá de estrenarse dentro de dos semanas, oportunidad en que será comentada extensamente. Por el momento, cabe anticipar que se trata de un muy buen drama psicológico con tres personajes principales cuyas vidas se encuentran vinculadas; así la situación que atraviesa una paciente con problemas psiquiátricos, cuya hermana cantante sufre de cáncer y el cirujano que la asiste va creando un film intelectualmente absorbente donde Lepage y Pires logran una magnífica combinación de bellas imágenes, buenos diálogos y música que se ajusta funcionalmente a la historia planteada.
El Festival concluye el 20 de octubre con la coproducción chileno-francesa La Danza de la Realidad de Alejandro Jodorowsky, quien retorna al cine después de 23 años de ausencia con un film autobiográfico que se desarrolla en su ciudad natal de Tocopilla, en Chile. De algún modo el realizador nacido en 1929 intenta reconstituir algunos aspectos que marcaron su existencia a través de un ejercicio imaginario sustentado en la experiencia de sus años de infancia donde recibió una educación dura y violenta en el seno de una familia desarraigada. Así, en los recuerdos vemos al joven Alejandro (Jeremías Herskovitz) sufriendo los embates de su padre Jaime (Brontis Jodorowsky), un férreo comunista-estalinista extremadamente autoritario, y de su madre Sara (Pamela Flores) que se comunica cantando como si fuese una diva de ópera para calmar sus frustraciones de no haber llegado nunca a serlo.
A través de un viaje imaginario y apelando a un estilo surrealista, el realizador brinda un relato donde la ficción supera a la realidad reinventando a su familia para permitir hacia el final la redención de su padre. Exuberante, caótico y desordenado, el film se beneficia de algunas imágenes de Federico Fellini que agradará al público adicto al cine de Jodorowsky.
De los filmes que hemos tenido oportunidad de ver, el documental Le Dernier des injustes (Francia-Austria), que fue ovacionado en el Festival de Cannes, es sin duda el más importante. El film ha sido dirigido por Claude Lanzmann (foto) quien hace casi treinta años realizó Shoa (1985) que es considerado como el documento más relevante sobre la tragedia del Holocausto. En este caso, el presente documento se centra en la entrevista que en 1975 Lanzmann realizó al rabino vienes Benjamin Murmelstein en Roma y que a pesar del tiempo transcurrido, el cineasta creyó necesario que el público tuviese acceso a la misma. Murmelstein fue el último presidente del Consejo Judío del Ghetto de Theresienstadt, a 60 kilómetros de Praga, y para mucha gente es considerado como una figura controvertida al haber sido acusado de colaboracionista con el régimen nazi durante la tragedia del holocausto; en parte esa percepción es debida por haber trabajado con Adolf Eichmann antes del comienzo de la guerra además de haber supervisado el gueto mencionado que fue usado como propaganda nazi para demostrar a la Cruz Roja Internacional que se trataba de un lugar ejemplar.
A través de la larga entrevista, donde queda notablemente expuesto la personalidad del entrevistado –entre otros aspectos su inmensa cultura así como también su vivaz mordacidad‑, queda en claro que gracias a su participación, muchos judíos fueron salvados de morir en las cámaras de gases. Una de las notas de mayor interés de este reportaje es la famosa controversia mantenida con Hannah Arendt, donde desmiente su teoría de la banalidad del mal al referirse a Eichmann; por el contrario, además de destacar la naturaleza corrupta del cruel asesino, también destaca que la responsabilidad que le cupo fue mucho más allá que la del mero cumplimiento del deber obedeciendo estrictas órdenes superiores. Aunque Murmelstein fue encarcelado por colaborador y posteriormente exonerado al comprobarse su inocencia, durante el resto de su vida que transcurrió en Viena hasta su fallecimiento en 1989, no consiguió la sombra de sospecha de colaboracionista nazi. En resumen, Lanzmann ofrece un documental lúcido, absorbente y de notable calidad que mantiene constantemente el interés del espectador.
Arwad (Canadá) de Dominique Chila y Samer Najari es un film que incursiona en la búsqueda de la identidad. Su personaje protagónico es Alí (Ramzy Choukair), un hombre sirio casado y padre de dos niñas que como consecuencia de la muerte de su madre retorna a Arwad, una pequeña isla de Siria, acompañado de su amante (Fanny Mallette). A partir de allí el relato discurre entre pasado y presente donde el protagonista, en búsqueda de sus raíces, trata de determinar quién es él realmente y a qué lugar del mundo pertenece. El conflicto actual que entristece a Siria está excluido de esta historia y tampoco queda claro qué es lo que motivó a que Ali dejara su tierra natal para vivir en Canadá como así tampoco los conflictos de su vida conyugal. A pesar de las buenas intenciones que animan al relato, el mismo no termina de convencer al no saberse las reales motivaciones que determinan la conducta de sus personajes.

Astrid Whettnall
De relativo mayor interés es Au nom du fils (Francia-Bélgica) del realizador Vincent Lannoo quien describe a Elisabeth (Astrid Whettnall), una mujer católica y de profunda devoción religiosa que a través de su audición de radio difunde su fe inquebrantable; sin embargo la muerte violenta de su marido en un campo de formación espiritual y muy especialmente la revelación de que su hijo de 13 años ha sido abusado por un cura, echan por tierra sus profundas convicciones, agravadas por la circunstancia de que la iglesia adopta un sugestivo silencio al respecto; de allí en más, el film adquiere la forma la forma de una venganza sangrienta que empleando el tono de farsa mórbida y salvaje humor representa una severa crítica al mundo institucional de la religión.
El cine de Georgia no es muy conocido en América del Norte, pero a juzgar por las dos películas presentadas en este festival se puede inferir que se trata de una cinematografía que debería tenerse más en cuenta en los eventos internacionales. El primero de ellos es Blind Dates del director Levan Koguashvili quien describe con patetismo el drama de gente adulta soltera y solitaria que se encuentra en la constante búsqueda de una verdadera pareja con quien convivir. Ese es el caso de Sandro (Andro Sakvarelidze), un profesor de Tbilisi que a los 40 años de edad aún vive con sus padres; sin tener mucha suerte con las mujeres recurre a “citas ciegas” a través del Internet para tentar sus posibilidades de lograr compañía femenina. Quiere la circunstancia de que inesperadamente llegue a conocer a Manana (Ia Sukhitashvili) y el amor surge inmediatamente entre ellos; sin embargo, Tengo (Vakho Chachanidz), el marido de Manana que está por salir de la cárcel, empantana el romance; la amigable relación que se produce entre Sandro y Tengo agrega una complicación más a una agridulce historia, donde el compromiso de asumir responsabilidades mayores incluyendo la de una paternidad no deseada, van reflejándose con compasión, calidez y ternura en la narración del realizador.
El otro film georgiano en coproducción con Alemania y Francia es In Bloom de los realizadores Nana Ekvtimishvili y Simon Gross. El dramático relato que transcurre en 1992 representa una visión crítica del país después de la caída del imperio soviético. Siguiendo los pasos de Eka (Lika Babluani) y Natia (Mariam Bokeria), dos adolescentes de 14 años de edad, vemos a ambas chicas teniendo que enfrentar un universo teñido de violencia masculina, que es el telón de fondo del tenso relato. Con una narración concisa y fluida, excelentes interpretaciones de Babluani y Bokeria y una ponderable fotografía de Oleg Mutu ilustrando la cotidiana vida en Tbilisi, los directores han logrado un film remarcable.
La película Bluebird (Estados Unidos), escrita y dirigida por Lance Edmans, se destaca por su fuerza interpretativa y por un conmovedor relato. En esencia, su trama gira en torno de un desafortunado y aparentemente pequeño incidente que repercute dramáticamente al producir rupturas en las relaciones de buena vecindad de un pequeña localidad del estado de Maine.

Ammy Morton, Emily Meade y John Slattery
Todo transcurre normalmente en la vida de Lesley (Amy Morton), una conductora de un ómnibus escolar de la zona, hasta el día en que cuando revisando el vehiculo, una vez que los niños lo habían desocupado, se distrae al observar un pequeño pájaro dentro del mismo con el resultado de no haber notado que en el fondo del omnibús había un niño durmiendo; cuando el pequeño es finalmente rescatado en estado de coma, la negligencia de Lesley llega a conmover a la comunidad local con lamentables consecuencias para su autora. En su ópera prima como realizador Edmans logra un relato sobrio y acertadamente minimalista donde sus imágenes reflejan muy bien el drama psicológico y moral que afecta a sus personajes.
Como primicia canadiense el FNC presenta Floating Skyscrapers (Polonia) de Tomasz Wasilewski relatando una sensible historia de amor homosexual. Muy bien articulado en el guión escrito por el realizador, la narrativa se centra en Kuba (Mateusz Banasiuk), un deportista nadador de Varsovia, físicamente atractivo de veintitantos años de edad que se apresta a participar en los juegos olímpicos. Viviendo con Ewa, su posesiva madre (Katarzyna Herman), y su bella novia Sylwia (Marta Nieradkiewicz), su vida transcurre normal hasta el día en que se encuentra con Michal (Bartosz Gelner), un muchacho gay de naturaleza afable; la conexión entre ambos es inmediata y a partir de allí la atracción que Michal ejerce en Kuba motiva a que éste se vaya alejando de Sylwia. A partir de allí el relato adquiere una atmósfera de tensión que se manifiesta tanto entre Ewa y Sylwia, así como la surgida en Kuba en la medida que canaliza sus energías sexuales con Michal donde prevalece al mismo tiempo un sentimiento amoroso. En un desenlace con final poco feliz, este muy buen film además de su temática central donde las emociones están expresadas con bajo perfil, no escatima esfuerzos para ilustrar la manera en que la homofobia se hace sentir dentro del contexto social de Varsovia.
Sin llegar a niveles excepcionales, L’amour est un crime parfait (Francia) de los hermanos Arnaud y Jean-Marie Larrieu es un relato estructurado en forma de misterio que, a pesar de ciertos hilos no muy bien unidos, despierta una intriga que se mantiene durante su desarrollo.

Mathieu Amalric
Basado en la novela Incidences de Philippe Djlan, el relato gira en torno de Marc (Mathieu Amaric), un donjuanesco profesor de la Universidad de Laussane que vive con su hermana (Karin Viard) en un confortable chalet alpino y que no tiene ningún escrúpulo para utilizar su morada para intimar con sus alumnas. Después de haber pasado una noche de placer con Bárbara (Marion Duval), una de sus discípulas, se encuentra con que al día siguiente ella ha desaparecido. Todo comienza a complicarse cuando aparece en escena la madrastra (Maiwenn) de Bárbara a fin de saber sobre su paradero y gradualmente Marc comienza a perder control de la situación.
Los directores, que son también los autores del guión y sin duda influidos por los filmes de Hitchcock, brindan un relato de moderado suspenso que unido al calificado elenco que lo interpreta, permiten que este film –aunque imperfecto- resulte agradable de ser visto.
La odisea que vive una periodista durante la jornada del 6 de mayo de 2012 en París, el día en que es electo el socialista François Hollande como nuevo presidente de la nación, es el marco de referencia para La Bataille de Solférino (Francia), primer film de la realizadora Justine Triet. Con un estilo documental e improvisado y desbordante, el relato se centra en los problemas que enfrenta Laetitia (Laetitia Dosch), cuando en la jornada de referencia ella rehúsa permitir que su exmarido Vincent (Vincent Macaigne), pueda ver a sus pequeñas niñas que están a su cargo. El problema se complica cuando Laetitia, a fin de cubrir las elecciones presidenciales como reportera para un canal televisivo, deja a sus hijitas a cargo de un afable baby-sitter (Marc-Antoine Vaugeois) y Vincent acude al departamento con la intención de verlas. Con un ritmo frenético y desbordante, la realizadora narra una historia de custodia paternal a lo largo de una intensa jornada caótica.
El film, dotado en gran parte con un humor espontáneo que surge a través de situaciones naturales y espontáneas, refleja una vez más hasta qué punto padres separados luchan ferozmente por la custodia de sus hijos sin que ninguna de las dos partes esté dispuesto a ceder en sus derechos. Si bien el film capta interés por su tema central y las naturales interpretaciones de sus principales personajes, el relato decae por completo en su segmento final donde su irrealista resolución daría la impresión de pertenecer a una historia completamente diferente a la originalmente planteada.
Cómo se señaló al comienzo de la presente nota, el festival exhibe títulos de otros eventos internacionales y que ya fueron comentados en su oportunidad. He aquí algunos de los mismos comenzando con Heli (México) de Amat Escalante. Esta película ilustra una vez más la naturaleza endémica de la violencia en México a través de una historia que involucra a una humilde familia de trabajadores viviendo cerca de Guanajuato; la misma está integrada por Heli (Armando Espitía), un joven muchacho que vive con su esposa y su bebé en la casa de su padre junto con su hermana menor Estela (Andrea Vergara) de 12 años. Cuando Estela se vincula sentimentalmente con un policía local, involuntariamente arrastra a su familia a una situación que involucra a mercaderes del narcotráfico. Ésa será la chispa para asistir a un triste espectáculo de máxima violencia donde no faltará un triple secuestro, la violación de Estela, así como una extendida secuencia de tortura capaz de sensibilizar hasta al más indiferente espectador. Aunque filmado en forma impecable, el nihilismo de Escalante es espeluznante y si bien su intención es mostrar una realidad social imposible de negar, la extremada violencia expuesta podría haber sido considerablemente más moderada para lograr el propósito deseado.
Así como la violencia es el factor primordial del film de Escalante anteriormente comentado, este tópico vuelve a hacerse presente en la película A Touch Of Sin (China). Rara vez se ha visto un film proveniente de China donde la violencia quedase expuesta en forma tan cruda y visceral como la que se contempla en este film del realizador Jia Zhang-Ke. A través de lo que se expone, cabe concluir que si bien China es hoy día una potencia gigante dentro del contexto de la economía mundial, genera considerable violencia en los diferentes niveles de su sociedad; así, el bienestar económico de ciertas regiones se logra a expensas del detrimento de otras.
Con un estilo neorrealista y adoptando la estructura de un film coral, el guión se vale de cuatro historias ubicadas en diferentes provincias y con cuatro personajes que son –según el realizador- el reflejo de la China contemporánea. En un episodio se contempla a un minero quien exasperado por la corrupción de los dirigentes de su pueblo decide pasar a la acción; otra historia se centra en un trabajador migrante que regresa a su hogar para el Año Nuevo Chino y descubre las amplias posibilidades que su arma de fuego le ofrece; otro capítulo gira en torno de una recepcionista de un sauna donde el acoso de un rico cliente la induce a cometer un acto irreparable; finalmente se asiste al caso de un joven que pasando de un trabajo a otro en situaciones degradantes vislumbra en el suicidio la forma de solucionar su angustioso problema. Aunque estas historias son tratadas en forma desigual y sin gran aliento emocional, este film suscita interés; sin ofrecer matices moralizantes y adoptando un abierto nihilismo al dramatizar el triste destino de sus personajes, demuestra que al igual que en otros rincones del mundo, las desigualdades económicas y sociales de una sociedad como la de la China actual pueden conducir a un nivel de descontento de la población que para poder sobrevivir expresan sus sentimientos de frustración explotando con inusitada furia.
Un muy buen film de este festival es Like Father, Like Son (Japón), escrito y dirigido por el notable realizador Hirokazu Koreeda. Recurriendo una vez más al tema de la familia y a los lazos de afecto existentes entre sus integrantes, el guión presenta a Ryota (Masaharu Fukuyama), un arquitecto obsesionado por su éxito profesional, que lleva una existencia armoniosa junto a su esposa Midori (Machiko Ono) y su único hijo Keita de 6 años a quien se le ha brindado una apreciable educación además del amor paternal. Esa existencia normal se ve alterada cuando la maternidad del hospital donde el niño nació comunica a sus padres que debido a un error cometido por una enfermera, Keita ha sido intercambiado con otro bebé nacido en el mismo lugar. Cuando se llega a determinar la identidad del otro grupo familiar conformado por Yudai (Lily Franky), su señora Yukari (Yoko Maki) por 3 hijos y que pertenece a un nivel socio-económico inferior, comienza una serie de encuentros entre ambas familias para tener preparado el terreno en el momento del intercambio de los hijos respectivos. Es en todo ese incómodo y dificultoso proceso que implica saber cuál es el camino más adecuado a seguir frente a un hecho de esta naturaleza donde el director lo enfoca tanto desde el punto de vista de los padres como de los niños afectados. El relato que plantea el dilema acerca de si los lazos de sangre deben imponerse o no al de la crianza, cariño y afecto que se le da a una criatura que no es propia, es tratado por el director con mucha sutileza, ternura y controlado sentimiento; aunque el dilema no queda resuelto, de todos modos el director ha logrado un muy bello y candoroso film con interpretaciones de primer nivel donde se destaca la espontaneidad de los pequeños actores animando sus respectivos personajes.
La película Ilo Ilo (Singapur) del joven realizador Anthony Chen refleja sensibilidad y sutileza exponiendo un relato que tiene validez universal, sobre todo con los recientes problemas que experimentó la economía mundial. Aunque el tema central es acerca de cómo una familia de clase media afronta la crisis financiera, hay otros subyacentes que adquieren trascendencia.
La trama presenta al matrimonio conformado por un ejecutivo de ventas Teck Lim (Chen Tian Wen), su mujer embarazada Hwee Leng (Yeo Yann Yann) y el hijo único de 10 años Jiale (Koh Jia Ler); para aliviar a Hwee Leng quien trabaja como secretaria, la pareja decide contratar a Terry (Angeli Bayani) una joven empleada doméstica de Filipinas, quien a su vez dejó su propio hijito en su país de origen a fin de lograr un mejor salario en Singapur. El conflicto se produce en el tratamiento rebelde y despectivo del menor hacia Terry y las tensiones que surgen cuando las relaciones se recomponen entre ambos y el cariño que prodiga Terry a Jiale genera celos en su madre; eso se agrava más cuando la crisis financiera hace que Teck pierda su empleo y las presiones económicas van gravitando fuertemente en el hogar. El film es altamente instructivo al delinear comportamientos culturales de diferentes clases sociales así como denotar sutilmente las manifestaciones latentes de racismo. Los bien descriptos personajes así como la calidez, ternura y humor que se desprende del relato, contribuyen a lograr una comedia dramática de notable calidad.
El film Pelo Malo (Venezuela) de la realizadora Mariana Rondón aborda un tema delicado como es el de la apariencia física y la impresión que puede causar socialmente. Junior (Samuel Lange) de 9 años de edad, huérfano de padre, vive con su humilde madre Marta (Samantha Castillo) y su pequeño hermano en un complejo habitacional superpoblado de Caracas. Aunque el relato hace referencia a la violencia endémica que envuelve a la ciudad, el film fundamentalmente se centra en Junior, incomprendido por su madre; ella que ha perdido su empleo de guardia de seguridad y trata de arreglárselas vendiendo arepas caseras, siente la gran preocupación de que el niño quiera alisarse su pelo y que adopte algunas actitudes más propias –según su visión- del sexo opuesto. El prejuicio social de que su hijo pueda ser diferente o posiblemente homosexual, sin verdaderas razones que lo prueben, hace que la relación madre-hijo resulte sumamente conflictiva; esa situación influye en el estado emocional del niño quien en parte encuentra compensación en el afecto y comprensión que obtiene de su abuela (Nelly Ramos) y de una amiguita (María Emilia Sulbarán) con quien comparte gratos momentos. Altamente emotivo, es notable la sensibilidad que destila la directora exponiendo a sus personajes para permitir al público hacerlo por sí mismo. Sin duda, un film de notable calidez que expone el nivel de madurez que ha logrado la cinematografía venezolana.
La Jaula de Oro (México), el director Diego Quemada-Diez considera el tema de inmigrantes indocumentados tratando de llegar a los Estados Unidos desde América Central. A través de un relato decididamente realista se asiste a la dramática travesía emprendida por tres adolescentes –dos varones (Brandon López, Carlos Chajon) y una chica disfrazada (Karen Martínez)- a quien se unirá un joven indio de Chiapas (Rodolfo Domínguez) que no habla español. El camino está plagado de amenazas y peligros motivados por la presencia de siniestros bandidos, policías corruptos y una banda de secuestradores. Aunque el desenlace de ninguna manera es previsible, no todos los miembros del grupo llegarán a convertir en realidad el ansiado sueño americano. Aunque esta crónica sobre el exilio ha sido tratada en más de una oportunidad, su sensible narración motiva que se la vea y aprecie con considerable satisfacción.
Nota: Los filmes se exhiben en las siguientes salas: Complejo Excentris, Cine Imperial, Cinéma du Parc, Complejo Quartier Latin, Pabellón Judith-Jasmin Anexo Cinéma I (UQAM), J.A. de Sève (Universidad Concordia). Para información adicional sobre la programación completa y los horarios de exhibición, el sitio a consultar es www.nouveaucinema.ca