FNC 2023 (Ter­ce­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí otros tres comen­ta­rios de pelí­cu­las vis­tas en el Fes­ti­val du Nou­veau Ciné­ma (FNC) 

Per­di­dos en la Noche (Méxi­co-Paí­ses Bajos-Alemania)

Enmar­ca­do en el cli­ma vio­len­to don­de las des­apa­ri­cio­nes en Méxi­co no resul­tan epi­so­dios ais­la­dos, Amat Esca­lan­te en prin­ci­pio con­si­de­ra ese tema para pos­te­rior­men­te con­ver­tir­lo en un thri­ller sin mayor vuelo.

PER­DI­DOS EN LA NOCHE

La his­to­ria del rea­li­za­dor basa­da en su guión com­par­ti­do con su her­mano Mar­tin Esca­lan­te y Pau­li­na Men­do­za trans­cu­rre en un peque­ño pue­blo rural de Gua­na­jua­to don­de en su pró­lo­go se obser­va a un redu­ci­do núme­ro de acti­vis­tas pro­tes­tan­do con moti­vo del pro­yec­to de una explo­ta­ción mine­ra cana­dien­se que allí ten­drá lugar. En horas noc­tur­nas Palo­ma (Vicky Arai­co), una de las muje­res que habían par­ti­ci­pa­do en la asam­blea, es asal­ta­da bru­tal­men­te por cier­tos indi­vi­duos no identificados.

Tras una elip­sis, tres años des­pués el joven Emi­liano (Juan Daniel Gar­cia Tre­vino) que es el hijo de la mujer que había sido ata­ca­da, al no tener noti­cias de su madre des­apa­re­ci­da y sin reci­bir apo­yo por par­te de las auto­ri­da­des loca­les resuel­ve enca­rar el asun­to por su cuen­ta con la cola­bo­ra­ción de su novia Jaz­mín (María Fer­nan­da Oslo). A tra­vés de un dato pro­vis­to por un mori­bun­do poli­cía, Emi­liano logra emplear­se en el hogar de una influ­yen­te y adi­ne­ra­da fami­lia que estu­vo invo­lu­cra­da con las des­apa­ri­cio­nes; la mis­ma está inte­gra­da por Rigo (Fer­nan­do Boni­lla), un artis­ta con­cep­tual, su pare­ja Car­men (Bár­ba­ra Mori), una can­tan­te pop, y su hija Móni­ca (Ester Expó­si­to), con quien Emi­liano esta­ble­ce una espe­cial relación.

No con­vie­ne ade­lan­tar cómo cada uno de estos per­so­na­jes per­mi­ti­rá des­en­tra­ñar el mis­te­rio en torno de la suer­te corri­da por Palo­ma; pero lo cier­to es que el rela­to se nutre de una serie de situa­cio­nes que sin estar cla­ra­men­te cohe­sio­na­das son abor­da­das superficialmente.

En su inten­to de denun­ciar las falen­cias de un sis­te­ma judi­cial insu­fi­cien­te­men­te capa­ci­ta­do para resol­ver los innu­me­ra­bles casos de per­so­nas injus­ta­men­te borra­das del mapa, Esca­lan­te ofre­ce un dra­ma cri­mi­nal tibia­men­te acep­ta­ble que care­ce del vigor nece­sa­rio capaz de conmover.

Bet­ween Revo­lu­tions (Ruma­nia-Croa­cia-Qatar-Irán)

Com­pro­me­ti­do en temas de natu­ra­le­za polí­ti­ca y social, el rea­li­za­dor rumano Vlad Petri, bien recor­da­do por Whe­re are you, Bucha­rest? (2014), pre­sen­ta algo simi­lar en este híbri­do docu­men­tal refle­jan­do qué es lo que ha acon­te­ci­do cuan­do dos revo­lu­cio­nes popu­la­res cam­bia­ron el rum­bo polí­ti­co de Ruma­nia e Irán.

El argu­men­to está cen­tra­do en la rela­ción per­so­nal y pos­te­rior­men­te epis­to­lar exis­ten­te entre la ruma­na María y la ira­ní Zah­ra quie­nes en la déca­da del 70 ambas efec­tua­ron sus estu­dios en la Escue­la de Medi­ci­na de la Uni­ver­si­dad de Bucarest.

En ese enton­ces, Ruma­nia esta­ba gober­na­da por el repre­si­vo régi­men de Nico­lae Ceaușes­cu y cuan­do en 1978 se pro­du­ce la revo­lu­ción ira­ní con la fuga del sha Moham­mad Reza Pah­le­vi, Zah­ra retor­na a Irán alber­gan­do la espe­ran­za de vivir en un país dife­ren­te bajo un cli­ma más libe­ral. Es así que Maria envi­dia la situa­ción que acon­te­ce en Irán has­ta que en 1989 se pro­du­ce la caí­da de Ceau­ses­cu y en este caso ella se sola­za pen­san­do que ven­drán mejo­res tiempos.

A tra­vés de los años Zah­ra y María siguen comu­ni­ca­das median­te el inter­cam­bio de car­tas en las que que­da refle­ja­da la des­es­pe­ran­za de ambas; en un caso por la revo­lu­ción islá­mi­ca que tra­jo con­si­go un esta­do teo­crá­ti­co amor­da­zan­do la liber­tad de expre­sión y por el lado rumano la caí­da de su dic­ta­dor es reem­pla­za­da por gobier­nos incom­pe­ten­tes implan­tan­do un capi­ta­lis­mo de máxi­ma dureza.

Tan­to María como Zah­ra son per­so­na­jes fic­ti­cios y el con­te­ni­do de las car­tas está escri­to por Lavi­nia Bra­niş­te que es la auto­ra del guión com­par­ti­do con Petri. Lo más impor­tan­te es que la corres­pon­den­cia epis­to­lar sir­ve de excu­sa para refle­jar lo acon­te­ci­do entre las dos revo­lu­cio­nes de Irán y Ruma­nia y que están expues­tas en el valio­so mate­rial de archi­vo de los dos paí­ses duran­te los años 70 y 80 obte­ni­dos por el rea­li­za­dor. Si bien ambas revo­lu­cio­nes han sido dife­ren­tes, tie­nen en común el de haber decep­cio­na­do las expec­ta­ti­vas de la pobla­ción de lograr un cam­bio positivo.

Muy bien rea­li­za­do por Petri y agra­cia­do por su bue­na edi­ción efec­tua­da con la cola­bo­ra­ción de Dra­gos Ape­tri y Cata­lin Cris­tu­tiu se asis­te a un satis­fac­to­rio docu­men­to explo­ran­do los tur­bu­len­tos momen­tos del no muy lejano pasa­do his­tó­ri­co de Ruma­nia e Irán a tra­vés de la visión de dos ínti­mas amigas.

Retra­tos Fan­tas­mas (Bra­sil)

Retra­tan­do a su que­ri­da ciu­dad natal de Reci­fe y evi­den­cian­do su pasión por el cine en este docu­men­tal Kle­ber Men­do­nça Filho trans­por­ta al espec­ta­dor en un emo­ti­vo via­je hacia el pasa­do impreg­na­do de melancolía.

RETRA­TOS FANTASMAS

El rea­li­za­dor estruc­tu­ra su rela­to en tres par­tes. En la pri­me­ra se asis­te a la casa en don­de trans­cu­rrió su infan­cia, que adqui­ri­da por su madre his­to­ria­do­ra cuan­do se divor­ció de su padre fue obje­to de varias refor­mas des­pués de su muer­te en 1994; en ese hogar con­ver­ti­do en par­te en un set de fil­ma­ción es don­de él rodó más de una dece­na de cor­to­me­tra­jes y par­te de su exce­len­te pri­mer lar­go­me­tra­je O Som ao Redor (2012). Asi­mis­mo el cineas­ta nos hace cono­cer el vecin­da­rio y algu­nas vis­tas de Reci­fe inclu­yen­do un puen­te muy con­cu­rri­do que según pare­ce des­pren­de una varie­dad de olores.

Si bien resul­ta gra­to echar un vis­ta­zo a lo que hoy día es la moder­na ciu­dad que arqui­tec­tó­ni­ca­men­te está nutri­da de gran­des ras­ca­cie­los, lo más des­ta­ca­ble del docu­men­tal es lo que se ilus­tra en su segun­da y ter­ce­ra par­te que cons­ti­tu­ye un home­na­je a las salas de cine ya des­apa­re­ci­das. Las mis­mas esta­ban ubi­ca­das en el cen­tro de la ciu­dad que en la actua­li­dad está en deca­den­cia y sin el ful­gor y dina­mis­mo de anta­ño. Allí se encon­tra­ban los vie­jos cines don­de des­de los 13 has­ta los 25 años Men­do­nça Filho solía asis­tir varias veces por sema­na. Entre algu­nas de esas salas se halla­ba el cine Sāo Luiz que duran­te sus 70 años de exis­ten­cia fue visi­ta­do por 50 millo­nes de espectadores.

Otro mag­ní­fi­co cine ha sido el Art Palá­cio en don­de en un encuen­tro con el pro­yec­cio­nis­ta Ale­xan­dre (falle­ci­do en 2003), él reme­mo­ra cómo des­de su calu­ro­sa sala de pro­yec­ción sin aire acon­di­cio­na­do se pasa­ban algu­nos de los gran­des éxi­tos como lo ha sido El Padrino que se man­tu­vo 4 meses en car­tel; tam­bién el pro­yec­cio­nis­ta recuer­da que en cier­tas oca­sio­nes tuvo que lidiar con la cen­su­ra del gobierno mili­tar vigen­te en ese enton­ces; resul­ta con­mo­ve­dor cuan­do men­cio­na las lágri­mas sali­das de su ros­tro al cerrar­se defi­ni­ti­va­men­te sus puer­tas; sin duda esas esce­nas traen a la memo­ria el her­mo­so film Cine­ma Para­di­so de Gui­sep­pe Tor­na­to­re. Otro momen­to que des­ta­ca el cineas­ta ha sido la inau­gu­ra­ción en 1970 del lujo­so cine Vene­za con la pro­yec­ción de Air­port en don­de asis­tie­ron varias per­so­na­li­da­des del cine y el gober­na­dor de Pernambuco.

Ple­na nos­tal­gia pro­du­ce obser­var las mar­que­si­nas de los cines anun­cian­do Bar­ba­re­lla, Jaws y Hair, entre otros títu­los. Esas míti­cas salas que con­for­ma­ban una espe­cie de con­vi­ven­cia huma­na, son en algu­nos casos rui­nas gene­ra­das por la mudan­za urba­na que se pro­du­jo con el paso del tiem­po. En su seg­men­to final el docu­men­tal mues­tra cómo los edi­fi­cios de algu­nos cines han sido trans­for­ma­dos en igle­sias evangélicas.

Para lograr este retra­to de los fan­tas­mas de un bello pasa­do, el rea­li­za­dor se ha vali­do de su archi­vo per­so­nal, foto­gra­fías y clips de nume­ro­sos fil­mes inclu­yen­do algu­nos de su fil­mo­gra­fía y muy bien edi­ta­dos por Matheus Farias. En suma, a todas luces este es un remar­ca­ble docu­men­tal que sin reser­va algu­na ame­ri­ta su visión.

FNC 2023 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de tres fil­mes vis­tos en el Fes­ti­val du Nou­veau cine­ma (FNC) que pro­si­gue has­ta el 15 de octubre.

Totem (Méxi­co-Dina­mar­ca-Fran­cia)

En oca­sión del Fes­ti­val de Toron­to de 2018 se tuvo la opor­tu­ni­dad de des­cu­brir a Lila Avi­lés quien en su pri­mer lar­go­me­tra­je La Cama­ris­ta, demos­tró poseer un sin­gu­lar talen­to. En esta oca­sión vuel­ve a con­fir­mar­lo en este bello film que con suma deli­ca­de­za retra­ta a una niña obser­van­do el medio que la rodea en oca­sión de cele­brar­se un espe­cial evento.

TOTEM

La direc­to­ra ambien­ta la his­to­ria duran­te el perío­do de una jor­na­da en una zona rural de Méxi­co en don­de la niña Sol (Nai­ma Sen­ties) lle­ga con su madre Lucía (Lazua Larios) al case­rón de su joven padre Tona (Mateo Gar­cía Eli­zon­do) quien ese día cum­ple 27 años. El pro­pó­si­to del via­je es ofre­cer­le una fies­ta sor­pre­sa, a pesar de que se encuen­tra gra­ve­men­te enfer­mo de cán­cer y solí­ci­ta­men­te aten­di­do por Cruz (Tere­si­ta Sán­chez), una afa­ble mujer. Sol desea de inme­dia­to abra­zar a su pro­ge­ni­tor pero por el momen­to se le impi­de que entre a su cuar­to debien­do aguar­dar para ver­lo cuan­do Tona sal­ga del mis­mo para su festejo.

Es así que la peque­ña pres­ta cui­da­do­sa aten­ción a los pre­pa­ra­ti­vos en don­de la orga­ni­za­do­ra de la fies­ta es la tía Ale­jan­dra (Mari­sol Gasé) y la tía Nuri (Mon­tse­rrat Mara­ñon) quien se ocu­pa de la coci­na y estan­do tam­bién su hija Esther (Sao­ri Gur­za) quien es menor que Sol. Entre otros per­so­na­jes se encuen­tra el patriar­cal abue­lo (Alber­to Ama­dor) con pro­ble­mas voca­les, la bre­ve pre­sen­cia de una curio­sa hechi­ce­ra que vie­ne a des­pe­jar la vivien­da de los malos espí­ri­tus y res­tan­tes fami­lia­res y ami­gos par­tí­ci­pes de la celebración.

Sol no pier­de de vis­ta todo lo que acon­te­ce a su alre­de­dor evi­den­cian­do en su tris­te mira­da que lo que se está cele­bran­do es a la vez una des­pe­di­da de su muy que­ri­do padre.

Con sen­ci­llez y evi­tan­do caer en un arti­fi­cial sen­ti­men­ta­lis­mo Avi­lés logra un melo­dra­má­ti­co rela­to coral don­de ade­más de la logra­da inter­re­la­ción que se pro­du­ce entre los varios per­so­na­jes del film, a su vez impri­me una remar­ca­ble mira­da al mun­do de la infan­cia. En el mar­co de un muy buen elen­co resal­ta la exce­len­te actua­ción de Sen­ties, quien en su debut para el cine con­vin­cen­te­men­te trans­mi­te el sen­ti­mien­to de dolor de la niña que intu­ye la inmi­nen­te pér­di­da de Tona. En esen­cia, sin sal­ve­dad algu­na esta mag­ní­fi­ca pelí­cu­la ame­ri­ta su visión.

Do Not Expect Too Much From the End of the World (Ruma­nia-Luxem­bur­go-Fran­cia-Croa­cia)

Entre los más des­ta­ca­dos rea­li­za­do­res del cine rumano se encuen­tra Radu Jude quien en éste su octa­vo tra­ba­jo reafir­ma su con­di­ción de cineas­ta audaz, des­pre­jui­cia­do, nada con­ven­cio­nal y menos aún com­pla­cien­te para rela­tar aspec­tos inhe­ren­tes a su país aun­que tam­bién pue­den ser atri­bui­dos a otras regio­nes del agi­ta­do y revuel­to mun­do actual.

DO NOT EXPECT TOO MUCH FROM THE END OF THE WORLD

En un guión que le per­te­ne­ce, Jude pre­sen­ta a Ange­la Radu­ca­nu (Ilin­ca Mano­la­che), una acti­va y diná­mi­ca mujer que tra­ba­ja como asis­ten­te de pro­duc­ción para una com­pa­ñía y que dia­ria­men­te le aguar­da una jor­na­da ago­ta­do­ra debi­do a las exi­gen­cias deman­da­das por sus supe­rio­res a quie­nes poco les impor­ta el exce­so de horas que ella des­ti­na al mis­mo. En la actua­li­dad debe cum­plir con los reque­ri­mien­tos de una com­pa­ñía aus­tría­ca que enco­men­dó a su empre­sa la pro­duc­ción de un video comer­cial sobre acci­den­tes labo­ra­les. Para ello, esta mujer mane­jan­do un auto reco­rre las rutas de Buca­rest para loca­li­zar a per­so­nas que han sufri­do tales peri­pe­cias. Simul­tá­nea­men­te, Jude uti­li­za extrac­tos del film rumano de 1981 Ange­la mere mai depar­te diri­gi­do por Lucian Bra­tu en el que su pro­ta­go­nis­ta (Dori­na Lazar) es una taxis­ta que con­vi­ve en un medio patriar­cal duran­te la épo­ca del dic­ta­dor Ceaușes­cu; esa expo­si­ción adquie­re rele­van­cia para ana­li­zar en qué se dife­ren­cia o se igua­la la épo­ca ya ida con el mar­co social con­tem­po­rá­neo en don­de Ange­la no está exen­ta del machis­mo vigente.

Duran­te el día en que se desa­rro­lla el rela­to ella reco­ge en el aero­puer­to a Doris Goethe (Nina Hoss) quien es la repre­sen­tan­te de la empre­sa aus­tría­ca en don­de en el tras­la­do hacia el hotel la con­duc­to­ra le comen­ta cómo las cor­po­ra­cio­nes extran­je­ras abu­san de las com­pa­ñías loca­les, a lo que Doris repli­ca seña­lan­do que el pro­ble­ma radi­ca más bien por par­te de quie­nes se dejan explotar.

Pro­si­guien­do con su misión de ubi­car a sobre­vi­vien­tes de acci­den­tes en luga­res de tra­ba­jo, des­pués de encon­trar a posi­bles pos­tu­lan­tes Ange­la final­men­te ubi­ca al can­di­da­to ideal en la per­so­na de Ovi­diu Buca (Ovi­diu Pir­san). En un remar­ca­ble plano secuen­cia de apro­xi­ma­da­men­te 30 minu­tos se asis­te a la fil­ma­ción del cor­to “For­bid­den Pla­net” en el que Ovi­diu a cam­bio de los 500 euros que habrá de reci­bir se apres­ta a ser fil­ma­do rodea­do por sus fami­lia­res. Es allí que él deta­lla lo ocu­rri­do el 24 de noviem­bre de 2020 cuan­do des­pués de una inten­sa jor­na­da de tra­ba­jo de 17 horas al fina­li­zar la mis­ma y cuan­do se dis­po­ne a reti­rar su coche del apar­ca­mien­to del esta­ble­ci­mien­to es atro­pe­lla­do por otro vehícu­lo; como con­se­cuen­cia de ese cho­que él per­ma­ne­ce en esta­do de coma duran­te 13 meses y al des­per­tar des­cu­bre que está para­li­za­do de la cin­tu­ra has­ta las extre­mi­da­des infe­rio­res por lo que de por vida debe des­pla­zar­se en silla de rue­das. Sin embar­go el direc­tor del equi­po de fil­ma­ción le hace repe­tir las tomas varias veces seña­lán­do­le que no men­cio­ne las horas extras de labor rea­li­za­das con el pro­pó­si­to de que su tes­ti­mo­nio resul­te acep­ta­ble para la com­pa­ñía austríaca.

A todas luces esta come­dia en par­te satí­ri­ca refle­ja las irre­gu­la­ri­da­des de cor­po­ra­cio­nes que en pro­cu­ra del lucro y des­po­ja­das de con­te­ni­do humano explo­tan a sus emplea­dos afec­tan­do su salud por el exce­so de horas tra­ba­ja­das sin adi­cio­nal remu­ne­ra­ción; cla­ra­men­te que­da expues­ta una crí­ti­ca cla­ra y pre­ci­sa a los males que engen­dra el sis­te­ma capitalista.

Dicho lo que ante­ce­de, esta radi­cal, inte­lec­tual y ori­gi­nal come­dia dra­má­ti­ca imbui­da de nota­ble fran­que­za fas­ci­na­rá al ciné­fi­lo ávi­do de apre­ciar el alto nivel de cali­dad que acos­tum­bra ofre­cer el gran direc­tor rumano.

In Our Day (Corea del Sur)

Del pro­lí­fi­co rea­li­za­dor sur­co­reano Hong Sang-soo lle­ga este film que cier­ta­men­te divi­di­rá a la audien­cia tenien­do en cuen­ta que no exis­te un argu­men­to pre­ci­so ni tam­po­co cone­xión algu­na entre las dos his­to­rias narra­das que trans­cu­rren en Seúl.

IN OUR DAY

En una de las his­to­rias se obser­va a Sang­won (Kim Min-hee) una actriz que recién retor­nó a Seúl des­pués de haber tra­ba­ja­do fue­ra del país y que atra­vie­sa una cri­sis en su carre­ra al no tener mayor inte­rés en su pro­fe­sión. Alo­ján­do­se en lo de su ami­ga Jung-soo (Song Sun-mi) que vive con su gato, ambas muje­res reci­ben la visi­ta de Jisoo (Park Misoo), una joven parien­te de Sang­won, quien como aspi­ran­te actriz quie­re que le acon­se­jen sobre cier­tos aspec­tos de esta profesión.

En las tres esce­nas que con­for­man esta par­te del rela­to, lo más dis­tin­ti­vo es la des­apa­ri­ción del gato y los esfuer­zos para ubi­car­lo y traer­lo al hogar, así como la pro­po­si­ción de Jisoo de comer ram­yeon, una típi­ca comi­da sur­co­rea­na de fideos riza­dos sazo­na­dos con sal­sa picante.

Simul­tá­nea­men­te el direc­tor inter­ca­la tres esce­nas que con­for­man la otra his­to­ria; la mis­ma trans­cu­rre en el hogar del anciano poe­ta Hong Uiji (Ki Joo-bong) en don­de se halla Kijoo (Park Miso), una joven estu­dian­te de cine que lo está fil­man­do para su pro­yec­to de gra­dua­ción; Al poco tiem­po lle­ga el joven Jae­won (Ha Seong-guk) quien es un admi­ra­dor del poe­ta y el pro­pó­si­to de su visi­ta es for­mu­lar­le algu­nas pre­gun­tas filo­só­fi­cas sobre el sig­ni­fi­ca­do de la vida, como así tam­bién acer­ca de la impor­tan­cia de la poe­sía en la era actual. Por estar afec­ta­do de una enfer­me­dad car­día­ca Hong Uiji debe abs­te­ner­se de fumar y evi­tar la bebi­da alcohó­li­ca; sin embar­go no pue­de resis­tir la ten­ta­ción de beber de la bote­lla de soju (licor coreano) que le obse­quia el visitante.

En la ausen­cia de un sig­ni­fi­ca­do pre­ci­so de estas dos inde­pen­dien­tes his­to­rias narra­das, el film se deja ver pero con­fi­gu­ra una obra infe­rior de la fil­mo­gra­fía de Sang-soo. A su favor, se des­ta­ca la natu­ral actua­ción de sus seis intér­pre­tes y la ajus­ta­da pues­ta escé­ni­ca del rea­li­za­dor, con­si­de­ran­do las limi­ta­cio­nes de espa­cio en que trans­cu­rren los dos esce­na­rios de su trama.

FNC 2023 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

A par­tir de hoy y pro­si­guien­do has­ta el 15 de octu­bre tie­ne lugar en Mon­treal la 52ª edi­ción del Fes­ti­val du nou­veau ciné­ma (FNC) con la pre­sen­ta­ción de La Pas­sion de Dodin Bouf­fant del cineas­ta Tràn Anh Hùng. La pro­gra­ma­ción inclu­ye 105 lar­go­me­tra­jes y 90 cor­to­me­tra­jes pro­ve­nien­tes de 57 paí­ses. Ade­más de títu­los aplau­di­dos en los fes­ti­va­les de Ber­lín, Can­nes, Vene­cia y Toron­to de este año, hay una bue­na selec­ción de pelí­cu­las per­te­ne­cien­tes a nue­vos pro­mi­so­rios realizadores.

He aquí el comen­ta­rio de cua­tro de los fil­mes que serán exhibidos.

La Pas­sion de Dodin Bouf­fant (Fran­cia)

La comi­da fran­ce­sa como esti­lo de vida es lo que pro­po­ne el direc­tor viet­na­mi­ta Tràn Anh Hung en este rela­to que resul­ta­rá ape­ti­to­so para los aman­tes de la “hau­te cuisine”.

Adap­ta­do de la nove­la de Mar­cel Rouf La Vida y Pasión de Dodin Bouf­fant publi­ca­da en 1924, el guión del rea­li­za­dor ambien­ta su desa­rro­llo en una man­sión cam­pes­tre de Fran­cia hacia fina­les del siglo 19. En ese apa­ci­ble rin­cón se sale al encuen­tro de la impe­ca­ble coci­ne­ra Euge­nie (Juliet­te Bino­che) y del gas­tró­no­mo Dodin (Benoît Magi­mel) quie­nes duran­te 20 años con­jun­ta­men­te han tra­ba­ja­do en la pre­pa­ra­ción de exqui­si­tas deli­cias culinarias.

La Pas­sion de Dodin Bouffant

Duran­te los pri­me­ros 30 minu­tos del rela­to se obser­va cómo Euge­nie pre­pa­ra para el desa­yuno una ape­ti­to­sa tor­ti­lla de hue­vos reco­men­dan­do de que para su con­su­mo es nece­sa­rio valer­se de una cucha­ra. Pos­te­rior­men­te con la ayu­da de su asis­ten­te Vio­let­te (Gala­tea Bellu­gi) efec­túa los pre­pa­ra­ti­vos de una comi­da para cua­tro ami­gos de Dodin (Emma­nuel Salin­ger, Patrick D’Assumçao, Fré­dé­ric Fis­bach y Jan Ham­me­nec­ker), pre­via­men­te apro­ba­do por el chef, con­si­de­ra­do como el Napo­león de la gas­tro­no­mía. A su vez Dodin se encar­ga­rá de pre­pa­rar el “pot au feu”, el clá­si­co pla­to fran­cés de len­ta coc­ción que será des­ti­na­do a un supues­to prín­ci­pe de Esto­nia. Asi­mis­mo Dodin remar­ca la impor­tan­cia que tie­ne dis­po­ner de un vino ade­cua­do para degus­tar una bue­na comida.

La his­to­ria narra­da es míni­ma y en su mayor par­te no exis­ten mayo­res con­flic­tos dra­má­ti­cos sal­vo algu­nos des­va­ne­ci­mien­tos que expe­ri­men­ta Euge­nie, apa­ren­te­men­te por can­san­cio, aun­que se pre­su­me que pade­ce de una enfer­me­dad aun­que ella ter­mi­nan­te­men­te lo nie­gue. Para mati­zar el rela­to, se apre­cia el víncu­lo sen­ti­men­tal de la pare­ja; si bien es cla­ro el amor que los une, Euge­nie en prin­ci­pio ama­ble­men­te recha­za la pro­pues­ta de casa­mien­to de Dodin, pero pos­te­rior­men­te acep­ta­rá su invi­ta­ción en la medi­da que culi­na­ria e inte­lec­tual­men­te exis­te una armo­nio­sa complementación.

La exce­len­te direc­ción de Anh Hung per­mi­te resal­tar bri­llan­te­men­te la pasión de la pare­ja por el arte culi­na­rio; en tal sen­ti­do la par­ti­ci­pa­ción del renom­bra­do chef Pie­rre Gag­nai­re como con­sul­tor refle­ja la auten­ti­ci­dad de los man­ja­res pre­pa­ra­dos. Pero pre­ci­sa­men­te por su pro­pio bien, el rela­to se extien­de más allá de lo nece­sa­rio en la medi­da que a la pos­tre en la mayor par­te se asis­te a un cur­so de comi­da que aun­que sin duda remar­ca­ble pue­de ase­me­jar­se a los que sue­len difun­dir­se en la televisión.

No obs­tan­te la obje­ción que ante­ce­de, el film se valo­ri­za por la insu­pe­ra­ble actua­ción de Bino­che y Magi­mel quie­nes com­pe­ne­tra­dos por com­ple­to en sus per­so­na­jes irra­dian la inmen­sa ter­nu­ra que los ani­ma. Así, una de las esce­nas emo­ti­vas del film tie­ne lugar cuan­do Dodin por pri­me­ra vez le pre­pa­ra a su com­pa­ñe­ra que yace enfer­ma un exqui­si­to pla­to de comi­da, o bien en el poé­ti­co des­en­la­ce de esta his­to­ria que resul­ta­ría indis­cre­to comen­tar. Una vez más que­da demos­tra­do como en cier­tos casos bri­llan­tes acto­res pue­den engran­de­cer la visión de una pelí­cu­la, sin dejar de lado la nota­ble pues­ta escé­ni­ca del rea­li­za­dor que le valió en Can­nes el pre­mio a la mejor dirección.

Los Colo­nos (Chi­le-Argen­ti­na-Fran­cia-Dina­mar­ca-Gran Bretaña-Suecia-Taiwán)

Resul­ta gra­ti­fi­can­te para el crí­ti­co de cine com­pro­bar el sur­gi­mien­to de nove­les rea­li­za­do­res capa­ces de mos­trar inusi­ta­da madu­rez en sus pri­me­ros tra­ba­jos. Ese es el caso del direc­tor chi­leno Feli­pe Gál­vez quien des­pués de una expe­rien­cia como guio­nis­ta y edi­tor en cor­to­me­tra­jes debu­ta en el lar­go­me­tra­je ilus­tran­do lúci­da­men­te de mane­ra fic­cio­nal un dra­ma his­tó­ri­co sobre el tra­ta­mien­to reci­bi­do por la pobla­ción autóc­to­na de Chile.

Los Colo­nos

El guión del rea­li­za­dor escri­to con Anto­nia Girar­di y la cola­bo­ra­ción de Mariano Lly­nás en su comien­zo ubi­ca la acción en 1901 en la región pata­gó­ni­ca de Chi­le y Argen­ti­na. Allí el pode­ro­so terra­te­nien­te José Menén­dez (Alfre­do Cas­tro), dedi­ca­do a la explo­ta­ción de ove­jas, quie­re des­pe­jar la vas­ta ruta con­du­cen­te a una sali­da en el Océano Atlán­ti­co. Para efec­tuar el reco­rri­do de esa zona con­tra­ta los ser­vi­cios del fun­cio­na­rio esco­cés MacLen­nan (Mark Stan­ley) para que eli­mi­ne a la pobla­ción autóc­to­na que pue­da encon­trar en el camino; para rea­li­zar su tarea con­ta­rá con la cola­bo­ra­ción del mer­ce­na­rio ame­ri­cano Bill (Ben­ja­mín West­fall) y del ayu­dan­te Segun­do (Cami­lo Aran­ci­bia) que es un mes­ti­zo oriun­do de la isla Chi­loé. En con­se­cuen­cia, para cum­plir su misión este hete­ro­gé­neo gru­po no vaci­la­rá en sem­brar a lo lar­go del camino un sen­de­ro de san­gre al per­se­guir y ase­si­nar a la comu­ni­dad indí­ge­na Selk’nam.

Sie­te años des­pués de la masa­cre, el pre­si­den­te chi­leno Pedro Montt desig­na al ofi­cial Vicu­ña (Mar­ce­lo Alon­so), con el bene­plá­ci­to de Menén­dez, para que visi­te Chi­loé a fin de tener un pre­ci­so cono­ci­mien­to acer­ca del ase­si­na­to come­ti­do al pue­blo autóc­tono; para ello inten­ta obte­ner infor­ma­ción de Segun­do que aho­ra modes­ta­men­te habi­ta allí jun­to con su mujer Kiep­ja (Mishell Gua­ña). En todo caso, las bue­nas inten­cio­nes no repa­ran el geno­ci­dio producido.

Los per­so­na­jes están muy bien esbo­za­dos y sobre todo el más elo­cuen­te es el de Segun­do que a tra­vés de su ópti­ca se asis­te a lo que acon­te­ce en el rela­to; si bien se pue­de empa­ti­zar con el mis­mo, lo cier­to es que él fue un cola­bo­ra­dor pasi­vo de los gra­ves inci­den­tes ocu­rri­dos a pesar de su ori­gen autóctono.

Con un buen elen­co, Gál­vez tie­ne la deli­ca­de­za de suge­rir antes que demos­trar en toda su mag­ni­tud las atro­ci­da­des come­ti­das. Impri­mien­do un apro­pia­do rit­mo, el rea­li­za­dor con­tó con el valio­so apor­te de la foto­gra­fía de Simo­ne D’Arcangelo cap­tan­do el agres­te pai­sa­je en que trans­cu­rre la acción. Que­da como resul­ta­do un muy buen arti­cu­la­do dra­ma que con­tun­den­te­men­te denun­cia la acción arra­sa­do­ra y des­truc­ti­va de los pue­blos ori­gi­na­rios que tuvo lugar en la Pata­go­nia a comien­zos del siglo pasa­do; todo ello en nom­bre de una tris­te colo­ni­za­ción ten­dien­te a apli­car el racis­mo y el cri­men a fin de lograr una civi­li­za­ción más purificada.

Here (Bél­gi­ca)

El res­pe­ta­do cineas­ta y guio­nis­ta bel­ga Bas Devos ofre­ce una pelí­cu­la de aus­te­ra dimen­sión y de valio­sa cali­dad que ha sido apre­cia­da en oca­sión de su estreno mun­dial en el fes­ti­val de Ber­lin de este año don­de obtu­vo el pre­mio al mejor film de la sec­ción Encounters.

Here

A tra­vés de un esti­lo diá­fano la dimi­nu­ta his­to­ria pre­sen­ta a dos seres que se des­co­no­cen pero cuyo encuen­tro for­tui­to per­mi­te brin­dar­les el con­fort de trans­mi­tir sus inquie­tu­des. Uno de ellos es Ste­fan (Ste­fan Gota), un obre­ro rumano que tra­ba­ja en Bru­se­las en el rubro de la cons­truc­ción. Apro­ve­chan­do sus vaca­cio­nes de verano se dis­po­ne via­jar a su país natal y para ello coci­na los vege­ta­les que aún res­tan en el refri­ge­ra­dor, pre­pa­ran­do una sopa que le ofre­ce­rá a sus más cer­ca­nos com­pa­ñe­ros de labor. A su vez apro­ve­cha la oca­sión para des­pe­dir­se de su her­ma­na Anca (Ali­na Cons­tan­tin) que es enfer­me­ra y que tam­bién resi­de en la capi­tal belga.

El otro per­so­na­je es Shu­xiu (Liyo Gong), una cien­tí­fi­ca inves­ti­ga­do­ra chi­na que se dedi­ca a ana­li­zar con su micros­co­pio las plan­tas no vas­cu­la­res con espe­cial énfa­sis en los mus­gos sil­ves­tres; ade­más par­te de su tiem­po lo des­ti­na a ayu­dar a su tía que tie­ne a su car­go un peque­ño restaurante.

Mien­tras Ste­fan aguar­da unos días para que le repa­ren su auto­mó­vil a fin de tras­la­dar­se a Ruma­nia, en una jor­na­da de inten­sa llu­via, entra al res­tau­ran­te don­de se halla Shu­xiu; pos­te­rior­men­te pasean­do por un par­que de la ciu­dad el azar quie­re que Ste­fan nue­va­men­te se encuen­tre con la inves­ti­ga­do­ra. Es allí don­de cada uno apren­de algo del otro y todo hace pre­su­mir que se esta­ble­ce una mutua cone­xión entre el taci­turno rumano y la soli­ta­ria china.

Con míni­mos diá­lo­gos que­da con­cre­ta­da una his­to­ria sen­ci­lla pero lo sufi­cien­te­men­te pre­ci­sa en el estu­dio de carac­te­res que rea­li­za el com­pe­ten­te rea­li­za­dor de sus dos pro­ta­go­nis­tas como a su vez la pre­pon­de­ran­cia que adquie­re el mar­co de la natu­ra­le­za que les rodea. En esen­cia, Devos brin­da un film sutil y aun­que nada dra­má­ti­ca­men­te acon­te­ce, des­ti­la la sen­si­bi­li­dad nece­sa­ria para sedu­cir al espec­ta­dor ávi­do de un cine dia­me­tral­men­te opues­to a lo ofre­ci­do por los tra­di­cio­na­les block­bus­ters. Ade­más de Devos, pala­bras de elo­gio igual­men­te mere­ce la extra­or­di­na­ria foto­gra­fía de Grimm Van­de­kerckho­ve brin­dan­do una cau­ti­van­te sin­fo­nía de luz y color, sobre todo crean­do una espe­cial atmós­fe­ra de la ciu­dad en las horas nocturnas.

El Ros­tro de la Medu­sa (Argen­ti­na)

La novel rea­li­za­do­ra Meli­sa Lie­benthal en su pri­mer lar­go­me­tra­je de fic­ción par­te de una pre­mi­sa extra­ña cuyo pro­pó­si­to resul­ta difí­cil de cap­tar a tra­vés de su desarrollo.

El guión de Agus­tín Godoy y Lie­benthal pre­sen­ta a Mari­na (Rocío Ste­lla­to), una docen­te de 30 años de edad que ha vis­to su ros­tro cam­bia­do como resul­ta­do de una hin­cha­zón que comen­zó tiem­po atrás. Habien­do recu­rri­do a varios médi­cos para resol­ver su situa­ción y retor­nar a su cara ori­gi­nal, aún no ha encon­tra­do solu­ción al pro­ble­ma que le aflige..

El Ros­tro de la Medusa

Nada se sabe sobre la cau­sa de su infla­ma­ción pero lo cier­to es que su acti­tud la impul­sa a man­te­ner­se ocul­ta en la medi­da de lo posi­ble, lo que impli­ca el haber soli­ci­ta­do licen­cia en su tra­ba­jo como asi­mis­mo evi­tar el encuen­tro con su novio (Vla­di­mir Durán), por temor de que fue­se recha­za­da por su nue­vo aspec­to. Eso exclu­ye a sus padres que ya están habi­tua­dos a ver­la tal cual es.

En prin­ci­pio se pue­de acep­tar el hecho de que la iden­ti­dad de una per­so­na se aso­cie a cómo ella se vea y que cual­quier cam­bio rotun­do afec­te la pér­di­da de la mis­ma. Pero la direc­to­ra adop­ta un tra­ta­mien­to con­fu­so en que el trau­ma psi­co­ló­gi­co de Mari­na no lle­ga a com­pren­der­se cla­ra­men­te. Afron­tan­do su cri­sis ella visi­ta un zoo­ló­gi­co para obser­var los sem­blan­tes de los ani­ma­les tra­tan­do de bus­car algu­na aso­cia­ción con el suyo. A todo ello Lie­benthal intro­du­ce esce­nas de ani­ma­ción digi­tal con imá­ge­nes de ros­tros que dis­traen la narra­ción; tam­po­co ayu­da mucho la rela­ción espe­cial que Mari­na man­tie­ne con su abue­la y el affai­re con un estu­dian­te de la facul­tad a fin de escla­re­cer la cri­sis de iden­ti­dad que la aflige.

Deci­di­da­men­te expe­ri­men­tal y sin que el pun­to de par­ti­da adquie­ra enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca, la enig­má­ti­ca pro­pues­ta de la rea­li­za­do­ra si bien inten­cio­nal­men­te audaz no alcan­za a tras­cen­der; en con­se­cuen­cia, al final de la pro­yec­ción que­da abier­ta la pre­gun­ta ¿y aho­ra qué?

Fil­mes Vis­tos en el TIFF (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Cerrar los Ojos (Espa­ña-Argen­ti­na)

El céle­bre rea­li­za­dor Víc­tor Eri­ce que ofre­ció títu­los tan valio­sos como El Espí­ri­tu de la Col­me­na (1973), El Sur (1983) y El Sol del Mem­bri­llo (1992), des­pués de 31 años de ausen­cia retor­na con este excep­cio­nal dra­ma melan­có­li­co. Sin duda algu­na el octo­ge­na­rio cineas­ta emer­ge más lúci­do que nun­ca, per­mi­tien­do que el ciné­fi­lo goce con la his­to­ria pro­pues­ta por él con la cola­bo­ra­ción de Michel Gaztambide.

Cerrar los Ojos

Las pri­me­ras imá­ge­nes del rela­to trans­cu­rren des­pués de la Segun­da Gue­rra en un majes­tuo­so cas­ti­llo ubi­ca­do en algún lugar no espe­ci­fi­ca­do de la Fran­cia rural; allí está radi­ca­do su millo­na­rio pro­pie­ta­rio (Josep María Pou), un judío espa­ñol refu­gia­do que le soli­ci­ta a un com­pa­trio­ta suyo (José Coro­na­do) que tra­te de loca­li­zar y traer de retorno a su hija des­apa­re­ci­da en el con­flic­to béli­co y que aho­ra se encuen­tra en Shanghái.

Para gran sor­pre­sa del espec­ta­dor, lo que has­ta ese momen­to obser­vó en la pan­ta­lla era la fil­ma­ción de una pelí­cu­la (La Mira­da del Adiós) que en 1990 esta­ba diri­gien­do el cineas­ta espa­ñol Miguel Garay (Mano­lo Solo) y que no pudo con­cluir­la por­que repen­ti­na­men­te des­apa­re­ció sin dejar hue­lla algu­na su pro­ta­go­nis­ta Julio Are­nas (José Coronado).

Con estos ante­ce­den­tes la acción se des­pla­za a 2012 don­de en un pro­gra­ma tele­vi­si­vo de gran audien­cia titu­la­do Casos sin Resol­ver, Garay es invi­ta­do para que sumi­nis­tre deta­lles de aquel pro­yec­to malo­gra­do y ofrez­ca algu­nos datos del actor des­apa­re­ci­do quien a su vez había sido su gran ami­go. Ese pro­gra­ma moti­va a que Garay, que des­pués de su pelí­cu­la incon­clu­sa dejó de fil­mar y se des­pla­zó a una aldea de pes­ca­do­res de Anda­lu­cía para vivir, tra­te de inves­ti­gar cuál ha sido el para­de­ro de su ami­go; entre algu­nos de sus con­tac­tos se encuen­tra el edi­tor y archi­vis­ta del film (Mario Par­do), una can­tan­te ami­ga (Sole­dad Vila­mil) que ha sido su aman­te como tam­bién de Are­nas y Ana (Ana Torrent), la hija del des­apa­re­ci­do actor. Si bien su bús­que­da en prin­ci­pio resul­ta infruc­tuo­sa, una tra­ba­ja­do­ra social se comu­ni­ca con la res­pon­sa­ble del pro­gra­ma de tele­vi­sión para brin­dar valio­sa infor­ma­ción sobre Arenas.

Aquí comien­za la segun­da y apa­sio­nan­te his­to­ria del rela­to que de mane­ra algu­na con­vie­ne divul­gar, excep­to men­cio­nar que el ciné­fi­lo que­da­rá com­ple­ta­men­te con­cen­tra­do con el desa­rro­llo de los acon­te­ci­mien­tos has­ta cul­mi­nar en un remar­ca­ble y con­mo­ve­dor des­en­la­ce en don­de la memo­ria y el olvi­do adquie­ren relevancia.

Con el sen­sa­cio­nal elen­co que Eri­ce logró con­vo­car cabe resal­tar la hip­nó­ti­ca actua­ción de Solo así como la mag­ní­fi­ca expre­si­vi­dad des­ti­la­da por Coro­na­do; asi­mis­mo para quie­nes aplau­die­ron en 1973 a la peque­ña Ana Torrent de 7 años de edad en El Espí­ri­tu de la Col­me­na, resul­ta­rá nos­tál­gi­co y cau­ti­van­te con­tem­plar aho­ra a la vete­ra­na actriz, nue­va­men­te de la mano del gran cineasta.

La magia del cine, tal como había sido con­ce­bi­da por los her­ma­nos Augus­te y Louis Lumiè­re, ha sido mara­vi­llo­sa­men­te revi­vi­da por Eri­ce en esta remar­ca­ble película.

El Rap­to (Argen­ti­na)

La direc­to­ra Danie­la Gog­gi, bien cono­ci­da por sus logros en Abzur­dah /2015) y El Hilo Rojo (2016) enfo­ca aho­ra un dra­ma his­tó­ri­co vivi­do en Argen­ti­na duran­te el pro­ce­so de tran­si­ción de la demo­cra­cia des­pués de la. dic­ta­du­ra militar.

El Rap­to

El guión de Gog­gi y Andrea Garro­te está basa­do en la nove­la de Mar­tin Sivak El Sal­to de Papá mos­tran­do algu­nas de las gra­ves ano­ma­lías exis­ten­tes en los pri­me­ros años del perío­do en que el espe­ran­za­do pue­blo de Argen­ti­na comen­zó a expe­ri­men­tar los vien­tos de liber­tad que aso­ma­ban tras la san­grien­ta repre­sión vivi­da duran­te 7 años.

El comien­zo es aus­pi­cio­so refle­jan­do la emo­ción de Julio Levy (Rodri­go de la Ser­na) y su fami­lia retor­nan­do del exi­lio en 1983 para ini­ciar una nue­va eta­pa de su vida en Bue­nos Aires. De inme­dia­to Julio se rein­cor­po­ra a la ins­ti­tu­ción finan­cie­ra fami­liar a car­go de su padre (Jor­ge Marra­le) jun­to con la par­ti­ci­pa­ción de su her­mano Miguel (Ger­mán Palacios).

El cli­ma jubi­lo­so es de cor­to alcan­ce cuan­do Miguel sor­pre­si­va­men­te es secues­tra­do en la calle y a par­tir de allí Julio se encuen­tra en la difí­cil tarea de nego­ciar con los secues­tra­do­res siguien­do las ins­truc­cio­nes reci­bi­das. A pesar de la entre­ga de dine­ro reque­ri­da por los mal­he­cho­res, su her­mano no es libe­ra­do. Des­pués de varias sema­nas sin noti­cias, Julio con su cuña­da Ali­cia (Andrea Garro­te) ‑la espo­sa de Miguel- soli­ci­tan una entre­vis­ta con el Pre­si­den­te Alfon­sín quien acce­de a la mis­ma y empa­ti­zan­do con los visi­tan­tes, deri­va el caso a la ase­so­ría mili­tar para que se ocu­pe del gra­ve problema.

La situa­ción se com­pli­ca cuan­do se des­cu­bren algu­nas grie­tas de la inci­pien­te demo­cra­cia, al com­pro­bar­se que varios de los res­pon­sa­bles del secues­tro habían par­ti­ci­pa­do en la dic­ta­du­ra y que aho­ra direc­ta o indi­rec­ta­men­te están infil­tra­dos en las esfe­ras polí­ti­cas del gobierno. Es así como la corrup­ción, intri­gas, mano­seos y trai­cio­nes van crean­do un asfi­xian­te cli­ma don­de la demo­cra­cia es pues­ta a prue­ba a pesar de las nobles inten­cio­nes del pri­mer man­da­ta­rio tra­tan­do de sobre­lle­var su ges­tión en la mejor for­ma posible.

Para­le­la­men­te a la situa­ción rei­nan­te, el film rese­ña cómo el secues­tro ha afec­ta­do a la fami­lia de Julio, con espe­cial refe­ren­cia a su abne­ga­da espo­sa Sil­via (Julie­ta Zyl­ber­berg), como asi­mis­mo a la deses­pe­ra­da mujer de Miguel. En tal sen­ti­do, uno de los sus­ten­tos de este con­mo­ve­dor dra­ma des­can­sa en su sóli­do elen­co, espe­cial­men­te agra­cia­do por la exce­len­te carac­te­ri­za­ción de Rodri­go de la Ser­na en el per­so­na­je protagónico.

Aun­que el rela­to abun­da en refe­ren­cias de lo acon­te­ci­do en el país sud­ame­ri­cano, la sóli­da direc­ción de Gog­gi per­mi­te que el film adquie­ra tras­cen­den­cia internacional.

Copa 71 (Gran Bretaña)

No es nece­sa­rio ser adic­to al fút­bol para apre­ciar este efi­caz docu­men­tal demos­tran­do que este popu­la­rí­si­mo depor­te mun­dial no es atri­bu­to exclu­si­vo del géne­ro masculino.

A tra­vés de impor­tan­te mate­rial de archi­vo y de entre­vis­tas rea­li­za­das a la hora actual, el film de Rachel Ram­say y James Ers­ki­ne con­si­de­ra la cele­bra­ción del cam­peo­na­to mun­dial feme­nino que tuvo lugar en Méxi­co en 1971. En esa épo­ca la prác­ti­ca de este depor­te rea­li­za­do por muje­res no era bien mira­do por el con­tex­to social rei­nan­te. Esa limi­ta­ción no solo alcan­za­ba a los fami­lia­res de las depor­tis­tas sino tam­bién a la FIFA (Fede­ra­ción Inter­na­cio­nal de Fút­bol Aso­cia­ción) que de nin­gu­na mane­ra apo­ya­ría ni reco­no­ce­ría un tor­neo mun­dial femenino.

Es la voz de Sere­na Williams quien en su comien­zo intro­du­ce al espec­ta­dor en la géne­sis de esta his­to­ria para pos­te­rior­men­te pro­se­guir con el rela­to comen­ta­do por algu­nas de las muje­res que habían par­ti­ci­pa­do en el even­to. Entre las mis­mas inter­vie­nen Elba Sel­va (Argen­ti­na), Nico­le Man­gas (Fran­cia), Sil­via Zara­go­za y Elvi­ra Ara­cén (Méxi­co), Carol Wil­son (Ingla­te­rra), Ele­na Schia­vo (Ita­lia), Bir­te Kjems y Ann Sten­gard (Dina­mar­ca) quie­nes comen­tan sus his­to­rias per­so­na­les y los obs­tácu­los que tuvie­ron que supe­rar para con­cre­tar su voca­ción depor­tis­ta; asi­mis­mo es de espe­cial inte­rés la con­tri­bu­ción del his­to­ria­dor David Gold­blatt efec­tuan­do una rese­ña del depor­te a lo lar­go del siglo pasado.

Al pro­pio tiem­po gran par­te del metra­je expo­ne los momen­tos más emo­cio­nan­tes de los par­ti­dos dispu­tados por Argen­ti­na, Fran­cia, Méxi­co, Ingla­te­rra, Ita­lia y Dina­mar­ca a par­tir del 15 de agos­to de 1971. Este Cam­peo­na­to Mun­dial Feme­nino cul­mi­nó el 5 de sep­tiem­bre con la asis­ten­cia de más de 100 mil per­so­nas en el Esta­dio Azte­ca de la Ciu­dad de Méxi­co don­de se reali­zó el elec­tri­zan­te encuen­tro de los juga­do­res de Méxi­co y Dina­mar­ca con el rotun­do e indis­cu­ti­do triun­fo del equi­po danés que fue galar­do­na­do con la céle­bre Copa.

La Copa 71 que­da regis­tra­do como el más con­cu­rri­do even­to depor­ti­vo de la his­to­ria y tal como se acla­ra en los cré­di­tos fina­les su esta­tus de copa mun­dial aún no es reco­no­ci­do por la FIFA, no obs­tan­te que hoy día el depor­te de fút­bol feme­nino es el de mayor cre­ci­mien­to en el planeta.

En esen­cia, Ers­ki­ne y Ram­say ofre­cen con este ameno docu­men­tal un cáli­do y jus­ti­cie­ro home­na­je a las muje­res que aman y prac­ti­can el fútbol.

The Dead Don’t Hurt (Méxi­co-Cana­dá-Dina­mar­ca)

El apre­cia­ble géne­ro del wes­tern cobra nue­vo alien­to en esta pro­duc­ción fil­ma­da con sumo esme­ro por Vig­go Mor­ten­sen quien ade­más de rea­li­za­dor y guio­nis­ta par­ti­ci­pa como actor.

The Dead Don’t Hurt

La acción comien­za en la fron­te­ra del oes­te ame­ri­cano en los años 60 del siglo 19 don­de el inmi­gran­te danés Hol­ger Olsen (Mor­ten­sen) sepul­ta a Vivien­ne Le Coudy (Vicky Krieps), su que­ri­da mujer fran­co cana­dien­se que falle­ció de una enfer­me­dad no especificada.

De inme­dia­to la his­to­ria retro­ce­de al pasa­do en don­de se obser­va como Hol­ger y su mujer lle­ga­ron a cono­cer­se en San Fran­cis­co, sur­gien­do de inme­dia­to una rápi­da comu­ni­ca­ción y sim­pa­tía que moti­vó a unir sus vidas a pesar de que ella ha rehu­sa­do a casar­se. Vivien­do en un remo­to y deso­la­do sec­tor de Neva­da, como mujer inde­pen­dien­te ella que solía ven­der flo­res con­si­gue un empleo en la taber­na local, en tan­to que Hol­ger se desem­pe­ña como carpintero.

La región tie­ne como alcal­de a Rudolph Schi­ller (Danny Hus­ton), un corrup­to indi­vi­duo vin­cu­la­do con el pode­ro­so terra­te­nien­te Alfred Jef­fries (Garret Dillahunt) cuyo vio­len­to hijo Wes­ton (Solly McLeod) se sola­za matan­do a mexi­ca­nos sin moti­vo alguno.

La vida trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te sin que nada per­tur­be la feli­ci­dad de la pare­ja has­ta que al comen­zar la gue­rra civil Hol­ger deci­de enlis­tar­se como volun­ta­rio en el ejér­ci­to; si bien Vivian­ne no está de acuer­do con la deci­sión de su mari­do, ella evi­ta inter­fe­rir en la misma.

La situa­ción se com­pli­ca para Vivian­ne cuan­do estan­do sola recha­za ter­mi­nan­te­men­te los avan­ces amo­ro­sos de Wes­ton quien final­men­te la aba­te y vio­la salvajemente.

Cuan­do des­pués de algu­nos años de ausen­cia Hol­ger retor­na al hogar, com­prue­ba muy a su pesar que su mujer es madre de un niño. Aun­que él acep­ta con noble­za el rol de padre para un hijo que no es suyo, no dura­rá mucho el enfren­ta­mien­to que man­ten­drá con el villano Wes­ton y cuyo resul­ta­do es obvia­men­te predecible.

Sin lle­gar a nive­les de excep­ción, la his­to­ria atrae por la entra­ña­ble y román­ti­ca rela­ción de Vivien­ne y Hol­ger, a pesar de algu­nas ins­tan­cias de des­acuer­do y obs­tácu­los que deben supe­rar. Con una bue­na rea­li­za­ción, Mor­ten­sen se valió de un buen elen­co en don­de pre­do­mi­na la irre­pro­cha­ble actua­ción de Vicky Krieps. En los aspec­tos téc­ni­cos se des­ta­ca la muy bue­na foto­gra­fía de Mar­cel Zys­kind otor­gan­do al film un atrac­ti­vo esti­lo visual.

A Nor­mal Family (Corea del Sur)

Del renom­bra­do rea­li­za­dor sur­co­reano Hur Jin-ho lle­ga a la pan­ta­lla un inquie­tan­te rela­to imbui­do de con­si­de­ra­ble con­no­ta­ción moral. Basa­do en la nove­la holan­de­sa Het Diner (La Cena) de Her­man Koch, la adap­ta­ción rea­li­za­da por los guio­nis­tas Park Eun-kyo y Joon-seok con­fi­gu­ra un valio­so apor­te en la medi­da que el cineas­ta cap­tó en toda su dimen­sión las vici­si­tu­des pro­du­ci­das en el seno de dos fami­lias que a des­pe­cho del títu­lo del film se apar­tan de los cáno­nes normales.

La pelí­cu­la comien­za con un enco­le­ri­za­do inci­den­te calle­je­ro que se pro­du­ce entre dos con­duc­to­res de autos en don­de uno de ellos ter­mi­na­rá muer­to dejan­do en el vehícu­lo a su hiji­ta heri­da. El exi­to­so abo­ga­do cri­mi­na­lis­ta Jae-wan (Sol Kyung-gu) asu­me la defen­sa del homi­ci­da en tan­to que su her­mano menor Jae-gyu (Jang Dong-gun) que es médi­co pedia­tra tie­ne a su car­go la ope­ra­ción de la niña gra­ve­men­te mal­tre­cha. De allí se van cono­cien­do las per­so­na­li­da­des de dos her­ma­nos con prin­ci­pios éti­cos bien dife­ren­tes; así, mien­tras el legis­ta sólo está intere­sa­do en el bene­fi­cio pecu­nia­rio que le pro­vee su pro­fe­sión sin impor­tar­le a quien tie­ne que defen­der, el médi­co en cam­bio ante­po­ne el sanea­mien­to de sus pacien­tes como obje­ti­vo pri­mor­dial sin que el dine­ro entre en juego.

Jae Wan con su joven espo­sa Ji-su (Clau­dia Kim) y Jae-gyu con su cón­yu­ge Yeon-kyung (Kim Hee-ae) sue­len reu­nir­se con cier­ta fre­cuen­cia para cenar en sun­tuo­sos res­tau­ran­tes man­te­nien­do entre ellos una bue­na rela­ción fami­liar. Eso se extien­de tam­bién a la amis­tad rei­nan­te entre los pri­mos ado­les­cen­tes Si-ho (hijo de Jae-gyu) y Hye-yoon (hija de Jae-wan).

Si bien el rela­to está impreg­na­do de varias situa­cio­nes vio­len­tas, la más con­tun­den­te se pro­du­ce cuan­do ambos ado­les­cen­tes des­pués de haber sali­do de una fies­ta, a tra­vés de un bru­tal epi­so­dio con un hom­bre sin hogar que se encuen­tra en la calle le oca­sio­nan su muer­te y eso que­da regis­tra­do en una cáma­ra de video. Es ahí don­de ese cri­men moti­va a que el rela­to cobre con­si­de­ra­ble dra­ma­ti­ci­dad en la medi­da que los res­pec­ti­vos padres adop­tan posi­cio­nes drás­ti­ca­men­te opues­tas con res­pec­to a cómo tra­tar esta tra­ge­dia. En tan­to que Jae-gyu a toda cos­ta quie­re pro­te­ger a su hijo dejan­do de lado sus altos prin­ci­pios mora­les, Jae-wan posi­ble­men­te por un pro­ble­ma de con­cien­cia está resuel­to a denun­ciar a la poli­cía el ase­si­na­to come­ti­do por los ado­les­cen­tes. En con­se­cuen­cia, la rela­ción de ambas fami­lias se desin­te­gran por com­ple­to gene­ran­do un cli­ma de máxi­ma ten­sión que con­du­ce a un des­en­la­ce que si bien pue­de ser obje­to de dis­cu­sión de todos modos resul­ta con­vin­cen­te tal como está expuesto.

Con una des­crip­ción minu­cio­sa de sus per­so­na­jes y adop­tan­do un diná­mi­co rit­mo, Hur Jin-ho brin­da un exce­len­te film resal­tan­do cómo la mora­li­dad huma­na pue­de refle­jar dis­pa­res sen­ti­mien­tos cuan­do entra en jue­go la pro­tec­ción de los hijos.

Without Air (Hun­gría)

Nue­va­men­te en la sec­ción Dis­co­very del TIFF resul­ta gra­ti­fi­can­te des­cu­brir a nove­les cineas­tass como en este caso acon­te­ce con Kata­lin Mol­do­vai quien en su pri­mer lar­go­me­tra­je demues­tra poseer un sóli­do talento.

Without Air

El guión de la rea­li­za­do­ra y Zita Palóc­zi ubi­ca la acción en una peque­ña ciu­dad de Hun­gría pre­sen­tan­do a Ana (Ágnes Krasz­nahor­kai), pro­fe­so­ra de lite­ra­tu­ra en la escue­la Balas­si de ense­ñan­za media. A tra­vés de varios años de deno­da­da labor se ha gran­jea­do el res­pe­to de Eva (Tün­de Sko­vrán) que es la direc­to­ra del esta­ble­ci­mien­to, de sus cole­gas y sobre todo del alum­na­do inte­gra­do por jóve­nes de 17 años quie­nes han vis­to en ella a una pre­cur­so­ra e ins­pi­ra­do­ra lite­ra­ria median­te los tex­tos leí­dos en cla­se, inclu­yen­do las poe­sías. Como lo ha hecho en el pasa­do, des­pués de una cla­se dedi­ca­da al poe­ta Arthur Rim­baud, Ana sugie­re a los alum­nos que vean el film de 1995 Total Eclip­se de Agniesz­ka Holland, en don­de se ilus­tra la rela­ción amo­ro­sa man­te­ni­da entre Rim­baud y el poe­ta Paul Ver­lai­ne; sin duda algu­na el pro­pó­si­to de la visión resi­de en su con­te­ni­do poé­ti­co y de nin­gu­na mane­ra en el víncu­lo sexual de estos poetas.

El con­flic­to dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do el con­ser­va­dor padre de Vik­tor (Soma Sán­dor), uno de sus más des­ta­ca­dos alum­nos, obser­va a su hijo vien­do el film; de mane­ra impul­si­va se diri­ge a la escue­la adu­cien­do la inapro­pia­da con­duc­ta de Anna por reco­men­dar una pelí­cu­la que pue­de corrom­per a los alum­nos por su con­te­ni­do homo­se­xual. A par­tir de ese momen­to Ana se encuen­tra en un labe­rin­to kaf­kiano sin ima­gi­nar cómo ese film lle­ga a ser la cau­sa de reci­bir una posi­ble amo­nes­ta­ción. Tenien­do en cuen­ta que la escue­la está por cele­brar el ses­qui­cen­te­na­rio de su fun­da­ción y que el inci­den­te pro­du­ci­do pue­da dañar su ima­gen con la posi­bi­li­dad de no obte­ner sub­si­dios finan­cie­ros de la alcal­día, la direc­to­ra no obs­tan­te tener una exce­len­te opi­nión de la pro­fe­so­ra, la san­cio­na con una reprimenda.

Ante seme­jan­te injus­ti­cia, Ana deci­de ape­lar la sen­ten­cia para que la mis­ma sea anu­la­da. Sin embar­go, su acti­tud cau­sa inusi­ta­do revue­lo y para peor se agra­va al alcan­zar difu­sión públi­ca. A tra­vés de la mar­gi­na­li­za­ción que va expe­ri­men­tan­do ella com­prue­ba el pusi­lá­ni­me medio social que la rodea.

Sin caer en dema­go­gia algu­na, con este valien­te y audaz film remar­ca­ble­men­te eje­cu­ta­do la novel rea­li­za­do­ra efec­túa una cla­ra denun­cia de la into­le­ran­cia, cinis­mo, per­ver­sión y des­in­for­ma­ción rei­nan­te así como la ausen­cia de una autén­ti­ca liber­tad de expresión.

Nota: Las fotos han sido sumi­nis­tra­das por el TIFF

Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2023 (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Lim­bo (Aus­tra­lia)

Si aca­so hay una per­so­na cine­ma­to­grá­fi­ca­men­te com­ple­ta, ésa es Ivan Sen. El reco­no­ci­do y aplau­di­do rea­li­za­dor autóc­tono es ade­más el guio­nis­ta, fotó­gra­fo, músi­co y por aña­di­du­ra el edi­tor de este dra­ma. Como lo ha refle­ja­do en fil­mes pre­ce­den­tes, Sen logra expo­ner, la mane­ra en que la jus­ti­cia aus­tra­lia­na deja de actuar como tal cuan­do se tra­ta de la pobla­ción indígena.

Lim­bo

Ambien­ta­da en una zona desér­ti­ca del sur de Aus­tra­lia, el rela­to pre­sen­ta al detec­ti­ve Tra­vis Hur­ley (Simon Baker) quien ha sido comi­sio­na­do para que con­si­de­re si hay indi­cios que per­mi­tan reabrir el caso de Char­lot­te Hayes, una joven indí­ge­na que ha sido ase­si­na­da hace 20 años en el fic­ti­cio encla­ve mine­ro de Lim­bo; ese caso no resuel­to debi­do a la apa­tía poli­cial habría sido tra­ta­do con mayor inte­rés si una chi­ca blan­ca hubie­ra sido la víctima.

Allí lle­ga Tra­vis uti­li­zan­do como alo­ja­mien­to una pie­za del motel igual­men­te lla­ma­do Lim­bo y el lugar en don­de se alber­ga se ase­me­ja a una extra­ña caver­na, sin que se avis­te a otros pasa­je­ros ni tam­po­co a nadie encar­ga­do de la recep­ción. En su pri­me­ra noche y antes de comen­zar la tarea se inyec­ta una dosis de heroí­na aun­que su dro­ga­dic­ción no afec­ta­rá la rea­li­za­ción de su trabajo.

En su inves­ti­ga­ción el ins­pec­tor loca­li­za en pri­mer lugar a Char­lie (Rob Collins) y su dis­tan­cia­da her­ma­na Emma (Natasha Wan­ga­neen), ambos her­ma­nos de la difun­ta que en prin­ci­pio se mues­tran escép­ti­cos y poco dis­pues­tos a cola­bo­rar con nin­gún poli­cía blan­co. Asi­mis­mo en su tarea tam­bién entre­vis­ta a habi­tan­tes blan­cos del lugar don­de entre ellos se encuen­tra un dema­cra­do anciano (Nicho­las Hope) cuyo her­mano ya des­apa­re­ci­do cons­ti­tu­yó el prin­ci­pal sos­pe­cho­so del cri­men cometido.

En el tra­ta­mien­to del tema, que­da refle­ja­do el ais­la­mien­to exis­ten­te entre la comu­ni­dad abo­ri­gen y la pobla­ción blan­ca. Asi­mis­mo y fre­cuen­tan­do cada vez más a Emma y a sus hijas emer­ge un tierno víncu­lo a la vez que se refle­ja cómo la muer­te de Char­lot­te ha crea­do un pro­fun­do trau­ma tan­to en ella como en su her­mano. Al pro­pio tiem­po eso no exclu­ye impo­ner­se de los demo­nios inte­rio­res refle­ja­dos en Tra­vis, que de algún modo lo indu­je­ron a la drogadicción.

Aun­que el rit­mo del film no alcan­ce una com­ple­ta flui­dez la his­to­ria rela­ta­da por el direc­tor cala en el áni­mo del espec­ta­dor, per­mi­tién­do­le infe­rirr cómo las aris­tas racis­tas del pasa­do colo­nial del país aún per­sis­ten así como la exis­ten­cia de un sis­te­ma judi­cial des­igual para la comu­ni­dad indí­ge­na. Ade­más de la remar­ca­ble inter­pre­ta­ción brin­da­da por Baker y de Wan­ga­neen cabe des­ta­car la visual­men­te fas­ci­nan­te foto­gra­fía en blan­co y negro cap­tan­do en toda su dimen­sión el pano­ra­ma desértico.

Les Jours Heu­reux (Cana­dá)

Así como en el remar­ca­ble film Tar (2022) de Todd Field se asis­te a la his­to­ria de una con­sa­gra­da com­po­si­to­ra y direc­to­ra musi­cal, en este caso en su ter­cer lar­go­me­tra­je la direc­to­ra Chloé Robi­chaud abor­da un tema que en prin­ci­pio pare­ce ase­me­jar­se pero su enfo­que es sus­tan­cial­men­te diferente.

Les Jours Heureux

En un guión que le per­te­ne­ce la rea­li­za­do­ra cen­tra su aten­ción en Emma (Sophie Des­ma­rais) una apa­sio­na­da y ambi­cio­sa direc­to­ra musi­cal tra­tan­do de encon­trar un rum­bo defi­ni­ti­vo en su carre­ra en tan­to que hay fac­to­res que le impi­den lograr ple­na satis­fac­ción en su vida.

Uno de las difi­cul­ta­des que enfren­ta Emma es la rela­ción con su padre Patrick (Syl­vain Mar­cel). Sien­do su agen­te artís­ti­co, con­tro­la en dema­sía su actua­ción musi­cal has­ta el pun­to en que su exi­gen­cia adquie­re un tono abu­si­vo; así en los ensa­yos de sus con­cier­tos siem­pre tie­ne algo que obje­tar­le, ya sea por­que no brin­da dema­sia­da emo­ción a las pie­zas que diri­ge o bien por­que no impri­me la vita­li­dad nece­sa­ria reque­ri­da en las obras de cier­tos auto­res difí­ci­les como lo es la músi­ca de Arnold Shöenberg.

El otro ele­men­to que a ella le preo­cu­pa es su víncu­lo con Naë­lle (Nour Belkhi­ria), una mujer mono­pa­ren­tal de un niño de 5 años y que a la vez es vio­lon­che­lis­ta de la orques­ta.. Si bien, ambas están liga­das por un gran amor, Naë­lle no está del todo con­ven­ci­da de lle­var a cabo una vida jun­to a Emma.

Cuan­do se le pre­sen­ta la posi­bi­li­dad de lle­gar a ser direc­to­ra de una pres­ti­gio­sa orques­ta, es el momen­to en que Emma debe resol­ver si seguir tenien­do como agen­te a su padre y a la vez tomar una deci­sión con rela­ción a su vida sentimental.

El com­ple­jo dra­ma está muy bien abor­da­do por Robi­chaud y sin duda uno de los fac­to­res que gra­vi­tan exi­to­sa­men­te es la nota­ble com­pli­ci­dad que exis­te entre ella y Des­ma­rais, habien­do jun­tas tra­ba­ja­do ante­rior­men­te como rea­li­za­do­ra y actriz res­pec­ti­va­men­te (Sarah Pre­fers to Run, en 2013). Es así que la come­dian­te trans­mi­te mag­ní­fi­ca­men­te la varia­da gama emo­cio­nal que atra­vie­sa su per­so­na­je fren­te a los obs­tácu­los y desa­fíos enfrentados.

Ade­más de la sóli­da actua­ción del elen­co, es impor­tan­te des­ta­car el gran apor­te brin­da­do por el extra­or­di­na­rio maes­tro Yan­nick Nézet-Séguin quien ha actua­do como con­se­je­ro artís­ti­co a la vez que con­sul­tor musi­cal de este pro­yec­to. Si bien en la fic­ción es el per­so­na­je de Des­ma­rais que diri­ge la orques­ta, en reali­dad ha sido Séguin el direc­tor musi­cal logran­do otro triun­fo nota­ble de la Orches­tre Métro­po­li­tain y a la vez favo­re­ci­do por la vivaz foto­gra­fía de Ariel Méthot cap­tan­do a los exce­len­te músi­cos que inte­gran la OM.

I Don’t Know Who You Are (Cana­dá)

Nada resul­ta más gra­to para un crí­ti­co de cine que des­cu­brir un sober­bio film como es el caso del aquí comen­ta­do, que inte­gra la sec­ción Dis­co­very del TIFF cuyo pro­pó­si­to es resal­tar tra­ba­jos de nue­vos rea­li­za­do­res. Es así que el novel direc­tor M.H. Murray demues­tra una nota­ble madu­rez expo­nien­do las vici­si­tu­des de un hom­bre común fren­te a un ate­rra­dor acontecimiento..

I Don’t Know Who You Are

El impe­ca­ble guión deL actor Mark Clen­non com­par­ti­do con Vic­to­ria Long y Murray cen­tra su aten­ción en Ben­ja­min (Clen­non), un can­tan­te y músi­co gay de Toron­to que actual­men­te está salien­do con Mal­colm (Anthony Diaz). Cuan­do el vier­nes des­pués de haber asis­ti­do a una fies­ta sale a la calle embria­ga­do y marea­do, un des­co­no­ci­do (Michael Hogan) lo abor­da en la oscu­ri­dad de la noche, sal­va­je­men­te lo gol­pea y ter­mi­na vio­lán­do­lo. Temien­do las con­se­cuen­cias de dicho asal­to, al día siguien­te su ami­ga Ariel (Nat Manuel) lo some­te a un rápi­do test san­guí­neo (un pin­cha­zo en uno de sus dedos) demos­tran­do que en prin­ci­pio el resul­ta­do es nega­ti­vo. Con todo y asis­ti­do por una doc­to­ra local para evi­tar que pudie­se even­tual­men­te con­traer HIV, ella le pres­cri­be unas pas­ti­llas que debe­rá inge­rir por un cier­to tiem­po pero advir­tién­do­le que las pri­me­ras dosis deben ser toma­das en un lap­so no mayor a las 48 horas del gra­ve incidente,

Cuan­do lle­ga a la far­ma­cia con la pres­crip­ción, el far­ma­céu­ti­co (Chris Wong) le hace saber que el cos­to de las cáp­su­las no está cubier­to por el segu­ro de salud pro­vin­cial. Ben­ja­min debe sufra­gar 950 dóla­res de su pro­pio bol­si­llo; eso impi­de a Ben­ja­min obte­ner el medi­ca­men­to por estar esca­so de dine­ro. Es así que fren­te a esa situa­ción la deses­pe­ra­ción hace pre­sa de él en la medi­da que debe luchar con­tra el tiem­po que trans­cu­rre para inge­rir el reme­dio antes que fina­li­ce el día domingo.

Si en prin­ci­pio el rela­to cla­ra­men­te demues­tra cuan difí­cil resul­ta supe­rar una situa­ción como la des­crip­ta para quien no dis­po­ne de los medios sufi­cien­tes para afron­tar un pro­ble­ma de salud, al pro­pio tiem­po aquí se exal­ta el gra­do de soli­da­ri­dad exis­ten­te entre los cono­ci­dos de Ben­ja­min, dis­pues­tos a pro­veer­le par­te del dine­ro que necesita.

Con una extra­or­di­na­ria inter­pre­ta­ción de Clen­non, quien en su debut acto­ral por­ta sobre sus hom­bros el exi­gen­te peso de un hom­bre deses­pe­ra­do, Murray logra con su ópe­ra pri­ma un film de hon­do con­te­ni­do humano y sin duda una una de las mejo­res pelí­cu­las cana­dien­ses del año en curso.

Nota: Las fotos han sido sumi­nis­tra­das por el TIFF