Perdidos en la Noche (México-Países Bajos-Alemania)
Enmarcado en el clima violento donde las desapariciones en México no resultan episodios aislados, Amat Escalante en principio considera ese tema para posteriormente convertirlo en un thriller sin mayor vuelo.
PERDIDOSENLANOCHE
La historia del realizador basada en su guión compartido con su hermano Martin Escalante y Paulina Mendoza transcurre en un pequeño pueblo rural de Guanajuato donde en su prólogo se observa a un reducido número de activistas protestando con motivo del proyecto de una explotación minera canadiense que allí tendrá lugar. En horas nocturnas Paloma (Vicky Araico), una de las mujeres que habían participado en la asamblea, es asaltada brutalmente por ciertos individuos no identificados.
Tras una elipsis, tres años después el joven Emiliano (Juan Daniel Garcia Trevino) que es el hijo de la mujer que había sido atacada, al no tener noticias de su madre desaparecida y sin recibir apoyo por parte de las autoridades locales resuelve encarar el asunto por su cuenta con la colaboración de su novia Jazmín (María Fernanda Oslo). A través de un dato provisto por un moribundo policía, Emiliano logra emplearse en el hogar de una influyente y adinerada familia que estuvo involucrada con las desapariciones; la misma está integrada por Rigo (Fernando Bonilla), un artista conceptual, su pareja Carmen (Bárbara Mori), una cantante pop, y su hija Mónica (Ester Expósito), con quien Emiliano establece una especial relación.
No conviene adelantar cómo cada uno de estos personajes permitirá desentrañar el misterio en torno de la suerte corrida por Paloma; pero lo cierto es que el relato se nutre de una serie de situaciones que sin estar claramente cohesionadas son abordadas superficialmente.
En su intento de denunciar las falencias de un sistema judicial insuficientemente capacitado para resolver los innumerables casos de personas injustamente borradas del mapa, Escalante ofrece un drama criminal tibiamente aceptable que carece del vigor necesario capaz de conmover.
Comprometido en temas de naturaleza política y social, el realizador rumano Vlad Petri, bien recordado por Where are you, Bucharest? (2014), presenta algo similar en este híbrido documental reflejando qué es lo que ha acontecido cuando dos revoluciones populares cambiaron el rumbo político de Rumania e Irán.
El argumento está centrado en la relación personal y posteriormente epistolar existente entre la rumana María y la iraní Zahra quienes en la década del 70 ambas efectuaron sus estudios en la Escuela de Medicina de la Universidad de Bucarest.
En ese entonces, Rumania estaba gobernada por el represivo régimen de Nicolae Ceaușescu y cuando en 1978 se produce la revolución iraní con la fuga del sha Mohammad Reza Pahlevi, Zahra retorna a Irán albergando la esperanza de vivir en un país diferente bajo un clima más liberal. Es así que Maria envidia la situación que acontece en Irán hasta que en 1989 se produce la caída de Ceausescu y en este caso ella se solaza pensando que vendrán mejores tiempos.
A través de los años Zahra y María siguen comunicadas mediante el intercambio de cartas en las que queda reflejada la desesperanza de ambas; en un caso por la revolución islámica que trajo consigo un estado teocrático amordazando la libertad de expresión y por el lado rumano la caída de su dictador es reemplazada por gobiernos incompetentes implantando un capitalismo de máxima dureza.
Tanto María como Zahra son personajes ficticios y el contenido de las cartas está escrito por Lavinia Branişte que es la autora del guión compartido con Petri. Lo más importante es que la correspondencia epistolar sirve de excusa para reflejar lo acontecido entre las dos revoluciones de Irán y Rumania y que están expuestas en el valioso material de archivo de los dos países durante los años 70 y 80 obtenidos por el realizador. Si bien ambas revoluciones han sido diferentes, tienen en común el de haber decepcionado las expectativas de la población de lograr un cambio positivo.
Muy bien realizado por Petri y agraciado por su buena edición efectuada con la colaboración de Dragos Apetri y Catalin Cristutiu se asiste a un satisfactorio documento explorando los turbulentos momentos del no muy lejano pasado histórico de Rumania e Irán a través de la visión de dos íntimas amigas.
Retratos Fantasmas (Brasil)
Retratando a su querida ciudad natal de Recife y evidenciando su pasión por el cine en este documental Kleber Mendonça Filho transporta al espectador en un emotivo viaje hacia el pasado impregnado de melancolía.
RETRATOSFANTASMAS
El realizador estructura su relato en tres partes. En la primera se asiste a la casa en donde transcurrió su infancia, que adquirida por su madre historiadora cuando se divorció de su padre fue objeto de varias reformas después de su muerte en 1994; en ese hogar convertido en parte en un set de filmación es donde él rodó más de una decena de cortometrajes y parte de su excelente primer largometraje O Som ao Redor (2012). Asimismo el cineasta nos hace conocer el vecindario y algunas vistas de Recife incluyendo un puente muy concurrido que según parece desprende una variedad de olores.
Si bien resulta grato echar un vistazo a lo que hoy día es la moderna ciudad que arquitectónicamente está nutrida de grandes rascacielos, lo más destacable del documental es lo que se ilustra en su segunda y tercera parte que constituye un homenaje a las salas de cine ya desaparecidas. Las mismas estaban ubicadas en el centro de la ciudad que en la actualidad está en decadencia y sin el fulgor y dinamismo de antaño. Allí se encontraban los viejos cines donde desde los 13 hasta los 25 años Mendonça Filho solía asistir varias veces por semana. Entre algunas de esas salas se hallaba el cine Sāo Luiz que durante sus 70 años de existencia fue visitado por 50 millones de espectadores.
Otro magnífico cine ha sido el Art Palácio en donde en un encuentro con el proyeccionista Alexandre (fallecido en 2003), él rememora cómo desde su calurosa sala de proyección sin aire acondicionado se pasaban algunos de los grandes éxitos como lo ha sido El Padrino que se mantuvo 4 meses en cartel; también el proyeccionista recuerda que en ciertas ocasiones tuvo que lidiar con la censura del gobierno militar vigente en ese entonces; resulta conmovedor cuando menciona las lágrimas salidas de su rostro al cerrarse definitivamente sus puertas; sin duda esas escenas traen a la memoria el hermoso film Cinema Paradiso de Guiseppe Tornatore. Otro momento que destaca el cineasta ha sido la inauguración en 1970 del lujoso cine Veneza con la proyección de Airport en donde asistieron varias personalidades del cine y el gobernador de Pernambuco.
Plena nostalgia produce observar las marquesinas de los cines anunciando Barbarella, Jaws y Hair, entre otros títulos. Esas míticas salas que conformaban una especie de convivencia humana, son en algunos casos ruinas generadas por la mudanza urbana que se produjo con el paso del tiempo. En su segmento final el documental muestra cómo los edificios de algunos cines han sido transformados en iglesias evangélicas.
Para lograr este retrato de los fantasmas de un bello pasado, el realizador se ha valido de su archivo personal, fotografías y clips de numerosos filmes incluyendo algunos de su filmografía y muy bien editados por Matheus Farias. En suma, a todas luces este es un remarcable documental que sin reserva alguna amerita su visión.
En ocasión del Festival de Toronto de 2018 se tuvo la oportunidad de descubrir a Lila Avilés quien en su primer largometraje La Camarista, demostró poseer un singular talento. En esta ocasión vuelve a confirmarlo en este bello film que con suma delicadeza retrata a una niña observando el medio que la rodea en ocasión de celebrarse un especial evento.
TOTEM
La directora ambienta la historia durante el período de una jornada en una zona rural de México en donde la niña Sol (Naima Senties) llega con su madre Lucía (Lazua Larios) al caserón de su joven padre Tona (Mateo García Elizondo) quien ese día cumple 27 años. El propósito del viaje es ofrecerle una fiesta sorpresa, a pesar de que se encuentra gravemente enfermo de cáncer y solícitamente atendido por Cruz (Teresita Sánchez), una afable mujer. Sol desea de inmediato abrazar a su progenitor pero por el momento se le impide que entre a su cuarto debiendo aguardar para verlo cuando Tona salga del mismo para su festejo.
Es así que la pequeña presta cuidadosa atención a los preparativos en donde la organizadora de la fiesta es la tía Alejandra (Marisol Gasé) y la tía Nuri (Montserrat Marañon) quien se ocupa de la cocina y estando también su hija Esther (Saori Gurza) quien es menor que Sol. Entre otros personajes se encuentra el patriarcal abuelo (Alberto Amador) con problemas vocales, la breve presencia de una curiosa hechicera que viene a despejar la vivienda de los malos espíritus y restantes familiares y amigos partícipes de la celebración.
Sol no pierde de vista todo lo que acontece a su alrededor evidenciando en su triste mirada que lo que se está celebrando es a la vez una despedida de su muy querido padre.
Con sencillez y evitando caer en un artificial sentimentalismo Avilés logra un melodramático relato coral donde además de la lograda interrelación que se produce entre los varios personajes del film, a su vez imprime una remarcable mirada al mundo de la infancia. En el marco de un muy buen elenco resalta la excelente actuación de Senties, quien en su debut para el cine convincentemente transmite el sentimiento de dolor de la niña que intuye la inminente pérdida de Tona. En esencia, sin salvedad alguna esta magnífica película amerita su visión.
Do Not Expect Too Much From the End of the World (Rumania-Luxemburgo-Francia-Croacia)
Entre los más destacados realizadores del cine rumano se encuentra Radu Jude quien en éste su octavo trabajo reafirma su condición de cineasta audaz, desprejuiciado, nada convencional y menos aún complaciente para relatar aspectos inherentes a su país aunque también pueden ser atribuidos a otras regiones del agitado y revuelto mundo actual.
DONOTEXPECTTOOMUCHFROMTHEENDOFTHEWORLD
En un guión que le pertenece, Jude presenta a Angela Raducanu (Ilinca Manolache), una activa y dinámica mujer que trabaja como asistente de producción para una compañía y que diariamente le aguarda una jornada agotadora debido a las exigencias demandadas por sus superiores a quienes poco les importa el exceso de horas que ella destina al mismo. En la actualidad debe cumplir con los requerimientos de una compañía austríaca que encomendó a su empresa la producción de un video comercial sobre accidentes laborales. Para ello, esta mujer manejando un auto recorre las rutas de Bucarest para localizar a personas que han sufrido tales peripecias. Simultáneamente, Jude utiliza extractos del film rumano de 1981 Angela mere mai departe dirigido por Lucian Bratu en el que su protagonista (Dorina Lazar) es una taxista que convive en un medio patriarcal durante la época del dictador Ceaușescu; esa exposición adquiere relevancia para analizar en qué se diferencia o se iguala la época ya ida con el marco social contemporáneo en donde Angela no está exenta del machismo vigente.
Durante el día en que se desarrolla el relato ella recoge en el aeropuerto a Doris Goethe (Nina Hoss) quien es la representante de la empresa austríaca en donde en el traslado hacia el hotel la conductora le comenta cómo las corporaciones extranjeras abusan de las compañías locales, a lo que Doris replica señalando que el problema radica más bien por parte de quienes se dejan explotar.
Prosiguiendo con su misión de ubicar a sobrevivientes de accidentes en lugares de trabajo, después de encontrar a posibles postulantes Angela finalmente ubica al candidato ideal en la persona de Ovidiu Buca (Ovidiu Pirsan). En un remarcable plano secuencia de aproximadamente 30 minutos se asiste a la filmación del corto “Forbidden Planet” en el que Ovidiu a cambio de los 500 euros que habrá de recibir se apresta a ser filmado rodeado por sus familiares. Es allí que él detalla lo ocurrido el 24 de noviembre de 2020 cuando después de una intensa jornada de trabajo de 17 horas al finalizar la misma y cuando se dispone a retirar su coche del aparcamiento del establecimiento es atropellado por otro vehículo; como consecuencia de ese choque él permanece en estado de coma durante 13 meses y al despertar descubre que está paralizado de la cintura hasta las extremidades inferiores por lo que de por vida debe desplazarse en silla de ruedas. Sin embargo el director del equipo de filmación le hace repetir las tomas varias veces señalándole que no mencione las horas extras de labor realizadas con el propósito de que su testimonio resulte aceptable para la compañía austríaca.
A todas luces esta comedia en parte satírica refleja las irregularidades de corporaciones que en procura del lucro y despojadas de contenido humano explotan a sus empleados afectando su salud por el exceso de horas trabajadas sin adicional remuneración; claramente queda expuesta una crítica clara y precisa a los males que engendra el sistema capitalista.
Dicho lo que antecede, esta radical, intelectual y original comedia dramática imbuida de notable franqueza fascinará al cinéfilo ávido de apreciar el alto nivel de calidad que acostumbra ofrecer el gran director rumano.
In Our Day (Corea del Sur)
Del prolífico realizador surcoreano Hong Sang-soo llega este film que ciertamente dividirá a la audiencia teniendo en cuenta que no existe un argumento preciso ni tampoco conexión alguna entre las dos historias narradas que transcurren en Seúl.
INOURDAY
En una de las historias se observa a Sangwon (Kim Min-hee) una actriz que recién retornó a Seúl después de haber trabajado fuera del país y que atraviesa una crisis en su carrera al no tener mayor interés en su profesión. Alojándose en lo de su amiga Jung-soo (Song Sun-mi) que vive con su gato, ambas mujeres reciben la visita de Jisoo (Park Misoo), una joven pariente de Sangwon, quien como aspirante actriz quiere que le aconsejen sobre ciertos aspectos de esta profesión.
En las tres escenas que conforman esta parte del relato, lo más distintivo es la desaparición del gato y los esfuerzos para ubicarlo y traerlo al hogar, así como la proposición de Jisoo de comer ramyeon, una típica comida surcoreana de fideos rizados sazonados con salsa picante.
Simultáneamente el director intercala tres escenas que conforman la otra historia; la misma transcurre en el hogar del anciano poeta Hong Uiji (Ki Joo-bong) en donde se halla Kijoo (Park Miso), una joven estudiante de cine que lo está filmando para su proyecto de graduación; Al poco tiempo llega el joven Jaewon (Ha Seong-guk) quien es un admirador del poeta y el propósito de su visita es formularle algunas preguntas filosóficas sobre el significado de la vida, como así también acerca de la importancia de la poesía en la era actual. Por estar afectado de una enfermedad cardíaca Hong Uiji debe abstenerse de fumar y evitar la bebida alcohólica; sin embargo no puede resistir la tentación de beber de la botella de soju (licor coreano) que le obsequia el visitante.
En la ausencia de un significado preciso de estas dos independientes historias narradas, el film se deja ver pero configura una obra inferior de la filmografía de Sang-soo. A su favor, se destaca la natural actuación de sus seis intérpretes y la ajustada puesta escénica del realizador, considerando las limitaciones de espacio en que transcurren los dos escenarios de su trama.
A partir de hoy y prosiguiendo hasta el 15 de octubre tiene lugar en Montreal la 52ª edición del Festival du nouveau cinéma (FNC)con la presentación de La Passion de Dodin Bouffant del cineasta Tràn Anh Hùng. La programación incluye 105 largometrajes y 90 cortometrajes provenientes de 57 países. Además de títulos aplaudidos en los festivales de Berlín, Cannes, Venecia y Toronto de este año, hay una buena selección de películas pertenecientes a nuevos promisorios realizadores.
He aquí el comentario de cuatro de los filmes que serán exhibidos.
La Passion de Dodin Bouffant (Francia)
La comida francesa como estilo de vida es lo que propone el director vietnamita Tràn Anh Hung en este relato que resultará apetitoso para los amantes de la “haute cuisine”.
Adaptado de la novela de Marcel Rouf La Vida y Pasión de Dodin Bouffant publicada en 1924, el guión del realizador ambienta su desarrollo en una mansión campestre de Francia hacia finales del siglo 19. En ese apacible rincón se sale al encuentro de la impecable cocinera Eugenie (Juliette Binoche) y del gastrónomo Dodin (Benoît Magimel) quienes durante 20 años conjuntamente han trabajado en la preparación de exquisitas delicias culinarias.
La Passion de Dodin Bouffant
Durante los primeros 30 minutos del relato se observa cómo Eugenie prepara para el desayuno una apetitosa tortilla de huevos recomendando de que para su consumo es necesario valerse de una cuchara. Posteriormente con la ayuda de su asistente Violette (Galatea Bellugi) efectúa los preparativos de una comida para cuatro amigos de Dodin (Emmanuel Salinger, Patrick D’Assumçao, Frédéric Fisbach y Jan Hammenecker), previamente aprobado por el chef, considerado como el Napoleón de la gastronomía. A su vez Dodin se encargará de preparar el “pot au feu”, el clásico plato francés de lenta cocción que será destinado a un supuesto príncipe de Estonia. Asimismo Dodin remarca la importancia que tiene disponer de un vino adecuado para degustar una buena comida.
La historia narrada es mínima y en su mayor parte no existen mayores conflictos dramáticos salvo algunos desvanecimientos que experimenta Eugenie, aparentemente por cansancio, aunque se presume que padece de una enfermedad aunque ella terminantemente lo niegue. Para matizar el relato, se aprecia el vínculo sentimental de la pareja; si bien es claro el amor que los une, Eugenie en principio amablemente rechaza la propuesta de casamiento de Dodin, pero posteriormente aceptará su invitación en la medida que culinaria e intelectualmente existe una armoniosa complementación.
La excelente dirección de Anh Hung permite resaltar brillantemente la pasión de la pareja por el arte culinario; en tal sentido la participación del renombrado chef Pierre Gagnaire como consultor refleja la autenticidad de los manjares preparados. Pero precisamente por su propio bien, el relato se extiende más allá de lo necesario en la medida que a la postre en la mayor parte se asiste a un curso de comida que aunque sin duda remarcable puede asemejarse a los que suelen difundirse en la televisión.
No obstante la objeción que antecede, el film se valoriza por la insuperable actuación de Binoche y Magimel quienes compenetrados por completo en sus personajes irradian la inmensa ternura que los anima. Así, una de las escenas emotivas del film tiene lugar cuando Dodin por primera vez le prepara a su compañera que yace enferma un exquisito plato de comida, o bien en el poético desenlace de esta historia que resultaría indiscreto comentar. Una vez más queda demostrado como en ciertos casos brillantes actores pueden engrandecer la visión de una película, sin dejar de lado la notable puesta escénica del realizador que le valió en Cannes el premio a la mejor dirección.
Los Colonos (Chile-Argentina-Francia-Dinamarca-Gran Bretaña-Suecia-Taiwán)
Resulta gratificante para el crítico de cine comprobar el surgimiento de noveles realizadores capaces de mostrar inusitada madurez en sus primeros trabajos. Ese es el caso del director chileno Felipe Gálvez quien después de una experiencia como guionista y editor en cortometrajes debuta en el largometraje ilustrando lúcidamente de manera ficcional un drama histórico sobre el tratamiento recibido por la población autóctona de Chile.
Los Colonos
El guión del realizador escrito con Antonia Girardi y la colaboración de Mariano Llynás en su comienzo ubica la acción en 1901 en la región patagónica de Chile y Argentina. Allí el poderoso terrateniente José Menéndez (Alfredo Castro), dedicado a la explotación de ovejas, quiere despejar la vasta ruta conducente a una salida en el Océano Atlántico. Para efectuar el recorrido de esa zona contrata los servicios del funcionario escocés MacLennan (Mark Stanley) para que elimine a la población autóctona que pueda encontrar en el camino; para realizar su tarea contará con la colaboración del mercenario americano Bill (Benjamín Westfall) y del ayudante Segundo (Camilo Arancibia) que es un mestizo oriundo de la isla Chiloé. En consecuencia, para cumplir su misión este heterogéneo grupo no vacilará en sembrar a lo largo del camino un sendero de sangre al perseguir y asesinar a la comunidad indígena Selk’nam.
Siete años después de la masacre, el presidente chileno Pedro Montt designa al oficial Vicuña (Marcelo Alonso), con el beneplácito de Menéndez, para que visite Chiloé a fin de tener un preciso conocimiento acerca del asesinato cometido al pueblo autóctono; para ello intenta obtener información de Segundo que ahora modestamente habita allí junto con su mujer Kiepja (Mishell Guaña). En todo caso, las buenas intenciones no reparan el genocidio producido.
Los personajes están muy bien esbozados y sobre todo el más elocuente es el de Segundo que a través de su óptica se asiste a lo que acontece en el relato; si bien se puede empatizar con el mismo, lo cierto es que él fue un colaborador pasivo de los graves incidentes ocurridos a pesar de su origen autóctono.
Con un buen elenco, Gálvez tiene la delicadeza de sugerir antes que demostrar en toda su magnitud las atrocidades cometidas. Imprimiendo un apropiado ritmo, el realizador contó con el valioso aporte de la fotografía de Simone D’Arcangelo captando el agreste paisaje en que transcurre la acción. Queda como resultado un muy buen articulado drama que contundentemente denuncia la acción arrasadora y destructiva de los pueblos originarios que tuvo lugar en la Patagonia a comienzos del siglo pasado; todo ello en nombre de una triste colonización tendiente a aplicar el racismo y el crimen a fin de lograr una civilización más purificada.
Here (Bélgica)
El respetado cineasta y guionista belga Bas Devos ofrece una película de austera dimensión y de valiosa calidad que ha sido apreciada en ocasión de su estreno mundial en el festival de Berlin de este año donde obtuvo el premio al mejor film de la sección Encounters.
Here
A través de un estilo diáfano la diminuta historia presenta a dos seres que se desconocen pero cuyo encuentro fortuito permite brindarles el confort de transmitir sus inquietudes. Uno de ellos es Stefan (Stefan Gota), un obrero rumano que trabaja en Bruselas en el rubro de la construcción. Aprovechando sus vacaciones de verano se dispone viajar a su país natal y para ello cocina los vegetales que aún restan en el refrigerador, preparando una sopa que le ofrecerá a sus más cercanos compañeros de labor. A su vez aprovecha la ocasión para despedirse de su hermana Anca (Alina Constantin) que es enfermera y que también reside en la capital belga.
El otro personaje es Shuxiu (Liyo Gong), una científica investigadora china que se dedica a analizar con su microscopio las plantas no vasculares con especial énfasis en los musgos silvestres; además parte de su tiempo lo destina a ayudar a su tía que tiene a su cargo un pequeño restaurante.
Mientras Stefan aguarda unos días para que le reparen su automóvil a fin de trasladarse a Rumania, en una jornada de intensa lluvia, entra al restaurante donde se halla Shuxiu; posteriormente paseando por un parque de la ciudad el azar quiere que Stefan nuevamente se encuentre con la investigadora. Es allí donde cada uno aprende algo del otro y todo hace presumir que se establece una mutua conexión entre el taciturno rumano y la solitaria china.
Con mínimos diálogos queda concretada una historia sencilla pero lo suficientemente precisa en el estudio de caracteres que realiza el competente realizador de sus dos protagonistas como a su vez la preponderancia que adquiere el marco de la naturaleza que les rodea. En esencia, Devos brinda un film sutil y aunque nada dramáticamente acontece, destila la sensibilidad necesaria para seducir al espectador ávido de un cine diametralmente opuesto a lo ofrecido por los tradicionales blockbusters. Además de Devos, palabras de elogio igualmente merece la extraordinaria fotografía de Grimm Vandekerckhove brindando una cautivante sinfonía de luz y color, sobre todo creando una especial atmósfera de la ciudad en las horas nocturnas.
El Rostro de la Medusa (Argentina)
La novel realizadora Melisa Liebenthal en su primer largometraje de ficción parte de una premisa extraña cuyo propósito resulta difícil de captar a través de su desarrollo.
El guión de Agustín Godoy y Liebenthal presenta a Marina (Rocío Stellato), una docente de 30 años de edad que ha visto su rostro cambiado como resultado de una hinchazón que comenzó tiempo atrás. Habiendo recurrido a varios médicos para resolver su situación y retornar a su cara original, aún no ha encontrado solución al problema que le aflige..
El Rostro de la Medusa
Nada se sabe sobre la causa de su inflamación pero lo cierto es que su actitud la impulsa a mantenerse oculta en la medida de lo posible, lo que implica el haber solicitado licencia en su trabajo como asimismo evitar el encuentro con su novio (Vladimir Durán), por temor de que fuese rechazada por su nuevo aspecto. Eso excluye a sus padres que ya están habituados a verla tal cual es.
En principio se puede aceptar el hecho de que la identidad de una persona se asocie a cómo ella se vea y que cualquier cambio rotundo afecte la pérdida de la misma. Pero la directora adopta un tratamiento confuso en que el trauma psicológico de Marina no llega a comprenderse claramente. Afrontando su crisis ella visita un zoológico para observar los semblantes de los animales tratando de buscar alguna asociación con el suyo. A todo ello Liebenthal introduce escenas de animación digital con imágenes de rostros que distraen la narración; tampoco ayuda mucho la relación especial que Marina mantiene con su abuela y el affaire con un estudiante de la facultad a fin de esclarecer la crisis de identidad que la aflige.
Decididamente experimental y sin que el punto de partida adquiera envergadura dramática, la enigmática propuesta de la realizadora si bien intencionalmente audaz no alcanza a trascender; en consecuencia, al final de la proyección queda abierta la pregunta ¿y ahora qué?
El célebre realizador Víctor Erice que ofreció títulos tan valiosos como El Espíritu de la Colmena (1973), El Sur (1983) y El Sol del Membrillo (1992), después de 31 años de ausencia retorna con este excepcional drama melancólico. Sin duda alguna el octogenario cineasta emerge más lúcido que nunca, permitiendo que el cinéfilo goce con la historia propuesta por él con la colaboración de Michel Gaztambide.
Cerrar los Ojos
Las primeras imágenes del relato transcurren después de la Segunda Guerra en un majestuoso castillo ubicado en algún lugar no especificado de la Francia rural; allí está radicado su millonario propietario (Josep María Pou), un judío español refugiado que le solicita a un compatriota suyo (José Coronado) que trate de localizar y traer de retorno a su hija desaparecida en el conflicto bélico y que ahora se encuentra en Shanghái.
Para gran sorpresa del espectador, lo que hasta ese momento observó en la pantalla era la filmación de una película (La Mirada del Adiós) que en 1990 estaba dirigiendo el cineasta español Miguel Garay (Manolo Solo) y que no pudo concluirla porque repentinamente desapareció sin dejar huella alguna su protagonista Julio Arenas (José Coronado).
Con estos antecedentes la acción se desplaza a 2012 donde en un programa televisivo de gran audiencia titulado Casos sin Resolver, Garay es invitado para que suministre detalles de aquel proyecto malogrado y ofrezca algunos datos del actor desaparecido quien a su vez había sido su gran amigo. Ese programa motiva a que Garay, que después de su película inconclusa dejó de filmar y se desplazó a una aldea de pescadores de Andalucía para vivir, trate de investigar cuál ha sido el paradero de su amigo; entre algunos de sus contactos se encuentra el editor y archivista del film (Mario Pardo), una cantante amiga (Soledad Vilamil) que ha sido su amante como también de Arenas y Ana (Ana Torrent), la hija del desaparecido actor. Si bien su búsqueda en principio resulta infructuosa, una trabajadora social se comunica con la responsable del programa de televisión para brindar valiosa información sobre Arenas.
Aquí comienza la segunda y apasionante historia del relato que de manera alguna conviene divulgar, excepto mencionar que el cinéfilo quedará completamente concentrado con el desarrollo de los acontecimientos hasta culminar en un remarcable y conmovedor desenlace en donde la memoria y el olvido adquieren relevancia.
Con el sensacional elenco que Erice logró convocar cabe resaltar la hipnótica actuación de Solo así como la magnífica expresividad destilada por Coronado; asimismo para quienes aplaudieron en 1973 a la pequeña Ana Torrent de 7 años de edad en El Espíritu de la Colmena, resultará nostálgico y cautivante contemplar ahora a la veterana actriz, nuevamente de la mano del gran cineasta.
La magia del cine, tal como había sido concebida por los hermanos Auguste y Louis Lumière, ha sido maravillosamente revivida por Erice en esta remarcable película.
El Rapto (Argentina)
La directora Daniela Goggi, bien conocida por sus logros en Abzurdah /2015) y El Hilo Rojo (2016) enfoca ahora un drama histórico vivido en Argentina durante el proceso de transición de la democracia después de la. dictadura militar.
El Rapto
El guión de Goggi y Andrea Garrote está basado en la novela de Martin Sivak El Salto de Papá mostrando algunas de las graves anomalías existentes en los primeros años del período en que el esperanzado pueblo de Argentina comenzó a experimentar los vientos de libertad que asomaban tras la sangrienta represión vivida durante 7 años.
El comienzo es auspicioso reflejando la emoción de Julio Levy (Rodrigo de la Serna) y su familia retornando del exilio en 1983 para iniciar una nueva etapa de su vida en Buenos Aires. De inmediato Julio se reincorpora a la institución financiera familiar a cargo de su padre (Jorge Marrale) junto con la participación de su hermano Miguel (Germán Palacios).
El clima jubiloso es de corto alcance cuando Miguel sorpresivamente es secuestrado en la calle y a partir de allí Julio se encuentra en la difícil tarea de negociar con los secuestradores siguiendo las instrucciones recibidas. A pesar de la entrega de dinero requerida por los malhechores, su hermano no es liberado. Después de varias semanas sin noticias, Julio con su cuñada Alicia (Andrea Garrote) ‑la esposa de Miguel- solicitan una entrevista con el Presidente Alfonsín quien accede a la misma y empatizando con los visitantes, deriva el caso a la asesoría militar para que se ocupe del grave problema.
La situación se complica cuando se descubren algunas grietas de la incipiente democracia, al comprobarse que varios de los responsables del secuestro habían participado en la dictadura y que ahora directa o indirectamente están infiltrados en las esferas políticas del gobierno. Es así como la corrupción, intrigas, manoseos y traiciones van creando un asfixiante clima donde la democracia es puesta a prueba a pesar de las nobles intenciones del primer mandatario tratando de sobrellevar su gestión en la mejor forma posible.
Paralelamente a la situación reinante, el film reseña cómo el secuestro ha afectado a la familia de Julio, con especial referencia a su abnegada esposa Silvia (Julieta Zylberberg), como asimismo a la desesperada mujer de Miguel. En tal sentido, uno de los sustentos de este conmovedor drama descansa en su sólido elenco, especialmente agraciado por la excelente caracterización de Rodrigo de la Serna en el personaje protagónico.
Aunque el relato abunda en referencias de lo acontecido en el país sudamericano, la sólida dirección de Goggi permite que el film adquiera trascendencia internacional.
Copa 71 (Gran Bretaña)
No es necesario ser adicto al fútbol para apreciar este eficaz documental demostrando que este popularísimo deporte mundial no es atributo exclusivo del género masculino.
A través de importante material de archivo y de entrevistas realizadas a la hora actual, el film de Rachel Ramsay y James Erskine considera la celebración del campeonato mundial femenino que tuvo lugar en México en 1971. En esa época la práctica de este deporte realizado por mujeres no era bien mirado por el contexto social reinante. Esa limitación no solo alcanzaba a los familiares de las deportistas sino también a la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) que de ninguna manera apoyaría ni reconocería un torneo mundial femenino.
Es la voz de Serena Williams quien en su comienzo introduce al espectador en la génesis de esta historia para posteriormente proseguir con el relato comentado por algunas de las mujeres que habían participado en el evento. Entre las mismas intervienen Elba Selva (Argentina), Nicole Mangas (Francia), Silvia Zaragoza y Elvira Aracén (México), Carol Wilson (Inglaterra), Elena Schiavo (Italia), Birte Kjems y Ann Stengard (Dinamarca) quienes comentan sus historias personales y los obstáculos que tuvieron que superar para concretar su vocación deportista; asimismo es de especial interés la contribución del historiador David Goldblatt efectuando una reseña del deporte a lo largo del siglo pasado.
Al propio tiempo gran parte del metraje expone los momentos más emocionantes de los partidos disputados por Argentina, Francia, México, Inglaterra, Italia y Dinamarca a partir del 15 de agosto de 1971. Este Campeonato Mundial Femenino culminó el 5 de septiembre con la asistencia de más de 100 mil personas en el Estadio Azteca de la Ciudad de México donde se realizó el electrizante encuentro de los jugadores de México y Dinamarca con el rotundo e indiscutido triunfo del equipo danés que fue galardonado con la célebre Copa.
La Copa 71 queda registrado como el más concurrido evento deportivo de la historia y tal como se aclara en los créditos finales su estatus de copa mundial aún no es reconocido por la FIFA, no obstante que hoy día el deporte de fútbol femenino es el de mayor crecimiento en el planeta.
En esencia, Erskine y Ramsay ofrecen con este ameno documental un cálido y justiciero homenaje a las mujeres que aman y practican el fútbol.
The Dead Don’t Hurt (México-Canadá-Dinamarca)
El apreciable género del western cobra nuevo aliento en esta producción filmada con sumo esmero por Viggo Mortensen quien además de realizador y guionista participa como actor.
The Dead Don’t Hurt
La acción comienza en la frontera del oeste americano en los años 60 del siglo 19 donde el inmigrante danés Holger Olsen (Mortensen) sepulta a Vivienne Le Coudy (Vicky Krieps), su querida mujer franco canadiense que falleció de una enfermedad no especificada.
De inmediato la historia retrocede al pasado en donde se observa como Holger y su mujer llegaron a conocerse en San Francisco, surgiendo de inmediato una rápida comunicación y simpatía que motivó a unir sus vidas a pesar de que ella ha rehusado a casarse. Viviendo en un remoto y desolado sector de Nevada, como mujer independiente ella que solía vender flores consigue un empleo en la taberna local, en tanto que Holger se desempeña como carpintero.
La región tiene como alcalde a Rudolph Schiller (Danny Huston), un corrupto individuo vinculado con el poderoso terrateniente Alfred Jeffries (Garret Dillahunt) cuyo violento hijo Weston (Solly McLeod) se solaza matando a mexicanos sin motivo alguno.
La vida transcurre apaciblemente sin que nada perturbe la felicidad de la pareja hasta que al comenzar la guerra civil Holger decide enlistarse como voluntario en el ejército; si bien Vivianne no está de acuerdo con la decisión de su marido, ella evita interferir en la misma.
La situación se complica para Vivianne cuando estando sola rechaza terminantemente los avances amorosos de Weston quien finalmente la abate y viola salvajemente.
Cuando después de algunos años de ausencia Holger retorna al hogar, comprueba muy a su pesar que su mujer es madre de un niño. Aunque él acepta con nobleza el rol de padre para un hijo que no es suyo, no durará mucho el enfrentamiento que mantendrá con el villano Weston y cuyo resultado es obviamente predecible.
Sin llegar a niveles de excepción, la historia atrae por la entrañable y romántica relación de Vivienne y Holger, a pesar de algunas instancias de desacuerdo y obstáculos que deben superar. Con una buena realización, Mortensen se valió de un buen elenco en donde predomina la irreprochable actuación de Vicky Krieps. En los aspectos técnicos se destaca la muy buena fotografía de Marcel Zyskind otorgando al film un atractivo estilo visual.
A Normal Family (Corea del Sur)
Del renombrado realizador surcoreano Hur Jin-ho llega a la pantalla un inquietante relato imbuido de considerable connotación moral. Basado en la novela holandesa Het Diner (La Cena) de Herman Koch, la adaptación realizada por los guionistas Park Eun-kyo y Joon-seok configura un valioso aporte en la medida que el cineasta captó en toda su dimensión las vicisitudes producidas en el seno de dos familias que a despecho del título del film se apartan de los cánones normales.
La película comienza con un encolerizado incidente callejero que se produce entre dos conductores de autos en donde uno de ellos terminará muerto dejando en el vehículo a su hijita herida. El exitoso abogado criminalista Jae-wan (Sol Kyung-gu) asume la defensa del homicida en tanto que su hermano menor Jae-gyu (Jang Dong-gun) que es médico pediatra tiene a su cargo la operación de la niña gravemente maltrecha. De allí se van conociendo las personalidades de dos hermanos con principios éticos bien diferentes; así, mientras el legista sólo está interesado en el beneficio pecuniario que le provee su profesión sin importarle a quien tiene que defender, el médico en cambio antepone el saneamiento de sus pacientes como objetivo primordial sin que el dinero entre en juego.
Jae Wan con su joven esposa Ji-su (Claudia Kim) y Jae-gyu con su cónyuge Yeon-kyung (Kim Hee-ae) suelen reunirse con cierta frecuencia para cenar en suntuosos restaurantes manteniendo entre ellos una buena relación familiar. Eso se extiende también a la amistad reinante entre los primos adolescentes Si-ho (hijo de Jae-gyu) y Hye-yoon (hija de Jae-wan).
Si bien el relato está impregnado de varias situaciones violentas, la más contundente se produce cuando ambos adolescentes después de haber salido de una fiesta, a través de un brutal episodio con un hombre sin hogar que se encuentra en la calle le ocasionan su muerte y eso queda registrado en una cámara de video. Es ahí donde ese crimen motiva a que el relato cobre considerable dramaticidad en la medida que los respectivos padres adoptan posiciones drásticamente opuestas con respecto a cómo tratar esta tragedia. En tanto que Jae-gyu a toda costa quiere proteger a su hijo dejando de lado sus altos principios morales, Jae-wan posiblemente por un problema de conciencia está resuelto a denunciar a la policía el asesinato cometido por los adolescentes. En consecuencia, la relación de ambas familias se desintegran por completo generando un clima de máxima tensión que conduce a un desenlace que si bien puede ser objeto de discusión de todos modos resulta convincente tal como está expuesto.
Con una descripción minuciosa de sus personajes y adoptando un dinámico ritmo, Hur Jin-ho brinda un excelente film resaltando cómo la moralidad humana puede reflejar dispares sentimientos cuando entra en juego la protección de los hijos.
Without Air (Hungría)
Nuevamente en la sección Discovery del TIFF resulta gratificante descubrir a noveles cineastass como en este caso acontece con Katalin Moldovai quien en su primer largometraje demuestra poseer un sólido talento.
Without Air
El guión de la realizadora y Zita Palóczi ubica la acción en una pequeña ciudad de Hungría presentando a Ana (Ágnes Krasznahorkai), profesora de literatura en la escuela Balassi de enseñanza media. A través de varios años de denodada labor se ha granjeado el respeto de Eva (Tünde Skovrán) que es la directora del establecimiento, de sus colegas y sobre todo del alumnado integrado por jóvenes de 17 años quienes han visto en ella a una precursora e inspiradora literaria mediante los textos leídos en clase, incluyendo las poesías. Como lo ha hecho en el pasado, después de una clase dedicada al poeta Arthur Rimbaud, Ana sugiere a los alumnos que vean el film de 1995 Total Eclipse de Agnieszka Holland, en donde se ilustra la relación amorosa mantenida entre Rimbaud y el poeta Paul Verlaine; sin duda alguna el propósito de la visión reside en su contenido poético y de ninguna manera en el vínculo sexual de estos poetas.
El conflicto dramático del relato se produce cuando el conservador padre de Viktor (Soma Sándor), uno de sus más destacados alumnos, observa a su hijo viendo el film; de manera impulsiva se dirige a la escuela aduciendo la inapropiada conducta de Anna por recomendar una película que puede corromper a los alumnos por su contenido homosexual. A partir de ese momento Ana se encuentra en un laberinto kafkiano sin imaginar cómo ese film llega a ser la causa de recibir una posible amonestación. Teniendo en cuenta que la escuela está por celebrar el sesquicentenario de su fundación y que el incidente producido pueda dañar su imagen con la posibilidad de no obtener subsidios financieros de la alcaldía, la directora no obstante tener una excelente opinión de la profesora, la sanciona con una reprimenda.
Ante semejante injusticia, Ana decide apelar la sentencia para que la misma sea anulada. Sin embargo, su actitud causa inusitado revuelo y para peor se agrava al alcanzar difusión pública. A través de la marginalización que va experimentando ella comprueba el pusilánime medio social que la rodea.
Sin caer en demagogia alguna, con este valiente y audaz film remarcablemente ejecutado la novel realizadora efectúa una clara denuncia de la intolerancia, cinismo, perversión y desinformación reinante así como la ausencia de una auténtica libertad de expresión.
Nota: Las fotos han sido suministradas por el TIFF
Si acaso hay una persona cinematográficamente completa, ésa es Ivan Sen. El reconocido y aplaudido realizador autóctono es además el guionista, fotógrafo, músico y por añadidura el editor de este drama. Como lo ha reflejado en filmes precedentes, Sen logra exponer, la manera en que la justicia australiana deja de actuar como tal cuando se trata de la población indígena.
Limbo
Ambientada en una zona desértica del sur de Australia, el relato presenta al detective Travis Hurley (Simon Baker) quien ha sido comisionado para que considere si hay indicios que permitan reabrir el caso de Charlotte Hayes, una joven indígena que ha sido asesinada hace 20 años en el ficticio enclave minero de Limbo; ese caso no resuelto debido a la apatía policial habría sido tratado con mayor interés si una chica blanca hubiera sido la víctima.
Allí llega Travis utilizando como alojamiento una pieza del motel igualmente llamado Limbo y el lugar en donde se alberga se asemeja a una extraña caverna, sin que se aviste a otros pasajeros ni tampoco a nadie encargado de la recepción. En su primera noche y antes de comenzar la tarea se inyecta una dosis de heroína aunque su drogadicción no afectará la realización de su trabajo.
En su investigación el inspector localiza en primer lugar a Charlie (Rob Collins) y su distanciada hermana Emma (Natasha Wanganeen), ambos hermanos de la difunta que en principio se muestran escépticos y poco dispuestos a colaborar con ningún policía blanco. Asimismo en su tarea también entrevista a habitantes blancos del lugar donde entre ellos se encuentra un demacrado anciano (Nicholas Hope) cuyo hermano ya desaparecido constituyó el principal sospechoso del crimen cometido.
En el tratamiento del tema, queda reflejado el aislamiento existente entre la comunidad aborigen y la población blanca. Asimismo y frecuentando cada vez más a Emma y a sus hijas emerge un tierno vínculo a la vez que se refleja cómo la muerte de Charlotte ha creado un profundo trauma tanto en ella como en su hermano. Al propio tiempo eso no excluye imponerse de los demonios interiores reflejados en Travis, que de algún modo lo indujeron a la drogadicción.
Aunque el ritmo del film no alcance una completa fluidez la historia relatada por el director cala en el ánimo del espectador, permitiéndole inferirr cómo las aristas racistas del pasado colonial del país aún persisten así como la existencia de un sistema judicial desigual para la comunidad indígena. Además de la remarcable interpretación brindada por Baker y de Wanganeen cabe destacar la visualmente fascinante fotografía en blanco y negro captando en toda su dimensión el panorama desértico.
Les Jours Heureux (Canadá)
Así como en el remarcable film Tar (2022) de Todd Field se asiste a la historia de una consagrada compositora y directora musical, en este caso en su tercer largometraje la directora Chloé Robichaud aborda un tema que en principio parece asemejarse pero su enfoque es sustancialmente diferente.
Les Jours Heureux
En un guión que le pertenece la realizadora centra su atención en Emma (Sophie Desmarais) una apasionada y ambiciosa directora musical tratando de encontrar un rumbo definitivo en su carrera en tanto que hay factores que le impiden lograr plena satisfacción en su vida.
Uno de las dificultades que enfrenta Emma es la relación con su padre Patrick (Sylvain Marcel). Siendo su agente artístico, controla en demasía su actuación musical hasta el punto en que su exigencia adquiere un tono abusivo; así en los ensayos de sus conciertos siempre tiene algo que objetarle, ya sea porque no brinda demasiada emoción a las piezas que dirige o bien porque no imprime la vitalidad necesaria requerida en las obras de ciertos autores difíciles como lo es la música de Arnold Shöenberg.
El otro elemento que a ella le preocupa es su vínculo con Naëlle (Nour Belkhiria), una mujer monoparental de un niño de 5 años y que a la vez es violonchelista de la orquesta.. Si bien, ambas están ligadas por un gran amor, Naëlle no está del todo convencida de llevar a cabo una vida junto a Emma.
Cuando se le presenta la posibilidad de llegar a ser directora de una prestigiosa orquesta, es el momento en que Emma debe resolver si seguir teniendo como agente a su padre y a la vez tomar una decisión con relación a su vida sentimental.
El complejo drama está muy bien abordado por Robichaud y sin duda uno de los factores que gravitan exitosamente es la notable complicidad que existe entre ella y Desmarais, habiendo juntas trabajado anteriormente como realizadora y actriz respectivamente (Sarah Prefers to Run, en 2013). Es así que la comediante transmite magníficamente la variada gama emocional que atraviesa su personaje frente a los obstáculos y desafíos enfrentados.
Además de la sólida actuación del elenco, es importante destacar el gran aporte brindado por el extraordinario maestro Yannick Nézet-Séguin quien ha actuado como consejero artístico a la vez que consultor musical de este proyecto. Si bien en la ficción es el personaje de Desmarais que dirige la orquesta, en realidad ha sido Séguin el director musical logrando otro triunfo notable de la Orchestre Métropolitain y a la vez favorecido por la vivaz fotografía de Ariel Méthot captando a los excelente músicos que integran la OM.
I Don’t Know Who You Are (Canadá)
Nada resulta más grato para un crítico de cine que descubrir un soberbio film como es el caso del aquí comentado, que integra la sección Discovery del TIFF cuyo propósito es resaltar trabajos de nuevos realizadores. Es así que el novel director M.H. Murray demuestra una notable madurez exponiendo las vicisitudes de un hombre común frente a un aterrador acontecimiento..
I Don’t Know Who You Are
El impecable guión deL actor Mark Clennon compartido con Victoria Long y Murray centra su atención en Benjamin (Clennon), un cantante y músico gay de Toronto que actualmente está saliendo con Malcolm (Anthony Diaz). Cuando el viernes después de haber asistido a una fiesta sale a la calle embriagado y mareado, un desconocido (Michael Hogan) lo aborda en la oscuridad de la noche, salvajemente lo golpea y termina violándolo. Temiendo las consecuencias de dicho asalto, al día siguiente su amiga Ariel (Nat Manuel) lo somete a un rápido test sanguíneo (un pinchazo en uno de sus dedos) demostrando que en principio el resultado es negativo. Con todo y asistido por una doctora local para evitar que pudiese eventualmente contraer HIV, ella le prescribe unas pastillas que deberá ingerir por un cierto tiempo pero advirtiéndole que las primeras dosis deben ser tomadas en un lapso no mayor a las 48 horas del grave incidente,
Cuando llega a la farmacia con la prescripción, el farmacéutico (Chris Wong) le hace saber que el costo de las cápsulas no está cubierto por el seguro de salud provincial. Benjamin debe sufragar 950 dólares de su propio bolsillo; eso impide a Benjamin obtener el medicamento por estar escaso de dinero. Es así que frente a esa situación la desesperación hace presa de él en la medida que debe luchar contra el tiempo que transcurre para ingerir el remedio antes que finalice el día domingo.
Si en principio el relato claramente demuestra cuan difícil resulta superar una situación como la descripta para quien no dispone de los medios suficientes para afrontar un problema de salud, al propio tiempo aquí se exalta el grado de solidaridad existente entre los conocidos de Benjamin, dispuestos a proveerle parte del dinero que necesita.
Con una extraordinaria interpretación de Clennon, quien en su debut actoral porta sobre sus hombros el exigente peso de un hombre desesperado, Murray logra con su ópera prima un film de hondo contenido humano y sin duda una una de las mejores películas canadienses del año en curso.
Nota: Las fotos han sido suministradas por el TIFF